“La batalla del Atlántico desde un comité: guerra económica y estrategia británica” por Christopher Bell (Dalhousie University)

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Para Winston Churchill, la batalla del Atlántico nunca fue solo una cuestión de obtener la superioridad táctica sobre los submarinos alemanes, por deseable que fuera, sino que, desde su punto de vista, el reto principal fue asegurar un nivel óptimo de importaciones al Reino Unido comprometiendo el mínimo de recursos de la Royal Navy y del Mando Costero de la Royal Air Force, encargado del apoyo aéreo a los convoyes.

En consecuencia, estuvo dispuesto a sufrir más pérdidas de buques si con ello podía liberar recursos para propósitos ofensivos, como el envío de fuerzas terrestres al norte de África o la campaña de bombardeo estratégico contra Alemania. Pero su compromiso en 1942 con una gran estrategia que primara el bombardeo estratégico sobre la protección del comercio fue tan temeraria como errónea, no tanto por su inclinación a poner en riesgo la marina británica, sino porque al hacerlo impulsó una ofensiva aérea estratégica que entre 1941 y 1943 no contribuyó demasiado a debilitar a Alemania. Sin embargo, en otros aspectos las estimaciones de Churchill resultaron acertadas. El Reino Unido fue capaz de soportar unas pérdidas de barcos muy numerosas y se pudieron redirigir a tiempo los recursos para evitar una derrota decisiva en el mar.

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