En la arqueología cretense de la Edad del Bronce, la palabra “palacio” es quizá la que primero nos viene a la mente. Los palacios minoicos son sin lugar a dudas las construcciones más llamativas y relevantes del paisaje de la isla. Tradicionalmente, se ha señalado la existencia de cuatro palacios –Cnoso, Festo, Malia y Zakros–, y aunque la investigación actual ha constatado la existencia de otros muchos (por ejemplo Petras, Gurnia, Glatas o Monastiraki por citar solo unos pocos) sin descartar que en el futuro aparezcan más, estos –excepto el último– son sin duda los más grandes y probablemente los que más desarrollo hayan tenido a lo largo del longevo período minoico o, como mínimo, en la investigación historiográfica hasta nuestros días. Y si hablar de la arqueología minoica significa hablar de palacios, mencionar a estos nos lleva casi sin quererlo a Cnoso, principalmente porque Cnoso es el que tuvo mayor continuidad y fue el único que sobrevivió a las destrucciones del Minoico reciente IB (ca. 1450 a. C.). Pero no es de Cnoso de lo que vamos a hablar aquí, sino del palacio de Festo, probablemente el segundo yacimiento más emblemático de la isla, no porque su palacio sea el mayor y ni siquiera el más antiguo, sino por representar, hasta el momento, la mejor fuente de información sobre la primera arquitectura palacial de Creta. Vayamos a ello…

Palacio de Festo Creta minoica

Vista del patio central del palacio de Festo.

De las tres ciudades unidas bajo una metrópolis por Minos, la tercera, llamada Festo, fue arrasada hasta los cimientos por los gortinenses. Está situada a seis estadios de Gortina, veinte con respecto al mar y cuarenta desde el puerto de Matala, y su territorio es gobernado por aquellos que la destruyeron (Estrabón, Geografía IV.14).

Como en tantas otras ocasiones, el relato de Estrabón mezcla hechos míticos que se atribuirían a la época minoica –de acuerdo con la leyenda, el primer rey de Festo habría sido Radamantis, el hermano de Minos– con otros muy posteriores a la destrucción del último palacio, pero resulta muy útil para focalizar el lugar en el que fue erigido Festo, puesto que su ubicación tiene mucho que ver con su primacía en la región durante el Minoico medio y el papel que desempeñó en general en la historia de la civilización minoica. El palacio de Festo está situado en la llanura de Mesara, una de las más ricas y dinámicas del sur de la isla, y como bien afirma Estrabón, al igual que Cnoso, no contaba con acceso directo al mar, de modo que codependía de otros establecimientos portuarios o periféricos como Hagia Triada o Kommos para mantener contacto comercial con las principales culturas del Mediterráneo oriental, aunque se discute si pudo existir en el período inicial del palacio una condición de autarquía o autosuficiencia al margen de las rutas comerciales marítimas. Como en Cnoso, Malia o cualquier otro centro minoico dotado de un “palacio”, no hablamos de una estructura aislada situada en mitad de un paisaje vacío, sino de una gran construcción asentada en un lugar prominente de un centro urbano más o menos complejo.

Palacio de Festos Creta minoica

Área teatral del palacio de Festo, con sus características gradas. Se trata de una de las zonas destinadas a ceremoniales, en este caso situada en el sector norte del patio occidental. © Wikimedia Commons / CC BY 3.0 / Olaf Tausch

El origen del palacio de Festo, manifestado en el llamado “palacio viejo”, remonta al período Protopalacial (ca. 1900-1750 a. C.) aunque en la zona hay restos de un asentamiento fechado en el Neolítico Final (ca. 3600-3000 a. C.) del que se han documentado varias casas de plantas rectangulares con las esquinas redondeadas, así como distintas fases subsiguientes que se fueron sucediendo a lo largo del período Prepalacial (ca. 3000-1900 a. C.). Debido a su monumentalidad, el palacio es el espacio que más ha llamado la atención de los trabajos arqueológicos en el asentamiento, y si bien su excavación inicial remonta a comienzos el siglo XX, siguieron otras campañas entre 1928-1932, y 1950-1967.

La gran estructura palacial fue construida sobre la más oriental de las tres colinas que conforman el asentamiento, quizá por cuestiones de visibilidad sobre el llano. Casi sin quererlo, todo aquél que se aproximara a la llanura de Mesara vería el palacio desde una distancia considerable. Dominante; enorme en sus dimensiones; llamativamente geométrico en su diseño. La erección de tal monumento, que denota un cierto grado de desarrollo económico y social, probablemente estuvo relacionada con la existencia un excedente agrícola y ganadero junto con la producción especializada de vajilla cerámica y de piedra, aunque no hay que descartar el factor religioso, cada vez más claramente presente en la interpretación del significado de los palacios en cuanto a su articulación social y territorial. Los hallazgos de vasos importados de Festo o imitaciones locales de estos junto a documentos administrativos en lugares tan alejados como Monastiraki o Apolodou evidencian la importancia económica del palacio antiguo, o quizá incluso un control político sobre la zona.

Palacio de Festos

Almacenes del palacio de Festo y pithos.

