Una de las historias más trepidantes y desconocidas que nos dejó la Segunda Guerra Mundial fue aquella que protagonizaron un grupo de exploradores románticos que en los años treinta habían fundado el Club Zerzura y recorrido el desierto libio en busca del mítico oasis donde se perdió el ejército del rey Cambises de Persia. Sus conocimientos del desierto gracias a su trabajo cartográfico en el norte de África hicieron de estos exploradores, como László Almásy y Ralph Bagnold, unos objetivos codiciados por los Aliados y el Eje para preparar su intervención en Libia y Egipto.

Almásy y Bagnold, en busca del oasis de Zerzura

El autor, Saul Kelly, durante uno de sus viajes por el norte de África. © Saul Kelly

Este episodio es el que nos cuenta Saul Kelly en su obra El oasis perdido. Almásy, Zerzura y la guerra del desierto, un libro que mezcla exploración e historia militar para sacar a la luz unos hechos que fueron decisivos para el desenlace de la Segunda Guerra Mundial Es por ello que hemos entrevistado al autor para que nos hable de esta fascinante historia y de estos exploradores que se vieron envueltos en el conflicto bélico más importante del siglo XX.

¿Por qué tantos europeos han estado obsesionados con encontrar Zerzura a lo largo de la historia?

Desde los antiguos griegos, a los europeos les ha fascinado lo que pudiese haber en el interior de África, especialmente en las arenas del desierto libio. Las tradiciones locales hablaban de un oasis perdido que alberga una fabulosa riqueza que había sido descubierta por los faraones. Desde principios del siglo XIX los exploradores europeos procuraron encontrar este oasis.

El libro se centra en un grupo de exploradores que fundaron el Club Zerzura y recorrieron el desierto libio para encontrar el mítico oasis. ¿Cuál era el vínculo entre ellos?

Lo que unía a los miembros del Club Zerzura, aparte de su deseo de encontrar el oasis perdido, era su experiencia militar. Todos estaban interesados en encontrar las rutas y los pozos del desierto libio que les permitiría, en caso de guerra, transportar hombres y materiales en camiones y coches tras las líneas enemigas.

Almásy y Bagnold, en busca del oasis de Zerzura

Campo de cráteres de Selima por el que pasó, en 1927, la expedición británica de Ralph Bagnold. © Saul Kelly

Ralph Bagnold y László Almásy son los principales protagonistas de El oasis perdido. ¿Podrías hablarnos un poco de ellos?

Ralph Bagnold en el fondo era un científico, interesado en la formación de dunas y en la navegación por el desierto. Fue su conocimiento sin igual del desierto libio lo que hizo de él la primera opción para fundar el Long Range Desert Group británico en 1940 para intervenir contra los italianos y luego contra los alemanes en Libia. Almásy era básicamente un aventurero, que aceptaría dinero de cualquiera siempre que financiase sus viajes por el desierto en coche y avioneta. Sus vínculos con la familia real egipcia colaboracionista con el eje y su familiaridad con las rutas del desierto persuadieron a la Abwehr (la inteligencia militar alemana) de que era el indicado para llevar a los espías de Rommel a El Cairo.

En el libro podemos encontrar espías, exploradores, agentes dobles y traiciones. ¿Por qué Egipto y Libia eran tan importantes para los países del Eje?

Geoestratégicamente, Egipto es el país más importante de Oriente Medio. Es la conexión por tierra entre África y Asia, y la conexión por mar, a través del canal de Suez, entre Europa y Asia. Los países del Eje se dieron cuenta, entre 1940-42, de que si pudiesen avanzar al este desde la colonia italiana de Libia y expulsar a los británicos de Egipto, controlarían estas rutas y dominarían Oriente Medio. Combinado con un avance alemán por el Cáucaso, habría dañado severamente el esfuerzo de guerra británico antes de que Estados Unidos pudiese movilizar su capacidad plenamente.

Almásy y Bagnold, en busca del oasis de Zerzura

El Gran mar de arena entre Egipto y Libia. Una ardua ruta que intentaron atravesar tanto László Almásy como Ralph Bagnold. © Saul Kelly

Muchos están más familiarizados con László Almásy que con Ralph Bagnold gracias a la película El paciente inglés, que fue un éxito de crítica. ¿La película es un registro fiel de su vida o es solo ficción?

El paciente inglés, tanto la novela como la película, es ficción. No es una descripción veraz del verdadero Almásy ni de sus aventuras en el desierto.

Entre los exploradores, encontramos a Dorothy Clayton, también llamada “Peter”. En El paciente inglés, tenemos otra exploradora, Katharine Clifton. ¿Por qué una mujer bien posicionada decide unirse a una ardua expedición al desierto junto a varios hombres?

En el libro y en la película El paciente inglés, Katharine Clifton fue creada a partir de Dorothy Clayton-East-Clayton, “Lady Peter”. Era la mujer de sir Robert, un antiguo aviador de la Marina que fue el primero en volar sobre Gilf Kebir. Tras su muerte temprana, Lady Peter se involucró en la búsqueda de Zerzura. Era tan exploradora como su marido.

Almásy y Bagnold, en busca del oasis de Zerzura

Meseta de Gilf Kebir, donde Almásy halló las pinturas rupestres de la Cueva de los nadadores. Fue, además, una importante base de operaciones británica durante la Guerra del desierto. © Saul Kelly

Zerzura nunca ha sido encontrado, ¿crees que este oasis tiene una base real en relación a la historia?

He viajado adonde Almásy sostuvo que se encontraba Zerzura y no es tal como él lo describió.

Agradecemos a Saul Kelly por habernos dedicado su tiempo para contestar estas preguntas y esperamos que que la historia de László Almásy, Ralph Bagnold y los demás miembros del Club Zerzura pueda ser reconocida como un episodio de la Segunda Guerra Mundial que fue crucial para el desenlace de la misma.

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