“La batalla por el nuevo Irak, 2003-2004”, por Donald Wright– U. S. Army Combined Arms Center

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Las bombas y los misiles de crucero, dirigidos contra los cuarteles generales del Ejército y los ministerios del Gobierno comenzaron a caer sobre Bagdad bien entrada la noche del 19 de marzo de 2003. Los Estados Unidos y su Coalición de aliados habían reunido un poderoso ejército con un único objetivo: derrocar a Sadam Husein. La campaña resultante difirió drásticamente de estas expectativas.

Tras solo tres semanas de campaña, el grueso del ejército iraquí se había rendido o desintegrado y había entregado Bagdad sin apenas combatir. Sadam y sus oficiales superiores huyeron de la ciudad en busca de escondrijo y las unidades estadounidenses tomaron posiciones en las áreas estratégicas de la capital mientras que los saqueadores campaban a sus anchas. Los disturbios en Bagdad y otras ciudades iraquíes se prolongaron durante semanas.

Al tiempo que muchos miembros de la Coalición celebraban lo que parecía una victoria decisiva, el caos en Bagdad ponía de manifiesto que el plan para el Irak post-Sadam no se había trazado tan meticulosamente como la propia guerra.

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