En 1963, la revista Pilote inició la publicación del western más trascendente de la novela gráfica: El teniente Blueberry, posteriormente reconvertida en Míster Blueberry tras el final del de los denominados ciclos del ejército y que, en diversas series y con la participación de varios guionistas, ilustradores y coloristas se ha mantenido vigente durante más de sesenta años. Creada por el guionista belga Jean Michel Charlier (1924-1989) tras un viaje por el sudeste de Estados Unidos, el primer ciclo de cinco álbumes, editados entre 1966 y 1968 narra las aventuras de un teniente de la caballería estadounidense de origen sudista, inmerso en una revuelta de las tribus apaches poco tiempo después de finalizada la Guerra de Secesión. Con dibujos de Jean Giraud, Gir, (1938-2012), conocido posteriormente por sus relatos fantásticos firmados con el seudónimo Moebius, un discípulo del ilustrador Joseph Gillain, Jijé (1914-1980) que en principio había sido el elegido por Charlier como dibujante y que, de hecho, firmará la portada del primer álbum y realizará gran parte del segundo, el ciclo se compone de cinco relatos: Fort Navajo (1965), Tempestad en el Oeste (1966), El águila solitaria (1967), El jinete perdido (1968) y La pista de los Navajos (1968), publicados en Bruselas por la editorial Dargaud, que serán reeditados respectivamente en 1993, 1992, 1997, 1994 y 1996, los cuatro primeros con un nuevo coloreado obra de Claudine Blanc-Dumont.

 

En España, será Editorial Bruguera quien empiece a publicar la serie del teniente Blueberry en 1968, aunque sólo los tres primeros álbumes, debiéndose esperar hasta principio de la década de 1980 para que otra editorial, Grijalbo/Dargaud lleve a cabo la publicación de la obra de Charlier y Gir, aunque empezando por el tercero de los ciclos originales, el dedicado al ferrocarril, tras el anterior integrado por un único álbum El hombre de la estrella de plata (1969), y formado por cuatro títulos: El caballo de hierro, El hombre del puño de acero, La pista de los Sioux y El general cabellos rubios (1970-1971). Los álbumes originales del teniente Blueberry serían reeditados de nuevo en 2006 y 2007, ahora por Norma Editorial, incluyendo diversos integrales recopilatorios de las diferentes historias por ciclos, y en la que se ha basado la última edición hasta el presente, acometida por Editorial Planeta De Agostini y presentada como una Edición de Coleccionista. La comparación entre las ediciones españolas de 1968 y 2017 –basada en la de 2006- de los dos primeros álbumes, Fort Navajo y Tempestad en el Oeste, muestra profundos cambios no sólo en el color de las viñetas, de tonos más ocres en el trabajo de Blanc-Dumont que lo acerca a las obras de madurez de Gir, sino muy especialmente en los textos. Las traducciones en la edición de Bruguera fueron firmadas por Jaume Perich en el caso del primero y Jorge Bayona el segundo, mientras que la más reciente corresponde a Andreu Martín, quien las realizó para la edición de Grijalbo/Dargaud a principios de los ochenta.

El interés de la comparación entre ambas traducciones del teniente Blueberry muestra los cambios no sólo en la forma de explicar la trama, sino muy especialmente en la concepción de los personajes que de ello se deriva. Encuadradas en el espectro político de la época, las primeras traducciones se desarrollaron durante la última etapa del régimen franquista, en el que el apoyo de los Estados Unidos era esencial para la situación internacional del gobierno español, y las bases militares de Zaragoza, Torrejón de Ardoz, Rota y Morón constituían puntos clave del despliegue de la OTAN en Europa en el contexto de la Guerra Fría, por lo que el tratamiento que debía darse al ejército estadounidense debía mantener una cierta distancia positiva pese ser contemporánea de la Guerra de Vietnam y la difusión de los crímenes de guerra que se cometían en el sudeste asiático. Además una traducción claramente identificada con el papel heroico del ejército encajaba perfectamente con el imaginario popular del western y el papel de la caballería transmitido por la industria cinematográfica, sin olvidar que el púbico al que se dirigían los álbumes era especialmente infantil y adolescente, puesto que no debe olvidarse que el cómic adulto era minoritario en la época.

