guerra en África

Ante una potencial guerra en África, soldados nigerinos entrenan en Diffa, Níger. Fuente: Wikimedia Commons.

Surgen entonces, todo tipo de preguntas, tanto entre los atacantes y los atacados, en ambos contendientes, y en el grupo de observadores afines a ellos, sobre la situación de preguerra, o el «antes de la guerra», el momento de las amenazas mutuas, dejando para más tarde aquellas relativas a la evolución del conflicto, al «durante la guerra» y, por supuesto, las correspondientes a las consecuencias del mismo, al «después de la guerra».

En todo caso, para evitarla y no despertar a los demonios que la acompañan, es necesario, más que nunca que los contendientes reflexionen, que se planteen en los momentos de preguerra, como dijo Horacio y, más tarde, Kant y Schiller, el sapere aude, el tener el valor de usar su propia razón, atreverse a saber, a pensar en suma para conocer la verdad sobre los hechos reales, para comprender cual es la situación…

Todo el mundo es consciente de que los golpes de Estado bajo mano militar en el continente africano, y más ahora en la región del Sahel, en concreto  los más recientes, de Mali, Guinea Conakry, Chad y Burkina Faso con éxito (junto al fracasado de Sudán) y en Níger (el actual ahora triunfante), considerados una epidemia saheliana, no son, en general, la solución, aunque los golpistas crean en ello, a los problemas que les aquejan: violencia terrorista (de Al-Qaeda, a través del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes -JNIM-, y de la Provincia del Estado Islámico en el Sahel, antes Estado Islámico del Gran Sahel -EIGS-), del crimen organizado, corrupción, mal gobierno, la crisis económica acentuada con la pandemia COVID-19, aumento de las desigualdades sociales, recursos naturales esquilmados, fallos en su soberanía; problemas todos exacerbados con la aparición de partidos políticos con un marcado carácter étnico que más que unir a la sociedad la dividen con violencias tribales, y de gobiernos que se aferran al poder sin aportar soluciones democráticas a los problemas aludidos.

Unos golpes que, amen de haber sido condenados por diversas organizaciones occidentales, también lo fue en su día por la UA por no ver con buenos ojos la militarización a la que parece abocado el continente africano; razón por al que, en la XXXV Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de dicha organización (celebrada en Adis Abeba el 6 de febrero de 2022) propuso como solución, que los autores fueran juzgados de inmediato y que sus países sufrieran sanciones.

Posible razón por la que ahora, en el caso de Níger, la CDEAO (Comunidad Económica del África Occidental) haya amenazado a dicho país, si no devuelve el poder al presidente derrocado, Mohamed Bazoum, con una intervención militar, ahora al parecer asegurada con unas fuerzas (FAC: Fuerza de Reserva, antes ECOMOG) ya dispuestas a intervenir un posible día D ya fijado; una organización que, atrás en el tiempo, desde su creación en Lagos en 1975, al abrogarse la capacidad de imponer sanciones económicas y comerciales, así como la de intervenir militarmente (capacidades no bien vistas por algunas organizaciones internacionales), ya tuvo más de una intervención armada en el continente africano, con éxitos discutibles (en Liberia en 1989; en Sierra Leona en 1991; en Guinea Bissau en 1988-1999; y en Gambia en 2017).

Alzamientos militares, sobre todo los últimos (Mali, Guinea Conakry, Burkina y ahora Níger), considerados de «baja intensidad», que parecen marcar una pauta común en el Sahel dado su origen y la modalidad de desarrollo, primero en cuanto a su motivación: basados en la visión del robo foráneo de sus recursos naturales, de la pérdida de soberanía, en el común cansancio, enfado y descontento social, sobre todo de los jóvenes que, sin futuro, piden un cambio rápido (razón para caer en manos del yihadismo), y, asimismo, militar (incluidas las fuerzas de seguridad), que produce el deterioro constante de la seguridad por la incapacidad de sus respectivos Gobiernos, de sus ejércitos nacionales y por las «falsas» promesas de una fuerte operación militar, en este caso, la francesa, conocida como Barkhane (a las que unen un sentimiento antifrancés creciente acusando de no haber resuelto sus problemas) para acabar con el yihadismo; y, en segundo lugar, en cuanto a su desarrollo: ser dirigidos por militares con experiencia en la lucha contra el terrorismo (lo que da, por su prestigio, esperanza a sus seguidores), asonadas sin violencia con cierto apoyo civil y con poca o escasa resistencia, destitución gubernamental, toma del poder por los militares, y promesa de regreso al orden constitucional (que alargan mas allá del tiempo prometido); en el caso ahora de Níger, la junta militar anuncia un periodo de transición de tres años.

guerra en África

Tropas francesas contactan con la población civil durante la operación Barkhane. Fuente: Wikimedia Commons.

Golpes detrás de los cuales, al aparecer una posterior entrada del grupo mercenario Wagner (punta de lanza de las «operaciones militares -rusas- especiales de estabilización»), se plantea, desde el pensamiento occidental, que la intervención rusa en los mismos, de alguna manera forma parte de la actual guerra fría en el continente africano.

