muñeca marfil niña roma

Muñeca de marfil, finales del siglo II d. C., Palazzo Massimo alle Terme. El peinado de la muñeca, contenida en el sarcófago de una niña hallado en Tívoli, a las afueras de Roma, recuerda al de Julia Domna, esposa del emperador Septimio Severo. © Patricia González Gutiérrez.

La pequeña murió con unos ochos años. Para ello había tenido que sobrevivir a una primera elección. Los paterfamilias tenían derecho a criar o exponer a sus hijos, y una niña tenía más posibilidades de no pasar el corte. Una carta conservada en Egipto recoge la orden de un marido a su mujer, embarazada, de criar al recién nacido si era niño, pero abandonarla si era niña. Las leyes romanas decían que las familias deberían conservar a los niños, pero solo a la primogénita, en el caso de las niñas, y el cómico Posidipo decía que hasta los más pobres conservaban a los niños, pero hasta los más ricos exponían a las niñas.

El caso es que nuestra niña fue deseada y, lo más probable, querida. Se la enterró con un rico ajuar, que incluía una muñeca, un juego de maquillaje pequeño, un collar con zafiros y un enorme sarcófago de mármol. Tampoco era lo más frecuente. En un estudio sobre la representación funeraria romana las niñas son el grupo más infrarrepresentado. Un estudio de Eva Minten nos da datos más concretos, de más de trescientas cincuenta tumbas infantiles, apenas cuarenta son de niñas.

Una infancia diferente

Aun así, el pequeño cadáver mostraba signos serios de malnutrición. No era algo raro, en general, en el mundo antiguo, en que una alimentación muy basada en cereales conllevaba frecuentemente este tipo de problemas. Aun así, sabemos que el mundo clásico tendía a subalimentar a las niñas. Los autores clásicos se sorprendían de que los espartanos alimentaran bien a las chiquillas, y se argumentaba que, como las mujeres eran más débiles y frías, necesitaban menos alimento. También se las olvidaba en los repartos de comida y dinero, como en las Institutiones Alimentariae, y apenas algún reparto se piensa específicamente para ellas, como las puellae Faustinianae de Adriano.

momia de Grottarossa

Tarritos de cosméticos hallados en el sarcófago de la «momia de Grottarossa», segunda mitad del siglo II d. C., Palazzo Massimo alle Terme. © Patricia González Gutiérrez.

Una vez superada la primera infancia tocaba ir a la escuela, y en ese equivalente a la “primaria” sí parece haber igualdad entre niños y niñas. Sin embargo, en las etapas superiores, la educación femenina tendría que encerrarse entre los muros de su casa, con pedagogos, mientras los niños privilegiados accedían a la educación con un gramático, un retor y, luego, con un filósofo. Muchas llegaron a tener, pese a todo, una gran educación, aunque la imagen de la “puella docta” no siempre era positiva, sobre todo si al poeta de turno no le gustaba la muchacha en cuestión.

Poco duraba todo esto. Las niñas romanas dejaban de ser niñas muy pronto. La edad de matrimonio legal eran los doce años, pero el derecho romano se vio en la necesidad de aclarar que un adulterio antes de esa edad no se podía considerar como tal porque el matrimonio aún no era válido. Es decir, hubo tipos que denunciaron a sus jóvenes prometidas de diez u once años por adulterio. Muchas niñas, una vez prometidas (y ahí la edad mínima bajaba a los siete) eran enviadas a casa de sus maridos, así que la epigrafía y los registros nos arrojan casos de niñas de nueve o diez años muertas ya casadas o de parto. Suetonio dice que Nerón gustaba de imitar, en sus aventuras sexuales con sus libertos, los gritos de las niñas al ser desfloradas. Por supuesto, criticaba a Nerón, no lo que causaba esos gritos.

