Contraarmada. El contrataque inglés 1589

Desperta Ferro Historia Moderna

n.º 79
Diciembre 2025
Contraarmada inglesa de 1589 - Historia Moderna Coruña María Pita Lisboa Drake
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El fracaso de la Gran Armada que Felipe II envió contra Inglaterra en 1588 envalentonó a Isabel I y sus consejeros. En aras de destruir en los puertos cantábricos los maltrechos buques que habían logrado regresar a España, y de paso para sublevar Portugal contra Felipe II, la reina dispuso el apresto de una numerosa fuerza expedicionaria que encomendó al liderazgo de Francis Drake y John Norris. En Plymouth se organizó una gran escuadra a la que se sumaron miles de aventureros de toda Inglaterra, atraídos por la promesa de un rico y fácil botín. Pero España no estaba vencida. Alertado por sus espías, Felipe sabía del apresto de la fuerza enemiga y había tomado medidas. Los ingleses soslayaron los puertos donde se habían refugiado los buques de la Gran Armada y atacaron en cambio La Coruña, donde se prometían un éxito inmediato y un pingüe botín. Sin embargo, la férrea defensa de la exigua guarnición y los vecinos, entre los que destaca la legendaria María Pita, los obligó a retirarse con numerosas pérdidas. Drake condujo entonces la Contraarmada sobre Lisboa, mientras Norris, y sus tropas, a las que desembarcó en Peniche con el pretendiente luso, el prior Antonio de Crato, hacían lo propio por tierra. Exhaustos, desgastados por enfermedades e incapaces de quebrar la defensa de la ciudad, los ingleses se retiraron, acosados por la caballería española y perseguidos en el mar por galeras que dieron cuenta de no pocos buques. El desastre de la Contraarmada inglesa de 1589, junto con el rápido rearme español, demostró que Inglaterra no estaba en condiciones –todavía– de disputar a España el dominio de los mares.

El interludio de la Contraarmada por Porfirio Sanz Camañes (Universidad de Castilla-La Mancha)

El interludio de la Contraarmada por Porfirio Sanz Camañes (Universidad de Castilla-La Mancha)

Los crecientes antagonismos por los que transcurrieron las relaciones entre España e Inglaterra desde la década de 1570 convencieron a Felipe II, a la altura de 1585, de que el choque con los ingleses resultaba inevitable y parecía conveniente pasar del efecto disuasorio del posible envío de una armada a su organización y envío. La jornada de Inglaterra recibió amplios apoyos, pero las dificultades y los problemas para su realización se sucedieron desde el principio hasta que terminó en un completo fiasco. Tras el desastre, Isabel I consideró, siguiendo las directrices de sus principales consejeros, que parecía el momento oportuno para golpear la flota española, que había llegado muy mermada a Santander y a otros puertos del Cantábrico para efectuar reparaciones. La Contraarmada esperaba, además, dar un golpe de mano con el saqueo de puertos en Galicia y Portugal y el ataque a la flota de Indias en la ruta de las Azores.

“Nuestra sencilla flota de barcos pesqueros”.  Finanzas, hombres y recursos de la Contraarmada por Phillip Williams (University of Shanghai for Science and Technology)

“Nuestra sencilla flota de barcos pesqueros”.  Finanzas, hombres y recursos de la Contraarmada por Phillip Williams (University of Shanghai for Science and Technology)

La expedición inglesa de 1589 fue infructuosa debido a múltiples factores, entre los que destacan las dificultades de reclutamiento, un armamento insuficiente, problemas de disciplina, limitaciones financieras y cuestiones relacionadas con la sanidad. Sin embargo, la causa fundamental fue la divergencia entre las prioridades de la reina Isabel y los intereses de los comandantes e inversores de la flota. Como en otros Estados de la época, el gobierno de Inglaterra presentaba una notable discrepancia entre su discurso oficial y sus verdaderas capacidades. Durante el periodo isabelino, las campañas en el Atlántico fueron una estrategia arriesgada y se emprendieron pese a las enormes adversidades. Isabel, como otros monarcas de la época, buscaba un milagro.

La Monarquía Hispánica frente a la Contraarmada por Guillermo Nicieza Forcelledo

La Monarquía Hispánica frente a la Contraarmada por Guillermo Nicieza Forcelledo

El fracaso de la jornada de Inglaterra de 1588, si bien fue un revés para los planes de Felipe II, en ningún caso supuso el fin de la guerra anglo-española ni menguó la ambición de la Monarquía Hispánica de mantener la hegemonía naval y militar en el mar Océano. En primavera de 1589, entre los puertos de La Coruña, Ferrol, Santander, San Sebastián y Lisboa todavía podían contarse entre ochenta y noventa buques de guerra. En esta situación, Felipe II ordenó a Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia, a través del secretario de Estado y del Consejo de Guerra, Juan de Idiáquez, reconstruir los restos de la Gran Armada con la participación de asentistas privados en los astilleros de La Coruña, Pasajes, Santander, Sevilla, Cádiz y Lisboa. Si bien en ese momento Felipe II no podía lanzar otra campaña a gran escala contra Inglaterra de forma inmediata, sí tenía recursos, tanto naves como hombres, para defender las costas peninsulares de los ataques ingleses.

