Vladímir Putin Serguéi Lavrov Tercera Guerra Mundial

Vladímir Putin reunido con su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, que el pasado 26 de abril advertía de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial y del empleo de armamento nuclear táctico como posible escenario ante una escalada de la guerra en Ucrania: «es grave, es real, y no debe subestimarse». Fuente: Kremlin.ru/Wikimedia Commons.

Una sociedad en la que, al menos una parte no mayoritaria, planteó de inicio, alto y claro, su «no a la guerra». Un «no a la guerra» que, como agua que no mueve molino, quedará y seguirá quedando como testimonio de aquellos pensamientos que algunos califican de pacifistas o antimilitaristas; pensamientos antiguerra de boca pequeña que, al no saber modular la paz, se manifiestan llenos de preocupación y de miedo ante una expansión geográfica tal del conflicto que haga difícil escapar a él.

Miedo, respeto, prevención o como se quiera, que ha sido el origen de diversas consideraciones en todo tipo de debates sobre sus motivaciones, causas y efectos desde una mirada política, militar, académica, periodística… en la base de planteamientos tanto propios como inducidos.

Debates, ahora muy actuales, planteados desde el inicio de la «operación especial» rusa, guerra sin declaración de tal, que, sin embargo, por sus consecuencias para los ucranianos, los europeos integrados en la OTAN junto a los EEUU y aliados, no  ven como tal «operación», sino como una agresión, guerra localizada, que pudiera ser la puerta de entrada a una Tercera Guerra Mundial.

Una guerra localizada, calificada de proxy (indirecta o por delegación) por el ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Lavrov, desarrollada por Ucrania en su territorio sin intervención directa de fuerzas «amigas», pero sí recibiendo todo tipo de apoyos: envíos de armamento, transferencia de inteligencia, financiación, entrenamiento de tropas fuera del teatro de operaciones…; guerra lógicamente negada, a pesar de las evidencias por parte de los EEUU y la OTAN; unas evidencias que, con su crecimiento, pueden llevar a una respuesta rusa al límite de aquella hipotética Tercera Guerra Mundial.

Escalada dialéctica, de la advertencia a la amenaza

En principio, al comienzo, fueron simples advertencias aludiendo, como adivinos del futuro, a que, sin la intervención armada, directa, de la OTAN, a no ser que aquella sobrepasara ciertos límites, aquellos que dependerían de su asunción o no por el enemigo ruso, la Tercera Guerra Mundial estaría solo presente como tal, como aviso a tener en cuenta. Advertencias que se analizaron hasta la saciedad en todos los medios con apuntes de todo tipo de «expertos».

Cuando la guerra se prolongó más allá de una supuesta intervención rápida y se acentuó el desgaste ruso, la destrucción del territorio ucraniano y los apoyos a las fuerzas ucranianas, al tiempo que se hizo visible el comienzo de una «guerra de sanciones», la citada advertencia-aviso analítico citado de transformó, acentuado su previsibilidad y preocupación, en presunción.

Y más tarde, tras el crecimiento de las sanciones económicas, tanto de la ONU como rusas en respuesta (con el corte del gas a Europa), el crecimiento de las armas enviadas (en mayor número y calidad; origen de debate entre los seguidores del «no a la guerra») por la OTAN y aliados, la suspensión de Rusia (7 de abril) en la Asamblea de la ONU, los ataques ucranianos a objetivos logísticos en territorio ruso cercano a la frontera, la disposición rusa a una intervención en Europa, más si algunos países europeos (tales como Finlandia y Suecia) se integraran en la OTAN, y la muestra de sus posibilidades de acción, extremadamente rápidas y directas, con sus misiles intercontinentales (nucleares o no), de la advertencia, presunción y prevención, se pasó a la amenaza, una amenaza que, el presidente Vladímir Putin, afirmando que «la buena voluntad tiene un límite», apunta que sería ultrarrápida y potente, amenaza pues que nos acerca a la realidad, considerada entonces más que posible, de una Tercera Guerra Mundial, guerra  en la que la intervención nuclear se sugiere como viable por parte rusa a pesar de que la considere teóricamente inadmisible e irresponsable, pero que, como admite su ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, será altamente destructiva.

Javelin missile

Dos soldados disparan un misil anticarro Javelin, una de las armas enviadas por Estados Unidos a Ucrania que más relevancia ganó al principio del conflicto por su letal eficacia contra las columnas de tanques rusos. Fuente: Wikimedia Commons.

Amenaza que presumiblemente se acentuará con la posibilidad del cambio de denominación por parte rusa de la intervención en Ucrania, aquella de «operación especial» a la de guerra, mediante declaración oficial, que presuntamente se hará el 9 de mayo, Día de la Victoria, en el que se recuerda el triunfo ruso sobre la Alemania de Hitler; declaración que permitiría entonces al presidente Vladímir Putin una mayor incorporación de fuerzas en Ucrania. Una guerra entonces cronificada, de más larga duración, con el objetivo de hacerse, en principio, con el territorio del este y de la costa ucraniana.

Amenaza ante la que vuelven a renacer los viejos temores, que todo el mundo reconoce, de una Tercera Guerra Mundial, caso de continuar caminando hacia la confrontación directa entre la OTAN y Rusia.

Guerra en la que, ante los fracasos tácticos rusos, se hace más que viable la intervención de las armas nucleares tácticas rusas para paralizar a las fuerzas ucranianas y atar a la derrota a sus líderes ante la destrucción así alcanzada y, sobre todo, ante el alto costo de vidas a pagar si continúa en el conflicto. Una Ucrania que, para algunos analistas, a pesar de aquellos que creen posible su victoria sobre Rusia, está irremediablemente derrotada (en estado de lenta agonía) a pesar de los apoyos foráneos que recibe.

