Rusia 1812 (II) - La batalla de Borodinó

Desperta Ferro Historia Moderna

n.º 26
Febrero 2017
batalla de Borodinó
7€IVA incluido

Hace menos de un año iniciamos la trilogía dedicada a la campaña de 1812 de Napoleón en Rusia en el que se analizaron los eventos acaecidos desde la entrada de la Grande Armée en los territorios del zar hasta el encuentro de Valútina-Lubino, tras la caída de Smolensko en manos francesas. Esta segunda entrega, nos centramos exclusivamente en el enfrentamiento clave de la invasión, la batalla de Borodinó, que se convertiría en el punto de inflexión de toda la campaña de Rusia. Borodinó fue, para ambos bandos, la jornada más sangrienta de todas las guerras napoleónicas –solo por detrás de Leipzig– y en ello tiene mucho que ver el efecto devastador de las masas sin precedentes de artillería empleadas en la batalla. Pese a que Napoleón había alcanzado la victoria el cazador se convertiría en la presa hasta su derrota, aunque esa es otra historia que retomaremos en el tercer y último número dedicado a Napoleón y Rusia.

Kutúzov toma el mando por Oleg Sokolov (Sankt Peterburgski Gosudarstvenny Universitet)

Tras la batalla de Valútina-Lubino, la vanguardia de la Grande Armée persiguió al ejército ruso en retirada, aunque Napoleón volvió a Smolensko. La pregunta que este se planteaba ahora con urgencia era qué hacer. Su plan se había fundamentado en la seguridad de que habría una ofensiva rusa o, al menos, una batalla general justo en la frontera o no lejos de ella, ya que su objetivo no era ocupar ciudades y territorio, sino derrotar al ejército enemigo. Pero se había perdido la esperanza de que tuviera lugar dicho encuentro y, por otro lado, el ejército francés se encontraba comprometido en exceso y permanecer un año en Smolensko para preparar una nueva campaña era, desde el punto de vista político, una insensatez.

La batalla de Shevardino por Vladimir N. Zemtsov (Yekaterinburg Universitet)

El enfrentamiento de las tropas rusas con las francesas por el reducto de Shevardino, el 5 de septiembre de 1812, fue el primer acto de la batalla de Borodinó. Ambos bandos no solo intentaron competir antes del decisivo encuentro, también descubrieron características claves de sus acciones en la próxima lucha. Al alba de la mañana del 5 de septiembre, la vanguardia de la Grande Armée bajo el mando de Murat –que consistía en los cuerpos auxiliares de caballería I y II, la 5.ª División de infantería del general Compans y caballería ligera de los cuerpos de ejército I y III– se adelantó hacia la retaguardia rusa del teniente general Konovnitsyn.

Las flèches de Bagration y la lucha por Semenovskoye por Jacques Garnier (Institut Napoléon)

El 3 de septiembre, el ejército ruso se posicionó en Borodinó para ofrecer batalla a la Grande Armée, con su ala derecha tras el río Koloch, un afluente del Moskova, y su izquierda, comandada por el príncipe Bagration, apoyada en un bosque que se extendía al norte de la antigua carretera de Smolensko a Moscú. Esta última zona era la que Napoleón consideró el punto más débil del despliegue ruso y donde decidió desencadenar su ataque principal; los cuerpos de Davout y Ney fueron los elegidos para llevar a cabo el asalto contra las flèches y la población de Semenovskoye.

El reducto Rayevski y el raid ruso por Alexander Mikaberidze (Louisiana State University Shreveport)

Mientras los mariscales Ney y Davout atacaban las flèches, Eugenio de Beauharnais se preparó para asaltar las posiciones rusas centrales. En ese momento, las divisiones 1.ª de Morand, 3.ª de Gerard y 14.ª de Broussier y el III Cuerpo de caballería de Grouchy disponían el ataque en la ribera del río Koloch, al tiempo que los voltigeurs de Morand ya luchaban contra los jägers rusos desplegados en los arbustos a lo largo del arroyo Semenovskoye. Las fuerzas de Beauharnais alcanzaban unos 33 000 infantes y 7000 jinetes, aunque solo podría destacar alrededor de 24 000 y 4000 respectivamente para atacar el reducto, apoyados por unos 135 cañones.

