El origen de la humanidad

Arqueología e Historia

n.º 19
Mayo 2018
El origen de la humanidad- Arqueología e Historia
7€IVA incluido

El origen de la humanidad es uno de los temas científicos con mayor incidencia en el interés público. Desde que Darwin y Wallace publicaran sus trabajos sobre la evolución hacia mediados del siglo XIX, se han ido sucediendo hallazgos fósiles de gran trascendencia en distintas regiones de África que van actualizando poco a poco nuestro conocimiento sobre el surgimiento del género humano y sobre las especies de primates emparentados con su génesis. Junto a estos, el estudio de las primeras industrias líticas nos está aportando datos de gran interés que suponen un cambio constante del paradigma anteriormente existente. Hoy en día, sabemos que muchas especies de homininos convivieron en África al mismo tiempo, y se sospecha que las primeras herramientas quizá no fueran obra de los primeros humanos, sino de los ancestros de estos.

La génesis de la humanidad por Eudald Carbonell (IPHES / Fundación Atapuerca)

Los humanos nos preguntamos sobre nuestro origen constantemente. La teoría de la evolución planteada en el año 1858 y formulada por Charles Darwin y Alfred Russell Wallace, a través del concepto de la selección natural, nos dio un marco para poder explicar quiénes somos y de dónde venimos los seres vivos del planeta. Estos dos grandes naturalistas plantearon su teoría en un momento en el que no se habían producido los grandes descubrimientos del registro fósil africano o asiático. La famosa búsqueda del “eslabón perdido” se puso de moda cuando se pensaba que la evolución era lineal, sobre todo en la primera mitad del siglo XX. Ya nadie habla de eslabones, sino de especies, de cronoespecies que configuran un arbusto en el que pueden convivir distintas formas evolutivas del mismo o diferente género. Ha llovido mucho desde entonces y, cada vez más, los descubrimientos y reflexiones que realizamos nos acercan las respuestas, a pesar de la aparente complejidad de la evolución. Con el artículo, se incluye un mapa a doble página con los principales hallazgos fósiles de homininos en África oriental, central y meridional y los yacimientos con la industria lítica más antigua relacionada con el origen de la humanidad.

Adaptarse o extinguirse. Determinantes paleoambientales para la evolución de los homininos por Jordi Nadal (Universitat de Barcelona)

Somos seres vivos, de eso no hay duda. Lo somos porque, como dijera el recientemente fallecido profesor de física de la Universitat de Barcelona Jorge Wagensberg, hemos luchado durante 3500 millones de años, generación tras generación, contra la entropía, contra un entorno constantemente cambiante que nos obliga a readaptarnos, una y otra vez, a la búsqueda de nuestro lugar en el puzle de la biodiversidad, tras nuestro nicho ecológico. Como primates, los humanos deberíamos ser, desde un punto de vista de las probabilidades estadísticas, una especie arborícola, fundamentalmente frugívora, y esencialmente ecuatorial o tropical. En cambio, en tanto que únicos y últimos representantes de la subfamilia de los homininos, somos terrestres bípedos, muy generalistas en nuestra dieta y ubicuistas, habiendo ocupado casi todos los biomas del planeta. Y, además, extremadamente inteligentes y tecnológicos. Acompañando a este texto, se incluye una estupenda ilustración, obra de ªRU-MOR, reconstruyendo un grupo de Australopithecus africanus de hace tres millones de años en un entorno boscoso del sur de África, un paisaje dominado por el agua y un tectónicamente modificado.

Australopitecos y otros homininos antiguos por Scott A. Williams (New York University)

Los primeros homininos evolucionaron a finales del Mioceno (entre 7 y 5 Ma aproximadamente) y proliferaron en muchas variantes distintas, una de las cuales dio origen a nuestro género, Homo. Si bien el título de primer hominino conocido cuenta con muchos aspirantes, cada vez está más claro que este antepasado tenía un aspecto simiesco, aunque ya era probablemente un bípedo a nivel facultativo, y permanecía parte de su tiempo en los árboles y parte en tierra firme. Un grupo de especies a los que coloquialmente llamamos australopitecos (a partir de su género, Australopithecus) y que evolucionó inicialmente en el Plioceno, muestra evidencias inequívocas de una locomoción bípeda en el suelo. Restringidas a ciertas partes del este, el centro y el sur de África, la decena de especies de australopitecos que se conocen diferían en tamaño, dieta y conducta, además de en los ambientes en los que vivían. Los nuevos descubrimientos fósiles y analíticos ayudan a clarificar cuestiones existenciales sobre estos a la vez que a plantear nuevas preguntas destinadas a arrojar luz sobre nuestros orígenes y la evolución temprana del linaje humano. Un gráfico evolutivo, adornado con las mejores ilustraciones de José Luis García Morán, y una ilustración de un primer plano de un Paranthropus boisei obra de Román García Mora complementan este fantástico artículo.

Antropología de los primeros humanos. El Homo antiguo en África por Susan Antón (New York University)

La emergencia de nuestro género tuvo lugar en un momento en que se dieron las posibilidades medioambientales para que esto ocurriera. Los fósiles más antiguos remontan a hace 2.8 Ma, aunque es muy posible que el origen pudiera ser muy anterior. Desde los años 1990, algunos hallazgos fósiles de gran relevancia han puesto de manifiesto la idea de la existencia de múltiples especies de Homo solapadas a partir de los dos millones de años aproximadamente, aunque de nuevo es probable que esta diversidad fuera también anterior. Estos fósiles han sido identificados habitualmente como Homo habilis, Homo rudolfensis y Homo erectus, comprometiendo las ideas de la evolución a partir de una única especie de Homo. Otros fósiles de Homo y Austalopithecus también señalan muchas más similitudes morfológicas de lo que se creía entre estos géneros, en especial en el momento del surgimiento de Homo. De este modo, el registro fósil parece indicar una cierta experimentación de las especies en función de las condiciones medioambientales.

