Waterloo. Le chant du départ Guerras Napoleónicas a través del cómic bande dessinée franco-belga 2005-2020

Waterloo. Le chant du départ, guión de Bruno Falba, story board de Christophe Regnault y dibujos de Maurizio Geminiani, Editorial Glénat. Las Guerras Napoleónicas a través del cómic (II). La bande dessinée franco-belga 2005-2020

Siguiendo el modelo de la serie propio de la producción editorial francesa, Dominique Bertail, con la colaboración de Matz como guionista, presentaron Shandy. Un anglais dans l’Empire centrado en las aventuras de un joven inglés de familia noble que, apasionado por la figura del Emperador, se alistará en el ejército francés, participando en diversas intrigas políticas que culminarán en su participación en la batalla de Austerlitz a lo largo de dos volúmenes: Agnès y Le Dragon d’Austerlitz publicados ambos en 2006 por Delcourt (Fig. 1). Los libros son un ejemplo de falta de rigor tanto del marco histórico al relatar el desarrollo de la batalla, como especialmente el uniformológico, con errores de bulto como situar en 1805 a los Lanceros Rojos o los lanceros de la línea, regimientos que se organizarían años después, o la uniformidad de la infantería francesa, vestida según los reglamentos de 1807 y 1812, unos errores absolutamente incomprensibles teniendo en cuanta la gran cantidad de información disponible. La editorial Delcourt reconoció el error cancelando la serie, y modificó radicalmente el modelo iniciando en 2007 una nueva: Souvenirs de la Grande Armée, con guión de Michel Dufranne, dibujos de Alexis Alexander y colores de Jean-Paul Fernández, de la que se han publicado cuatro entregas: 1807. Il faut venger Austerlitz!; Les enfants de la veuve (2008); Voir Vienne ou mourir! (2010) y Les chasses du comte Joukhov (2012). La trama se centra en los recuerdos de un oficial del 2.º de Cazadores a Caballo que repasa sus campañas entre los preliminares de la batalla de Eylau (1807) y la retirada de Rusia en 1812 (Fig. 2). Aunque el dibujo y la composición de las páginas tienen un aire contemporáneo, alejado del clasicismo del dibujo de los Funcken, la documentación es excelente y la reconstrucción de personajes y escenas muy creíble, siendo interesante que cada libro contenga un dossier explicativo: Sur les traces de la Grande Armée, y un glosario para contextualizar la trama, además de reproducir un cierto número de esbozos que muestran la evolución del dibujo durante el proceso de creación.

Deberá esperarse a 2015 para la publicación de un nuevo álbum sobre Waterloo al amparo del bicentenario: Waterloo. Le chant du départ, editado por Glénat. Con guión de Bruno Falba, story board de Christophe Regnault y dibujos de Maurizio Geminiani, narra los acontecimientos de la campaña de 1815 a través de la recreación de la entrevista que sostuvieron el barón Larrey y Blücher cuando el primero fue capturado por los prusianos durante la retirada del campo de batalla. Un hecho conocido que sirve como punto de partida para la narración del impacto en Europa del regreso de Napoleón de la isla de Elba y la campaña. El volumen cuenta además con un dossier documental redactado por Jean Tulard, uno de los más prestigiosos expertos en la época napoleónica. Sin embargo, la obra, en la que se aprecian errores uniformológicos impropios de un trabajo de documentación serio como hubiera sido deseable en una editorial de prestigio como Glénat, decepciona tanto por su guión como por el dibujo y la composición de las planchas (Fig. 3).

A diferencia de lo que pudiera parecer, el cómic napoleónico no se concibe en Francia exclusivamente como una glorificación del Imperio. Por el contrario, la crítica a los diez años de guerras sucesivas, al agotamiento humano y económico que supusieron las campañas, y las dos invasiones que hubo de soportar Francia en 1814 y 1815, vehiculadas hacia el cuestionamiento del significado y los beneficios de la epopeya imperial, están presenten en varias series. La primera en el tiempo, Le postillón, con guión y dibujos de Joëlle Savey, editada por Glénat entre 1990 y 1993, muestra el impacto de la campaña de 1814 sobre la leva de los María-Luisa y la población civil bajo la ocupación prusiana y rusa en cuatro libros: Ce qu’a vu le vent de l’Est; La porte du temps; Le chants des escoliers y Parfums d’enfer, empleando como narrador a un empleado del servicio de postas francés para mostrar, en último término, la desesperación de los bonapartistas tras la abdicación y la necesidad de reconstruir el país (Fig. 4). Una segunda serie: Les oubliés de l’Empire, con guión de Dimitri, dibujos de Philippe Eudeline y colores de Véronique Robin, se centra en la figura de los jóvenes que, alentados por el impulso revolucionario y el éxito de las campañas de Bonaparte en Italia, se alistaron en el ejército en busca de la gloria para descubrir, tras amargas experiencias, que no es la gloria, sino la muerte y la desesperación, lo que espera a los reclutas. Carne de cañón para el Imperio relatada en tres álbumes: Poussières de gloire (2008); Du sang en Andalousie (2009) y Les dammés (2010). Con dibujos de Eudeline, colores de Robin y guión de Pascal Davoz, otra serie: La Gloire des Aigles, editada por Joker, desarrolla el mismo esquema crítico empleando para ello el personaje de un joven tambor durante la retirada de Rusia y la campaña de 1813 y 1814, visualizando así en dos álbumes: Sauve la vie (2014) y Maion Lagriotte (2016), a los integrantes de una franja de edad, adolescentes casi niños, que participaron y murieron en las guerras napoleónicas, como demostraron a principio de este siglo los análisis paleantropológicos de los restos humanos localizados en la excavación de las fosas comunes de Vilna (Lituania), donde fueron inhumados centenares de soldados napoleónicos muertos en la fase final de la campaña de Rusia.

