Centenario del armisticio de la Primera Guerra Mundial

Distribuida en cinco coches, la delegación que enviaron los alemanes para negociar y firmar el armisticio de la Primera Guerra Mundial cruzó el frente el día 7 de noviembre, e iba a circular durante horas por los devastados campos de batalla del norte de Francia antes de llegar a la estación de Tergnier, donde embarcaron en un tren rumbo a Rethondes, destino que se mantuvo en secreto hasta el último minuto. Ninguno de los personajes principales había tenido un rol especialmente relevante durante los años anteriores. Fueron: Matthias Erzberger, del partido Zentrum, apodado “el opuesto” en su país por haber estado siempre en contra de la guerra; Alfred von Oberndorff, del Ministerio de Asuntos Exteriores, destinado en Sofía hasta hacía poco; el general Detlof von Winterfeldt, quien había sido el representante militar del canciller, por el Ejército; y el capitán Ernst Vaselow por la Marina.

Las hostilidades cesarán a las 11.00 horas del día de hoy, 11 de noviembre. Las tropas se mantendrán en las posiciones alcanzadas a esa hora, que serán comunicadas por radiotelegrafía al Gran Cuartel General Avanzado. Se mantendrán las precauciones defensivas pertinentes. No habrá ningún trato con el enemigo hasta recibir instrucciones del Gran Cuartel General.

Este texto escueto enviado a las unidades británicas, muy similar a los que recibirían los combatientes de los demás países implicados, señalaba el principio del fin de “la guerra que iba a acabar con todas las guerras” (la frase se atribuye a H. G. Wells), la contienda que al estallar no debía durar más allá de navidad, la de 1914, pero que al final se había prolongado por más de cuatro años, cincuenta meses de destrucción y muerte tras los cuales Europa había quedado desfigurada, física y psicológicamente.

El armisticio de la Primera Guerra Mundial

Eran las 5.00 horas en Rethondes cuando se dio el que sin duda fue el primer paso hacia la guerra siguiente. Los plenipotenciarios alemanes firmaron entonces el armisticio de la Primera Guerra Mundial, un texto plagado de condiciones difíciles: “Evacuación inmediata de los países invadidos […] así como de Alsacia y Lorena, que tendrá que completarse en los 15 días siguientes a la firma del armisticio” (cláusula II); “Entrega en buenas condiciones, por el Ejército alemán, del equipamiento siguiente: 5000 cañones (2500 pesados y 2500 de campaña), 25 000 ametralladoras, 3000 morteros de trinchera y 1700 aeroplanos (cazas y bombarderos, empezando por los Fokker D VII y los aparatos de bombardeo nocturno)” (cláusula IV); “Evacuación por parte del Ejército alemán de los territorios en la orilla izquierda del Rin. […] serán administrados por las autoridades bajo el control de ejércitos de ocupación de los aliados y de los Estados Unidos” (cláusula V); “El sostenimiento de las tropas de ocupación en los territorios del Rin (con la exclusión de Alsacia y Lorena) correrá a cargo del Gobierno alemán” (cláusula IX); “ La inmediata repatriación, sin reciprocidad […] de todos los prisioneros de guerra aliados y de los Estados Unidos […]” (cláusula X); “Se imponen las siguientes reparaciones financieras: reparación de daños. […]” (cláusula XIX, la cifra quedaba sin determinar).

prisioneros alemanes Primera Guerra Mundial

Si bien el acuerdo de armisticio de la Primera Guerra Mundial indicaba expresamente que los prisioneros de guerra aliados en poder de los alemanes debían de ser repatriados de inmediato, inclusive los que estuvieran siendo juzgados o hubieran sido condenados por cualquier motivo durante su cautiverio; no sucedería lo mismo con los soldados germanos en manos de los vencedores occidentales, como los que podemos ver en esta fotografía de 1915 recorriendo una calle de Amiens. El Reino Unido no envió a aquellos hombres a casa hasta después de la firma del Tratado de Versalles, y muchos de los que estaban en manos francesas no regresarían hasta 1920, tras haber sido empleados para despejar los campos de batalla de los restos de los combates, incluyendo proyectiles sin estallar y minas. Las muertes de algunos prisioneros mientras llevaban a cabo esta actividad causó un considerable escándalo internacional, que ayudó a que fueran, finalmente, repatriados.