Por el contrario, la segunda traducción del teniente Blueberry, mucho más fiel al original en francés, debe vincularse a un contexto político diferente, marcado por la transición democrática y la victoria del PSOE en las elecciones generales de 1982, una fase en la que el sentimiento antiestadounidense era creciente entre la sociedad española, expresado en el eslogan “Otan No, Bases fuera” en oposición a la integración acordada por el gobierno de UCD en 1981 y refrendada en el referéndum de 1986, que incluía matices sobre la integración en la estructura militar de la organización que fueron respetados hasta su colusión en 1997 por el gobierno del PP. Blueberry era ya entonces una novela gráfica que había captado a un público adulto que recuperaba en parte las historias del personaje aparecidas en un inicio de forma semanal en las revistas Bravo (1968), Gran Pulgarcito (1969) y Mortadelo (1970), que supusieron, especialmente la primera, el primer y principal vehículo de difusión del cómic de aventuras franco-belga o de línea clara.

 

El teniente Blueberry, al que Gir dibujó con los rasgos del actor Jean-Paul Belmondo, fue definido por Charlier como el prototipo del héroe solitario de una pieza e irreductible, pero adornado con todos los defectos que le convertían en un desclasado social a la par que atractivo: jugador, bebedor, tramposo, indisciplinado, camorrista y enamoradizo aunque no mujeriego. Tan sólo su destacada hoja de servicios durante la guerra le permitirá seguir en el ejército, así como la protección del general Dodge, dato que se conocerá posteriormente durante el ciclo La Juventud de Blueberry. El teniente Blueberry será desde la primera serie un militar con conciencia opuesto al racismo del ejército y a la forma en la que los blancos tratan a los nativos americanos, intentando cuando sea posible establecer la paz entre ambas comunidades como en La pista de los navajos, o ayudando claramente a los apaches, entre quienes se refugia tras ser acusado de intentar asesinar al presidente Ulysses S. Grant (Angel Face, 1975), a lo largo del ciclo Blueberry Fugitivo compuesto por los álbumes Nariz rota (1980), La larga marcha (1980) y La tribu fantasma (1982), cuyos guiones son claramente favorables a los nativos al subrayar los intentos de aniquilación que sufrirán por parte del ejército y de los grupos de mercenarios cazadores de cabelleras, en una época, como indican las fechas de publicación mencionadas, correspondientes a la edición original, no a la española, muy posteriores, en la que la opinión pública había mutado en gran medida su percepción de las guerras indias desde el “proceso de civilización” hasta el “exterminio”, y se estaba produciendo una recuperación del análisis antropológico y etnográfico de los nativos americanos al tiempo que se reinterpretaba la historia del Oeste no desde la perspectiva épica de trompetas y cargas de caballería, sino de las matanzas cometidas por los blancos, culminadas en Wounded Knee en 1890, y la figura del teniente coronel Custer, cuyo traslación a la serie es el general Allister, un racista incompetente en El general cabellos rubios ( 1971) y promotor de un golpe de estado fascista en El final del camino (1986), ya no tiene los tintes heroicos de Errol Flynn en el film de Raoul Walsh de 1941, sino de un genocida egocéntrico muerto por su incapacidad.

 