Otro apartado interesante es el constituido por la traslación al cómic de obras literarias. A partir del relato El duelo (1907) de Joseph Conrad (1857-1924), Renaud Farace reconstruye en Duel (2017)[1] los avatares del famoso enfrentamiento entre los generales D’Hubert y Féraud, trasunto respectivamente de Pierre-Antoine Dupont de l’Étang (1765-1840) y François Fournier-Sarlovèze (1773-1827), entre 1794 y 1813, plasmado con gran acierto en el film de Ridley Scott, Los duelistas (1977). Cuenta con un guión sólido, y la particularidad de estar editado a dos tintas, en blanco y negro/rojo, por lo que propone un dibujo muy simple y hasta cierto punto caricaturesco que se aprecia o se rechaza, pero que en todo caso compone una obra notable (Fig. 5). Patrick Rambaud obtuvo el gran premio de novela de l’Académie Française y el Premio Goncourt en 1997 con su novela La Bataille, en la que narraba, a partir de la figura del militar y pintor Louis-François Lejeune, uno de los grandes cronistas de la época en sus lienzos, la batalla de Aspern-Essling, el primer fracaso de Napoleón en su intento de obtener una victoria decisiva sobre los austríacos en la campaña de 1809. Era el inicio de una tetralogía que continuaría con las obras Il neigeait (2000), L’absent (2003) y Le chat botté (2006). Contando con el asesoramiento del autor, Frédéric Richaud realizó una adaptación del relato editado en tres volúmenes entre 2012 y 2014 por la editorial Dupuis[2], con dibujos del español Iván Gil y coloreado de Albertine Ralenti (Fig. 6). En este caso, la ambientación es excelente y fiel al contenido y el espíritu del original, mezclando a la perfección personajes históricos como Berthier, Masséna, Dorsenne, Bessières o Henri Beyle, Stendhal, con otros ficticios que recorren todo el escalafón del ejército francés y las clases sociales vienesas, en un interesante contraste entre el horror de la lucha y la relajación de los placeres mundanos, a la vez próximos y distantes. Un trabajo excepcional que tuvo su continuación en la adaptación del segundo relato de Rambaud, ambientado en la retirada de Rusia, y editado en tres volúmenes entre 2016 y 2018,[3] en el que de nuevo se mezclan con maestría las vidas de soldados y civiles durante el conflicto, la desesperación y el sinsentido de la guerra, ejemplificado en la figura rota del capitán D’Herbigny regresado de dicho infierno manco, desfigurado y próximo a la locura, abocado a una vida miserable como símbolo de una guerra interminable. Ambos volúmenes cuentan con documentación explicativa complementaria para enmarcar el relato, especialmente el primero, en un dossier con el título De Essling a Waterloo (Fig. 7)

El destino de los hombres de la Grande Armée tras el fin del Imperio, los llamados démi-soldes, militares enviados al retiro con media paga por su desafección a los Borbones y la reorganización del ejército tras el definitivo regreso de los emigrados en 1815, cuyas vivencias han alimentado una parte de la novela francesa del siglo XIX, tiene su reflejo en Le Vétéran (2017)[4] un trabajo en dos volúmenes editado por Glénat con guión de Frank Giroud, dibujos de Gilles Mezzomo y colores de Céline Labriet, que recuerda en cierto modo el relato de Honoré de Balzac, El coronel Chabert (1832). Un oficial del 7.º de Húsares que ha perdido la memoria como consecuencia de una herida recibida en Waterloo, es identificado en un hospital de París por su esposa y conducido a una vida de la que nada recuerda como inicio de una intriga en la que se mezclan los recuerdos del Imperio con los cambios sociales de la Restauración, trabajo que, como otros ya indicados, adolece de errores de ambientación, especialmente en el campo de los uniformes, al priorizarse la trama sobre la reconstrucción de la época (Fig. 8).

