Romanos en la decadencia couture sexo en roma

Romanos en la decadencia (1847), óleo sobre lienzo de Thomas Couture (1815-1879), Museo de Orsay, París. Una pintura moralizante que trataba de criticar la depravación, los excesos y una «degenerada» práctica del sexo en la antigua Roma.

En gran parte de una lectura demasiado literal de las fuentes, pero también del uso que se ha hecho de estos textos en el arte y en la cultura popular contemporánea, especialmente en el cine. Las obras referidas a las vidas de los emperadores, desde Suetonio hasta Tácito, Dion Casio o los autores de la Historia Augusta, nos hablan de desmanes sexuales en la corte imperial. Así, podemos ver a los “pececillos”, niños muy pequeños entrenados para ser usados sexualmente por Tiberio en el baño, a Calígula cometiendo incesto con su hermana o a Nerón con su madre, a las esposas de senadores siendo forzadas en los banquetes (véase «El banquete romano y sus excesos» en Arqueología e Historia n.º 8: Ricos en Roma) por los emperadores o prostíbulos nutridos de ciudadanas y montados para las fiestas imperiales. Las famosas naves del lago Nemi se han asociado, precisamente, a las fiestas de Calígula, abundantes en alcohol y sexo. También se describe a Nerón disfrazado de animal abusando sexualmente y mordiendo los genitales de jóvenes atados a postes.

Esto se extendía, en las obras latinas, a las críticas a otros personajes, como Hostio Cuadra, mencionado por Séneca, por organizar orgías y cubrir las habitaciones de espejos curvos para ver aumentado el tamaño de los genitales. Lo mismo se percibe en las obras de Juvenal o de Catulo, en que se censura a mujeres sexualmente activas y borrachas, hombres que seducían a las esposas de otros, o que vestían con sedas transparentes.

Esta percepción se ve aumentada por la enorme visibilidad de la sexualidad y la genitalidad en el mundo romano, con escenas sexuales en las lucernas y otros objetos (como la conocida Copa Warren), collares-amuleto en forma de falo, tintinnabuli (campanillas) con la misma forma, spintriae o fichas con iconografía sexual y función debatida o la presencia de penes en los muros, ya fueran señales para los burdeles o que funcionaran como talismanes (véase «Grafitos y pintadas. Las redes sociales en Pompeya» en Arqueología e Historia n.º 24: Los últimos días de Pompeya). Las conocidas pinturas murales de Pompeya, tanto del burdel como de las termas, representando escenas de sexo, se han repetido una y otra vez.

tintinabulum pompeya museo de Nápoles

Tintinabulum, amuleto fálico de bronce en forma de pájaro cuadrúpedo hallado en Pompeya, siglo I d. C., Museo Archeologico Nazionale di Napoli. En el mundo romano se pensaba que este tipo de representaciones fálicas atraían la buena suerte y espantaban los malos espíritus. © Marie-Lan Nguyen / Wikimedia Commons / CC-BY 2.5

Pero debemos plantearnos cuánto hay de verdad en estas historias, construidas generalmente a posteriori y tras la muerte de dichos emperadores, por parte de escritores que escribían desde un punto de vista moralizante y que veían en el poder imperial un peligro para la autoridad senatorial. Así mismo, las corrientes filosóficas como el estoicismo (que influiría fuertemente tanto en el cristianismo como en favorecer su aceptación entre la élite romana), que ponían el énfasis en la templanza y la contención de las pasiones, así como en el rechazo a los placeres mundanos, encontraban en la crítica a una sexualidad exuberante un lugar común muy conveniente.

El sexo en Roma ¿cuestión de género o de poder?

