Stalingrado (I): el asalto de la Wehrmacht

Desperta Ferro Contemporánea

n.º 2
Marzo 2015
Stalingrado asalto Wehrmacht
7€IVA incluido

Afirmar que Stalingrado es la batalla por antonomasia sería negar un lugar de honor a tantas otras a lo largo de la historia, pero no se puede dejar de subrayar que esta contienda “inaugura” el combate urbano en un sentido moderno y lo hace a una escala irrepetible. Del estudio de la campaña apenas se puede sacar otra conclusión que el total escepticismo hacia las posibilidades reales del Ejército alemán para alcanzar las metas que se había impuesto en verano de 1942. El asalto de la Wehrmacht es el primero de una serie de números que dedicaremos a la inabarcable batalla de Stalingrado. Nos centramos en las primeras semanas de lucha, entre septiembre y mediados de octubre, dentro de la ciudad. A pesar de que este duelo en el Volga se decidiría finalmente fuera de la ciudad, sin comprender cómo la lucha callejera en Stalingrado se convirtió en un desafío operacional y táctico no se puede entender su desenlace: un punto de inflexión en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

Stalingrado, un dilema estratégico por David M. Glantz

La decisión inicial del 6.º Ejército y del Grupo de Ejércitos B de capturar Stalingrado mediante un asalto ejecutado por cuatro divisiones y todo elemento Panzer y motorizado que  pudieran reunir puso en marcha una frustrante y sangrienta batalla de desgaste de tres meses de duración alimentada por las formidables ambiciones de ambos dictadores. La consiguiente batalla consumió al grueso del 6.º Ejército, diezmó a sus unidades motorizadas y Panzer, obligó a Hitler a comprometer al 8.º Ejército italiano y al 3.er Ejército rumano en posiciones avanzadas a lo largo del Don y fraguó la catastrófica derrota que acontecería a finales de noviembre.

Sexto Ejército Wehrmacht

Sexto Ejército, preparativos para la campaña por French MacLean

Ni el ejército alemán en su conjunto, ni el Sexto Ejército en particular, eran esos invencibles titanes que proclamaba determinada bibliografía de postguerra, aunque el Sexto Ejército fue con frecuencia el de mayores dimensiones de toda la Wehrmacht. Aquejado de una carencia de mandos experimentados, mientras operaba al final de una larga y precaria línea de suministros y con un equipo que fue rápidamente superado por el enemigo, el alemán fue en el fondo un ejército de la Primera Guerra Mundial en muchos aspectos –aunque llamado a cumplir con las expectativas de velocidad y profundidad de la Segunda Guerra Mundial– y, una vez más, condicionado por una guerra en dos frentes.

Primeros combates. Los suburbios de Stalingrado por Artem V. Drabkin

Para finales de agosto de 1942 el mando soviético comprendió que no había conseguido detener la ofensiva alemana sobre los accesos remotos hacia Stalingrado. La noche del 1 de septiembre el comandante general del Frente del Sudeste soviético creado el 5 de agosto, el general coronel A. I. Yeremenko, ordenó retirar las tropas del 62.º Ejército del teniente general A. I. Lopatin y del 64.º Ejército del general M. S. Shumilov y ocupar las posiciones del perímetro interior de la defensa en la línea Rynok-Orlovka-Gumrak-Voroponovo-Yelji-Ivanovka. Esperaban combates directamente a la entrada de la ciudad. Después de haber empujado a las tropas soviéticas hasta el anillo interior de las líneas defensivas, el alto mando alemán lanzó el grueso del 6.º Ejército del general F. Paulus y del 4.º Ejército Panzer del general H. Hoth contra el 62.º y el flanco derecho del 64.º, intentando explotar el éxito y apoderarse de la ciudad con el primer ataque. En ese sector los alemanes avanzaban con siete divisiones de infantería, dos divisiones Panzer y una motorizada. El grueso alemán contaba con unos 500 tanques, apoyados desde el aire por unos 1000 aviones de la  Luftflotte 4.

Luftwaffe

La Luftwaffe y el apoyo aéreo cercano por Adrian Wettstein (Militärakademie an der ETH Zürich)

La Luftwaffe desempeñó un papel vital en la operación contra Stalingrado dado que era la principal punta de lanza de la Wehrmacht en la campaña y la ciudad se había convertido finalmente frente a las directrices originales de la operación Blauª Flota Aérea, que incluía el 61% del total de aviones alemanes en el Este, asumió el mando conjunto de todas las unidades de la Luftwaffe en el sur de Rusia. Dentro de la historiografía existe un debate recurrente sobre la causa de que los alemanes usaran su poder aéreo para reducir a escombros Stalingrado, a pesar de que tuvieron un impacto menor en las fuerzas soviéticas, en vez de centrarse en operaciones de interceptación Ejército de sus líneas de abastecimiento. Hay varios motivos por los que una campaña de interceptación era sencillamente imposible. En primer lugar, el VIII Cuerpo Aéreo carecía de los medios necesarios.

