La legión romana (VIII). Las últimas legiones

Desperta Ferro Especiales

n.º 29
Diciembre 2021
La legión romana (VIII) Las últimas legiones
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A LA VENTA EL 1 DE DICIEMBRE

A pesar de la descomposición de su mitad occidental en un conjunto de diversos reinos “bárbaros”, durante la segunda mitad del siglo V el Imperio romano no solo resistió en Oriente, sino que puso en marcha, o culminó, toda una serie de transformaciones que consolidarían su poder, hasta permitirle volver a proyectarlo, con fuerzas renovadas, hacia el exterior. El ascenso de Justiniano I (reg. 527-565) al trono llevaría al Imperio romano de Oriente, finalmente, a la reconquista del norte de África, la península itálica y la mitad sur de la antigua Hispania romana, si bien no sin dificultades. A la muerte de este emperador, el Imperio romano, de nuevo con la venerada ciudad de Roma en su seno, volvía a extenderse hacia Occidente y estaba listo para seguir avanzando, incluso, más lejos. La culminación de la conversión del Ejército romano en una fuerza en la que la caballería constituía su nueva columna vertebral, entre otros cambios, jugó un papel esencial en el éxito de estas empresas. Una vez más, como hemos visto a lo largo de los siete números especiales dedicados a la legión romana que preceden a este que tenemos entre nuestras manos, las fuerzas armadas romanas en el siglo VI lograron el éxito en el campo de batalla a través de un constante proceso de cambio y adaptación. Que las circunstancias y los errores cometidos por los sucesores de Justiniano paralizaran en última instancia esta progresión, a finales del siglo VI, no desmerece los cambios decisivos que el Ejército romano imprimió, una vez más, en el curso de la Historia del Mediterráneo y, por extensión, del mundo.

El Imperio romano de Oriente, de Zenón a Justino I por Fiona Haarer (King’s College)

El Imperio romano de Oriente, de Zenón a Justino I por Fiona Haarer (King’s College)

Tras la caída de la mitad occidental del Imperio, la mitad oriental hubo de afrontar toda una serie de problemas de orden interno y externo, tanto endémicos como fruto de la desaparición de la corte de Rávena. Severos problemas políticos, guerras civiles y convulsiones de orden religioso sacudieron los reinados de Zenón (474-491), Anastasio I (591-518) y Justino I (518-527), todos ellos superados con éxito pleno a lo largo de este periodo de tiempo. De este modo, Constantinopla consiguió, incluso, proyectar su poder e influencia, estabilizando, por ejemplo, la situación de Italia bajo el poder ostrogodo, al tiempo que disponía los recursos y mecanismos que le permitirían, ya bajo el reinado de Justiniano I (527-565) poner en marcha el proceso de reconquista de Occidente que conocemos como Renovatio Imperii

Entre fe y ciencia. Las interpretaciones de la epidemia por Winston Black (Dalhousie University / Idaho State University)

Los vecinos del Imperio en la primera mitad del siglo VI por José Soto Chica (Universidad de Granada)

La segunda mitad del siglo V no solo contempló la archiconocida caída de la parte occidental del Imperio romano, sino también una profunda crisis política que a punto estuvo de colapsar a la parte oriental, y todo ello a la par que la Persia sasánida se hundía en la derrota y el caos. Más aún y ahondando en este sorprendente e imperial sincronismo, a inicios del siglo VI, ambos imperios se hallaban enfrascados en un potente ciclo de recuperación económica, militar y demográfica, pasando en las décadas del 530 al 560 a una fase de arrolladora expansión militar acompañada a su vez por una profunda renovación de las estructuras de ambos estados. Si el siglo V estuvo marcado, para ambos imperios, por la insoportable presión de los bárbaros, el VI vio la destrucción de los nuevos estados que habían medrado al albur de su debilidad. Será así como los romanos sometan los reinos de vándalos y ostrogodos en Occidente, mientras que los persas aniquilarán a los heftalitas y se extiendan, además, por la península arábiga, amén de adelantar sus fronteras hasta el valle meridional del Indo y transformar al océano Índico en un verdadero “lago sasánida”.

La Renovatio Imperii de Justiniano por Encarnación Motos Guirao (Universidad de Granada)

La Renovatio Imperii de Justiniano por Encarnación Motos Guirao (Universidad de Granada)

Muchos han sido los que se han preguntado sobre el por qué de la Renovatio Imperii y diversas las respuestas recibidas, desde la desmesurada ambición de Justiniano, pasando por el deseo de una cristiandad unificada política y religiosamente, hasta una estudiada estrategia político-militar. La Renovatio justinianea fue un proceso fundamental que configuró la historia del Occidente en los albores de la Edad Media. Un imperio que se llamara “romano” y que no incluyera Roma era un absurdo. La parte occidental del Imperio se había perdido, sí, pero se había conseguido que los reyes bárbaros la gobernaran en representación del emperador de Oriente. Por otro lado, Justiniano deseaba ejercer mayor autoridad sobre las monarquías bárbaras y es posible que pensara en un plan para recuperar el Occidente: no se debe olvidar que era el legítimo señor de las tierras que sus ejércitos devolvían al control directo del Imperio.

