Los últimos años del reinado de Enrique IV de Castilla fueron una verdadera pesadilla política, sumidos en una pugna abierta con la propia nobleza del reino. Esta se sentía agraviada por lo que juzgaba un injusto reparto del poder y, en concreto, por el rápido ascenso y gran influencia del valido del rey, don Beltrán de la Cueva, en perjuicio de los linajes principales. La muerte del rey, en diciembre de 1474, solo sirvió para agravar la situación. A la lucha entre la nobleza y el rey se sumó un conflicto sucesorio. Enrique dejaba en el mundo a una hija, Juana, a quien sus enemigos bautizaron peyorativamente como “la Beltraneja” porque, según el rumor, no era hija del rey sino de su valido, el mencionado Beltrán de la Cueva. En torno a Juana se formó un partido de nobles entre los que destacaba su prometido –y después esposo–, el rey Alfonso de Portugal. Frente a ellos, otro grupo de cortesanos se reunió en torno a Isabel de Castilla, la futura Isabel la Católica, cuya candidatura se fundamentaba en su parentesco –como medio hermana– con el finado Enrique. Por entonces Isabel estaba casada con Fernando de Aragón, hijo y futuro heredero del rey de Aragón, lo que suscitó que el rey de Francia interviniera también en el conflicto, pues deseaba evitar que Aragón, su rival, se uniera a Castilla. Así se conformaron dos bandos, el juanista y el isabelino, que se lanzaron a una guerra abierta, por tierra y mar, que duró nada menos que cuatro años. Al término, dos nuevos reyes, Isabel y Fernando, se sentaban en el trono, con los reinos de Castilla y Aragón unidos dinásticamente en lo que sería la primera piedra de la moderna formación territorial de España.
Castilla fracturada. Las facciones nobiliarias y la propaganda política por José María Monsalvo Antón (USAL)
La Guerra de Sucesión de Castilla no fue sino el corolario de una larga historia de facciones o parcialidades nobiliarias en Castilla. En los años previos, una parte de la nobleza había defendido la sucesión de Enrique IV en su hija Juana. El otro partido nobiliario había sostenido la sucesión en Alfonso de Castilla o en Isabel, ambos hermanastros de Enrique IV. Esta disputa sucesoria fue utilizada por los grandes nobles de Castilla para organizar facciones.
La formación de una reina por María Isabel del Val Valdivieso (UVA)
Sabemos que la reina Isabel I, Isabel la Católica, cuidó la educación e instrucción de sus hijas e hijo. El interés puesto en esa tarea parece ir más allá de lo que se esperaría de una mujer como ella, ocupada en la tarea de regir un reino. ¿Cuál es la razón de esa actitud? Quizá la respuesta esté en las peripecias de su propia formación.
El primer baile. Los primeros compases de la guerra por João Rafael Nisa (Universidade de Coimbra)
Alfonso V de Portugal aceptó postularse al trono castellano, donde se convertiría en el defensor del legítimo derecho al trono de su sobrina y futura esposa, doña Juana, la Beltraneja, con quien se casaría en Plasencia en 1475. Pero primero, quedaba mucho por hacer, pues invadir territorio potencialmente hostil y someter al enemigo por la fuerza de las armas no era tarea fácil.
La batalla de Toro por Ekaitz Etxeberria Gallastegui (UPV)
Con las últimas luces del 1 de marzo de 1476, los ejércitos de Fernando el Católico y Alfonso V de Portugal se enfrentaron bajo la lluvia cerca de Toro. Fue una batalla deseada por Fernando e Isabel la Católica, en una estrategia político militar para asegurarse la corona castellana. Toro fue un encuentro que, aunque brutal, fue tácticamente disputado, pero estratégicamente decisivo.
Tambores de guerra. La intervención francesa y el asedio de Fuenterrabía por Ekaitz Etxeberria Gallastegui (UPV)
Entre marzo y junio de 1476, Luis XI de Francia, la “araña universal”, se decidió a intervenir en la guerra de sucesión castellana. Aunque su implicación fue breve, no por ello resultó poco intensa: en apenas unos meses, un ejército francés bien equipado cruzó hasta tres veces la frontera del Bidasoa, llevando a cabo incursiones devastadoras en el territorio de Guipúzcoa y asediando la estratégica plaza fronteriza de Fuenterrabía.
El ocaso. La desintegración del bando juanista por Carlos Rodríguez Casillas (UR)
A partir de la primavera de 1476, el bando juanista comenzó a desmoronarse, al tiempo que los Reyes Católicos afianzaban su poder en el conjunto del reino de Castilla. Sin embargo, antiguas rencillas nobiliarias, ajenas en gran medida al propio conflicto sucesorio, continuaron alimentando el fuego de la guerra, que acabaría trasladándose a la frontera con Portugal.
Jorge Manrique. Poeta, guerrero, noble y cortesano por Vicenç Beltran (UB)
La poesía cortesana es, en el sentido más estricto, fruto de un ambiente social, una corte real o señorial, que marca profundamente todos sus productos. Lejos de la concepción postromántica como expresión de una subjetividad, la poesía anterior suele reflejar experiencias que se desean arquetípicas, propias del grupo en el que se integra el poeta.
Una guerra perdida. Castilla, Isabel y Juana, historias impulsadas por la guerra civil por Óscar Villarroel González (UCM)
Cuando callaron las armas en abril de 1479 la situación en la disputa sobre el trono castellano parecía definida. La negociación se tentó por parte de la infanta Beatriz de Portugal y tendría unos objetivos claros: la pacificación. El destino de Juana estaba echado, aunque muy posiblemente se había escrito ya en los últimos años.