Intervención nuclear táctica rusa que seguramente no dejará indiferente a la OTAN, EEUU y aliados, acentuando las posibilidades de una intervención directa, que abriría entonces el inicio de una Tercera Guerra Mundial.  O es que, ¿se tendría tanto miedo como para mirar para otro lado?

Evolución analítica que ha llevado a algunos a apuntar, ante tal amenaza y la posibilidad de que Rusia intervenga por las armas en algunos países europeos, que ya se está en la realidad que se temía, en una Tercera Guerra Mundial; guerra en la que la intervención directa de los EEUU, aliados y la OTAN sería entonces una realidad que habrá que asumir; realidad para la que, como se dice, la OTAN ya está preparada (preparación que para otros habría que repensar con rapidez); así pues, solo falta, en tal situación de tensión, la aparición de un «desliz» justificativo (pensado o no) por cualquiera de las partes.

Como se puede colegir, en ese caminar, desde la simple advertencia se ha ido pasando a la presunción, a la prevención, a la posibilidad manifiesta, a la amenaza, hasta la inclusión, como posible, en nuestra realidad, haciendo desaparecer, aunque siga aún ahí, latente, aquel «no a la guerra» de los primeros momentos; un «no a la guerra» que a todas vistas ha fracasado una vez más y que ha reafirmado como necesario (ya lo era de antes) el estudio de los caminos marcados por el Arte de la Guerra; un Arte de la Guerra actualizado a los nuevos modos, métodos y procedimientos bélicos de la doctrina rusa en los que se ha de contar como posibilidad real la intervención nuclear, tanto en el terreno de la táctica como en el de la estrategia.

Escenarios ante una posible Tercera Guerra Mundial

Al final, con el debate planteado sobre si la Tercera Guerra Mundial está cada vez más cerca o si aún hay posibilidades de eludirla, encontramos tres opciones plausibles:

  • Por un lado, aquella que, con tanto remachar noticias sobre la situación en Ucrania, nos orienta (nos educa), desde el lado pesimista, hacia la aceptación irremediable de dicha Tercera Guerra Mundial, guerra que para algunos analistas ya está más que presente (hablan ya de bloques de guerra). Guerra que debería (¿quién lo sabe?) recuperar el orden de seguridad internacional global, instituido por la Segunda Guerra Mundial y ahora perdido por la intervención rusa en Ucrania; razón por la que no se puede dejar que Rusia salga victoriosa, lo que empuja inevitablemente a dicha guerra.
  • Por otro aquella de que una fuerte disuasión establecida desde ya por los EEUU y aliados de la OTAN puede evitarla; disuasión que mal planteada nos podría llevar al apartado anterior, bajo la consideración rusa de la exacerbación de los motivos para escalar en el conflicto.
  • O bien, la más optimista, aquella que aborda la idea de la imposibilidad de que esta se produzca ante la comprensión por todos del horror manifiesto de sus resultados, y más con la presencia del arma nuclear.
Obús autopropulsado de 152mm 2S19 «Мsта-S» del Ejército ruso operación especial ucrania Z

Obús autopropulsado de 152mm 2S19 «Мsта-S» del Ejército ruso, marcado con la característica «Z», convertida en emblema de la «operación especial» rusa en Ucrania, marzo de 2022. Fuente: Mil.ru/Wikimedia Commons.

Posibilidades que, fuera de su viabilidad, no salvarán a Ucrania, a no ser que Rusia admitiera su derrota (difícil cuestión), lo que no parece que vaya a ocurrir y menos aún se proclame en las esperadas manifestaciones rusas de 9 de mayo (un Día no de derrota sino de Victoria); manifestaciones posiblemente más orientadas a la exigencia al pueblo ruso de sacrificio ante la situación actual, a la continuidad y/o aumento, por tanto, de la actividad bélica, así como la amenaza a Europa, a los EEUU y aliados, caso de persistir en sus apoyos a las fuerzas ucranianas; 9 de mayo que para algunos analistas es visto, desde ya, como la confirmación de la entrada en la Tercera Guerra Mundial, un conflicto para estos ya irreversible.

De nada han de valer todos los análisis propagandísticos que nos presentan a Vladímir Putin como un enfermo mental, que está siendo engañado por sus propios generales y partidarios, que no llega a ver el resultado nefasto de sus iniciativas bélicas para el pueblo ruso, de la posibilidad de su desaparición (a través de un golpe de Estado o de su asesinato)…, porque no es un perdedor, y, como tal ante su pueblo (del que también se afirma que está cansado de Putin), con toda seguridad, no manifestará ninguna debilidad (y más con aquellos que se le opongan); y menos aún servirá aquella de que Putin solo fanfarronea con la amenaza nuclear, porque si se siente acosado y siente que su pueblo también lo es, es más que probable que la haga factible, inicialmente en el terreno táctico ¿y de ahí…? Se está jugando con fuego.

De todas formas, sea cual fuere el análisis, y fuera del maniqueísmo del «sí» o el «no a la guerra», esperemos que en este proceso de «preguerra» mundial en el que parece que nos encontramos, aunque nos preparemos para la hipótesis mas peligrosa, aquella de su realidad, hayamos aprendido todos lo suficiente como para evitarla siendo capaces de echar marcha atrás.

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