“Sin cuartel. Brutalidad y violencia en la Primera Guerra Carlista” por Eduardo González Calleja (Universidad Carlos III de Madrid)

DFM18-6

Los grandes conflictos armados en los que España estuvo implicada en las primeras cuatro décadas del siglo XIX se libraron en buena medida ante la ausencia de unas leyes de guerra internacionales vinculantes, que se comenzaron a implementar a partir de la década de 1860. De ahí el maltrato dispensado a los prisioneros y a la población civil si no mediaba un acuerdo personal entre los mandos que lograra limitar los inevitables excesos de la soldadesca; y de los propios oficiales, habría que añadir. Desde el momento mismo en que estalló, la guerra se sumió en una espiral de represalias y contrarrepresalias de la que iba a ser difícil escapar, pues ambos bandos fusilaron a los oficiales contrarios por la pérdida de los propios, a los soldados por luchar en otro bando e incluso a los civiles por colaborar con unos o con otros. La situación llegaría a un punto en que ni las familias de los combatientes, ni las mujeres ni los niños, estarían a salvo de la brutalidad. Pero esto no fue así siempre en el frente del norte, donde se llegó a un acuerdo que, en parte, refrenó estos excesos. En la imagen, El incendio de Lecaroz.

¡A la venta el 30 de septiembre!