Francisco Gracia Alonso

En el año 1916, Pere Bosch Gimpera, uno de los fundadores de la Arqueología científica en España, tras alcanzar la cátedra de Historia Antigua y Media Universal en la Universidad de Barcelona, definió los objetivos de la Arqueología bajo tres parámetros: investigación; protección del patrimonio y difusión. Unos principios que había aprendido durante sus estancias en Alemania como becario de la Junta de Ampliación de Estudios entre 1911 y 1914, y que intentará aplicar tanto desde su actividad docente como de gestión al frente del Servicio de Investigaciones Arqueológicas (1915-1939) y del Museo de Arqueología de Barcelona (1931-1939). Las ideas mencionadas no se circunscriben al campo de la historiografía arqueológica. Investigación, conservación del patrimonio y difusión continúan siendo los elementos clave de la arqueología a principio del siglo XXI.

Investigación

La Arqueología es una ciencia específica reconocida como tal desde mediados del siglo XIX, cuenta con un cuerpo teórico sólido y un prestigio social creciente. La investigación hace mucho tiempo que dejó de constituir una actividad romántica de aficionados, siendo en la actualidad una profesión consolidada que cuenta con una elevada demanda en las facultades que imparten docencia de grado y máster, y cuyas salidas profesionales se orientan tanto a la investigación académica, como a la arqueología de intervención, la gestión del patrimonio arqueológico y la difusión cultural.

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Excavación en un yacimiento en Ullastret, un importante núcleo urbano ibérico descubierto en Cataluña. 

 

La Arqueología es una ciencia cronológicamente transversal que analiza las estructuras sociales, económicas, ideológicas y culturales de todos los períodos históricos, desde el proceso de hominización hasta la actualidad, contando con un número cada vez mayor de especializaciones temáticas surgidas a raíz de la definición de nuevos principios teóricos, destacando entre las más recientes la Arqueología del conflicto, que puede analizar desde un campo de batalla de la Guerra Civil inglesa hasta la problemática de la Segunda Guerra Púnica o el proceso de formación de los sistema defensivos en la Albania comunista por indicar algunos ejemplos; la Arqueología del colonialismo, que analiza las vinculaciones teóricas y políticas de la expansión colonial europea y estadounidense durante los siglos XVII al XX a partir de las características de los asentamientos; la Arqueología industrial, que reconstruye los procesos fabriles y su impacto en la ocupación del territorio; la Arqueología de los sin techo, una corriente que en Estados Unidos analiza los procesos de despoblación de las grandes ciudades industriales en época de crisis y la exclusión de la sociedad de una parte de la población a partir de la metodología arqueológica; la Arqueología de género, que analiza la problemática de la relación entre sexos a todos los niveles a través de la Historia, o la Arqueología forense, cuyas intervenciones sobre fosas comunes procedentes de conflictos como las guerras en la antigua Yugoslavia, las guerras civiles en América central o la Guerra Civil española aportan informaciones socialmente comprometidas.

Georadar (Turóbriga, Baetica)

Georadar, sección horizontal: Municipio romano en Turóbriga (Baetica, hoy Provincia de Huelva, España)

La Arqueología es una ciencia interdisciplinar. La investigación actual tan solo tiene sentido cuando se lleva a cabo por parte de equipos amplios, cuyos integrantes aúnan conocimientos de diferentes especialidades para conseguir una correcta reconstrucción de un período social específico. Desde especialidades surgidas en el ámbito de la geografía como los sistemas de información geográfica (SIG) o los análisis demográficos; a las procedentes de la biología como la zooarqueología, la palinología, la sedimentología, la antracología, la paleocarpología; la medicina como la paleoantropología; los métodos de datación absoluta o la metodología de prospección por georradar, por citar tan solo algunas de las mal llamadas ciencias auxiliares. La suma de informaciones que actualmente pueden manejarse en una investigación alcanza un elevadísimo nivel de precisión impensable hace unos años. ¿Quién podría haber supuesto, mediado el último cuarto del siglo XX, que los restos óseos resultado del ritual de cremación documentados en las necrópolis ibéricas podrían aportar informaciones capaces de cambiar nuestra concepción del sistema social ibérico? Y sin embargo, actualmente no solo es posible en muchos casos la identificación del sexo, sino la reconstrucción de sus características biométricas, secuenciar su filiación y definir enfermedades y patologías entre otros datos de indudable interés.

