Toda batalla tiene un momento en que cualquier cosa puede suceder, y es muy probable que cuando los franceses cruzaron la puerta norte del complejo de Hougoumont pero los británicos consiguieron contenerlos (“defiendan la posición hasta el final, y no la entreguen ni la abandonen por ninguna razón”, había ordenado Wellington), fuera ese momento de la batalla de Waterloo, 18 de junio de 1815, de la que hoy se cumple su 202 aniversario y queremos celebrar con esta maravillosa pintura de Keith Rocco, incluida en su Las campañas de Napoleón. La pintura militar de Keith Rocco. 

Hougoumont Waterloo Keith Rocco

“El portón de Hougoumont”, lámina incluida en Las campañas de Napoleón. La pintura militar de Keith Rocco.

El château de Hougoumont

Si bien el comandante en jefe anglo-aliado, que había tenido ocasión de inspeccionar el lugar mucho tiempo atrás, conocía perfectamente la existencia de la granja fortificada, sus posibilidades defensivas y su importancia como baluarte capaz de quebrar los asaltos franceses, es muy probable que Napoleón no supiera lo que había más allá del bosque, y por eso los ataques lanzados por los franceses contra la posición carecieron de la fuerza y la coordinación suficientes para lograr el éxito.

Y sin embargo, hubo un instante en que la victoria estuvo en el fiel de la balanza. Eran aproximadamente las 12.30 horas cuando los franceses, en el tercer asalto que lanzaban contra el complejo, consiguieron rodearlo por el oeste y llegar a la puerta norte. Esta, que era la vía por la que los defensores se comunicaban con sus camaradas apostados en la cresta, no estaba asegurada, de modo que los franceses no tardaron en abrirse camino a hachazos.

El primero que entró fue el sous-lieutenant Legros, de la 1.ª Compañía, 2.º Batallón del 1.er Regimiento de infantería ligera, un antiguo sargento de ingenieros conocido como l’enfonceur (“el arrollador”), y tras el entraron sus hombres. Algunos defensores se refugiaron en el interior de los edificios para disparar desde ellos, pero otros decidieron combatir en el propio patio, cuerpo a cuerpo, para rechazar a los atacantes.

El teniente coronel Macdonell, al mando de los hombres que defendían el lado oeste del complejo de Hougoumont, se dio cuenta enseguida de que había que cerrar aquella puerta o se perdería la posición y, junto con algunos oficiales, suboficiales y soldados que estaban junto a él, se abalanzó hacia ella. Hizo falta una dura lucha, pero al final consiguieron cerrar el acceso, atrapando en el patio a una treintena de franceses, entre ellos a l’enfonceur, matándolos a todos con la excepción de un joven tambor.

Hougoumont Waterloo

Closing the Gates at Hougoumont (1903) por Bobert Gibbs (1845-1932), National War Museum, Castillo de Edimburgo.

Tras haber estado a punto de perderse, el château de Hougoumont siguió resistiendo hasta el final de la batalla y fue una de las razones fundamentales de la victoria anglo-aliada. Un simple dato servirá para entender hasta qué punto: los franceses acabaron empeñando más de 10 000 hombres en el ataque (la División de Jerónimo Bonaparte al completo y parte de la División de Foy, ambas del II Cuerpo), contra solo 2600 defensores.