Solución golpista, a la que hay que sumar también aquella que dicen procurar los golpes «blandos» (propiciados por el propio Gobierno para ampliar su mandato (como el reciente de Túnez), que tampoco limitan o evitan la actividad terrorista, sino todo lo contrario ya que permite al yihadismo político presentarse como única vía de solución a dichos problemas.

El golpe de Estado de Níger (26 de julio de este año), bajo tales parámetros, ha generado la posibilidad de una guerra; posibilidad estudiada hasta la saciedad por los analistas conocedores (expertos en su caso) de África en general y del Sahel en particular; la mayoría bajo la idea de que tal conflicto sería nefasto para el continente, razón por la que aluden la solución pacífica por la vía del diálogo diplomático (pero sin profundizar) para resolver el conflicto; lo que ocurre es que las cuestiones de ambos bandos, planteadas para la paz y la guerra, son de momento inasumibles por cada contendiente y aliados.

En esta situación de preguerra, planteada, difundida y exacerbada, en algunos casos, por los medios de comunicación de todo tipo, cabe hacerse, en aquella reflexión del sapere aude, unas preguntas básicas dentro de la complejidad del problema; unas sobre la motivación aludida para acudir a la guerra (las generales y las profundas), otras sobre las fuerzas en presencia (contando, en su caso, con las foráneas) y, asimismo, sobre los objetivos,  diplomáticos y militares, a alcanzar por parte de los atacantes y atacados.

Son, en todo caso preguntas, que, de una forma u otra, circulan en la actualidad en todos los medios de comunicación al hablar del «antes de la guerra», adelantando, aunque queden el aire (en el ámbito de la imaginación y de la Inteligencia prospectiva) aquellas, relativas al tiempo de guerra, el «durante el conflicto», y, por supuesto aquellas relativas a las consecuencias en el tiempo del «después del conflicto».

Desde una visión resumida, en esquema orientativo, se pueden agrupar las siguientes cuestiones a resolver (queda mucha Inteligencia por hacer), las más significativas, en los tiempos citados (algunas cruzando todos esos tiempos o parte de ellos):

Dentro de la actual situación de preguerra

  • La persistente amenaza de intervención armada en Níger (amén de las sanciones ya aplicadas) por parte de la CDEAO, aunque manifieste preferencia a la solución diplomática (a tal fin se ha de contar con el envío a Níger el pasado 19 de agosto de una comisión al efecto); con tal amenaza se trata de dar un mensaje de firmeza para evitar la posible proliferación de golpes de Estado en el futuro.
  • La repuesta armada nigerina y aliados (Mali, Burkina Faso y Guinea Conakri, quienes consideran que un ataque a Níger es un ataque a sus pueblos), respuesta clara pues ante la amenaza de tal intervención, al no ver una salida diplomática en la propuesta de la CDEAO y constatar la situación critica de la sociedad nigerina por el cierre de fronteras, la creciente falta de alimentos y el aumento de precios, fruto de las sanciones (de la CDEAO y organismos internacionales) que la junta militar nigerina califica de ´ilegales, inhumanas y humillantes` (lo que acentuará la respuesta aludida).
  • Situación de amenaza que pudiera diluirse en el tiempo al no ser asumida, por problemas internos, por parte de alguno de los miembros de la CDEAO (en concreto cinco de sus quince miembros), así como por la presión continental (la UA amén de los países en desacuerdo con la CDEAO, como aquellos del África austral y oriental, así como miembros del Magreb), y aquella internacional de quienes no son partidarios del conflicto armado.
  • Las potencias y organizaciones mundiales se manifiestan, con cierta cautela, negativamente a la intervención, salvo Francia que se presenta de acuerdo con las decisiones de la CDEAO, país que no debiera intervenir dado que no obtendría ningún beneficio, ni político, ni económico.
  • Aún por ver, la fuerza de mediación para evitar el conflicto por parte de ciertos líderes religiosos (de mayoría musulmana sunita) y tradicionales.
  • El resultado, el mantenimiento, a la fecha, de la tensión entre el camino del diálogo y la anunciada intervención armada de la CDEAO; tensión que se acentuaría, en su caso, con el procesamiento a Bazoum y su posible ejecución.