Conservación del patrimonio

España es, junto a Italia, el país con mayor número de yacimientos arqueológicos del mundo. Pero a la riqueza cultural que ello implica deben sumarse los problemas económicos y de protección que supone un legado de tales características. La legislación estatal y autonómica en materia de protección del patrimonio incluye herramientas eficaces en la lucha contra el expolio, y aunque España no sea en estos momentos uno de los principales objetivos de las mafias de tráfico internacional de materiales arqueológicos debido a la facilidad con que pueden obtenerse en zonas de conflicto y la permisividad de las rutas de blanqueo de las piezas en diferentes países europeos antes de su comercialización en los mercados asiático y estadounidense, no debemos olvidar que a principio del siglo XX, y hasta la ley de 1933, España fue un territorio abonado para la venta y exportación –por desgracia en muchas ocasiones legal– de materiales esenciales del patrimonio arqueológico nacional, como el conocido caso de la Dama de Elche, que a fines del siglo XIX recaló en el Museo del Louvre gracias a la intermediación de Pierre Paris, y tampoco cabe olvidar que no hace muchos años la prensa se hacía eco de las andanzas de cierto ladrón de obras de arte cuyas supuestas hazañas supusieron el expolio de un buen número de iglesias. Pese a ello, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado decomisan anualmente un número muy elevado de piezas procedentes del expolio de yacimientos arqueológicos, actuaciones que en ocasiones no tienen la trascendencia y el rechazo social y judicial que serían necesarios para asegurar la protección de nuestro acervo histórico común, pero que en otras se convierten en asuntos de estado, como el pleito mantenido por España con la empresa estadounidense Odissey por el expolio del pecio de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes.

Cabeza de Marco Aurelio

Cabeza de Marco Aurelio (siglo IV), recuperada en la operación Versus

Las dificultades para la preservación del patrimonio arqueológico son obvias, empezando por la disponibilidad de recursos materiales y humanos. Es evidente que ante un patrimonio como el español es necesario ser realista y aceptar que es imposible llevar a cabo una protección integral. Sin embargo, en la actualidad, la arqueología preventiva y la arqueología de urgencia permiten cada año la documentación y catalogación de un gran número de yacimientos arqueológicos que aportan nuevos datos al conocimiento del pasado. Dichos yacimientos, tan solo en un número muy reducido son susceptibles de ser preservados. Lo que verdaderamente importa es la información que puede obtenerse en ellos, la documentación y registro riguroso de los datos. El material arqueológico fuera de su contexto original es tan solo una expresión artística de un período concreto del que puede extraerse información tipológica y cronológica relativa, pero integrado en su contexto deja de ser un ítem para convertirse en un documento histórico cuyo valor estriba en la asociación con el conjunto arqueológico al que pertenece, un documento histórico que adquiere la misma trascendencia e importancia que, por ejemplo, un texto escrito.

Las administraciones públicas y los profesionales de la arqueología tienen la responsabilidad de asumir la protección preventiva del patrimonio mediante la concienciación de la sociedad. Debe evitarse la destrucción y el saqueo en base a la asunción del principio de que un yacimiento arqueológico y los materiales que contiene son parte indivisible de nuestra historia que debe ser investigada y divulgada.

Difusión

A diferencia de lo que sucede en otros países, en los que la iniciativa privada sufraga una parte de los presupuestos en el ámbito de la cultura a partir de leyes de mecenazgo, en España la investigación arqueológica se financia básicamente mediante fondos públicos. Por ello es absolutamente imprescindible que los resultados obtenidos sean conocidos por el mayor número posible de ciudadanos mediante programas de difusión y formación cultural. El desarrollo de nuevas propuestas museográficas ha servido para presentar con éxito yacimientos y colecciones. Los casos recientes de la remodelación del Museo Arqueológico Nacional (Madrid), el Born Centro Cultural (Barcelona), el Museo de la Evolución Humana (Burgos), el Museo Arqueológico de Alicante o el Museo Nacional de Arqueología Submarina (Cartagena) son, en función del éxito de visitantes, claros ejemplos de que una museografía actualizada, pensada en la transmisión y explicación de conocimientos más que en la exhibición de piezas a través del replanteamiento de los discursos expositivos; dotada con los recursos gráficos y docentes que permiten las tecnologías de la información y la comunicación; abierta a la sociedad mediante propuestas participativas destinadas a diferentes sectores de público pero con especial atención a la capacidad formativa en los diversos niveles educativos, obtiene un amplio reconocimiento social que está permitiendo cambiar la visión de los museos desde el paradigma conservación al de formación.

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La programación de excelentes exposiciones temporales, como las dedicadas a los Iberos. Príncipes de Occidente (1999); las intervenciones en el conjunto de yacimientos de Atapuerca (2008) y más recientemente a la flota de 1804 y el tesoro de La Mercedes (2014-2015), por citar tan solo algunas, demuestra que dichas propuestas obtienen una excelente respuesta tanto en el público como en los medios de comunicación que ya no ven en el arqueólogo a un aventurero según el modelo de Indiana Jones, sino a un científico capaz de reconstruir la historia y hacerla comprensible y atractiva sin perder un ápice de rigor.