El hecho de que varios de los personajes del relato anterior se acaben uniendo para formar una empresa de detectives privados, enlaza con otra de las líneas argumentales características del cómic ambientado en la época napoleónica: el submundo de la delincuencia y el espionaje, cuyo precedente puede encontrarse en el trabajo de Hans Kresse, Les aventures de François Vidocq (1977) sobre el célebre convicto reconvertido en investigador en el París de principios del Imperio, a quien se atribuye la fundación de la Sûreté Nationale y el desarrollo de la investigación privada en el segundo cuarto del siglo XIX, y de cuya vida se nutrieron Edgard Allan Poe (1809-1849) para la creación del personaje de Auguste Dupin, y especialmente Víctor Hugo (1802-1885) para los de Jean Valjean y el inspector Jabert en la novela Los Miserables. Vidocq da nombre a una reciente serie homónima editada por Soleil, con guión de Richard Nolane, dibujos de Sinisa Banovic y colores de Matteo Vattani, centrada en una serie de asesinatos en París en el marco de la caída del Imperio entre 1813 y 1814, a lo largo de tres álbumes: Le suicidé de Notre-Damme (2017); Le complot Napoléon (2017) y Le cadavre des Illuminati (2019).

La idea de un personaje como Vidocq debatiéndose entre la legalidad y el mundo del hampa, se plasma en la serie Double Masque en el personaje del rufián conocido como El torpedo, que acabará trabajando como agente del primer cónsul Bonaparte (Fig. 9). La serie, con guión de Jean Dufaux y dibujos de Martin Jamar, se prolongó a lo largo de seis álbumes: La torpille (2004); La fourmi (2005); L’archifou (2006); Les deux sauterelles (2008); Les coqs (2011) y L’hermine (2013), mostrando una visión diferente de las intrigas políticas, económicas y sociales de la etapa napoleónica. Un recurso el de los agentes secretos al servicio del emperador que ya había sido explorado en la serie François Jullien, con dibujos del propio Jamar y guión de Franklin Dehouse, entre 1985 y 1991 en cinco libros que cubren el período comprendido entre el final del consulado y la campaña de Austria en 1809, momento en que la serie fue interrumpida tras publicarse las entregas: Le réfractaire (1985); Le messager anglais (1986); Sur les routes d’Espagne (1988); Le diable Boileux (1990) y Nuits viennoises (1991).

El recurso a los agentes secretos nos permite enlazar con otro escenario de las guerras napoleónicas: los combates navales. En el álbum Trafalgar, editado por Glénat dentro de la serie Les Grandes Batailles Navales,[5] dos espías comunican al ministro de Asuntos Exteriores, Charles Maurice de Talleyrand (1754-1832) el cumplimiento de la orden de asesinar en Rennes, en abril de 1806, al almirante Pierre de Villeneuve, responsable de la derrota naval de la escuadra franco-española ante la armada de Horatio Nelson el 21 de octubre de 1805, encontrado muerto con seis heridas de arma blanca en el pecho aunque su fallecimiento se determinó como un suicidio. La serie cuenta con el apoyo del Musée national de la Marine de Francia e incluye un dossier histórico que contextualiza la batalla al explicar diversos aspectos de la vida naval a principios del siglo XIX, reafirmando su carácter didáctico. Con guión de Jean-Yves Delitte y dibujos de Denis Béchu, el álbum muestra tanto la vida de las tripulaciones en los barcos franceses como las discusiones en la armada británica para forzar la salida de la flota combinada del puerto de Cádiz, y las dudas y la impericia de Villeneuve, cuyo reverso heroico y comprometido es el capitán del Redoutable, Jean Jacques Lucas. Pese al esfuerzo documental, los autores minimizan la importancia de los navíos y comandantes españoles; presentan a Villeneuve como un sátrapa relajado alojado en un palacio gaditano con claras reminiscencias del Patio de los leones de la Alhambra, e incluyen diversas acciones de comando de los infantes de marina británicos en las costas españolas, por las que se desplazan unidades de infantería de línea y cazadores a caballo franceses… ¡en 1805! (Fig. 10).