Las condiciones impuestas para la firma del armisticio eran tan duras que los representantes alemanes exigieron que se añadiera una declaración cuyos últimos párrafos rezaban: “los plenipotenciarios firmantes consideran su deber reiterar y enfatizar sus repetidas afirmaciones, tanto orales como escritas, en el sentido de que la ejecución de este acuerdo arrojará al pueblo alemán en manos de la anarquía y la hambruna […]. El pueblo alemán, que ha aguantado durante cincuenta meses contra un mundo de enemigos conseguirá, a pesar de todas las fuerzas que se le opongan, preservar su libertad y su unidad. Un pueblo de setenta millones de habitantes sufre, pero no muere”.

La venganza llegaría veintidós años después, cuando Hitler obligó a los franceses a recuperar ese mismo vagón de ferrocarril para firmar su propio armisticio, esta vez ante una victoriosa Alemania.

Una guerra que no acaba

Entretanto, era imposible pensar que el inminente fin de la contienda provocaría la congelación inmediata del frente, las rutinas y el odio suelen resistirse a morir. Al este de Valenciennes, poco antes de las 11.00 horas, un teniente alemán herido informó a una patrulla británica de que el pequeño caserío que podían ver frente a ellos había sido abandonado, pero cuando el batallón entró desfilando por el mismo se cerró la trampa y fue acribillado con fuego de ametralladora, lo que le provocó un centenar de bajas antes de que la lucha se generalizara. Entretanto, más al norte, en Lessines, el 7.º de Dragones, una unidad de caballería, aprovechó los últimos minutos para cargar a la conquista de un puente sobre el río Dendre, para establecerse en el otro lado por si los alemanes decidían no cumplir con el armisticio. El romántico acontecimiento se vio sometido también a un fuego brutal de ametralladora, que duró exactamente hasta las 11.00, momento en el que los defensores germanos decidieron cumplir con las órdenes recibidas, sobre el terreno quedaron muchos absurdos últimos muertos de aquella guerra.

caballería británica gran guerra 1914 1918

En 1918, en el frente occidental, la caballería había perdido su papel tradicional. Aunque durante los primeros compases de la guerra los beligerantes habían tratado de organizar grandes masas de jinetes con las que explotar una eventual ruptura de las líneas enemigas, en aquel momento, y salvo excepciones como la que se explica en el texto, estos combatientes luchaban como dragones, es decir, se desplazaban montados pero actuaban a pie. Buena prueba de ello son las colleras que llevan los caballos de esta unidad británica, cuya función era sujetarlos cuando la fuerza entraba en combate, función a la que se destinaba un hombre de cada cuatro.

Otro de los acontecimientos sin sentido de aquella mañana tuvo lugar en el sector estadounidense, entre los ríos Mosa y Argonne, cuando los norteamericanos, sometidos a un fuego de artillería tan intenso que parecía que los alemanes no querían tener que tirar la munición que les quedaba tras el alto el fuego, decidieron responder. “Aparentemente, se extendió entre los soldados la sensación de que si bien la artillería norteamericana no había estado presente en el primer disparo de la contienda, bien podía asegurarse de descargar el último –narra Barrie Pitt, con cierta ironía, en 1918, The Last Act–. La cosa no habría importado si los estadounidenses no fueran de natural competitivo y cada equipo de artilleros no hubiera deseado el honor para sí”. Finalmente, la batalla se extendería bastante más allá de la hora señalada, y solo órdenes directas de la más alta jefatura acabarían con aquel último duelo interminable.

tanques estadounidenses Primera Guerra Mundial

Tropas estadounidenses dirigiéndose a primera línea en el sector del bosque de Argonne. Fotografía tomada el 26 de septiembre de 1918. Para entonces y tras diversas tensiones con sus aliados, que al principio habían esperado utilizar los soldados de ultramar para reforzar sus propias unidades, el Cuerpo Expedicionario Norteamericano había llegado a la madurez y luchaba unido en un sector propio del frente. Estos combatientes van montados en sendos carros de combate Renault FT 17 pertenecientes al Tank Corps, fuerza que estaba entonces bajo el mando del teniente coronel George Patton.

