Arqueólogos subacuáticos inspeccionan el yacimiento de Cala cativa I. Fuente: http://www.cnps.cat/wp-content/uploads/2015/09/7-Flota-e-Inventario-El-Pesquero-1-644x362.jpg

Arqueólogos subacuáticos inspeccionan el yacimiento de Cala Cativa I. Fuente: http://www.cnps.cat/wp-content/uploads/2015/09/7-Flota-e-Inventario-El-Pesquero-1-644×362.jpg

Cuando se habla de pecios y barcos hundidos, la imaginación nos lleva a la Edad de Oro de la piratería, donde grandes buques son abordados y atacados hasta perecer en el fondo del mar. Pero no todos los barcos hundidos son grandes galeras armadas con cañones ni son de épocas tan recientes. Tal es el caso del yacimiento de Cala Cativa I en la zona septentrional del Cap de Creus, donde se encuentra un pecio ibero hundido.

Nos situamos entre el año 40 y el 30 a.C. Un barco de 7 metros de eslora marcha desde el Baix Llobregat en dirección a Narbona, donde deberá descargar un centenar de ánforas con cerca de 2200 litros de vino. Desgraciadamente para sus tripulantes, pero por suerte para los arqueólogos de nuestra época, nunca llegó a su destino, hundiéndose en las cercanías del Cap de Creus.

El pecio fue descubierto a finales del XIX por Romualdo Alfaras, precursor de la arqueología subacuática. Pero no ha sido hasta septiembre de 2015, 121 años después de su descubrimiento, cuando arqueólogos del Centro de Arqueología Subacuática de Cataluña (CASC) han podido descender hasta los más de 30 metros de profundidad a los que se encuentra el Cala Cativa I para poder hacer un estudio del pecio y su contenido.

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La excavación, en la que se han utilizado novedosos sistemas informáticos, se ha realizado a 30 metros de profunidad. Fuente: http://www.cnps.cat/wp-content/uploads/2015/09/di141_2-Medium.jpg

La Arqueología subacuática no está exenta de complicaciones, más bien al contrario. Entre otros contratiempos está el proceso de descompresión tras la inmersión, que ralentiza la investigación. Por suerte, y gracias a la colaboración del departamento de Antropología de la University of Southern California, los expertos del CASC han podido paliar los casi 20 minutos de descompresión por cada media hora de inmersión mediante el empleo de iPads adaptados especialmente para ser empleados a 30 metros de profundidad con los que se ha podido dibujar y realizar un estudio in situ del pecio. Una tecnología puntera en la arqueología subacuática que podría agilizar todo el proceso de registro arqueológico al no tener que trabajar con lápiz y tener que digitalizar la información en tierra firme.

Precisamente es el responsable del CASC, Gustau Vivar, en colaboración con Rut Geli, quienes nos enseñan cómo se estudia un yacimiento subacuático en Desperta Ferro Arqueología e Historia nº 3: El tesoro de la Mercedes.

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