La caballería y la revolución táctica en el arte de la guerra romana por Ilkka Syvänne

La caballería y la revolución táctica en el arte de la guerra romana por Ilkka Syvänne

La creciente importancia adquirida por la caballería en el Ejército romano en época imperial, cuyo desarrollo se aceleró durante las convulsiones del siglo III y se consolidó durante los siglos IV y V, conocería un nuevo y decisivo impulso en el siglo VI. De la mano de la evolución natural de los procesos adaptativos, tan característicos del Ejército romano, y bajo el acicate de la necesidad, impuesta por las circunstancias –la pérdida de buena parte de las mejores tropas de infantería de Oriente durante a finales del siglo V– el Ejército romano acabó convirtiendo a la caballería en su arma decisiva en combate. Fruto de una prolongada evolución, los romanos adoptaron y mejoraron el equipamiento y tácticas de sus adversarios, tamizándolas en el conjunto de sus tradiciones militares, hasta llevar a los campos de batalla unas fuerzas de caballería capaces de superar a cualquiera de sus rivales en las más variadas y cambiantes situaciones.

Las últimas legiones. La infantería pesada en tiempos de Justiniano por José Soto Chica (Universidad de Granada)

Las últimas legiones. La infantería pesada en tiempos de Justiniano por José Soto Chica (Universidad de Granada)

Un paradigma historiográfico que pocos se han atrevido a examinar y a discutir a fondo, nos muestra a los ejércitos justinianeos como fuerzas en las que la infantería era de mala calidad, escasamente equipada para poder formar en orden cerrado de forma efectiva e incapaz de ejercer otro papel en combate que el de dar estático apoyo a la verdadera “señora de la batalla”: la caballería. Una caballería que, combinando las armas y habilidades del lancero y el arquero, se impuso sobre los ejércitos de ostrogodos, vándalos, visigodos y francos/alamanes, sin necesitar de una infantería de calidad. La realidad, claro está, es muy diferente. De hecho, los textos contemporáneos muestran cómo bajo los reinados de Justiniano y sus inmediatos sucesores, la infantería romana se vio inmersa en un proceso continuo de mejora de sus capacidades de combate y de su armamento, constituyendo hacia 546 y tras afianzarse ese proceso, un arma de primerísima calidad.

Fuerzas de élite. La guardia imperial y los bucellarii por Conor Whately (University of Winnipeg)

Fuerzas de élite. La guardia imperial y los bucellarii por Conor Whately (University of Winnipeg)

Algunos de los hombres más poderosos del Imperio romano en el siglo VI, hombres como los emperadores Justino I, Justiniano I y los generales Belisario y Narsés, tuvieron todos algo en común: pasaron parte de sus carreras sirviendo como guardias imperiales. Los guardias habían jugado un papel principal en el Estado romano y las cosas no eran diferentes en el final de la Antigüedad. En el otro extremo del espectro, los conocidos como bucellarii se convirtieron en parte fundamental de muchos de los ejércitos de campaña, particularmente en Occidente. Estos distintos tipos de guardias, tanto aquellos de alto rango capaces de aspirar a la púrpura como los soldados privados de acaudalados generales, desempeñaron un importante papel en la guerra y en los asuntos internos durante el siglo VI.

Phoideratoi, Symmachoi y mercenarios por Lucas McMahon (Princeton University)

Phoideratoi, Symmachoi y mercenarios por Lucas McMahon (Princeton University)

En tanto el debate en torno a foederati, symmachoi y mercenarios podría parecer que versa sobre unidades militares, estos tres términos se encuentran ligados entre sí a través de la cuestión de la identidad, la ciudadanía y, en última instancia, están vinculados a cuestiones relativas a la transformación del mundo romano y la caída del Imperio romano de Occidente. Los llamados “bárbaros” forman siempre parte de algunos aspectos de esta historia. Los romanos consideraron bárbaros a casi todos los pueblos en torno a su Imperio, pero esto no les impidió reclutar tropas más allá de las fronteras para acceder a efectivos militares. Esta tendencia siguió siendo norma en Oriente, durante todo el siglo VI.

