La caída de Constantinopla

Desperta Ferro Antigua y Medieval

n.º 84
Julio 2024
Caída de Constantinopla 1453
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Entre el estruendo de inmensos cañones y los gritos de júbilo de las huestes del sultán, el 29 de mayo de 1453 caían las últimas defensas de Constantinopla. Para evitar ser capturado, el emperador Constantino XI Dragases se arrojó espada en mano sobre las tropas enemigas, alcanzando así una muerte tan heroica como inútil. Su cabeza, cercenada, fue colgada de una columna desde la que el joven sultán turco, Mehmed II, pronunció un discurso triunfal ante sus tropas. Así, tras cincuenta y tres días de durísimos combates y penurias, terminaba el asedio de la que había sido la capital del imperio durante cerca de mil años. Un asedio en el que tuvieron cabida episodios tan variados como batallas navales en el Cuerno de Oro, el traslado de la flota otomana a través de las colinas para burlar las cadenas bizantinas, una espectacular guerra de minas y contraminas, luchas desesperadas en torno a adarves defendidos heroicamente por los genoveses y venecianos capitaneados por Giovanni Giustiniani, y muchos otros episodios que dan cuenta de lo trepidante que fue el que quizá fuera el asedio más célebre de la historia. Tanto es así, que convencionalmente se emplea a menudo para marcar el final de la Edad Media y el inicio de la Moderna. Ilustración de Radu Oltean.

Caída de Constantinopla 1453

El coloso moribundo. La decadencia de Bizancio por Encarnación Motos Guirao (Universidad de Granada)

¿Cómo pudo este imperio cristiano tan inmenso y renombrado dejarse conquistar? ¿Por qué fue incapaz de defenderse del ataque enemigo tal y como había hecho durante sus diez siglos de historia? Estas son algunas de las preguntas que se abren ante la decisiva conquista otomana y cuyas respuestas se encuentran en el gran deterioro arrastrado por el imperio desde fines del siglo XIV que condujo a su colapso a mediados del siguiente.

El largo camino a la gloria. Nacimiento y crecimiento del Estado otomano por Feridun M. Emecen (İstanbul 29 Mayis University)

El largo camino a la gloria. Nacimiento y crecimiento del Estado otomano por Feridun M. Emecen (İstanbul 29 Mayis University)

Los otomanos entraron en la historia a principios de del siglo XIV con un pequeño principado en las fronteras orientales del Imperio romano de Oriente. En muy poco tiempo, y aprovechándose de las condiciones políticas, sociales y económicas de la región, crecieron hasta convertirse en un gran Estado. El particular clima político del periodo fue uno de los factores que explican su asombroso crecimiento y, sobre todo, las oportunidades estratégicas de la región en la que se asentaron.

Estrechando el cerco. Los preparativos otomanos antes de la conquista por Evrim Türkçelik (Social Sciences University of Ankara)

Estrechando el cerco. Los preparativos otomanos antes de la conquista por Evrim Türkçelik (Social Sciences University of Ankara)

Los bizantinos no podían prever que el joven sultán Mehmed II, cuando subió al trono otomano por segunda vez en 1451, iba a representar una amenaza tan formidable para la supervivencia de Constantinopla o, lo que es lo mismo, para la existencia del milenario Imperio bizantino. El flamante sultán, pese al menosprecio de los gobernantes bizantinos y de sus aliados occidentales debido a su temprana edad y falta de experiencia, albergaba desde hacía mucho tiempo la idea de una gran conquista, y veía en la de Constantinopla la consolidación de su sultanato.

Las huestes del sultán por Hüseyin Serdar Tabakoğlu (Kırklareli Üniversitesi)

Las huestes del sultán por Hüseyin Serdar Tabakoğlu (Kırklareli Üniversitesi)

La tradición militar otomana hundía sus raíces en las prácticas militares de Asia Central, en las instituciones militares islámicas e incluso, en menor medida, en influencias bizantinas; pero de las tres mencionadas la predominante era claramente la primera.

Como un dragón salvaje por José Soto Chica (CEBNCh de la Universidad de Granada)

Como un dragón salvaje por José Soto Chica (CEBNCh de la Universidad de Granada)

El asedio de Constantinopla fue la operación militar más grande de toda la Edad Media en Europa y el Mediterráneo. El ejército otomano era “como un mar embravecido” que, desde el 6 de abril de 1453, amenazaba con engullir aquella “nueva arca de Noé” en que se había transformado Constantinopla.

Los cañones del Conquistador por Gábor Ágoston (Georgetown University)

Los cañones del Conquistador por Gábor Ágoston (Georgetown University)

La historiografía tradicional ha considerado la conquista de Constantinopla como uno de los ejemplos más nítidos de la denominada “revolución de la pólvora” y de la importancia que en adelante cobraron los cañones en la práctica militar.

Una batalla digna de ser cantada. Los últimos días de Constantinopla por José Soto Chica (CEBNCh de la Universidad de Granada)

Una batalla digna de ser cantada. Los últimos días de Constantinopla por José Soto Chica (CEBNCh de la Universidad de Granada)

El martes 29 de mayo de 1453 el último emperador de los romanos moría combatiendo a los turcos en la puerta de San Romano. Su cuerpo quedó extraviado entre la horrible confusión que formaban los cadáveres y moribundos que se amontonaban en el lugar, pero su fama alcanzó lo que un poeta bizantino del siglo VII denominó “El paraíso de una batalla digna de ser cantada”.

Las consecuencias del cataclismo por Panagiota Papadopoulou (Universidad de Granada)

Las consecuencias del cataclismo por Panagiota Papadopoulou (Universidad de Granada)

La toma de Constantinopla por los turcos otomanos en el año 1453 no fue un acontecimiento inesperado. En realidad, supuso el final del largo proceso de desintegración de un Estado, conocido como Bizancio, que durante más de un milenio fue lo más brillante que existió en Europa y en el Mediterráneo oriental. Durante su larga crisis, de casi tres siglos, a una serie de debilidades internas (conflictos políticos, sociales, religiosos e ideológicos) le sobrevinieron dos factores externos que precipitaron su desaparición: las cruzadas, que hicieron insalvable la ruptura entre las Iglesias cristianas de Oriente y Occidente, y la funesta penetración económica de las potencias comerciales occidentales y, en especial, de Génova y Venecia.

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