El 7 de agosto de 1942, una numerosa flota anfibia se presentó ante las costas de una isla que pocos, en el hemisferio occidental, habían oído nombrar jamás. Cubierta de bosques y de crestas herbosas y surcada por ríos que abrían profundos surcos en el terreno, Guadalcanal se iba a convertir, durante el medio año siguiente, en el punto focal de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. Lo que estaba en juego era, a priori, algo ridículo, una simple pista de tierra en el extremo inferior de la cadena de las islas Salomón, pero cuando el alto mando estadounidense envió a la 1.ª División de Marines, una unidad de élite, a conquistarlo, la importancia del lugar se multiplicó. Ya no se trataba del control de un simple aeródromo, sino del devenir mismo del conflicto. Asediados, viendo cómo sus flotas los abandonaban o eran hundidas a cañonazos, y cómo sus aviones vivían una existencia precaria hasta ser derribados, en la batalla de Guadalcanal los marines se enfrentaron a un enemigo dispuesto a todo para expulsarlos de allí.
El final de la expansión japonesa por Aldric Hama y Jason Morgan (Reitaku University)
La expansión territorial del vasto Imperio japonés entró en una fase crítica a finales de 1941, coincidente con el ataque de la Marina y el Ejército imperiales a Pearl Harbor, Singapur, Hong Kong, las Filipinas, Guam y otros lugares, que, en cierto modo, terminó con la derrota militar nipona en Guadalcanal en febrero de 1943. En retrospectiva, muchos historiadores contemporáneos han llegado a la conclusión de que Japón nunca tuvo la capacidad de conservar un territorio tan extenso, especialmente contra los múltiples asaltos de enemigos provenientes de los cuatro puntos cardinales. Una mirada al mapa del Imperio japonés nos lleva a preguntarnos cómo fue posible que un Estado insular aspirara a patrullar y defender semejante extensión oceánica y unas islas tan distantes. Sin embargo, es importante recordar que la expansión japonesa en el Pacífico sur fue parte de una amplia reacción a, al menos, otros cuatro procesos semejantes fuera de las zonas controladas por Tokio.
El compromiso ganador. Los planes y preparativos de la Operación Watchtower por Trent Hone
El 25 de abril de 1942, el almirante Chester Nimitz, comandante en jefe de la Flota del Pacífico estadounidense y del Teatro de Operaciones del Océano Pacífico, se reunió en San Francisco, California, con el almirante Ernest J. King, comandante en jefe de la Marina estadounidense y jefe de Operaciones. Era su primera conferencia en tiempos de guerra, y se enfrentaban a una situación muy difícil. En los cuatro meses anteriores, las fuerzas del Japón imperial habían conquistado el Pacífico occidental, aislando las Filipinas, capturando Singapur y ocupando las Indias Orientales Neerlandesas. La embestida nipona había amenazado incluso con aislar Australia. Tras el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt había nombrado comandante en jefe de la Marina al almirante King, y este, en una de sus primeras órdenes, había encargado al almirante Nimitz, recién destinado al puesto de comandante en jefe de la Flota del Pacífico, que defendiera Hawái y conservara la línea de comunicaciones entre la costa oeste estadounidense y Australia.
Amanecer en Guadalcanal. El desembarco de los marines por John Domagalski
Tras el ataque sorpresa contra la Flota del Pacífico estadounidense en Hawái, el 7 de diciembre de 1941, las fuerzas japonesas lanzaron ofensivas por todo el océano. Los inmensos territorios obtenidos fueron parte de una estrategia destinada a construir un sector defensivo para proteger el imperio de los contraataques. Las victorias estratégicas norteamericanas en el mar de Coral y en Midway, en mayo y junio de 1942, detuvieron la expansión nipona y prepararon el escenario para la primera operación ofensiva de Washington. Aquella mañana del 7 de agosto de 1942, el amanecer asomó silencioso sobre las aguas de Guadalcanal. Con las primeras luces, el contralmirante Richmond Kelly Turner, que navegaba a bordo del transporte USS McCawley, pudo observar aquella hermosa isla de exuberante vegetación. Era el jefe de la Task Force 62, la Fuerza Anfibia del Pacífico Sur, y los marineros y marines a su cargo estaban a punto de desencadenar la Operación Watchtower, la primera invasión anfibia estadounidense de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, cuyo objetivo eran las islas Salomón, en el extremo sudoriental del Imperio japonés.
La batalla de la isla de Savo por Mark W. Stille
La campaña naval más larga de la Guerra del Pacífico comenzó el 7 de agosto de 1942, cuando los Estados Unidos desencadenaron su primera ofensiva de la Segunda Guerra Mundial. El objetivo de la iniciativa era un aeródromo incompleto en la isla de Guadalcanal, en el extremo sur de la cadena de las Salomón. En cuanto el vicealmirante Mikawa Gunichi, comandante en jefe de la Octava Flota, con base en Rabaul, se enteró del desembarco enemigo, decidió organizar un ataque nocturno con todas las unidades de superficie disponibles. A las 8.30 horas del 7 de agosto, ordenó que sus cinco cruceros pesados se reunieran en Simpson Harbor. Entre ellos se hallaban su buque insignia, el IJN Chōkai, y los cuatro del 6.º Sentai (escuadrón) –únicos buques de toda su fuerza que tenían experiencia operando juntos–, fondeados en Kavieng, fuera de alcance de los ataques aéreos aliados. A la fuerza de Mikawa se añadieron dos viejos cruceros ligeros del 18.º Sentai y el único destructor disponible. Eran las 14.30 horas cuando esta fuerza improvisada recibió sus órdenes y, bajo el mando personal del vicealmirante, abandonó Simpson Harbor.