Estructura, jerarquía y condiciones de servicio en el Ejército por Ilkka Syvänne

Estructura, jerarquía y condiciones de servicio en el Ejército por Ilkka Syvänne

La organización del Ejército romano en el siglo VI era, fundamentalmente, la misma del siglo IV. Esta estructura era el resultado de las reformas de Constantino I (306-337) y Teodosio I el Grande (379-395). Dicha estructura básica comprendía la guardia imperial, unidades especiales destinadas en la capital (vigiles, urbaniciani), ejércitos de campo, ejércitos de frontera, federados, aliados, la armada (en el siglo VI la flota imperial estaba estacionada en Constantinopla) y fuerzas paramilitares (facciones del circo incluidas). Con la excepción de la caída del Imperio romano occidental, los cambios restantes que tuvieron lugar desde entonces fueron principalmente estéticos. Las únicas alteraciones significativas fueron la inclusión de los foederati y los bucellarii (quienes juraban lealtad tanto a su empleador como al emperador) en la estructura regular del Ejército, y la incorporación de los exubitores a la guardia imperial, hacia finales del siglo V.

Las armas de la Renovatio Imperii. La panoplia romana en el siglo VI por Raúl Catalán Ramos (Asociación Científico-Cultural Zamora Protohistórica)

Las armas de la Renovatio Imperii. La panoplia romana en el siglo VI por Raúl Catalán Ramos (Asociación Científico-Cultural Zamora Protohistórica)

Paradójicamente, frente a las importantes dificultades que embarazan la reconstrucción de la imagen de las legiones del siglo V, los siglos VI y VII proporcionan un amplio conjunto de evidencias que permiten recomponer de manera fiable el aspecto de estas unidades. Gracias a ello, es posible verificar por un lado la consolidación de tendencias cuyo origen se sitúa en momentos tan lejanos como los siglos III y IV –como la preponderancia de la caballería o el protagonismo que adquiere el uso del arco–, pero también la aparición de nuevos elementos que ya preludian rasgos que se desarrollarán en los ejércitos plenamente bizantinos de los siglos posteriores, como la adopción de nuevos modelos de espada o el empleo de hachas con funciones eminentemente militares, y no ya como meras herramientas de trabajo.

“No son más fuertes que la muerte”: La batalla de Dara por José Soto Chica (Universidad de Granada)

“No son más fuertes que la muerte”: La batalla de Dara por José Soto Chica (Universidad de Granada)

Desde mediados del siglo III Persia y Roma habían batallado por la hegemonía sobre Oriente. La consolidación en el trono sasánida de un gran soberano, Khavad I (488-496 y 498-531), despertó viejas ambiciones y viejos temores, y ese “despertar” trajo de nuevo la guerra al Oriente, que durante los años 502 a 506 sufrió un conflicto de alta intensidad entre ambas superpotencias. Un conflicto que motivó que Anastasio I (491-518) ordenara construir en la frontera entre ambos imperios, una gran ciudad fortaleza: Dara (Oguz). Esta posición amenazaba a la principal ciudad persa de la frontera, Nisibis, y constituía una base desde la que el Imperio romano podría invadir Persia con facilidad. Por eso, cuando Justiniano llegó al poder en 527, se apresuró a reforzarla y, por la misma razón, Khavad I se mostró dispuesto a impedir ese reforzamiento a toda costa y en cuanto tuviera la menor oportunidad para ello. La ocasión le llegaría ese mismo año. Tres años después, en junio de 530, los ejércitos persa y romano se enfrentarían en una decisiva batalla al pie de las murallas de Dara.

Las defensas de Constantinopla por James Crow (University of Edinburgh)

Las defensas de Constantinopla por James Crow (University of Edinburgh)

Pocas ciudades el mundo antiguo tuvieron la importancia estratégica de la Nueva Roma fundada por Constantino I el Grande (306-337) en el Bósforo, y consagrada en 330. Situada sobre una conjunción única de rutas marítimas y terrestres entre las provincias europeas y asiáticas del Imperio, la ciudad se mantendría prácticamente inexpugnable alrededor de un milenio. Esto sería posible gracias a un extenso y poderoso sistema de defensas que, tanto envolviendo la ciudad en sí misma y su entorno inmediato, como parte de la región circundante, la protegieron del sinfín de amenazas que se abatieron sobre ella por tierra y mar, desde los cuatro puntos cardinales.

La psicología del soldado romano por Michael Kulikowski (Penn State University)

La psicología del soldado romano por Michael Kulikowski (Penn State University)

El siglo VI fue un tiempo de profundo cambio en el Ejército romano. La combinación de ejércitos de campo regionales y praesentales junto a los más pequeños de las provincias o tropas de guarnición locales, que prevaleció durante las primeras cuatro décadas del siglo, había evolucionado gradualmente desde tiempos de Constantino. Las grandes guerras de Justiniano, sin embargo, pusieron una enorme presión sobre las finanzas imperiales, de tal modo que bajo Mauricio (582-602) el sistema militar del imperio hubo de ser reformado, a fin de ajustarlo a las nuevas circunstancias.

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