“Preludio de Alhucemas” por Julio Albi

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Es gran paradoja que Miguel Primo de Rivera, la persona llamada a resolver el problema de Marruecos, fuera quizás el militar español más opuesto a aquella aventura. Alhucemas, en pleno corazón de la cabila más belicosa y residencia del dirigente rifeño, era el objetivo obvio, descubierto mucho antes de que el angustiado Lyautey lo mencionara. Ya desde 1913 y en diversas ocasiones se había acariciado y justamente con esa finalidad España había apoyado durante años a la familia Abd el-Krim. Según el testimonio de Gómez-Jordana, uno de los hombres de confianza de Primo, este le había encomendado ya el 9 de mayo que recopilara toda la documentación existente sobre la materia y que hiciera una propuesta de plan de desembarco, que fue aprobada. Es cierto, como se vería enseguida y los franceses reconocieron, que para entonces el ejército español, forjado en la desgracia, era un instrumento sin parecido alguno con el derrotado en Annual, pero ello no disminuye un ápice la visión y el coraje que demostró en esas circunstancias Primo de Rivera.

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