Pero, sin duda, el principal personaje naval con que cuentan los cómics referidos al período, es el oficial de la armada británica Bruce J. Hawker, protagonista de la serie homónima. Creada para la revista Tintín por el belga William Vance (William van Cutsem, 1935-2018), uno de los principales guionistas y dibujantes de la línea clara franco-belga, autor de series como XIII o Bruno Brazil, la serie, que, una vez avanzada, contará con los guiones de André-Paul Duchâteau y la coloración de la española Petra Coria, narra en siete entregas: Cap sur Gibraltar (1883); L’orgie des dammés (1984); Press gang (1987); Le puzzle (1987); Tout ou rien (1988); Les bourreaux de la nuit (1991) y Le royaume des enfers (1996)[6], las aventuras de un teniente cuya determinación por cumplir con lo que considera su deber, y la interpretación laxa que realiza de las órdenes, remite claramente a las grandes series de novelas y personajes de las aventuras navales del período, como las canónicas protagonizadas por Horatio Hornblower, obra de Cecil Scott Forester (1899-1966), y las más bizarras de Jack Aubrey en la creación de Patrick O’Brian (1914-2000) (Fig. 11).

El cómic de temática napoleónica cuenta actualmente en el mundo editorial franco-belga con una presencia estimable dentro de una producción en la que los álbumes con temática histórica son muy apreciados y el número de series elevado. En este breve repaso hemos hecho referencia a algunos de los más destacados, pero el número de ejemplos es muy superior, con producciones centradas en la biografía de diversos personajes como el general Marcellin de Marbot (1782-1854) realizadas a partir de sus memorias plasmadas en siete entregas obra de Stéphane Pêtre editadas entre 2006 y 2013, o las reinterpretaciones recientes de la figura de Napoleón como el volumen De Bonaparte à Napoléon. L’ascension 1769/1804, editado en 2020 por Hachette, el Napoléon publicado por Fayard en 2019, o los tres libros dedicados al personaje en la colección Ils ont fait l’Histoire editados entre 2014 y 2016 por Glénat y Fayard con guión de Noël Simsolo, dibujos de Frabrizio Fiorentino y colores de Alessia Nocera, obra para la que contaron, de nuevo, con la colaboración de Jean Tulard. Sin olvidar una interesante biografía de Marie Thérèse Figueur (1774-1861), una de las pocas mujeres alistadas en el ejército francés en la época, cuyas peripecias reconstruyen el guionista Damien Marie y el dibujante Karl T. en el álbum Thérèse Dragon. Récit de campagnes napoléoniennes, estructurado a partir de sus memorias que incluyen su captura en las cercanías de Burgos por la partida del cura Merino y su posterior entrega a los ingleses, uno de los escasos ejemplos en los que una mujer es la protagonista de la obra, dado que en la mayoría de las indicadas su rol es estrictamente secundario.

Notas

[1] Editado en castellano, Duelo (2018), Ponent Mon Ediciones.

[2] Editado en castellano en formato integral con el título La Batalla por Ponent Mon en 2017.

[3] Editado en castellano en formato integral con el título Berézina por Ponent Mon en 2018.

[4] Editado en castellano en formato integral con el título El veterano por Ponent Mon en 2019

[5] La serie está siendo editada en España por Norma Editorial.

[6] Los dos primeros volúmenes fueron publicados en España por Editorial Bruguera en 1983-1984. Ponent Mon ha editado un integral con las siete entregas en 2018.

Francisco Gracia Alonso es catedrático de Prehistoria de la Universitat de Barcelona y director del GRAP (Grup de Recerques en Arqueologia Protohistòrica). Trabaja en temas de cultura ibérica, la guerra en el mundo antiguo y la Historiografía de la Arqueología, aunque es un apasionado confeso de la época napoleónica. Es autor de títulos como La guerra en la protohistoria (2003), Roma, Cartago, iberos y celtíberos. Las grandes guerras de la península Ibérica (2005), Furor Barbari! Celtas y romanos contra Roma (2009), Salvem l’art! La protecció del patrimoni cultural català durant la guerra civil (2011), El tesoro del Vita. La protección y el expolio del patrimonio histórico-arqueológico durante la Guerra Civil (2014), Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados (2017) y más recientemente, La construcción de una identidad nacional. Arqueología, patrimonio y nacionalismo en Cataluña (1850-1939) (2020).

Etiquetas: ,

Productos relacionados

Artículos relacionados

II Concurso de Microensayo

Tinta y sangre: la batalla de las imprentas en la España de Napoleón

El 18 de octubre de 1809 Pablo de Husson de Lapazaran (1755-1815) se vio obligado a ceder parte de sus  derechos de imprenta a Antonio Brusi (1782-1821), el que había sido fundador de El Diario de Barcelona años atrás en 1792, se vio acusado de bonapartismo por sus compañeros de gremio y visto como un traidor ante la España que le tocó vivir. Suscriptores, ideales y censura serían la clave para el campo de batalla literario que se dio en las diferentes imprentas europeas en el transcurso de las Guerras... (Leer más)

Bailén. El campo de batalla y los lugares de la memoria

Bailén, situado en el centro de una especie de anfiteatro de pequeñas alturas, contaba a comienzos del siglo XIX con unos 1500 vecinos. El caserío conformaba un importante nudo de... (Leer más)

Pin It on Pinterest