“Refugios de piratas” por Giovanni Venegoni (The Global Initiative against Transnational Organized Crime)

DFM17-10

La imagen del filibustero o del pirata siempre ha estado asociada a los espacios marítimos, su arquetipo pertenece al ámbito naval y, como personajes, siempre han sido retratados como hombres violentos que operaban en los mares para obtener botín y gloria y para vivir aventuras. Sin embargo, esta imagen no ha sido confrontada a cómo fue en realidad la era de los navíos de madera y tela de los siglos XVII y XVIII y a cómo eran los hombres que navegaban en ellos.

Lo cierto es que aun siendo depredadores marítimos, los filibusteros necesitaban la tierra para reabastecerse, carenar sus barcos, repartirse los botines o descansar tras pasar meses en el mar, y en la historia del filibusterismo y de la piratería caribeña de los años 1620 a 1730 hubo varias bases, cayos, bahías y puertos en los que las tripulaciones fueron a establecerse durante periodos más o menos largos. En la imagen, Planta de la ysla y fuerza de la Tortuga (1654). Y además, una ilustración de Gambat Badamkhand.

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