La estructura del palacio se compone desde su origen de tres terrazas con sus respectivos patios pavimentados. El patio central –algo menor que su equivalente en Cnoso– es probablemente el que guarda mayor significado simbólico, como demostraría el hecho de que siempre aparezca en todas las estructuras palaciales y que, al parecer, articula el volumen de los edificios a su alrededor, pero a juzgar por la opinión de algunos expertos, en el caso del palacio de Festo el patio occidental podría haber sido el lugar predilecto para las actividades ceremoniales, puesto que, por una parte, cuenta con un “área teatral” dotada de gradas en su extremo norte y se ha pensado además que las estancias del sector noroccidental del palacio quizá correspondan a un santuario.

Palacio Festo Creta minoica

Planta del palacio de Festo, con indicación de los principales espacios. La trama en negro corresponde a las estructuras del segundo palacio

Además, se sabe que en un estadio inicial hubo en este lugar algunos betilos y, del mismo modo, también destacan en este patio los llamados kouloures, grandes estructuras circulares subterráneas que algunos investigadores creen relacionados con jardineras para árboles sagrados, aunque es más probable que se tratara de estructuras de almacenaje para el grano. En cualquier caso, antes de llegar al corazón del palacio, manifestado en el gran patio central, lo primero que llama la atención es la gran fachada occidental, construida con grandes sillares perfectamente tallados y montados sobre un krepidoma (una subestructura de anivelamiento).

Palacio de Festo Creta

Kouloures (posiblemente un depósito de grano) situado en el patio occidental del palacio de Festo.

Tras esta fachada, el ala suroeste constaba con tres pisos de altura, y los edificios estaban dotados de grandes ventanas que daban al patio. La tarea de construir varios pisos, calcular el grosor de los muros o transportar la madera para las estructuras y los techos debió de ser ingente además de compleja en su ingeniería, pero más allá de lo sorprendente que pudieron ser sus proporciones para los minoicos de la época, poco acostumbrados a las estructuras de grandes dimensiones, el palacio de Festo representa una verdadera revolución en la arquitectura minoica. Algunos suelos fueron pavimentados con losas de piedra, y los restos recuperados en algunas paredes indican la presencia de frescos quizá inspirados en patrones geométricos de materiales textiles como las alfombras, tan cotizadas en el mundo minoico.

La entrada principal se situaba, según un esquema habitual en otros palacios, en el patio occidental, y se producía a través de una pasarela sobreelevada que daba a una gran estancia abierta y dotada de la única columna en toda la fachada. La pasarela, como en Cnoso, continuaba hacia el interior del palacio, seguramente hasta llegar al patio central, cuyo suelo estaba pavimentado.

Palacio de Festo Creta

Entrada monumental del segundo palacio. © Wikimedia Commons / CC BY 3.0 / Olaf Tausch

Pero además de la entrada principal al palacio, en la misma fachada se abrían hasta cinco accesos más, todos ellos mucho más pequeños y conduciendo a estancias menores, casi diminutas e intrincadas, y probablemente bastante oscuras en su interior. La comunicación entre los distintos sectores es compleja, y raro es el caso de que más de tres habitaciones comunicaran entre sí. Este es un hecho característico de la arquitectura monumental minoica, que recuerda (o así al menos lo quiso Arthur Evans para el caso de Cnoso) a la estructura laberíntica del mito del minotauro.

Tras una larga ocupación, el primer palacio fue destruido por una sucesión de terremotos a finales del Minoico medio IIB (ca. 1750 a. C.), y aunque hubo posteriores intentos de reconstruirlo (quizá con una ocupación parcial del algunos espacios), no fue hasta un siglo más tarde que se construyó el llamado “segundo palacio” sobre las ruinas del anterior. En esta fase, la fachada es rectificada y se estructuran algunos de los espacios clásicos de los palacios minoicos, como los almacenes, situados en el ala occidental, los baños lustrales, las áreas residenciales o las llamadas salas minoicas, dotadas de pilares. Además, se añaden al proyecto arquitectónico una gran entrada monumental y un cuarto patio en el lado este, aunque todo ello por breve tiempo. La mayor parte de los materiales guardan ya relación con las actividades de culto, y en cambio parecen existir serias lagunas en cuanto al registro material de tipo administrativo.

Palacio de Festo

Baño lustral del palacio de Festo. © Wikimedia Commons / CC BY 3.0 / Olaf Tausch

Sea como fuere, en poco más de un siglo, el palacio es pasto del fuego para no volver a reconstruirse jamás. No sabemos qué ocurrió, aunque algunos investigadores opinan, a partir de la comparación de los niveles de destrucción de Festo y Hagia Triada, que el proyecto de rehabilitación política del palacio no llegó a completarse porque la capitalidad de la región fue desplazada hacia esta localidad vecina. Quizá la clave, por tanto, esté en el proceso de diferenciación social de las élites locales, puede que con un mayor signo de religiosidad en el caso de Festo y un creciente control económico en Hagia Triada.

Por Gustavo García Jiménez, director de Arqueología e Historia

 

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