Los combates por Utitsa, Andrzej Ziólkowski (Wojskowa Akademia Techniczna)

El V Cuerpo de Ejército de Poniatowski, que contaba con unos 10 000 soldados, iba a volver desde la posición de Shevardino, conquistada el día 5, a la vieja carretera de Smolensko para avanzar a lo largo de la línea Yelnia-Utitsa-Psarevo. Por la izquierda, estaban separados por varios bosques de su vecino más próximo, el I Cuerpo de Ejército; por lo tanto, desde las posiciones polacas no se podía ver a las tropas de Davout y, aún menos, a las más lejanas. Enfrente tenían al III Cuerpo del general Tuchkov I, es decir, una división de granaderos, dos regimientos de jägers, siete regimientos de cosacos y la opolchenie de Moscú y de Smolensko; en total unos 23 000 soldados con 72 cañones. Rodear a un conjunto tan numeroso con solo 10 000 polacos resultaba muy arriesgado pero, aun así, el príncipe Poniatowski aceptó la orden que había recibido de Napoleón e intentó cumplirla.

El segundo ataque al Gran Reducto por Francisco Gracia Alonso (Universitat de Barcelona

Romper el centro del dispositivo ruso parecía la única operación capaz de ser desarrollada por Napoleón. Además, se trataba de atacar de nuevo por el punto más duro de toda la línea: el Gran Reducto o reducto de Rayevski. Pero esta vez, a diferencia de lo sucedido por la mañana, el príncipe Eugenio tendría las fuerzas necesarias para intentar su conquista. Una batería de 150 piezas bombardearía tanto el reducto como las posiciones de la infantería rusa para ablandar el terreno a la acción de los infantes propios y, especialmente, de la caballería.

Napoleón y la batalla de Borodinó ¿Una Enstcheidungsschlacht fallida?, por Pierre O. Juhel

Desde el inicio de la campaña, Napoleón y la Grande Armée persiguieron al ejército ruso con la esperanza de librar una Enstcheidungsschlacht, una “batalla decisiva” mediante la cual el emperador francés, gracias a la superioridad numérica y cualitativa de sus tropas, pretendía obligar a su adversario a pasar bajo las horcas caudinas. Mientras, los rusos, tras haberse retirado desde la frontera occidental hasta las cercanías de Moscú, los rusos no podían, desde el punto de vista moral y político, abandonar su vieja capital sin combatir. Este fue el contexto en el que se prepararon para enfrentarse al invasor en un campo de batalla elegido y preparado: Borodinó y sus cercanías. Lo cierto es que la estrategia evasiva había sido fructífera pues, debido a los combates y batallas dilatorias, el grueso de la Grande Armée se había desgastado en avances bruscos persiguiendo al enemigo en un país pobre por naturaleza y, además, devastado por sus habitantes, quienes al retirarse habían aplicado una táctica de tierra quemada.

Introduciendo el n.º 27, Breitenfeld por Daniel Staberg

La batalla, que tuvo lugar el 17 de septiembre de 1631, fue un punto de inflexión significativo en la Guerra de los Treinta Años. Anteriormente, la invasión sueca del Sacro Imperio Germánico había supuesto, como mucho, un limitado éxito. Aunque Gustavo Adolfo había conseguido asegurar una cabeza de puente en Pomerania, se había mostrado incapaz de levantar el sitio católico de Magdeburgo, ni de atraer a su campo a alguno de los grandes príncipes protestantes. Tras ella, sin embargo, logró hacerse el dueño de gran parte del Imperio y los protestantes alemanes acudieron en tropel bajo sus banderas.

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