Tormenta sobre Stalingrado centro por Alexei V. Isaev

Uno de los rasgos distintivos de las acciones soviéticas durante la fase inicial de la defensa de Stalingrado fue su intensidad. Las tropas recibían constantes órdenes de ataque que, en cierto modo, estaban justificadas. Cuando la 13.ª División de fusileros de Guardias, mandada por A. I. Rodímtsev, entró en batalla, no existía un frente continuo en el centro de la ciudad y abstenerse de intentar reconquistar las posiciones alemanas aún sin consolidar podría haber parecido una precaución injustificable. Sin embargo, los repetidos ataques soviéticos, castigados por la supremacía artillera alemana, se tradujeron en elevadas pérdidas. La 13.ª División de Guardias sufrió enormes bajas en apenas unos días de combates. El 17 de septiembre, V. I. Chuikov (jefe del 62.º Ejército) informó al comandante del frente que ya había consumido sus reservas y que era necesario el refuerzo urgente del ejército con unidades de refresco, la única manera, según él, de salvar a la división de Rodímtsev de la total aniquilación.

 batalla de Stalingrado

La defensa de los distritos obreros por Elena M. Tsunayeva (Volgogradski Gosudarstvenny Universitet)

Cuando uno habla sobre acciones de combate usualmente emplea la expresión “campo de batalla”. La imaginación sugiere un campo espacioso en el que dos ejércitos chocan para dirimir cuál es el más fuerte y quien defiende la causa correcta. Sin embargo en la historia de la guerra, tanto mundial como rusa, se dan muchos casos en los que el campo de batalla es una aldea, un pueblo o una ciudad. Pero Stalingrado quizá sea el único caso en el que el combate urbano se libró durante cuatro meses; dos estaciones consecutivas. Cuando uno camina por las calles del actual Volgogrado lo hace a través de un campo de batalla y encuentra “ecos” de los combates en lugares en construcción, obras de alcantarillado u otros trabajos en superficie. Solo el año pasado, entre los restos desenterrados de Stalingrado se descubrieron los cuerpos de 85 soldados y se desactivaron diez minas, bombas u otro tipo de proyectiles.

La naturaleza del combate urbano por David R. Stone (Kansas State University)

La batalla de Stalingrado no solamente marca un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial, sino también en la naturaleza del combate urbano. Tanto alemanes como soviéticos se vieron forzados a improvisar una respuesta a las exigencias de la lucha en la ciudad desarrollando tácticas y técnicas en una pugna implacable por la supremacía, obligados a luchar de un modo que era ajeno a su experiencia previa. Los alemanes, imbatibles en la guerra móvil en terreno abierto, tuvieron que consumir sus reducidas tropas en la toma de cada edificio o incluso de simples habitaciones. El ejército soviético, dominado por una rígida jerarquía y una adhesión estricta a la doctrina, tuvo que habilitar pequeños grupos y alentar la iniciativa individual.

Ejército Rojo

El combatiente soviético. Comportamiento y moral por Robert W. Thurston (Miami Univeristy)

La batalla de Stalingrado continúa siendo uno de los enfrentamientos militares más destacados y sangrientos, en el que cabe plantearse cómo actuaron los soldados soviéticos ante la Wehrmacht y la Luftwaffe alemanas, las fuerzas armadas más efectivas jamás conocidas hasta entonces, y cómo logró el Ejército Rojo imponerse tras las enormes pérdidas de 1941-1942. El comportamiento de las tropas soviéticas en la batalla sugiere bastante sobre el funcionamiento del estalinismo, en especial sobre si este se basó más en el apoyo popular o en el “terror”. Stalingrado aún perdura en un torrente de obras cinematográficas, monografías y artículos, y no son pocos los que contienen rasgos obvios de afinidad ideológica en cualquiera de las direcciones.

Y además, introduciendo el n.º 3: Tres semanas de fuego y expiación. Las lecciones de la Guerra de Octubre por Juan José Oña

En las postrimerías de una guerra atípica como Vietnam, que involucró intensamente a una de las dos potencias mundiales, surgió un conflicto en un escenario distinto (Oriente Medio), tridimensional (aire-mar-tierra) y protagonizado por actores locales (Israel, Egipto y Siria, además de otros países árabes), en el que Estados Unidos y la Unión Soviética intervinieron de forma indirecta pero con una alta cota de tensión. Fue la guerra del “Día de la Expiación” de octubre de 1973, cuarta del ciclo de choques entre los aliados árabes y los israelíes desde el final de la Segunda Guerra Mundial y un enfrentamiento breve en lo temporal pero de enorme intensidad, que impactó hasta el final del siglo XX en las doctrinas militares internacionales, pues sus enseñanzas derivadas iban a influir notablemente en las concepciones aeroterrestres y aeronavales de los principales conflictos que surgirían en la década de los años 80: las guerras de las Malvinas, Líbano e Irán-Iraq.

podcast

Stalingrado (I): El asalto de la Wehrmacht en La Mecánica del Caracol, Radio Euskadi

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