Además, hay que tener en cuenta, como punto de partida, que sexualidad romana no puede comprenderse dentro de las categorías actuales de orientación sexual. No existía un concepto de heterosexualidad, homosexualidad o bisexualidad como en la actualidad, sino una jerarquización, que condicionaba la aceptabilidad de la actividad o pasividad. Así, las personas de mayor rango tenían que ejercer una sexualidad activa (hombres libres, ciudadanos y patronos), frente a los subordinados, que “recibían” el sexo pasivamente (mujeres, esclavos, libertos). Esto se refería tanto a la iniciativa como a quién penetraba e, incluso, a quién se movía o las posturas. Y hay que tener en cuenta que, para los romanos, con una sociedad profundamente patriarcal, el elemento inferior por naturaleza era la mujer, la feminización de un hombre era considerado un elemento de degradación.

copa Warren sexo en Roma

En la cara B de la llamada Copa Warren (circa 50 d. C., British Museum), un hombre mantiene relaciones sexuales con un muchacho.

También se imponía un matrimonio meramente político y reproductivo. No se esperaba que hubiera amor, aunque sí que se llegase a una cierta concordia matrimonial y pudiese surgir el cariño. Y, desde luego, se descartaba como nociva la pasión o cualquier tipo de igualdad en la toma de decisiones. Eso sí, en este matrimonio, mientras que para la mujer se prohibía cualquier sexualidad extramatrimonial, y se veía mal la matrimonial no reproductiva, el hombre podría tener todo el sexo que quisiese mientras que no fuese con otra mujer casada o una hija casadera bajo la autoridad paterna. Podían acceder a prostitutas y esclavos de ambos sexos (véase «Uso y abuso de los esclavos en la Antigua Roma» en Arqueología e Historia n.º 8: Ricos en Roma), exigir sexo a los libertos (a menos que fuera una liberta casada), o tener sexo libremente con personas con una nota de infamia, como actrices o gladiadores, o con extranjeros.

Cualquier cosa que rompiese estas normas se consideraba infame y “contrario” a la naturaleza. Así, precisamente, el comportamiento sexual resultaba una de las formas sencillas, para los romanos, de atacar políticamente al contrario. Son elementos morbosos, complicados de comprobar y que feminizan o difaman al enemigo, en una época en que lo femenino era considerado esencialmente inferior. Hay que recordar que, aún hoy pervive la idea, en ciertos sectores, de que la “pasividad” es algo femenino, asociado a la pluma en la homosexualidad, y considerado poco masculino frente a la iniciativa y la “actividad”, o la asociación de una mujer sexualmente activa a la prostitución.

En esta idea se enmarca, por ejemplo, el romance de Nerón con dos de sus esclavos/libertos. El primero, Esporo, habría sido castrado por Nerón, a quien le resultaba atractivo por su parecido con Popea Sabina, segunda esposa del emperador, a la que habría causado la muerte estando embarazada, tras pegarle una patada en el vientre. El segundo, al que las fuentes llaman Pitágoras o Doríforo, actuaría de forma activa, mientras Nerón imitaría, literalmente, los gritos de las muchachas al ser desfloradas. A esto se uniría, en las fuentes, que Nerón se habría casado con ambos, rompiendo con la tradición matrimonial, en una especie de burla al mos maiorum. Esto nos permite ver la construcción de la inversión de lo considerado aceptable, como crítica al emperador. No son las relaciones homoeróticas lo que se critica, sino la pasividad, la castración del esclavo y la burla al matrimonio. Los romanos usan esta inversión de lo habitual como forma de sugerir que el emperador también habría cambiado un buen gobierno por uno malo. Lo mismo sucede con el resto de excesos o rupturas de la norma que se han mencionado.

Esposas y prostitutas

También podemos ver otro detalle significativo, el de la mención a la imitación de los gritos de las jóvenes en su noche de bodas. Hay que tener en cuenta que la edad de matrimonio para las chicas era de doce años y que, aun así, se conservan restos epigráficos de niñas fallecidas con tan solo nueve o diez años que ya estaban casadas o que habían muerto en las labores del parto. Octavia, la primera mujer de Nerón se casó con unos once años, y Agripina, su madre con no más de doce. Muchas veces estas bodas serían con hombres mayores que ellas, que se casaban en segundas nupcias, que no veían la necesidad de tener delicadeza o tener en cuenta el placer de sus compañeras sexuales, acostumbrados a abusar de las esclavas o acudir a prostitutas.