El origen de la tecnología por Tomos Proffitt (University College London)

El ser humano se cifra hoy día en siete mil millones y medio de individuos. Hemos poblado o tenemos presencia en todos los rincones del globo. Hemos visitado la luna y hemos hecho aterrizar robots en Marte. Como especie, nuestra tecnología nos ha permitido multiplicarnos, sobrevivir en los medios más severos de la superficie de nuestro planeta, en el suelo o en los océanos, e incluso en el vació del espacio. La búsqueda de cuándo nos convertimos en una especie tecnológica ha provocado el interés de arqueólogos, paleontólogos y primatólogos durante décadas, y es una de las fuerzas motrices de la exploración continua y la investigación sobre el pasado más profundo de nuestra especie. Estimulantes hallazgos y percepciones recientes nos han puesto al corriente de nuestra comprensión sobre la emergencia de la tecnología lítica y nos han hecho replantearnos nuestro origen y nuestro desarrollo más temprano, puesto que hoy en día contamos con indicios de la existencia de industria lítica con dataciones más antiguas que los fósiles de Homo. Junto a este artículo, una ilustración de Román García Mora reconstruye a un Homo habilis empleando una herramienta lítica para romper el hueso de un animal y acceder al tuétano, junto a algunos ejemplos de la industria lítica más antigua.

La supervivencia de la especie y la competencia por el entorno por Charles P. Egeland (UNCG)

“África oriental, hace 1,8 millones de años. En mitad de un paisaje de bosque abierto, matorrales y hierbas, yace un lago alcalino poco profundo. Varios arroyos fluyen hacia el lago desde las zonas montañosas volcánicas que se alzan dramáticamente en la distancia. A la orilla del lago, brotan parches de espadañas, juncos y palmeras junto a los manantiales que ocasionalmente borbotean desde las grietas de la roca. El lago rebosa de vida. Bandadas de flamencos se alimentan allí, mientras los cocodrilos –entre ellos el formidable Crocodylus anthropophagus (el cocodrilo “come-hombres”)– merodean por las zonas pantanosas y los arroyos. Manadas de jirafas, elefantes y en torno a quince especies distintas de antílope deambulan en el paisaje a la búsqueda de hojas y hierba. Grupos de babuinos gigantes, algunos de los cuales se acercan a los 65 kg de peso, pastan en la sabana abierta mientras los colobos parlotean en los bosques ribereños. Ojeando el entorno, hambrienta, se pasea una horda de peligrosos depredadores, entre los que se incluyen leones, leopardos, hienas manchadas y rayadas, además del ocasional tigre de dientes de sable”. Una magnífica historia que reconstruye las posibilidades de supervivencia de un grupo de Homo erectus en un entorno hoy mejor conocido gracias a las investigaciones recientes en la región de Olduvai. Además, se incluyen una planta de la garganta de Olduvai con los yacimientos y hallazgos más importantes hallados en él, y una ilustración de una escena de competencia entre una leona y un grupo de homininos, realizada por Sandra Delgado.

El humano viajero. Homo erectus y otros humanos antiguos fuera de África por Karen L. Baab (Midwestern University)

Hace cerca de 6 Ma, una especie hoy extinta de mono dio origen a dos ramas distintas del árbol de los primates: una de ellas conduciría a los chimpancés modernos y otra al hombre. Este evento trascendental tuvo lugar en África, y los miembros de ambos grupos permanecieron en dicho continente durante los siguientes cuatro millones de años. El último grupo es el que incluye nuestra propia especie, Homo sapiens, así como otras especies del género Homo, entre ellos Homo erectus. La evidencia más antigua de la dispersión de homininos (los ancestros antiguos del hombre) fuera de África se documenta justo después de los 2 Ma. Desde entonces, las especies del género Homo se dispersaron por el Viejo Mundo desde Europa hasta el este y sudeste de Asia a lo largo del Pleistoceno Inferior (2,59-0,78 Ma) y Medio (0,78-0,126 Ma). Junto al artículo, se incluye un mapa a doble página de la dispersión de Homo erectus por el Viejo Mundo y la posterior dispersión del hombre moderno por todo el planeta.

Y además, introduciendo el n.º 19, El habla de los delincuentes en la literatura del Siglo de Oro por Elena Di Pinto (Universidad Complutense de Madrid)

Una de las jergas sectoriales y marginales de nuestro Siglo de Oro que más se ha reflejado en la literatura ha sido la ‘germanía’, término que designa no sólo “la junta de rufianes y jaques”, sino también “la lengua o jerigonza que hablan los maleantes, rufianes, pícaros, hampones y delincuentes en general”. Resulta curiosa la definición que da Sebastián de Covarrubias de la palabra ‘germanía’ en su Tesoro de la lengua castellana o española, publicado en 1611 (el término lo hallamos bajo la voz ‘Alemania’): “Germanía, el acento en la penúltima, es el lenguaje de la rufianesca; dicho así o porque no los entendemos, o por la hermandad que entre sí tienen”. La documentación que poseemos de este lenguaje nos viene pues a través de la literatura, y por ende sublimado, cuando ya su período de vigencia en la vida real se había prácticamente agotado. Esta “fosilización” no nos impide, sin embargo, ver que hubo distintas épocas en la germanía y que los términos que maneja la literatura son fidedignos. Esta jerga se extendió, a partir de su uso real en la calle, por la literatura en verso y en prosa, en los pliegos de cordel y en el teatro.

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