Durante el tiempo de guerra

  • Qué fuerzas de la CDEAO intervendrían con capacidad para aguantar el coste que la intervención supondría y superar en el tiempo a las nigerinas y aliadas.
  • Objetivo de la intervención: Niamey (reposición en el poder del derrocado Bazoum) u otras zonas de la geografía nigerina capaces de organizar una resistencia. Objetivo: Bazoum, que desaparecería con su procesamiento y ejecución.
  • Capacidad militar para mantenerlo posteriormente en el poder.
  • Intervención militar foránea en apoyo a la CDEAO. Fuerzas establecidas en Níger: Francia no se ha manifestado, EEUU (que no ha sido hostilizado por la junta militar), desea la solución diplomática y por eso busca naciones aliadas en el continente africano y va a evacuar sus drones ubicados en las bases aérea de Niamey y Agadez.
  • Por otro lado, qué posición tomaría Wagner (en contra de las manifestaciones de Rusia a favor de un «arreglo pacífico» buscando al tiempo defender sus intereses en África) y las tropas españolas en Mali. Asimismo, búsqueda de la paz por parte de la UE que mantiene varias misiones en la zona de conflicto (EUCAP Mali, hasta el 2025; EUCAP Níger y Níger EUMPM, hasta 2024).
  • Posible acentuación de las sanciones de todo tipo a Níger.
  • Sin contar con los muertos y heridos de ambos bandos, qué hacer con los refugiados nigerinos que el conflicto provocaría.
  • Según el general de la Fuerza de Reserva de la CDEAO, la intervención militar sobre Níger sería «quirúrgica y de corta duración», lo que, en principio, parece difícil ante el cierre de fronteras y del espacio aéreo nigerino, así como aquel argelino, la alerta de sus fuerzas armadas, el refuerzo de Niamey y de la gran cantidad de jóvenes voluntarios, a no ser bajo la actuación de las fuerzas francesas u otras occidentales ubicadas en el país.
  • Lo más probable es que se enconarían los enfrentamientos con la intervención de las fuerzas aliadas de Níger, no pudiéndose entonces predecir la duración del conflicto.
  • Participación, en su caso, de los grupos yihadistas regionales en el conflicto, a modo individual o en apoyo a algunas de las fuerzas en contra de la CDEAO (ha tener en cuenta que la religión mayoritaria en Níger y aliados es la musulmana sunita, la misma que la de los grupos terroristas de Al-Qaeda)
guerra en África

Localización geográfica de la región del Sahel en África. Fuente: Wikimedia Commons.

Después de la guerra en África

Y al final del conflicto, las consecuencias, de alguna forma dependientes de la duración del conflicto y de la capacidad de resistencia de los contendientes. En la base de las predicciones apuntadas, las posibles consecuencias de tal guerra podrían ajustarse a lo siguiente:

  • Tras la ruptura de la región saheliana en dos, la división profunda del continente africano también en dos bloques: aquel de los golpistas soberanistas próximos a Rusia y los constitucionalistas de corte occidental; bloques que calientan la guerra fría existente en el continente africano.
  • La debilitación de la UA en beneficio de la CDEAO al no alcanzar un consenso claro de actuación en el continente.
  • Posible desaparición de la CDEAO, si fracasa la intervención en Níger.
  • Caída final de la influencia francesa en África en un proceso iniciado antes en Mali y Burkina Faso.
  • La desestabilización de todos los países africanos intervinientes, en especial de los atacados, lo que conllevaría un agravamiento crítico de los problemas actuales en la región saheliana convirtiéndola en una región fallida, e incluso la sahariana, con posible proyección al resto del continente africano, hacia el Magreb más en concreto y, desde ahí, a Europa.
  • El debilitamiento de los gobiernos sahelianos ante la falta de apoyo para resolver sus problemas y poder defenderse de la violencia yihadista.
  • La desaparición de la moral saheliana (frente ideológico) cara a la lucha contra la violencia yihadista y la superación de los problemas de seguridad y estructurales que les aquejan
  • Qué pasaría con la junta militar nigerina y sus fuerzas armadas, caso de que éstas fueran derrotadas; pregunta prolongada a las de las aliadas a Níger.
  • El refuerzo de la concepción de la región saheliana como frente sur de la OTAN, lo que pudiera propiciar, en su momento (con el fin de la guerra ruso ucraniana), su intervención armada en ella.
  • La injerencia foránea, con un crecimiento sustancial en años de la desestabilización aludida
  • Freno o desaparición de los programas de ayuda al desarrollo a los contrarios a la CDEAO, paralizando la acción estructural necesaria para combatir sus problemas, entre ellos aquel de la violencia yihadista.
  • Acentuación de lo expuesto si se alargara el tiempo de confrontación, con un aumento de la pobreza extrema (exacerbado por el cambio climático), el recrudecimiento de todo tipo de violencia y el descabalamiento del control migratorio. Así como el aumento de la fragilidad social.
  • El posible aumento de la violencia yihadista, que ya está amenazando, entre otros, a Benín, Togo y Costa de Marfil, aprovechando la debilidad de los contendientes, sobre todo de aquellos que actuaban en su contra.

En conclusión, a la vista de lo expuesto, se nos presenta la posibilidad de una guerra, conflicto regional, de consecuencias nefastas, se mire por donde se mire; consecuencias que de momento no parecen ser tenidas en cuenta, ni por la CDEAO, en este caso una organización creada para dar estabilidad en la región y no para todo lo contrario, ni tampoco por la comunidad internacional que, salvo excepciones, se mantiene dividida según intereses, de forma que nadie ha sido, de momento, capaz de frenar la crisis actual.

Así, de momento, los tambores que guerra siguen acallando todas las palabras de aquellos que no quieren una salida bélica, que quieren una salida pacífica a la situación creada con el golpe de Estado nigerino.

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