Libros Guerras Napoleónicas

Germen político de la Europa actual, la Revolución francesa removió los cimientos del pensamiento militar ilustrado y dotó a uno de los mayores genios de la guerra de todos los tiempos de las herramientas necesarias para consolidar un formidable imperio. Austerlitz, Jena, Wagram, la retirada de Rusia… las Guerras Napoleónicas, estudiadas y contadas hasta la saciedad, forman parte del imaginario colectivo de todos nosotros, pero ¿nos han sido narradas de forma ecuánime?

Novedad

Desperta Ferro Moderna n.º 32: El sitio de Viena 1683

El sitio de Viena 1683

n.º 32

Los sucesos que afectaron al centro de Europa en 1683 fueron singulares. La invasión otomana de las tierras de los Habsburgo vieneses y el asedio de su capital han sido considerados, durante mucho tiempo, el clímax de un enfrentamiento atávico entre enemigos acérrimos. Sin embargo, el carácter único de la última gran empresa del Imperio otomano en Europa viene dado por su brutalidad y su ambición, precisamente, en un siglo en el que Viena y la Sublime Puerta prefirieron la diplomacia para resolver sus contenciosos. Por entonces, el Imperio turco, calificado como decadente de forma prematura, había recobrado su vigor gracias a las reformas de los grandes visires de la familia Köprülü, el más ambicioso de cuyos integrantes, Kara Mustafá, resolvió llevar la hegemonía turca al centro de Europa. El agónico sitio de Viena y su fulgurante desenlace en la masiva batalla de Kahlenberg con la llegada de un ejército de socorro acaudillado por Juan III Sobieski, rey de Polonia, marcaron un punto de inflexión: la derrota otomana puso fin al proyecto de los Köprülü; para los Habsburgo, la victoria marcó el inicio de la reconquista de Hungría merced a un nuevo espíritu de cruzada.

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Desperta Ferro Antigua y Medieval n.º 46: La expansión del islam. El califato omeya

La expansión del islam. El califato omeya

n.º 46

Tradicionalmente, las tribus del desierto arábigo se entregaban a incursiones y golpes de mano con objeto de obtener botín y cobrarse venganza. La fe islámica federó a estas tribus y les dio una causa común, haciendo de ellos una formidable máquina militar que en pocos años dominó una extensísima franja de territorio. A la muerte del Profeta (632), el liderazgo pasó a manos de una sucesión de cáligas que mantuvieron unida a la comunidad islámica (umma) y contribuyeron al esfuerzo expansivo. Sin embargo, el sistema sucesorio no estaba aún bien definido y, consecuentemente, producía terribles enfrentamientos entre los candidatos. No todos los califas gozaban del apoyo unánime de la comunidad Así las discordias se manifestaron con brutalidad, sobre todo tras el asesinato del califa Utmán (656) y su sucesión en la persona de Alí, yerno del Profeta, que dio lugar a la primera guerra civil musulmana o fítna, que se zanjó con dos grandes consecuencias: la elevación del primer omeya al califato, Muawiya I, y la consolidación de la división del islam en tres ramas: suníes, chiíes y jariyíes (estos últimos minoritarios hoy en día), que acompañará a la historia de esta fe hasta nuestros días. El nuevo califa instauró una dinastía hereditaria y dotó al islam de un Estado complejo, sofisticado y sólido. No en vano supuso el periodo de mayor y más rápida expansión territorial del islam, tanto en oriente, como por occidente.

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La Defenestración de Praga y el estallido de la Guerra de los Treinta Años

La Guerra de los Treinta Años comenzó como una rebelión nobiliaria cuando el 23 de mayo de 1618, hace cuatro siglos, los protestantes amotinados entraron en el castillo de Praga para encararse con los impopulares delegados imperiales, que terminaron siendo arrojados...