Sirva lo anterior para analizar el cambio que se observa entre las traducciones españolas de los dos primeros álbumes del teniente Blueberry. En la traducción de 1982, el discurso del mayor Bascom, segundo en el mando en Fort Navajo, un personaje duro, belicista y, especialmente racista hacia los apaches, se incluyen, para referirse a los nativos, expresiones como “basura roja”, “perros rojos”, “basura”, ”coyotes malolientes” “perros”, “coyotes rojos”, “piojosos”, “ratas sarnosas”, “bestias” o “coyotes rabiosos” entre otros, expresiones que no se incluyen en la primera edición donde, o simplemente se eliminan o se suavizan con las más neutras de “indios” o “salvajes”, propias de la concepción e interpretación colonialista de la historia desde una perspectiva eurocentrista que dominó en gran medida la interpretación de los procesos de expansión del siglo XIX durante la primera mitad del XX. Epítetos que también usará cuando se refiera al personaje de Cochise, recurrente en diversos relatos de la serie y que llegará a trabar una excelente amistad con el del teniente Blueberry, substituyendo el calificativo “bandido” por “canalla”, repetido en diversas ocasiones, o por “coyote”. Y no se trata del único personaje que se refiera a los nativos desde posiciones despectivas, por cuanto el teniente Graig, un novato recién salido de la academia militar de West-Point que trabará rápidamente amistad con el protagonista de los álbumes, quien se refiere a los indios como “salvajes” y “apaches” en la primera versión, cambiados por “imbéciles” y salvajes” respectivamente en la segunda. Bascom expresará también su racismo contra los mestizos, ejemplificado en la figura del teniente Crowe, otro oficial destinado en Fort Navajo, de quien si bien indica en la primera edición al intentar el oficial que no se culpabilice sin pruebas a los indios de la destrucción del rancho y el asesinato de sus moradores que da pie a la historia: “en el ejército, los mestizos con causa de complicaciones. Debería haber leyes que regularan su admisión” y “además, el siempre toma partido por los indios y esto no corresponde a un teniente del ejército… ¡habrá que arreglar este asunto!” por: “¡malditos sean los que permiten la presencia de esos perros bastardos de los mestizos en el ejército de los Estados Unidos” y “¡No pierde ocasión para defender a esa raza de coyotes maloliente a la que medio pertenece! ¡Pero acabaré por meterlo en cintura!”. El propio Crowe indicará que su decisión de no acudir se debía a que “me horrorizan las fiestas de este tipo… y tampoco soy muy bien recibido…mi sangre india”, una explicación amable y sin duda menos dura que la de 1982: “pero siempre me niego a ir. No me gustan las reverencias y…siempre me dejan al margen. ¡Mi sangre india!”, como constatación de la existencia de un racismo menos evidente pero igualmente extendido entre los oficiales de la guarnición y sus familias. Una situación que le llevará a desertar, reclamando su lugar, en el primer caso por despecho y resignación ante lo que sería su deseo mostrando la superioridad de estatus que deseaba: “si los blancos no me aceptan mi puesto está entre ellos”, y en el segundo por convicción: “mi lugar está junto a mis hermanos rojos”. Un claro discurso de reivindicación de la identidad cultural, siendo significativo que en la última página del segundo volumen, mientras el traductor de la versión de 1982 obvia los dos elementos que caracterizan al personaje, el de la primera recuerde que se trata de un ex teniente y un mestizo, determinantes de su nueva situación personal y social.

 

Bascom no dudará tampoco en llevar a cabo una masacre contra una tribu pacífica, aunque en las traducciones la intención y la forma de expresarla difiera, pasándose de los textos de 1968: “vamos a actuar…¡Y rápido! Les daremos su merecido para que sirva de aviso a los demás” y “en este caso no hacemos más que tomarles la delantera” y “habrán permanecido tranquilos este tiempo para no despertar nuestra desconfianza” en los que se justifica la acción como preventiva a “¡esos perros rojos no desconfían! ¡Es una ocasión inesperada para vengar al pobre Stanton y darles su merecido!”, “los nobles sentimientos no tienen cabida en el Oeste, Blueberry” y “se mantuvieron tranquilos para que no desconfiáramos, pero no hay paz posible con esas bestias feroces ¡Hay que aniquilarlos!”. Si bien el personaje aparece como un racista descerebrado, la opinión que de él tienen los oficiales a sus órdenes, e incluso el comandante del fuerte, coronel Dickson, si bien son críticas, están asimismo tamizadas, pasando la opinión de Graig en la primera traducción “Bascom no sabe lo que hace…¡No podemos tomar parte en esta fechoría!” a “¡su odio a los indios vuelve loco a Bascom! ¡No podemos mezclarnos en esta canallada!”, que aunque más crítica no deja de ser justificativo –el odio que nubla el sentido común– y substituye el concepto lógico de crimen al atacar a una tribu desarmada sin previo aviso, por el de “canallada”, y de “el teniente Blueberry no ha cometido ninguna traición, señor” a “el teniente Blueberry no ha cometido traición, sir. ¡Ha evitado una matanza inútil e injusta!”. También por las fechas, 1968 y 1982, la terminología sobre la decisión de los nativos de tomar las armas es significativa, pasando de “revolución” a “levantamiento”, mucho más dura en el primer caso como corresponde a la definición de alterar el orden impuesto en el ámbito de la dictadura.