Una lápida conservada en Roma nos acerca a ello más gráficamente. La niña, de apenas catorce años, murió ya casada. Nos mira con sus ojos, aún infantiles, pero vestida como toda una matrona. Puede que las mujeres libres de clase baja tuvieran matrimonios más tardíos, pero las esclavas tenían peor suerte y los abusos empezarían cuando apenas levantaran del suelo. En el Satiricón el protagonista muestra ciertos recelos ante una actriz-prostituta muy niña, y su interlocutora le recuerda que ella había empezado a esa edad. Procopio consideraba promiscuidad el abuso infantil que sufrió la futura emperatriz Teodora, desde antes de ser considerada “viripotens”, capaz de soportar varón.

niña roma

Altar funerario dedicado por Tiberio Claudio Suavis a su hija Minucia Suavis, esposa de Publio Sextilio Campano, que falleció a la edad de catorce años, ocho meses y veintitrés días. Mármol itálico, siglo I d. C., Museo Nacional Romano – Termas de Diocleciano. A diferencia de los chicos, una niña en Roma pasaban de jugar con juguetes a engendrar sus propios hijos. © Patricia González Gutiérrez.

A diferencia de los niños, las niñas no tendrían un rito de paso, y derecho a tener una adolescencia de entrenamiento en el foro, de juventud alocada a la que se perdonaba casi todo. Ya se sabe, jóvenes, diría hasta Catón. En cambio, ellas pasaban directamente de ofrecer sus juguetes en un altar a fabricarlos para sus propias criaturas.

Eran otros tiempos…

Eran otros tiempos, pensamos, aliviados. Nuestras hijas no acabarán en un basurero, ni se casarán con diez años, ni nadie se extrañará porque vayan a la universidad ¿verdad? Sin embargo, no es del todo cierto. Aún en países como India o China el abandono de niñas es una práctica frecuente, y el infanticidio indirecto afecta más a las niñas en general.

El matrimonio infantil es una práctica común en muchos sitios, y UNICEF calcula que, cada año, se casan unos 12 millones de niñas, lo que, además, reducen drásticamente sus posibilidades de continuar con su educación mientras que aumentan los partos precoces y la mortalidad materna. Y, aunque se han conseguido grandes avances en la escolaridad femenina y, de hecho, el fracaso escolar se ceba más en los niños, que muchas veces abandonan para trabajar, el analfabetismo en la población adulta y la ausencia de escolarización siguen siendo problemas en femenino.

Los estereotipos negativos sobre las niñas, que llevan a una indefensión aprendida, también siguen siendo frecuentes incluso hoy. Corre como una niña, pega como una niña, los catálogos de juguetes en rosa y azul, exactamente como la muñeca de nuestra protagonista. Así mismo, los abusos sexuales y el acoso, que afectan a casi uno de cada cuatro menores en su infancia, siguen teniendo como víctimas mayoritarias a las mujeres.

Ya no somos romanos, pero queda mucho por hacer.

Bibliografía

  • Justel, D. (ed.) (2012): Niños en la Antigüedad. Estudios sobre la infancia en el Mediterráneo antiguo, Zaragoza, Universidad de Zaragoza.
  • Dolansky, F. (2012): “Playing with Gender: Girls, Dolls, and Adult Ideals in the Roman World”, Classical Antiquity, 31 (2), pp. 256-292.
  • Flemming, R. (2000): Medicine and the making of Roman women: gender, nature and authority from Celsus to Galen, Oxford, Oxford University Press.
  • González Gutiérrez, P. (2021): Soror. Mujeres en Roma. Madrid, Desperta Ferro Ediciones.
  • Goodkind, D. (1999): “Should Prenatal Sex Selection be Restricted? Ethical Questions and Their Implications for Research and Policy”, Population Studies, 53 (1), pp. 49-61.
  • Minten, E. (2002): Roman attitudes towards children and childhood. Private funerary evidence c. 50 B.C. – c. A.D. 300, Estocolomo, Universidad de Estocolmo.
  • United Nations Statistics Division (2021): The World’s Women 2020. Trends and Statistics, disponible on line.

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