“Camas de obra. El negocio del sexo en Pompeya” por Joaquín Ruiz de Arbulo

DFAQ2-6

 

En la Pompeya del siglo I d. C., una calle empinada conducía directamente desde el vecino puerto y la playa circundante hasta la entrada a la ciudad por la que hoy denominamos Porta Marina. A la izquierda de la puerta, en el ángulo que formaban la muralla y la esquina de la calle, se encuentran dos bancos pegados a la pared. Encima de uno de ellos, grabado con un buril sobre el estuco, un primer mensaje recibía al viajero: Siquis hic sederit legat hoc ante omnia. Siqui futuere volet Atticen quaerat a(ssibus) XVI, –“Si te vas a sentar aquí lee esto antes que nada. Si quieres joder busca a Ática por 16 ases”– (CIL IV, 2751).

Si otro viajero saliera de Pompeya por la puerta en dirección a Nocera, encontraría también un nuevo mensaje grabado sobre una de las tumbas de la vecina necrópolis: Nucerea quaeres ad Porta(m) Romana(m) in vico Venerio Novelliam  Primigeniam, “Cuando estés en Nucerea (por Nuceria), junto a la puerta de Roma, en el barrio de Venus, (pregunta por) Novellia  Primigenia”  (AE 1934, 00137). En la sociedad romana los anuncios de “citas” estaban a la orden del día.

Imagen: Fresco del lupana de Africanus página 45 © Wikimedia Commons / Thomas Shahan

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