“La derrota de Abd el-Krim (abril-junio de 1926)” por Roberto Muñoz Bolaños (IUGM)

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Ni el desembarco de Alhucemas ni las operaciones subsiguientes que se dieron por terminadas el 2 de octubre con la ocupación de Axdir –capital de la República del Rif– clarificaron la situación. El teniente general Miguel Primo de Rivera, dictador desde 1923 y de ideología “abandonista”, con el apoyo del general de división Francisco Gómez-Jordana y Souza –verdadero estratega del desembarco y responsable del Directorio Militar para Marruecos y Colonias–, confiaba en derrotar a Abd el-Krim con la ocupación de Alhucemas y realizando a continuación una “acción política” entre las tribus, que obligaría al jefe rifeño a pedir la paz, sin necesidad, por tanto, de realizar ninguna campaña militar en el interior.Esta política era también apoyada por el catalanista conservador Francesc Cambó y por el liberal conde de Romanones.

La derrota de Abd el-Krim supuso el comienzo del fin de la rebelión rifeña. Solo quedaba, aprovechando la desmoralización de las cabilas, seguir la acción política con presión militar, como se había estado haciendo anteriormente, para lograr la sumisión total del territorio. A ello se dedicaron Sanjurjo y Goded, su jefe de estado mayor, el resto del tiempo, sin descanso invernal, hasta que el 10 de julio de 1927 culminó la pacificación de todo el Protectorado.

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