Fresco Casa Farnesina sexo en Roma

Fresco erótico romano de la Casa Farnesina, Museo Nazionale Romano. La delicadeza de este fresco, proveniente de una villa a orillas del Tiber que pudo pertenecer a Marco Agripa, lo aleja bastante de las más conocidas pinturas de los burdeles y las termas de Pompeya y aporta una imagen diferente y más refinada del sexo (¿quizás matrimonial?) en Roma.

La idea de consentimiento era algo que, simplemente, no entraba dentro de los parámetros romanos y el sexo era, para las mujeres ciudadanas, una obligación dentro del matrimonio y, fuera del mismo, un delito castigado con el destierro o la muerte. También Plutarco hace referencia a lo desagradable o dolorosas que podían ser las noches de boda, comparando el matrimonio con la recogida de miel, en que, para disfrutar de la misma, había que pasar por el dolor previo de las picaduras.

En cuanto al trato con las prostitutas hay que tener en cuenta que estas serían, en su mayoría, esclavas, utilizadas hasta la extenuación. La prostitución era un elemento normalizado en la vida cotidiana, con burdeles en el centro de la ciudad y una amplia presencia de prostitutas callejeras, que se situarían en torno a las termas, foros y edificios de espectáculos. Los precios, por lo que vemos en los textos o en los grafitos de Pompeya(véase «Camas de obra. El negocio del sexo en Pompeya» en Arqueología e Historia n.º 2: Los bajos fondos de Roma), eran, en general, bastante baratos, de modo que las prostitutas tendrían que realizar un gran número de servicios por noche para cubrir las necesidades mínimas. La violencia, el hambre y la miseria serían algo cotidiano salvo para unas pocas afortunadas. También lo serían los continuos embarazos y abortos, o el infanticidio en caso de no poder acabar con el embarazo. Las fosas con restos de neonatos (muchos de ellos varones, en contra de la tendencia habitual del infanticidio prioritariamente femenino) de Hambleden (Inglaterra) o Ashkelon (Israel) han sido asociados a burdeles cercanos.

fresco erótico pmpeya casa del re di prusia

Fresco erótico romano de la Casa del Re di Prussia, Pompeya, circa 69-79 d. C., Museo Archeologico Nazionale di Napoli. En la inscripción puede leerse LENTE IMPELLE («métela despacio»). © Wolfgang Rieger/Wikimedia Commons.

Los romanos aceptaban sin problema el uso de aquellas que eran consideradas poco más que objetos, aunque se criticaba un uso excesivo o se advertía de los peligros de encapricharse de ellas. Lo que era inaceptable era tratar a las prostitutas como a esposas o a las esposas como prostitutas, y de ahí la referencia a ciudadanas prostituidas a la fuerza o prostitutas o mujeres “poco honestas” tomadas como esposas. Puede verse esta crítica en la exhibición que haría Calígula de su esposa Cesonia, desnuda, ante sus amigos.

En conclusión, para los autores romanos la referencia a una sexualidad excesiva o invertida respecto a la norma, que tanta impresión ha causado en nuestra sociedad (y que puede verse reflejada en el uso del tema histórico para la pornografía o en películas como la de Calígula, de Tinto Brass, o el Satiricón, de Fellini), funcionaba como una crítica social, como una metáfora de un gobierno igualmente excesivo e inmoderado. Muchas de las historias de sexo en Roma oscilarían entre la exageración y, directamente, la invención. Sin embargo, dentro de una norma sexual en la que el varón tenía una amplísima libertad para explotar sexualmente a otros, sin tener en cuenta otro deseo más allá del propio, la queja de la élite respecto al emperador era que se comportara con ellos, precisamente, como ellos se comportaban con prostitutas, esclavos y esclavas.

Bibliografía

Cantarella, E. (1991): Según natura. La bisexualidad en el mundo antiguo, Madrid: Akal.

Hallett, J. P. y Skinner, M. B.(1997): Roman Sexualities. Princeton: Princeton University Press.

Knapp, R. C. (2011): Los olvidados de Roma. Prostitutas, forajidos, esclavos, gladiadores y gente corriente. Barcelona: Ariel.

Rawson, B. (ed.) (2010): A Companion to Families in the Greek and Roman Worlds. Oxford: Blackwell Publishing Ltd.

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