El inicio de la Operación Barbarroja, el 22 de junio de 1941, dio una excusa a la dictadura para pagar en parte el apoyo recibido durante la Guerra Civil enviando tropas al frente del este. “¡Rusia es culpable!” afirmó Ramón Serrano Suñer desde un balcón de la Secretaría General del Movimiento, dando inicio a una campaña de reclutamiento que no solo no iba a cumplir con las expectativas, sino que iba a iniciar una intensa lucha entre el Ejército y la Falange por el control de la División Azul, nombre que recibió por el color de las camisas de los falangistas, o 250.ª División de la Wehrmacht. Cientos de personas iban a congregarse para despedir a los divisionarios, que tras pronunciar el preceptivo juramento al Fuhrer, tuvieron que recorrer un largo camino hasta Nóvgorod, donde llegaron justo cuando se agotaba la gran ofensiva alemana para enfrentarse al frío intenso y al Ejército Rojo. Posad, Otenski y el lago Ílmen no tardarían en convertirse en el escenario de historias terribles, de frío, de sufrimiento y de valentía ante la adversidad.
España en 1941 por Mercedes Pañalba-Sotorrío (Manchester Metropolitan University)
Entre 1940 y 1941, España, devastada por el hambre y la represión, coqueteó con la entrada en la Segunda Guerra Mundial. Aunque Franco valoró seriamente la intervención, la dependencia comercial de Gran Bretaña y las presiones internacionales, incluidas las alemanas, acabaron limitando su compromiso a la División Azul. Las maniobras españolas, sin embargo, agravaron la crisis económica y alimentaria que asolaba al país. La España de 1941 aún arrastraba las secuelas de la Guerra Civil, un conflicto que se saldó con más de medio millón de muertos y otro medio millón de exiliados y refugiados, que abandonaron el país buscando una vida mejor, aunque muchos no tuvieran más remedio que acabar volviendo. Para quienes permanecieron, especialmente los que no apoyaban al régimen, se abrió un periodo marcado por la represión y el hambre. El periodo más crítico fue entre 1939 y 1942, cuando una hambruna se cobró doscientas mil vidas, afectando especialmente a Andalucía, Extremadura, Murcia y Castilla-La Mancha.
Ejército versus Falange. Voluntariado y reclutamiento por José Luis Rodríguez Jiménez (Universidad Rey Juan Carlos)
En cuanto el embajador alemán le informó del inicio de la Operación Barbarroja, Serrano Suñer acudió de inmediato al palacio de El Pardo, para trasladar al Caudillo la noticia y exponerle el deseo del partido de que se organizara una unidad de voluntarios civiles para combatir a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, añadiendo que los falangistas deseaban ser la mayoría en sus filas. Al parecer, a Franco le agradó la propuesta, pues sería la oportunidad de, sin entrar en la guerra contra Gran Bretaña, hacer un gesto claro a favor de Alemania. No obstante, Franco, preocupado por las ansias de un sector falangista de establecer un Estado totalitario, pensó enseguida en darle otra orientación a la futura unidad militar. En cuanto el cuñadísimo se retiró, Franco planteó el tema al ministro del Ejército, el general José Enrique Varela, y a otros militares. Entonces, varios generales se mostraron contrarios a que la participación española se materializase mediante el envío de una unidad de voluntarios y, con más énfasis, a que el predominio correspondiese a Falange.
La larga marcha de la División Azul por Luis E. Togores ( CEU San Pablo)
Las 15.45 del domingo 13 de julio de 1941, rodeado de una multitud enardecida, partía de la estación del Norte de Madrid la primera expedición de voluntarios. A despedir al Regimiento Rodrigo asistieron miles de madrileños. El lunes 14, a las 7.30 salió en avión Muñoz Grandes rumbo a Berlín. Mientras tanto, todos los voluntarios iban camino de Irún, para luego recorrer la Francia ocupada, rumbo a un campo de entrenamiento situado en Baviera. El 23 de julio llegaron los últimos divisionarios al acuartelamiento de Grafenwöhr. Grafenwöhr era un paraíso militar que dejó asombrado a los voluntarios. Sus acuartelamientos eran sólidos edificios, con camaretas para cada pelotón, situados en una enorme extensión que en algunas partes parecía más un jardín que un campo de entrenamiento militar. La primera impresión de los voluntarios españoles fue la de su incorporación a la máquina militar más perfecta del mundo y la de que la Wehrmacht nadaba en la abundancia, lo que les hizo difícil comprender las penurias que sufrirán en el futuro, ya en el frente.
