Una ciudad en el desierto. Tras sus muros pasa, lentamente, una caravana en que los dromedarios, perezosos, avanzan hacia el caravasar en que podrán librarse de su carga y, por fin, descansar un poco y beber. Dentro de los mismos, se alzan impresionantes templos, largas calles con columnas y esculturas, cuyas inscripciones aparecen, además de en griego, en arameo, con un alfabeto propio. Sus gentes son el resultado de una mezcla de culturas, de los amorreos a los griegos, de los habitantes nómadas de las estepas a los romanos. Por allí pasaron, de forma pacífica o no, multitud de pueblos. Incluso en su nombre, muestra su cultura diversa y dual. Su nombre más conocido, para nosotros, es el griego –y luego romano–, Palmira. Pero antes y después también se denominó Tadmor, nombre que aún conserva. Su posición estratégica le permitió dominar el comercio a larga distancia mucho tiempo y luego, ya totalmente perdida su independencia, tras el intento de Zenobia de alcanzar el poder imperial, se transformó en un núcleo militar. Fue también el centro religioso para numerosos pueblos y tribus de alrededor y su manantial principal, el hogar de un poderoso dios. Sus templos pasaron a iglesias y luego a mezquitas, mientras las religiones del libro convivían en los últimos alientos de lo que fue una ciudad poderosa. Fue una ciudad, también, que, aún en ruinas, vio los horrores de la guerra, el saqueo y la destrucción. Y sus calles volvieron a llenarse de sangre casi dos milenios después de su última gran destrucción. Es una ciudad que no deja de llamarnos poderosamente, que, sin embargo, también ha sido muy olvidada en su historia más allá de los mitos. Es hora de acercarnos a Palmira, a su oasis y su desierto, para ir más allá de lo superficial y poder entender su rico pasado y su preocupante presente.
Los orígenes de Palmira por Aleksandra Kubiak-Schneider (Uniwersytet Wrocławski)
La ciudad de Palmira, llamada Tadmor en arameo, tiene una rica tradición e historia de asentamientos mucho antes de la llegada de los romanos y la construcción de la espléndida calle columnada y de sus templos. Muestra habitación humana desde el Paleolítico y las tablillas cuneiformes atestiguan su actividad comercial en el territorio de Capadocia en el siglo XVIII a. C. Además, en la Biblia se menciona Tadmor o Tamar, en el desierto, como una ciudad fundada por Salomón. El nombre griego de Tadmor no apunta a las palmeras, como podría parecer, y el nombre arameo tampoco tiene un origen claro. Así pues ¿qué sabemos de los orígenes de la Perla del Desierto, que floreció en el Imperio romano temprano?
Desierto, oasis y rutas de comunicación por Eivind Heldaas Seland (Universitetet i Bergen)
Palmira se sitúa en el norte del desierto sirio, a unos 150-200 km de cualquier otro gran asentamiento. Este desierto solo lo es en el sentido de que no recibe agua de lluvia suficiente como para permitir la agricultura, la existencia de ríos permanentes o lagos de agua dulce, pero, meteorológicamente, se define como una estepa semiárida y fría. Llueve cada año y Palmira recibe unos 133 mm de precipitaciones en un año normal, sobre todo entre octubre y mayo. Es suficiente como para permitir el crecimiento de hierba y de ciertos árboles y arbustos resistentes a la aridez, como el terebinto.
Cultura, identidad y alfabetos por Jean- Baptiste Yon (Centre National de la Recherche Scientifique)
Hasta hace poco, los visitantes del antiguo yacimiento de Palmira quedaban cautivados por la extensión de los restos, las columnatas y los templos que se conservaban allí. Alguien con un ojo más atento se sentiría, también, impresionado por la cantidad de inscripciones que albergaban esos monumentos, escritas en griego, pero, en muchos casos, también en el alfabeto arameo propio de la ciudad, y es que Palmira es uno de los raros ejemplos en el Imperio romano de una ciudad públicamente bilingüe.
La ciudad caravanera entre dos imperios por Leonardo Gregoratti (Università degli Studi di Udine)
Palmira, ciudad notable por su emplazamiento, por las riquezas de su suelo y por sus agradables aguas, tiene sus campos rodeados por desiertos de arena en un dilatado contorno y, como aislada por la naturaleza del resto de la tierra, se encuentra por una suerte particular en medio de los dos imperios más poderosos, el de los romanos y el de los partos, siendo siempre la principal preocupación para ambos en tiempo de conflictos (Plinio el Viejo, Historia Natural V.88).
La Palmira romana. Arqueología y arquitectura por Peter Edwell (Macquarie University)
Ubicados en medio del desierto sirio, los impresionantes restos arqueológicos y arquitectónicos de la otrora espléndida ciudad de Palmira han cautivado la imaginación de los investigadores, los viajeros y la población local de Siria durante siglos.
Zenobia por Annie Sartre-Fauriat (Université d’Artois)
Zenobia, “reina de Palmira”; Zenobia, “rebelde contra Roma”; Zenobia, “heroína de la independencia de Siria”. Esto es lo que aún se puede leer en diversos periódicos y obras, a pesar de la falta de pruebas históricas y en total contradicción con lo que demuestra un estudio atento de las fuentes.
Palmira en la Antigüedad tardía y el periodo islámico. Un paisaje cambiante por Emanuele E. Intagliata (Università degli Studi di Milano)
La caída de Zenobia y la segunda revuelta palmirena fueron un punto de inflexión importante en la historia de Palmira, pero no marcaron su abandono definitivo. Entre el 293 y el 303 d. C. la ciudad se transformó para convertirse en uno de los mayores centros militares de la Siria central, con la construcción de una fortaleza, el llamado Campo de Diocleciano, dentro del perímetro urbano. Además del aspecto militar, el cristianismo fue también un importante agente de cambio y estuvo detrás de algunas de las transformaciones más importantes del paisaje urbano en la Antigüedad tardía.
De la barbarie a la esperanza por Mario Agudo Villanueva
“Yo nací y viví durante ochenta años al lado del templo de Bel y no traicionaré nunca Palmira bajo ninguna circunstancia. No les tengo miedo, ni a ellos ni a sus amenazas”. Con estas valientes palabras, Jaled al-Asad descartó su evacuación de la milenaria ciudad del desierto sirio. Corría el mes de mayo de 2015. Un extenso convoy de milicianos de DAESH había partido de su feudo en Raqqa, a orillas del Éufrates, en dirección suroeste. La estratégica ubicación de Palmira, que otrora garantizara su prosperidad económica, se convertía ahora en su sentencia.







