Cambrai 1917

Desperta Ferro Contemporánea

n.º 72
Noviembre 2025
Batalla de Cambrai 1917 primera guerra mundial
7,50€IVA incluido

A las 6.30 horas del 20 de noviembre de 1917, los británicos iniciaron un nuevo bombardeo preparatorio, esta vez en el sector del campo de batalla de Cambrai, una región tranquila conocida como el “sanatorio de Flandes” porque allí iban a recuperarse los combatientes alemanes. El trueno de los obuses no tardó en ser sustituido por un ruido de motores y metal. Instantes después, los soldados del káiser vieron abalanzarse sobre ellos una aterradora oleada de cañones y ametralladoras montados sobre cadenas, que arrasaron las alambradas y llenaron de muerte las trincheras. Si bien muchos de ellos se habían enfrentado antes a los carros de combate británicos, nunca habían visto tantos juntos, y en algunos sectores cundió el pánico. Masnières, Marcoing, Anneux y Fontaine se convirtieron en horas en lugares de memoria, cubiertos de muertos y heridos, castigados por las explosiones, las trincheras volvieron a estallar en mil pedazos. Dos días duró el asalto británico, cuarenta y ocho horas hasta que la batalla se concentró en Bourlon y en su bosque, donde los golpes iban a durar otra semana, hasta que el general Haig, cansado del fracaso, decidió cancelar la operación. Entonces los alemanes contraatacaron, pero ni su experiencia ni las nuevas tácticas fueron suficiente para permitirles superar las trincheras. El 7 de diciembre terminó la batalla y ambos contendientes empezaron a pensar en 1918.

El año del desastre y la esperanza por Lon Strauss (Marine Corps University)

El año del desastre y la esperanza por Lon Strauss (Marine Corps University)

Para los aliados, 1917 inspiraba al mismo tiempo desesperanza y expectación hacia una posible victoria futura. En febrero, aunque la revolución había derrocado al zarismo en Rusia, el nuevo Gobierno optó por permanecer en la contienda, hasta que una nueva revolución en octubre condujo a una guerra civil y, al año siguiente, a un riguroso acuerdo de paz . También en octubre, una ofensiva combinada austro-alemana atravesó el frente italiano en el río Isonzo, derrumbó las líneas y a punto estuvo de sacar a Italia de la guerra, mientras que, para Francia, su propia ofensiva, concebida para conducir a la victoria final, fracasó y, de hecho, provocó amotinamientos en su Ejército. Para las Potencias Centrales, 1917 fue el año que apuntaló las expectativas de una victoria en 1918, pero los aliados también albergaban la esperanza de que el año siguiente pudiera sentar las bases para el triunfo, con Estados Unidos inmerso en la guerra desde abril y con algunas victorias puntuales que presagiaban los cambios en la guerra por venir.

Cambrai, una decisión compleja por Javier Veramendi B

Cambrai, una decisión compleja por Javier Veramendi B

La ofensiva británica en Cambrai no fue fruto de una necesidad de conquista estratégica u operacional. La localidad, si bien era un nudo de comunicaciones importante, no era crucial para ninguno de los dos contendientes, y su única ventaja, geográficamente hablando, era que una penetración desde allí podía amenazar todo el tercio norte del frente alemán. Sin embargo, para que esto fuera así los atacantes tenían que ser capaz de avanzar profundamente en el dispositivo enemigo, algo que no había sucedido desde 1914. En realidad, la elección de Cambrai se debió a otros factores como el fracaso de la ofensiva en Flandes, la imaginación del general sir Julian Byng y la ambición del general de brigada Hugh Elles, comandante en jefe del Tank Corps por demostrar la autentica valía de los nuevos medios de guerra que tenía bajo su mando.

La evolución doctrinal de la guerra acorazada por Stuart Wheeler ( Tank Museum, Bovington)

La evolución doctrinal de la guerra acorazada por Stuart Wheeler ( Tank Museum, Bovington)

La batalla de Cambrai 1917, que comenzó el 20 de noviembre, fue, a su escala, la primera acción de armas combinadas de la historia, y muchas de sus lecciones son aplicables hoy en día. Para lograr la sorpresa los británicos tuvieron que emplear el fuego de artillería por estimación, que les permitió acortar el bombardeo previo a unas pocas horas, en vez de varios días, lo que no dejaba de preavisar al contrario; y para destruir las barreras de alambre de espino, una tarea que anteriormente había recaído sobre la artillería, decidieron emplear un arma relativamente nueva, los carros de combate. Pero para que estos últimos, que habían hecho su aparición sobre los campos de batalla del Somme el año anterior, fueran plenamente eficaces, primero había que elaborar una doctrina, un proceso que supuso una intensa discusión entre los partidarios de desperdigarlos y quienes promovían su empleo en masa.

Eingreifentaktik. Las tácticas defensivas alemanas por Andrew Robertshaw

Eingreifentaktik. Las tácticas defensivas alemanas por Andrew Robertshaw

Es fácil imaginar las trincheras del frente occidental durante la Gran Guerra como una “corteza” a través de la cual un atacante tenía que hacer un avance de ruptura. Sin embargo, el desarrollo de las tácticas alemanas tuvo como resultado que, a la altura de 1917, su sistema de trincheras era más similar a una “esponja”, destinada a absorber al asaltante y luego fijarlo, listo para un contraataque inevitable y destructivo en un terreno de su elección. El diseño de las posiciones de la nueva línea Hindenburg permitía a los defensores infligir enormes bajas a los atacantes con fuego de fusil y ametralladora, complementado con la artillería. No obstante, si se perdía una posición, estaba previsto que se organizara un contraataque inmediato (Gegenstross), o bien uno más planificado (Gegenangriff) en uno o dos días. A los defensores se les concedía la facultad de retirarse o eludir un ataque discrecionalmente, y esperar la llegada de divisiones de socorro, que organizarían el contraataque.