En el ambiente racista y colonial de la obra, la petición realizada por los apaches para entablar negociaciones que pusieran fin a la lucha, es calificada negativamente tanto en la primera versión “coronel, ningún oficial americano puede aceptar el humillante ultimátum” como en la segunda, aunque, de nuevo, de forma más dura: “¡mi coronel! ¡Ningún oficial americano digno de ese nombre puede aceptar el ultimátum de esa rata!”, aunque también hay espacio para mostrarse comprensivo hacia la personalidad de Bascom de quien se dice está amargado por no poder conseguir un ascenso, pero al que se le califica, en ambos casos, como un “excelente oficial”, llegando el coronel en el primera versión a definir su postura hacia los indios de “manía”, lo que la segunda calificará sin tapujos como “odio”, mientras que Blueberry pasará de considerarle “un bribón” a “un canalla”, tras afirmar Crowe que “este hombre no es amigo de los indios” que trocará por un más explícito “ese coyote odia demasiado a los pieles rojas”, e incluso Craig le acusará cuando intente capturar a Cochise y a los otros jefes navajos de “manchar el uniforme” cuando en la primera versión hablaba tan sólo de “no perder nuestra oportunidad”. Charlier elevará en sus guiones la categoría moral del jefe de los apaches chiricahua presentándole como amante de la paz, mantenedor de la palabra dada, y dispuesto al acuerdo y al diálogo, aceptando la mediación de Blueberry en el último álbum del ciclo para establecer la paz con el ejército.

 

Los ejemplos con connotaciones racistas son frecuentes no sólo en los dos álbumes analizados, siendo expresados en otros títulos por diversos personajes como contraposición a la actuación de héroe de la trama, pero pueden encontrarse otros elementos interesantes, como las muestras de un mal disimulado machismo. La serie del teniente Blueberry es un cómic de personajes masculinos aunque cuente con una de las figuras femeninas más fuertes del western: Chihuahua Pearl, personaje determinante del ciclo del oro confederado y recurrente en el de Blueberry fugitivo, cerrando el ciclo de su relación de amor-odio en el álbum Arizona love. Sin embargo, en el primer ciclo los personajes femeninos, especialmente la hija del coronel Dickson y su tía son arquetipos de la idea de la mujer sumisa y compañera del héroe, devota hija y enamorada, pero que, aunque insinúe su atracción por Blueberry, acabará enamorándose de la seguridad y la posición que representa Craig, hijo de un general y eximio representante de las virtudes castrenses. Por ello, algunos de los diálogos caen en el estereotipo de asociar la fortaleza al género masculino, como calificar como “bebida de señoritas” al whisky de menor graduación que el camarero de un saloon sirve a Craig después de pedir este limonada, té helado y cerveza de jengibre como bebidas apetecibles, aunque los traductores introducen, probablemente de forma inconsciente, algunas situaciones que pueden tener doble sentido, como la necesidad de una bandera blanca, para la que el coronel Dickson indica al teniente Blueberry en la primera versión “pídale una sábana a mi hija”, mientras que en la segunda pasa a ser “coja una sábana de la cama de mi hija”, dando a entender que el teniente ya dispone de acceso a dicha ropa blanca…el mismo día de su llegada al fuerte.

Blueberry es un cómic representativo no sólo de una época en que se desarrollaba una nueva visión sobre los nativos americanos y las guerra indias, sino también un ejemplo de cómo se ha utilizado la novela gráfica para transmitir mensajes, en absoluto subliminales, adaptados al pensamiento dominante de dos épocas recientes de la política y la sociedad españolas.

Por Francisco Gracia Alonso, catedrático de Prehistoria de la UB.

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