por Ana E. Ortega Baún

Si hay algo que sorprende en Canción de Hielo y Fuego y por tanto en Juego de Tronos es la cantidad de sexo que hay. En la saga literaria, de cada siete páginas hay una que hace referencia a la sexualidad, como mínimo. Tanta presencia del sexo no pega con la mayoría de las visiones que sobre la Edad Media se han creado, un mundo puritano y dominado por la Iglesia donde todo el mundo estaba atormentado por el pecado sexual y nadie hablaba de sexo salvo para condenarse. Por tanto determinadas escenas, comentarios, prácticas y alusiones sexuales no deberían estar presentes en una obra que parece imitar al medievo europeo. Se podrían incluso tildar de anacrónicas. Y sin embargo lo anacrónico sería que no estuvieran, incluso en esa misma apabullante cantidad.

burdel sexo medieval

En esta representación medieval de una casa de baños en la que hombres y mujeres se mezclan en actitudes desenfadadas y poco pudorosas, cabe preguntarse si no cumpliría más bien funciones de burdel.

Si en todo Poniente hay prostitutas y los burdeles de Meñique son los mejores, buena parte de las ciudades de la península ibérica poseían estos establecimientos a finales de la Edad Media, aunque era el “barrio rojo” de Valencia el que más llamaba la atención de los extranjeros de más allá de los Pirineos por su gran tamaño. Si Robert Baratheon tuvo 19 hijos bastardos, Enrique II de Castilla tuvo al menos 13. Los compañeros de banquete de Jon Nieve cuentan anécdotas de cama, tal y como hacían las hilanderas castellanas de la primera mitad del XIV durante sus horas de trabajo. Se dice que los dothraquis y los dornienses copulan con el ganado, al igual que los navarros del siglo XII según el Codex Calixtinus. El insulto hacia la mujer más repetido en la saga es el de “puta”, al igual que en la Castilla del siglo XIII donde había varias formas para expresarlo. Si Genna Lannister gasta bromas obscenas y los hermanos de la Guardia de la Noche cantan canciones indecentes, no hemos de olvidar que Alfonso X el Sabio escribió cantigas donde se burlaba de diferentes personajes de su Corte haciendo comentarios hirientes sobre su sexualidad, y que además es el autor de una composición que empieza así: “El otro día fui a ponerle la mano en el coño a una soldadera”.

homosexualidad medieval

El endurecimiento de las legislaciones punitivas y las representaciones negativas de la homosexualidad, como la de este códice, pueden ser una pista de lo extendido de estos hábitos sexuales en la Edad Media europea.

Los parecidos razonables no se quedan aquí sino que continúan en cuestiones más llamativas y que incluso han sido criticadas. Una de ellas es la edad de los protagonistas y, por tanto a qué años la sociedad ponienti ve normal que empiecen a mantener relaciones sexuales. Daenerys se casa a los 13 años mientras que Sansa lo hace un mes antes de cumplirlos. En la Castilla medieval Blanca de Borbón casó en 1353 con Pedro I el Cruel a los trece años y medio y Constanza de Portugal lo hizo en 1302 con 12 años y quince días. El Derecho Canónico establecía la edad legal para casarse en los 12 años para las mujeres y en los 14 para los hombres.

Además y como también ocurre en la saga, era obligatorio que la unión fuese consumada sexualmente para que fuese indisoluble. La falta de privacidad en las casas, los ritos nupciales y la observación del comportamiento de los animales hacía que los niños medievales llegasen a la pubertad con un conocimiento bastante más práctico que hoy en día. De ahí que a sus 14 años Jon Nieve no parece sorprendido al escuchar anécdotas de cama, Myranda Royce relata con total libertad su vida sexual a una Sansa de 13 años y su hermano Bran, de siete, sabe perfectamente lo que es la cópula.

sexo medieval

El manuscrito medieval francés Roman de la Rose nos ofrece una serie de imágenes satíricas en las que se muestran monjas y sacerdotes en actitudes sexuales, como en esta, en la que una monja conduce al párroco con un cordel atado a sus genitales.

La homosexualidad es también un tema cuyo tratamiento ha sorprendido. Esa mezcla de permisividad y de desprecio social, junto a la moral de la Fe de los Siete que condena tales actos pero que nadie respecta en este y otros temas, recuerda mucho a la situación que los homosexuales vivieron durante el siglo XII y parte del XIII fuera de la península ibérica. Probablemente Loras y Renly hubieran envidiado a Rodolfo obispo de Tours y su amante Juan, obispo de Orleans a caballo entre los siglos XI y XII. Su vida sexual era pública, tanto que la promiscuidad de Juan le hizo ganarse el apodo de Flora, el mismo nombre que una famosa cortesana de la época. Y en ningún momento nada de esto les obligó a apartarse de sus puestos eclesiásticos. Ellaria Arena, la televisiva Yara, o Taena Merryweater compiten en el mundo medieval con dos anónimas monjas bávaras que en una carta reconocen echar de menos sus besos y caricias en los pechos.

Sorprende incluso que Martin haya acertado al introducir elementos tan importantes pero tan poco conocidos de la sexualidad medieval como el coitus interruptus, el aborto o el té de luna, un brebaje que a imitación de los medievales está a medio camino entre la píldora del día siguiente y un abortivo. Pero no solo acierta en las fórmulas sino también en las intenciones, pues no solo las parejas que no desean tener hijos recurren a estas prácticas, también aquellas mujeres que si hiciesen público que han perdido la virginidad no conseguirían un buen matrimonio.

sexo medieval

¿A dónde crees que vas?

Es indudable que, a nivel sexual, el universo de George R. R. Martín bebe de la Edad Media europea. El parecido es asombroso siempre y cuando olvidemos el hecho de que aparezca el derecho de pernada en la saga y que algunos detalles están todavía por aclarar. Puesto que en general este universo parece tan medieval que el espectador o el lector alejado del mundo de los medievalistas cree en la veracidad de lo que ve o lee, el buen hacer de Martin juega a favor de la Edad Media. Porque gracias a la saga y a la serie muchas personas han desprendido a la sexualidad de esta época histórica de esa visión gris y plana de un mundo temeroso y afligido por el pecado sexual. Surge así una forma de entender la sexualidad medieval mucho más próxima a la que fue en realidad: compleja, poliédrica, en ocasiones contradictoria, tal y como la vemos los medievalistas en nuestros documentos. ¡Muchas gracias Martin!

El presente relato forma parte de las cinco piezas seleccionadas entre las participantes en nuestro Concurso de ensayo Winter is Coming. El mundo medieval en Juego de tronos, premiadas con un ejemplar del libro de Carolyne Larrington.