La carga suicida del Destacamento Ichiki por Rubén Villamor Serrano
El inicio de la batalla de Guadalcanal, en agosto de 1942, provocó un auténtico caos en el Pacífico sur. El desembarco enemigo en una de sus posesiones de las islas Salomón fue una sorpresa para los japoneses, mientras que para los soldados de la 1.ª División de Marines fue un auténtico shock saber que se habían quedado aislados tras el revés sufrido por su flota en la batalla de la isla de Savo. A partir de entonces, ambos bandos comenzaron a improvisar y elaborar sus propios planes para adelantarse a sus oponentes, tal y como hicieron los nipones cuando movilizaron el Destacamento Ichiki, que chocaría contra los estadounidenses en Alligator Creek. Después de que, el 7 de agosto de 1942, los soldados de la 1.ª División de Marines desembarcaran en Guadalcanal y se apoderaran del aeródromo de la isla, los soldados defensores que huyeron hacia la jungla no tardaron en transmitir por radio todo lo ocurrido a la comandancia del Decimoséptimo Ejército japonés, con base en Rabaul, Nueva Bretaña, donde, esa misma noche, los altos mandos convocaron una reunión de urgencia.
De Trípoli a Guadalcanal. La 1.ª División de Marines por Roberto Muñoz Bolaños (Universidad Camilo José Cela, Universidad del Atlántico Medio)
El Cuerpo de Marines tiene su origen legendario el 10 de noviembre de 1775, cuando el Congreso Continental autorizó la formación de dos batallones de Marines Continentales (Continental Marines), cuya referencia fueron los Marines Reales (Royal Marines) británicos. Estas primeras unidades de infantería de marina fueron disueltas en 1783, tras el final de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, cuando dejaron de ser útiles; pero esta situación iba a cambiar como consecuencia de las tensiones derivadas de la Revolución francesa y de la expansión comercial norteamericana en el mar Mediterráneo. El 11 de julio de 1798, el Congreso de los Estados Unidos creó el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, dentro del Departamento de Guerra, para dotar a las nuevas fragatas que se estaban construyendo de una fuerza armada. Su función era la de mantener el orden y garantizar la seguridad interna de los buques de guerra y, paralelamente, actuar como infantería ligera con sus mosquetes y constituir las fuerzas de abordaje o contra abordaje en los combates.
La batalla de Bloody Ridge por Martijn Lak (Erasmus Universiteit Rotterdam)
Cuatro semanas después del desembarco en Guadalcanal, los marines iban a combatir en una intensa batalla contra las fuerzas japonesas enviadas para echarlos de allí y conquistar el esencial aeródromo de la isla. Esta acción, que tuvo lugar entre el 12 y el 14 de septiembre de 1942, ha pasado a la historia como la batalla de Bloody Ridge (“la cresta sangrienta”). Las fuerzas del Ejército Imperial japonés en la isla estaban encuadradas en el Decimoséptimo Ejército bajo el mando del teniente general Hyakutake Haruyoshi, nombrado para el puesto en mayo, cuya tarea fundamental, en la que al final fracasaría, era recuperarla. Resulta llamativo que Hyakutake prestara poca atención al terreno y al enemigo al que se enfrentaba. A la vez, se dieron una serie de circunstancias que, sin duda, habrían “paralizado” a casi cualquier jefe militar. También se ha indicado que, si bien los mandos de primera línea del Ejército Imperial japonés eran valientes y experimentados, “carecían de algún grado efectivo de flexibilidad o iniciativa”, lo que quedaría evidenciado en esta acción.
Matanikau. El río de la muerte por Dave R. Holland
Con sus 20 km de largo, el río Matanikau surca barrancos enmarañados y colinas cubiertas de jungla antes de desaguar en el estrecho de Savo. Sus empinadas orillas y la asfixiante vegetación lo convierten en un obstáculo intimidante, y la barra de arena de su desembocadura es el único punto por el que pueden pasar vehículos. En esta región se sucederían, entre agosto de 1942 y enero de 1943, cinco grandes batallas e innumerables escaramuzas. Sin embargo, más allá de los especialistas en Guadalcanal, su importancia ha pasado desapercibida. Los combates en torno a su cauce se convirtieron en el punto de inflexión de la batalla terrestre por Guadalcanal. Estadounidenses y japoneses maniobraron por dominar esta región a sabiendas de que era la clave para controlar Henderson Field. Para los primeros, la victoria requería avanzar hacia el oeste a través del río; los segundos pretendían progresar en dirección contraria por el mismo lugar.







