En un momento arqueológicamente tan escurridizo como el de la presencia visigoda en Hispania, en el que cualquier contextualización resulta muy difícil –cuesta distinguir, por ejemplo, qué materiales correspondieron a las élites godas que administraron el reino y cuáles a la población hispanorromana autóctona (como ocurre en el caso de los ajuares en las necrópolis) o qué estructuras arquitectónicas (caso de las basílicas y la arquitectura religiosa) corresponden a qué época–, el ejemplo de la ciudad de Recópolis es de lo más excepcional. De hecho, hablar de Recópolis cuando nos referimos al reino de Toledo es casi algo obligado…

Ceca visigoda Dionisio Álvarez Cueto

Ceca de acuñación de moneda visigoda, ilustración aparecida en el artículo “Hispania. De provincia romana a Reino germánico” en Desperta Ferro Antigua y Medieval n.º1: La caída de Roma.

Y lo es por varias razones: por una parte, Recópolis es una de las escasísimas ciudades fundadas ex novo en época de la dominación goda, lo que permite conocer de primera mano cómo sería una ciudad visigoda sin condicionantes previos; es decir, sin la presencia de estructuras preexistentes que obligaran a adaptarse urbanísticamente a un proyecto anterior. Por otra, porque su fundación, según cuentan la Chronica de Juan de Bíclaro (578.2) y la Historia Gothorum de Isidoro (51.5), fue una iniciativa de la monarquía y en consecuencia responde a un proyecto urbanístico concebido ex profeso por las élites que administraron la Península entre los siglos VI y VII. Este no es un dato baladí, en tanto que se trata de un periodo marcado por lo que se ha venido llamando la “cristianización de la topografía urbana” y en él se subraya en cambio el papel desempeñado por el Estado. Por último, porque estos mismos textos citados afirman indirectamente que su fundación se produjo en el año 578, otorgando así una fecha post quem a sus hallazgos, lo que supone un dato precioso para los arqueólogos. Lo que allí había, tuvo por tanto que ser depositado en una fecha forzosamente posterior a su fundación. Este dato es de gran ayuda para el análisis taxonómico y cronotipológico de conjuntos de materiales que luego resultan de gran utilidad para fechar otros contextos con conjuntos parecidos en yacimientos distintos. Pero no solo eso; a ese “regalo” arqueológico que es el contar con una fecha a partir de la cual datar los materiales, hay que añadirle el hecho de que la ciudad no tuvo continuidad más allá de la primera mitad del siglo IX, de modo que sus restos no han sido apenas alterados por sucesivas remodelaciones urbanísticas a lo largo de siglos, como sí ocurre en Toledo y en general en cualquiera de las muchas sedes episcopales del reino.

Planta Recópolis

Planta de las excavaciones de la ciudad de Recópolis, según: Olmo Enciso, L. (2008): “Recópolis: una ciudad en una época de transformaciones”, Zona Arqueológica, 9; fig. 3.

En cualquier caso, la fecha absoluta que nos indican las fuentes escritas para su fundación coincide con lo observado en las excavaciones arqueológicas realizadas en el lugar y con el estudio numismático de las propias acuñaciones de Recópolis, que indican una datación hacia finales del siglo VI, aunque también una continuidad de la actividad edilicia en los primeros años del siglo siguiente.

Las mencionadas citas de Juan de Bíclaro e Isidoro de Sevilla refieren también que Recópolis se construyó por iniciativa de Leovigildo ex nomine filii; es decir, dándole nombre en honor a su hijo Recaredo, que en aquel momento era consors regni suyo. Está claro, pues, que uno de los objetivos era el afirmar su descendencia, si bien hay quien ha sugerido –con escaso apoyo en la investigación actual– que la interpretación es errónea, y que rec- quizá refiriera a rex en vez de a Recaredo. Sea como fuere, y pese a la existencia de un importante conjunto palatino en el asentamiento, no fue una ciudad estructurada como sede regia, puesto que esta función la desempeñaba Toledo, que en la misma época fue igualmente objeto de importantes remodelaciones urbanísticas.