A ello se une la estructuración de una red de centros dependiente de las comunidades autónomas que incluyen los resultados de la investigación arqueológica tanto en los museos provinciales y comarcales como en las cada vez más numerosas aulas y centros de interpretación vinculados a yacimientos que cubren todo el espectro cronológico, desde la Prehistoria (Altamira, Cancho Roano, Ullastret) a la Edad Media (Alarcos-Calatrava la Vieja) o la Guerra Civil (Corbera d’Ebre; Santa Margarida i els Monjos).

En la última década, y siguiendo las pautas de la difusión participativa y la reconstrucción histórica que empezaron a desarrollarse en Europa y los Estados Unidos durante la década de 1970, la investigación arqueológica ha encontrado en proyectos como Tarraco Viva una fórmula de éxito para acercar al gran público, de forma rigurosa, la época romana, modelo que ha sido seguido por otras ciudades que no han dudado en emplear sus recursos patrimoniales como forma de dinamización cultural y económica. Modelo que también está siendo empleado para otras épocas con indudable éxito. La historia y la arqueología se han convertido así en un reclamo para el turismo cultural, una práctica cada vez más extendida en la que los aspectos lúdicos se unen a la difusión de un período concreto. Por esta vía, y más allá de los círculos académicos, la arqueología ya es vista como un recurso generador de ingresos económicos no solo en áreas urbanas sino especialmente en zonas rurales donde la productividad estaba esencialmente ligada al sector primario. Los yacimientos arqueológicos de primer nivel que han sido musealizados se han convertido en polos de atracción económica ligados al sector terciario que en muchas poblaciones supone ya uno de los ejes esenciales de su estructura económica, por lo que la repetición del modelo no deja de crecer permitiendo que cada vez un número mayor de enclaves dispongan, a diferentes niveles, de recursos de difusión que permiten superar el modelo de ruina romántica que en muchas ocasiones había definido los restos arqueológicos por su estado de abandono, para transformarlos en aulas vivas de historia.

AQ0   El impacto social de la arqueología se mide también por la atención que los medios de comunicación le prestan. Aunque en Europa y Estados Unidos se trata de un modelo que cuenta ya con una larga tradición, programas como Reportero de la Historia (TVE) o Sota Terra y Odissees (TV3) han servido para aproximar la investigación arqueológica al público televisivo, al tiempo que noticias que en otras ocasiones pasarían hasta cierto punto desapercibidas han contando en los últimos meses con una amplia cobertura, ya sea la identificación de los restos de Cervantes, el proceso de recuperación del cadáver de Ricardo III y su posterior ceremonia de inhumación en la catedral de Leicester –modificando la visión que entre los británicos tenía el personaje a partir de la obra de Shakespeare–, la destrucción del patrimonio arqueológico en las guerras de Siria e Irak o la localización del acorazado japonés Musashi. La trascendencia de las redes sociales permite que cualquier noticia acontecida, también en el ámbito de la arqueología, se difunda y comente de inmediato, y los resultados de la investigación pasen del ámbito particularista al global en muy poco tiempo, como demuestran los accesos a blogs, páginas de información de museos, descargas en repositorios de libre acceso con contenidos científicos, o las ediciones digitales de las revistas académicas.

A principio del siglo XXI, las ideas que Bosch aprendió durante su estancia en Alemania, investigación, protección del patrimonio y difusión, continúan vigentes. La Arqueología, más que otras ciencias, tiene el atractivo de demostrarnos cada día que aquello que conocemos de la historia no es en absoluto definitivo, y que la investigación puede cambiar del revés lo que creíamos inmutable. Ese es sin duda su gran atractivo: comprender que la ciencia puede cambiar no solo el futuro, sino también el pasado.

 

AUTOR

5_DSCN2977Francisco Gracia Alonso es catedrático de Prehistoria de la Universidad de Barcelona y director del GRAP (Grup de Recerques en Arqueologia Protohistòrica). Trabaja en temas de cultura ibérica, la guerra en el mundo antiguo y la Historiografía de la Arqueología, y entre sus muchas publicaciones destacan Roma, Cartago, íberos y celtíberos. Las grandes guerras en la península ibérica (2006) y Furor Barbari! Celtas y germanos contra Roma (2009). Asimismo, recientemente también ha dedicado sus esfuerzos a estudios historiográficos y relacionados con la conservación y el expolio del patromonio, como Pere Bosch Gimpera. Universidad, políotica, exilio (2011) o El tesoro del Vita (2014).

Relación completa de publicaciones en https://ub.academia.edu/FRANCISCOGRACIAALONSO