La defensa de La Coruña por María del Carmen Saavedra Vázquez (Univeridade de Santiago de Compostela)

La defensa de La Coruña por María del Carmen Saavedra Vázquez (Univeridade de Santiago de Compostela)

El 19 de mayo de 1589 la flota de Drake abandonaba La Coruña sin haber logrado conquistar la ciudad tras quince días de asedio. Teniendo en cuenta las dimensiones de la armada inglesa y sus ambiciosos objetivos, dicho desenlace resultaba sorprendente, sobre todo por tratarse de una localidad pequeña –con una población cercana a los cuatro mil habitantes– y de defensas endebles. Aun así, fue capaz de resistir el asalto enemigo, un resultado que algunas fuentes de la época consideraron fruto de la intervención divina, aunque puede explicarse por razones más tangibles, vinculadas al contexto del episodio y al propio desarrollo del ataque.

La red de espionaje naval de Felipe II por Guillermo Nicieza Forcelledo

La red de espionaje naval de Felipe II por Guillermo Nicieza Forcelledo

Una de las herramientas más desconocidas de la Monarquía Hispánica fue su servicio de inteligencia militar, una compleja red de espías en las cortes europeas que actuaban como agentes y analistas a través de modernos sistemas de cifrado o de los ingenios más inesperados. Esta red de espionaje dio ventaja a las operaciones navales españolas en campañas como la Contraarmada inglesa de 1589: Felipe II ya conocía su existencia antes de zarpar. El núcleo del servicio de inteligencia estaba compuesto por los embajadores españoles destinados en las cortes enemigas o aliadas, por diplomáticos nacionales o extranjeros a sueldo, por cortesanos, residentes y comerciantes simpatizantes de la causa española, por agentes permanentes o eventuales y por militares.

El desembarco inglés en Peniche y la defensa de Lisboa por Augusto Salgado (Universidade de Lisboa)

El desembarco inglés en Peniche y la defensa de Lisboa por Augusto Salgado (Universidade de Lisboa)

En 1589, a pesar de las concesiones de Felipe II en las Cortes de Tomar, Lisboa seguía siendo una ciudad ocupada con una fuerte presencia de tropas españolas, especialmente en las fortalezas costeras. Con la tensión todavía palpable, en la primavera de 1589 llegó a Lisboa la noticia de que los ingleses habían desembarcado en La Coruña. La oportuna advertencia permitió reforzar las defensas de la capital portuguesa, pero sin duda intensificó las tensiones entre las autoridades lusas y castellanas. A bordo de esta armada protestante viajaba también una pequeña corte portuguesa en el exilio desde 1581: don Antonio, prior de Crato, pretendiente al trono portugués, su hijo don Manuel de Portugal y más de setenta seguidores.

La retirada de la Contraarmada por Alberto Raúl Esteban Ribas

La retirada de la Contraarmada por Alberto Raúl Esteban Ribas

La derrota de la fuerza expedicionaria inglesa se puso de manifiesto a principios de junio: don Antonio no tenía partidarios, la rebelión portuguesa no se produjo, Drake no podía forzar la entrada en el Tajo y la infantería de Norris era incapaz de apoderarse de Lisboa. El 4 de junio, el general inglés ordenó la retirada hacia Cascais; los preparativos y la marcha se hicieron en silencio, a medianoche, dejando fogatas encendidas para engañar a los defensores y abandonando el bagaje. Los ingleses recorrieron senderos agrestes para dificultar la persecución de la caballería hispana y evitaron la costa, para no ser blanco de la artillería naval. La mañana siguiente, el conde de Fuentes, con las tropas ibéricas, iniciaba el seguimiento.

Los Doce Apóstoles. El rearme naval español por José Luis Casabán Banaclocha (Katholieke Universiteit Leuven)

Los Doce Apóstoles. El rearme naval español por José Luis Casabán Banaclocha (Katholieke Universiteit Leuven)

El fracaso de la Gran Armada en 1588 no significó el inicio de la decadencia naval de España, ya que la mayoría de los barcos que participaron en ella regresaron a puerto. Sin embargo, sí agravó la escasez de navíos de la Corona al perderse algunas de sus mejores unidades. A finales de septiembre de 1588, Felipe II convocó las Cortes para obtener fondos destinados a reconstruir la flota y fortalecer el poder naval español. De esta forma se inició el mayor programa de construcción naval emprendido hasta entonces: se ordenó la construcción de veintiún nuevos galeones de gran tamaño –seis en Santander y seis en Bilbao (los llamados Doce Apóstoles), seis en Portugal, dos en Gibraltar y uno en Vinaroz–, además del aumento de la producción de otros barcos de guerra, como galizabras, fragatas y filibotes. Este esfuerzo consolidó las armadas permanentes y reforzó la Armada del Mar Océano, con bases estratégicas en Lisboa, Ferrol, Santander y Pasajes.

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