Basílica Recópolis

Vista del exterior de la iglesia palatina de Recópolis, con modificaciones posteriores mozárabes y de una ermita del siglo XV. © Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0 / Borjaanimal

Recópolis está situada a orillas del Tajo en un paraje que corresponde al actual municipio de Zorita de los Canes, en la provincia de Guadalajara. Su estructura urbanística, que contaba con murallas dotadas de torres cuadrangulares, responde a un plan preconcebido probablemente inspirado en las ciudades orientales del Imperio y en el que la parte alta del enclave está ocupada por los edificios de función administrativa y residencial de las élites. En particular, se ha documentado en este sector un importante conjunto palatino que consta de varios edificios estructurados en torno a una gran plaza. En los lados norte y sur se erigieron dos edificios alargados de dos plantas y de grandes dimensiones (de unos 133 m de longitud el del norte), mientras que el lado oriental lo ocupaba otro mucho más pequeño, de un solo piso, y una espléndida basílica de tres naves con planta de cruz latina inscrita en un rectángulo con ábside semicircular peraltado. Franqueando un arco monumental situado en la parte sur, se salía del conjunto palatino, una especie de sector público heredero de los espacios forales romanos, hacia la zona residencial de la ciudad. Para ello se pasaba por una calle que atravesaba un barrio comercial y artesano, en el que se han documentado toda una serie de tiendas y talleres que incluyen desde el trabajo de la orfebrería hasta el del vidrio o la venta de vinos, aceites y todo tipo de productos de consumo.

Basílica Recópolis

Interior de la basílica de Recópolis, en la que destacan los arcos construidos en la zona de la cabecera durante la reocupación de la iglesia en el siglo XII. © Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0 / Borjaanimal

Pero volvamos nuevamente sobre su fundación. No hay duda de que en ella hubo un componente ideológico muy importante. La ciudad es, en efecto, el centro fundamental de la estructura social de la época, y la decisión de fundar Recópolis en un momento en el que culminaba un proceso de transformación del paisaje urbano del territorio del antiguo Imperio romano no es otra cosa que el reflejo de la consolidación del Estado visigodo. Son muchos los investigadores que han incidido en que el proyecto de construcción de esta ciudad forma parte de los esfuerzos de Leovigildo por ensalzar la importancia de su reino imitando algunos gestos típicos del Imperio bizantino (la llamada aemulatio imperii), entre los que se cuentan por ejemplo la aparición de la efigie del rey en vez de la del emperador bizantino en las monedas, la propia corregencia mantenida con sus hijos –aunque en posición subordinada de estos– entre 573 y 586, o la adopción de objetos simbólicos como el trono o la púrpura real, además probablemente de algunos proyectos urbanísticos de cierta envergadura en Toledo.

Copnjunto palatino Recópolis

Interior del edificio norte del conjunto palatino. En él se encontraron restos procedentes del pavimento y elementos de decoración escultórica correspondientes al piso superior. © Wikimedia Commons / CC BY-SA 3.0 / Borjaanimal

En este caso, se trata de otorgar un nombre real a una ciudad de nuevo cuño, tal como hiciera el emperador Justiniano en distintas refundaciones. Pero con independencia de este factor puramente ideológico o de que, como se ha sugerido en ocasiones, la ciudad se fundara o no en conmemoración de las victorias militares de Leovigildo, esta debió de cumplir alguna función a nivel geoestratégico o socioeconómico. Un dato significativo a este respecto subyace precisamente en el papel que habría desempeñado como centro de redistribución comercial. Los datos arqueológicos indican una presencia muy notable de materiales importados del mundo bizantino –en especial del norte de África–, algo que contrasta fuertemente con lo observable en otras ciudades del interior peninsular, incluyendo la propia Toledo. Solo en las ciudades del litoral, como Barcinona, Tarraco o Valentia, son frecuentes con cierta abundancia este tipo de materiales en contextos de esta época. En dicho sentido, y tal como evidencia la importancia de su barrio comercial, probablemente Recópolis ejerció como puerta de entrada de materiales importados destinados a las élites del interior. Otro dato importante en clave económica procede del análisis numismático. Recópolis contó con su propia ceca, y por otra parte la presencia de un conjunto palatino es indisoluble de la existencia de un aparato administrativo. Son indicios que, junto a muchos otros, tienen mucho que ver con el papel de la ciudad en la recaudación e imposición de un sistema tributario en la Celtiberia, una cuestión clave en esta fase de consolidación del Estado visigodo y de la voluntad centralizadora de este. Al fin y al cabo, toda ciudad importante es un centro económico que ejerce como base del sistema fiscal del reino.

Recópolis Dionisio Cueto

Recópolis era una un importante centro de redistribución comercial, bienes entre los que destacaría con importancia particular el vidrio. Ilustración © Dionisio Álvarez Cueto

Hoy en día Recópolis es un yacimiento visitable altamente recomendable, y uno de los mejores ejemplos de la arquitectura y el urbanismo de época visigoda, pero también de la importancia de las ciudades en la estructuración de la economía y la sociedad de este periodo.

Gustavo García Jiménez, director de Arqueología e Historia.