Parece que solo en el sector francés se mantuvo la calma. Informadas del inminente alto el fuego, las unidades se limitaron a colocar centinelas y prepararse para un eventual último ataque, pero sin tomar ninguna acción ofensiva, haciendo bueno, para un ejército que tanto había sufrido durante la contienda, el dicho de que el último muerto de una guerra es sin duda el más trágico.

El momento

Desconocemos quien pudo ser dicha desafortunada víctima, pero uno de los candidatos se llamaba George Price, canadiense y soldado raso, que se hallaba en las trincheras cerca de Ville-sur-Haine cuando, dos minutos antes de la hora definitiva, fue alcanzado por la bala de un francotirador. ¿Por qué disparar en aquel momento tan tardío? Sin duda cuatro años de guerra enconada tenían que producir este tipo de frutos, y una intensa sensación de desconfianza, una vez que llegó el momento de dejar las armas. Al principio, los hombres apenas se atrevían a asomarse más allá de sus trincheras, terribles zanjas de barro, sin duda, pero que habían tenido la virtud de mantenerlos vivos hasta entonces. Luego, poco a poco, se fueron reuniendo pequeños grupos, que miraban de reojo a los de enfrente, hasta que, en algún momento, estalló la paz. “Se produjo un segundo de silencio expectante –cita Martin Gilbert, en La Primera Guerra Mundial, a John Buchan– y después un curioso sonido como un susurro, que los observadores que estaban muy por detrás del frente compararon con el ruido de un viento suave. Era el sonido de los hombres que daban vítores desde los Vosgos hasta el mar”.

Cuerpo Expedicionario Canadiense

El Cuerpo Expedicionario Canadiense, cuyo centro de mando, fotografiado en septiembre de 1918, se puede ver aquí, llegaría a estar compuesto por hasta cinco divisiones –aunque la última estuvo en activo solo durante un año (febrero de 1917 a febrero de 1918) –, y combatió en algunas de las batallas más duras del frente de Flandes como la segunda de Ypres (abril- mayo de 1915), Vimy Ridge (abril de 1917) o Passchendaele (octubre-noviembre de 1917). Durante su existencia pasaron por sus filas unos de 620 000 hombres, de los que murieron en combate más de 60 000, entre ellos George Price. La cualidad más importante tanto de los mandos como de los soldados canadienses fue su capacidad para aprender de los combates, diseñar nuevas tácticas, ensayarlas y utilizarlas contra el enemigo.

Con la paz, llegó el momento del recuerdo, sobre aquella misma noche, Alan Brooke, quien ascendería a mariscal durante la Segunda Guerra Mundial, escribió: “La noche desenfrenada me enervaba. Sentí un alivio increíble al ver que por fin se había acabado, pero me abrumó la afluencia de recuerdos de esos años de lucha. Estaba lleno de melancolía esa noche y me fui a dormir temprano”.

celebración fin de la Primera Guerra Mundial

Entre el momento en que se firmó el armisticio de la Primera Guerra Mundial y julio de 1919 se llevaron a cabo, en Londres, diversos desfiles de la victoria. En estas dos fotografías, fechadas en el propio mes de noviembre y tomadas en Ludgate Circus, podemos ver, a la izquierda, a mujeres del WRAF (Women Royal Air Force) mostrando al público diversas piezas de aviones capturadas a los alemanes; mientras que a la derecha podemos ver tres carros de combate, un Mark V Male en vanguardia, reconocible por el cañón que lleva en la casamata lateral, un Mark V Female, armado con ametralladoras en el mismo sitio, y un carro ligero Mark A Whippet.

Tras la firma del armisticio, la llegada de la paz no fue, empero, el final de los sufrimientos, pues estaba en pleno apogeo la brutal epidemia de gripe que, entre 1918 y 1920, acabó con millones de vidas, y aún faltaban muchos conflictos menores por resolver, en los cuatro confines del mundo, antes de que la Primera Guerra Mundial se convirtiera en la segunda.

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