El perfil del divisionario por Miguel Alonso Ibarra (Universidad Nacional de Educación a Distancia)
A lo largo de sus algo más de dos años de despliegue en el frente oriental, por las filas de la División Azul pasaron unos 47 000 soldados, que compusieron una masa heterogénea de individuos impulsados a alistarse por un conjunto de motivaciones amplio, variado y, en ocasiones, contradictorio. Así, pese a lo que su denominación oficial buscaba subrayar con respecto al carácter “voluntario” de sus integrantes, y, también, aunque el nombre con el que fue popularmente conocida pareciera apuntar a la naturaleza falangista (“Azul”) de la unidad, la 250.ª Infanterie-Division de la Wehrmacht representó, con sus particularidades, un ejemplo clásico del fenómeno del “voluntariado” de guerra en época contemporánea. De un lado, se ha descrito a los divisionarios como un contingente formado en su mayoría por individuos de filiación y militancia falangista, católica y, en todo caso, anticomunista, esto es, clara y explícitamente enrolados por razones de índole política e ideológica. De otro, se ha apuntado que los combatientes de la unidad serían, sobre todo, individuos movilizados mediante la coerción, o en todo caso impulsados por razones mucho más pragmáticas, como lo económico o la necesidad de depurar pasados políticamente comprometidos.
Los combates en torno a Nóvgorod por David Alegre Lorenz (Universitat Autònoma de Barcelona)
Los voluntarios españoles entraron en primera línea del 7 al 17 de octubre de 1941, cubriendo un frente de unos 40 km que seguía la margen occidental del río Vóljov, desde el lago Ilmen, al sur, hasta Miasnoi Bor, al norte. Analizar y comprender el desempeño militar de la División Azul durante el otoño y el invierno pasa por abordar su experiencia de guerra en paralelo al contexto operacional más amplio en el que se enmarcó y los problemas que enfrentaron las unidades vecinas de la Wehrmacht. Un día antes de que se completara el despliegue de las fuerzas españolas, tras la caída de las primeras nieves, el mando del Heeresgruppe Nord puso en marcha tres operaciones simultáneas. Lo que se pretendía, primero, era cerrar el cerco de Leningrado conectando con las fuerzas finlandesas al este del Ládoga; segundo, avanzar 150 km hacia el noreste desde el Vóljov hasta Tijvin; y tercero, confluir con fuerzas del Heeresgruppe Mitte en Vishni Volochok, protegiendo así el flanco izquierdo del avance sobre Moscú.
La sanidad en la División Azul por Margalida Roig Sureda (Universitat Autònoma de Barcelona)
La función de la sanidad era cuidar y proteger la salud de los combatientes destinados al frente. Para ello, debía garantizar que los soldados presentaran una buena condición física al ser movilizados, vigilar su salud e higiene en los espacios de acuartelamiento y combate y, en caso de heridas o enfermedades, organizar su evacuación y tratamiento. En última instancia, el objetivo principal era devolverlos al frente o, si se consideraban no aptos para el servicio, repatriarlos a España. Para lograrlo, se creó un tribunal médico mixto encargado de evaluar la aptitud física de los españoles movilizados. Además, se establecieron medidas para prevenir enfermedades y la propagación de infecciones y parásitos, tanto entre los soldados como en los animales que compartían espacio con ellos, ya fuera para consumo o transporte. Los enfermos y heridos, humanos o animales, debían ser evacuados para recibir tratamiento y aliviar a las tropas de quienes no podían rendir por agotamiento o enfermedad.
El batallón Román y la bolsa del Vóljov por Roberto Muñoz Bolaños (Universidad Camilo José Cela, Universidad del Atlántico Medio)
En diciembre de 1941, como escribió Román Jiménez, las cabezas de puente alemana y española existentes al este del Vóljov no tenían ya ningún interés estratégico, puesto que la ofensiva de las fuerzas invasoras hacia el norte había sido frenada. El día 10 todas las unidades españolas habían vuelto a cruzar el río para situarse en las posiciones de partida que tenían dos meses antes para intentar estabilizar el frente. Sin embargo, la ofensiva soviética no se había detenido. Udarnik y Gorka sufrieron ataques el día de Navidad, pero las tropas soviéticas fueron rechazadas en las jornadas siguientes por los hombres del 2.º Batallón del 269.º Regimiento, jienenses en su mayoría y a las órdenes de un comandante nacido en esta ciudad andaluza, Miguel Román Garrido (1899-1960), que defendieron las posiciones de la Intermedia y la Ermita y ocasionaron numerosas bajas a los soldados del Ejército Rojo. Tras estos duros combates, la unidad de Román, que había perdido ciento diez hombres, se retiró a Tschechulino para descansar y reponer sus compañías con nuevos reemplazos.
La novelística divisionaria. Del idealismo a la realidad de las trincheras por Valeria Possi
El paso de los combatientes de la División Azul por los campos de batalla en la Unión Soviética dejó una gran cantidad de obras dedicadas a las hazañas de este contingente, escritas por los mismos divisionarios y publicadas entre los años cuarenta y setenta del siglo pasado. Gran parte de esta literatura está integrada por textos híbridos que mezclan vivencias, ficción y recuerdos ficcionalizados, situándose muchos de estos a caballo entre lo imaginativo y lo experiencial y memorialista, sin decantarse claramente por ninguna de las dos opciones. Esta amplia producción literaria acerca de los hechos históricos concernientes a la División Azul por parte de escritores divisionarios –en su mayoría, de abierta militancia falangista– se debe a varios factores, entre los cuales es menester destacar el gran valor simbólico e ideológico de una guerra librada contra el enemigo ontológico de los regímenes fascistas europeos del siglo XX, a saber: el comunismo soviético. Y, además, en el propio territorio ruso.