El asalto británico por Ismael López Domínguez

El asalto británico por Ismael López Domínguez

A mediados de noviembre de 1917, el área que rodeaba Cambrai, conocida como Flanders Sanatorium, estaba ocupada por los soldados alemanes de los grupos Arrás y Caudry, pertenecientes al Segundo Ejército, comandado por el general Georg von der Marwitz. Desplegadas en un frente de 11 km, las unidades allí destinadas pasaban por un proceso de descanso y reorganización. Sus labores principales se centraban en la mera guarnición, la construcción y el mantenimiento de las fortificaciones que protegían la línea germana de posibles ataques. Cambrai era la definición precisa de lo que se conocía en el teatro occidental como “frente tranquilo”. No había, de acuerdo con la inteligencia alemana, nada por lo que preocuparse. Es más, el 16 de noviembre, el Segundo Ejército emitió un informe a instancias superiores donde advertía que la infantería enemiga estaba tranquila, salvo por acciones menores, y que trabajaba de forma diligente en sus propias fortificaciones. El reporte terminaba con un: “no se esperan grandes ataques enemigos en un futuro próximo”

Bourlon, el punto crítico por Matthias Strohn (University of Buckingham)

Bourlon, el punto crítico por Matthias Strohn (University of Buckingham) 

El bosque de Bourlon, localizado sobre la cresta del mismo nombre y por el que se combatió entre el 23 de noviembre y, aproximadamente, el 4 de diciembre de 1917, fue uno de los objetivos fundamentales de la batalla de Cambrai 1917. Capturarlo no solo aseguraba una posición elevada, sino que también proporcionaría a los británicos una ubicación ventajosa para futuras operaciones. Desde esta posición, que dominaba el oeste de la ciudad de Cambrai, era un lugar densamente arbolado y atravesado por una red de caminos que dificultaba la orientación. Las alturas proporcionaban un excelente punto de observación sobre los alrededores, entre ellos, la línea Hindenburg y la carretera hacia la capital de la región, de modo que su captura abría la posibilidad de nuevos avances por el territorio controlado por los alemanes. Así, la contienda por este lugar fue una de las fases más violentas de la batalla, una que puso de manifiesto tanto las promesas como los peligros de las ofensivas del final de la guerra.

El nacimiento de los “tanques” por Craig Moore

El nacimiento de los “tanques” por Craig Moore

Durante los primeros años de la Gran Guerra, los combates en la Europa noroccidental condujeron a un estancamiento en el que los soldados sobrevivieron en pésimas condiciones metidos en trincheras defensivas a unos pocos metros del enemigo, y cuando los hombres trepaban de los parapetos para participar en un ataque, las modernas ametralladoras mataban a miles de ellos en minutos a cambio de progresos muy escasos sobre el terreno. En estas circunstancias, los carros de combate revolucionaron la forma de hacer la guerra. Podían aplastar, cortar y arrancar las barreras de alambre de espino que surcaban la tierra de nadie, silenciar las ametralladoras alemanas y disparar hacia el interior de las trincheras mientras pasaban por encima o recorrían sus laterales. Entonces, la infantería de apoyo podía ocupar y defender el terreno mientras los blindados seguían progresando. Pero antes tuvieron que resolver muchos problemas: los tanques eran mecánicamente poco fiables y sus tripulaciones luchaban en condiciones de calor y ruido extremos y respiraban los gases nocivos del motor. Las cadenas sobre las que se desplazaban podían recorrer terrenos difíciles, pero tenían limitaciones.

La contraofensiva del príncipe Ruperto por Gary Sheffield (King’s College London)

La contraofensiva del príncipe Ruperto por Gary Sheffield (King’s College London)

Durante 1917, en Arras en abril, en Messines en junio, en Ypres (Passchendaele) de julio a noviembre y el 20 de noviembre en Cambrai, los ataques británicos habían venido acompañados por bombardeos aplastantes. Los alemanes los llamaban Trommelfeuer porque estar bajo uno de ellos era como ser amartillado por un percusionista gigante enloquecido. Lo que había pasado era que, tras un inicio un tanto irregular, los miembros de la Royal Artillery eran cada vez más temibles según adquirían experiencia y desarrollaban técnicas científicas y tácticas más avanzadas. Hasta que, en Cambrai, el Ejército alemán desencadenó una gran contraofensiva. La artillería del káiser cumplió a la perfección con su papel. “Rumm, rumm, rumm, rumm” escribió Von der Goltz imitando el tronar de los cañones “y simultáneamente, las turbadoras lenguas de fuego brotan de detrás de setos y arbustos, desde las oquedades y las ruinas de las casas […] ¡Qué divertido, Tommy! Nos estamos vengando de los sombríos años en los que hemos tenido que ser pacientes. Largos, largos años en el lado que recibe de los bombardeos, impotentes”.

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