El pasado día 2 de diciembre se celebró en el Museo Naval de Madrid un acto sin duda agridulce, pues por un lado se presentó un libro que supone la casi culminación de una gran obra, pero por otro se rindió homenaje al recientemente fallecido contralmirante José Ignacio González-Aller, uno de los autores e impulsores de la obra y una destacadísima personalidad de nuestra Armada, tanto como marino como como hombre de cultura.

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Probablemente por eso, antes que ordenar esta breve reseña de modo temporal, sea interesante hacerlo por temas. Baste pues decir que el acto se desarrolló bajo la presidencia del Exmo. Sr. don Jaime Muñoz Delgado, almirante jefe de Estado Mayor de la Armada, y fue presentado por el contralmirante don José Antonio González Carrión, actualmente director del Instituto de Historia y Cultura Naval, quien tras unas breves palabras que nos adelantaron la dualidad del acto, cedió la palabra a don Juan Van Halen.

Fue el antedicho quien se encargó de glosarnos la vida del difunto, con quien había coincidido en diversas ocasiones y acabó trabando una estrecha amistad. Marino de acción, presente en la “retrocesión” –y si entre comillas lo decimos es porque, fiel pero humano, y tal y como explicó el señor Van Halen, le tocó cumplir con aquello a pesar de no estar de acuerdo– de Sidi Ifni y también en El Aaiun, donde ambos coincidieron, experto en submarinos y artillería y subrepticio perseguidor, en su momento, de los buques del Pacto de Varsovia; fue también un marino ilustrado. Hombre de letras y amante de la historia naval como tal vez solo un marino pueda serlo, su llegada al Museo Naval de Madrid supondría una revolución que acabó llevándolo a convertirse en uno de los grandes museos del mundo. Incansable buscador de piezas, catalogador minucioso y defensor acérrimo de nuestro patrimonio naval, se cuentan entre sus éxitos los acuerdos que permitieron recuperar parte de la nao San Diego. Fue además don José Ignacio González-Aller un gran escritor de temas náuticos: artículos, catálogos, recopilaciones y monografías se alinean en su haber, junto con varios premios, sin duda merecidos.

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Dicho esto, podría ser que una de las “obras” de su vida fuera esta: La batalla del mar océano cuyo cuarto volumen se presentaba ayer y que acabará constando de cinco (algunos en varios tomos). Esta obra, que preparó junto con don Marcelino Dueñas, don Jorge Calvar y doña María del Campo Mérida, concentra, debidamente estructurado, redactado, traducido –cuando ha sido necesario– y presentado, un ingente corpus documental referente a nuestra “empresa de Inglaterra”, abarcando un período que va desde 1568, cuando empiezan a fraguarse los motivos que impulsarían a Felipe II a enviar sus naves, hasta 1604. Y más en particular, este cuarto volumen está dedicado a la “felicísima armada”, que zarpó, navegó, combatió y sufrió a lo largo de 1588. No cabe duda que la aparición de obras como esta es una alegría, por eso decía agridulce al principio de esta reseña, porque quienes consideran tediosos los documentos de época se equivocan, pues es en ellos donde se encuentran los pensamientos de quienes participaron en la historia, todos ellos singularmente importantes, ya sean verdaderos o no, pues nos enseñan cómo vieron entonces los protagonistas aquello que desde aquí ya no podemos ver; y poder encontrarlos en una sola referencia será una inmensa ventaja para todos los historiadores que quieran acercarse a este período.

Esta primera parte del acto finalizó con la intervención de don Daniel Santos Sánchez, secretario general técnico y responsable editorial del Ministerio de Defensa, quien no solo ha apoyado esta obra en todo momento, sino que se atrevió a prometer una edición digital de la misma, que sin duda será menos elegante que los señoriales tomos que adornen las bibliotecas, y a la vez mucho más eficaz de cara a la consulta y búsqueda de documentos y temas concretos.

Finalizó el acto con el descubrimiento de una placa en la sala del Real Patronato del Museo Naval, que a partir de entonces ha pasado a denominarse Sala del contralmirante José Ignacio González-Aller.