“La contrainsurgencia en Irak”, por Miguel Ángel Ballesteros Martín – Instituto Español de Estudios Estratégicos

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La operación en Irak se basó en el “dominio rápido” (rapid dominance) del campo de batalla, que pretende doblegar la voluntad del enemigo, anulando su capacidad de resistencia para forzarle a una rendición sin condiciones. Es la denominada doctrina Rumsfeld que se asienta sobre la superioridad tecnológica que otorgan los misiles guiados, la digitalización del terreno y los movimientos envolventes por aire apoyados por helicópteros de ataque. Esta forma de operar no necesita dominar el terreno, pero su mayor problema es el alargamiento de las rutas logísticas, que dificulta el municionamiento y el suministro de las unidades más avanzadas. Pero al no dominar el terreno, una vez superado el impacto emocional la situación favorece la aparición de la insurgencia, que es lo que ocurrió en Irak tras la caída del régimen de Sadam. Para los estadounidenses la clave estaba en conseguir que tanto la población suní, como la chií y la kurda apoyasen al Gobierno iraquí. Había que conseguir que la mayor parte de la población, y más concretamente la suní, rechazara la insurgencia y se posicionara del lado del Gobierno del primer ministro chií Nuri al Maliki, que debía nombrar un gobierno de concentración nacional, alejando toda tentación partidista.

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