El Regimiento de Delaware en la Batalla de Long Island, por Domenick D’Andrea. La pintura nos muestra el enfrentamiento con las tropas británicas en el marco de la Revolución americana.

Estas son todas características que se encuentran otra vez en los teatros operativos de las últimas guerras: por eso creo que es interesante llamar la atención sobre algunos de los desafíos a los que el Ejército británico hizo frente en su guerra contra los colonos, porque fueron de carácter muy moderno.

  • Líneas de abastecimiento mucho más largas. Por toda la guerra, el abastecimiento de tropas, recursos y medio del Ejército británico dependió de las rutas marítimas y de su Armada. Para emprender el viaje de Inglaterra a Estados Unidos se empleaban semanas y la Marina Real no tenía el número de navíos suficientes para cumplir al mismo tiempo con esta tarea y con la caza a los corsarios revolucionarios y el apoyo a las operaciones terrestres. Las dificultades y los costes del abastecimiento marítimo se hicieron cada vez mas pesadas, en particular hacia los últimos años de conflicto, cuando la intervención de la Armada francesa en apoyo de los rebeldes puso fin a la supremacía marítima inglesa en aquella guerra.
  • Un ejercito pequeño para un territorio grande. El ejercito británico era demasiado pequeño para controlar todas las colonias rebeldes. Al tiempo de su mayor empeño militar contra los rebeldes, Inglaterra desplegaba alrededor de 30 000 profesionales, a los que se añadían milicianos lealistas americanos y mercenarios europeos.
  • Un territorio que favorecía a los rebeldes. Una tierra salvaje con muchos bosques y ríos caudalosos, pocas ciudades concentradas a lo largo de la costa y una pobre red de carreteras fueron factores que impidieron un eficaz control inglés del territorio conquistado. Washington y sus generales podían golpear a los ingleses por medio de tácticas de guerrilla cuando y donde querían, evitando la batallas campales excepto cuando gozaban de una superioridad numérica o de mejores posiciones. No cabe olvidar que el control de las ciudades, de los almacenes y de la regiones por medio de guarniciones, reducía el numero de soldados libres para las operaciones ofensivas contra el ejército rebelde.
  • El empleo del espacio y del tiempo contra los invasores. Washington fue muy hábil en el empleo de estos dos factores, que adoptó después de las primeras derrotas sufridas por los británicos. Su nueva estrategia apuntaba al gasto continuo de los recursos enemigos, aprovechando de la dificultad inglesa en controlar el territorio y escoger el tiempo para combatir: es decir, que Washington contemporizaba el choque a su voluntad. Los efectos de este tipo de guerra contemporizadora fueron muy costosos para el balance financiero inglés, tanto que al final representaron una de las razones de la derrota.
  • El desgaste de un ejército profesional tiene que ser corto. Los profesionales ingleses de entonces eran los mejores soldados del mundo, bien entrenados y equipados, el producto de un sistema militar organizado y fraguado en las pasadas guerras coloniales contra de Francia. El soldado inglés estaba empleado también para controlar los distintos territorios imperiales, representando así no solo una inversión económica para el Estado, sino también un medio para mantener el control de la sociedad de entonces. Por esta razón, la bajas inglesas sufridas en la batallas campales y por partidarios armados no se podían reemplazar con el mismo ritmo y sin riesgo para la seguridad de los otros territorios imperiales. Al contrario, el ejército de Washington estaba compuesto por la mayoría de milicianos baratos y sacrificables, con solo con un pequeño corazón de profesionales empleados con mucho cuidado. Las bajas inglesas en las batallas campales empeoraban cada vez que Washington combatía gozando de posiciones fortificadas o trincheras: esto obligaba a los ingleses atacar con asaltos frontales, renunciando a ventajas como la disciplina y la potencia de fuego, para sufrir elevadas bajas. No cabe olvidar el agotamiento nervioso y físico de los soldados, provocado por las emboscadas de un enemigo huidizo come el miliciano rebelde. Cada victoria inglesa no era más que una victoria pírrica y sin resultados definitivos para el curso de la guerra: Washington habría podido perder todas las batallas y vencer la guerra aprovechando el agotamiento del adversario.
  • Subestimar la rebelión. Desde el comienzo de la rebelión en Boston, el Gobierno inglés subestimó la fuerza del movimiento rebelde y sobrestimó el apoyo de los lealistas. Esta equivocación siguió por casi toda la guerra, afectando en particular la campana de Cornwallis en el sur del país, acabada con el desastre de Yorktown.
  • Falta de confianza en los aliados lealistas. Los pobres resultados en combate obtenidos por los lealistas americanos redujeron la confianza de los ingleses en estas formaciones, forcejando el alistamiento y empleo de mercenarios. Los más famosos, fueron seguramente los hessianos alemanes, tropas eficientes pero despiadadas y siempre en búsqueda de pillaje. En sus incursiones golpearon sin distinción a las familias de los rebeldes y de los lealistas, mermando el esfuerzo de una solución pacífica buscada por algunos generales ingleses. Así que la campaña para “conquistar los cerebros y los corazones” de los rebeldes fracasó de manera completa y también le quitó a la corona el soporte de los colonos leales.
  • Desacuerdo político militar sobre la estrategia. Durante toda la guerra, los políticos en Londres y los generales ingleses en Boston nunca lograron un acuerdo ni sobre los distintos objetivos y la estrategia a seguir ni sobre los recursos necesarios. El partido de los halcones, constituido por el mismo rey Jorge y el ministro Germain, apoyaba una actitud muy dura y sin concesiones hacia los rebeldes, escogiendo el instrumento militar como único medio para aplastar la rebelión. Al contrario, los generales ingleses, conocedores de los límites del teatro operacional y de su mismo ejército, preferían una política mas conciliadora, es decir vencer la batallas para forzar la paz a los rebeldes, pero concediéndoles mayores libertades de las gozadas antes de la guerra. Nunca este conflicto de propósitos fue más evidente que bajo el mando del los hermanos ingleses Howe, jefe supremo del ejército británico en las colonias y almirante de la flota inglesa respectivamente. Los Howe fueron los primeros que se enfrentaron en campo abierto contra Washington, venciéndolo en batalla pero evitando cada vez destruir el ejército rebelde de manera completa, quizá esperando así evitar encarnizar la lucha y mantener abierta la opción de un futuro acuerdo. La falta de objetivos compartidos y claros entre los mandos políticos y militares ingleses, contradictorios entre ellos, produjo una estado confesional estratégico, condenando el ejercito británico a la derrota desde el comienzo de la guerra.

Como hemos podido leer, son todos problemas que se han presentado otra veces en teatros operacionales come Afganistán o antes, en Irak. Como ha dicho Jorge Santayana, “quien no estudia la historia esta condenado a repetirla”.

Este artículo forma parte del I Concurso de Microensayo Histórico Desperta Ferro. La documentación, veracidad y originalidad del artículo son responsabilidad única de su autor.

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