Vista aérea del yacimiento del Turó de Vilanera (L’Escala, Alt Empordà) y su entorno inmediato en la llanura del Empordà, con el macizo del Montgrí al fondo. © Proyecto Paisajes y vidas cotidianas en el entorno de Emporion

Fig. 1 Vista aérea del yacimiento del Turó de Vilanera (L’Escala, Alt Empordà) y su entorno inmediato en la llanura del Empordà, con el macizo del Montgrí al fondo. © GRACME Grupo de Investigación de Arqueología Mediterránea: Conexiones, Materialidades y Escritura

Durante décadas, la investigación arqueológica sobre Emporion —el principal enclave griego de la península ibérica— y sobre las comunidades locales asentadas en su territorio inmediato ha estado condicionada por una mirada predominantemente urbana y colonial. Este enfoque ha situado al puerto griego en el centro del relato histórico, relegando a los paisajes y a las comunidades que habitaban sus márgenes a un papel secundario y dependiente. Estos paisajes han sido tradicionalmente imaginados como un simple espacio agrícola vinculado al abastecimiento del enclave portuario, una chora entendida en términos clásicos, es decir, como una zona rural subordinada y funcional a las necesidades del asentamiento griego establecido en el territorio a partir del siglo VI a. C.

En 2020 iniciamos un proyecto impulsado por el grupo de investigación GRACME (Universitat Pompeu Fabra), en colaboración con la Universität Trier, con el propósito de revertir esta mirada urbanocéntrica y helenocéntrica que ha dominado tradicionalmente el estudio de este territorio y de las comunidades que lo habitaron y situar en el centro de la comprensión de estas dinámicas históricas, no solo a las estructuras y los grandes procesos, sino especialmente a las personas, sus experiencias y acciones cotidianas como protagonistas de los cambios que transformaron el paisaje, el poder y la vida social del entorno de Emporion.

El proyecto se propone releer la historia del entorno emporitano desde sus márgenes, desplazando el foco del puerto y del enclave colonial hacia los paisajes rurales y las dinámicas locales que estructuraron el territorio. Busca incorporar a este relato histórico las voces y experiencias de los actores históricamente invisibilizados —grupos locales, comunidades rurales, pequeños colectivos domésticos, mujeres y otros sujetos subalternos—, reconociéndolos como agentes activos en la articulación de las redes mediterráneas y en la configuración de los paisajes sociales emporitanos. Para ello, el proyecto pone el foco de atención en el análisis de los paisajes y las prácticas cotidianas, explorando cómo los modos de vida, los procesos de trabajo, consumo y cuidado y las formas de relación con el entorno contribuyeron a modelar tanto la vida social como las estructuras de poder en este territorio.

El Turó de Vilanera, situado a menos de dos kilómetros de Empúries, constituye el núcleo principal de esta investigación. El yacimiento se alza en una posición estratégica, con una excelente visibilidad sobre la llanura del Empordà y sobre las antiguas rutas naturales que conectaban la costa con el interior. Se encuentra en el antiguo camino de acceso a Emporion desde la llanura baja del Ter, en el punto donde el río y el antiguo paleoestuario confluían antes de abrirse al mar durante el primer milenio a. C. (fig. 1). Esta ubicación privilegiada convirtió a Vilanera en un nodo clave de las redes de movilidad y contacto durante toda la Edad del Hierro.

Además de su papel como espacio de contacto, el Turó de Vilanera fue también un lugar de memoria y de identidad colectiva, ocupado y resignificado de manera recurrente a lo largo de los siglos. Las zonas bajas de la colina albergan espacios funerarios monumentales desde el Neolítico medio, un paisaje ritual que fue reocupado y resignificado durante el I milenio a. C., con la instalación de una necrópolis de incineración en el Bronce Final y en la Primera Edad del Hierro. Esta persistencia en el uso y la significación del espacio convierte a Vilanera en un hito simbólico dentro del paisaje, un punto de referencia donde las comunidades del primer milenio a. C. articularon memoria, identidad y poder en estrecha relación con el territorio. Esta persistencia se extendió más allá del siglo VI a. C., cuando se documenta la instalación de una importante comunidad griega en el puerto de Emporion.

Los trabajos de prospección y excavación realizados por nuestro equipo de investigación desde el año 2020 en este yacimiento han puesto al descubierto un extenso espacio de hábitat ocupado en distintos momentos a lo largo de prácticamente de todo el I milenio a. C. En sus laderas y plataformas se han identificado áreas de vivienda, trabajo, cuidados y socialización que reflejan una marcada continuidad, pero, al mismo tiempo también, transformaciones profundas en las formas de vida. Este prolongado uso del lugar convierte a Vilanera en un observatorio privilegiado para comprender cómo las comunidades locales adaptaron y resignificaron su paisaje y gestos cotidianos en un periodo marcado por la llegada de comerciantes y colonos griegos a Emporion y por las transformaciones mediterráneas que acompañaron aquel contacto.

Fig. 2 Vista cenital del edificio absidal. © Proyecto Paisajes y vidas cotidianas en el entorno de Emporion

Fig. 2 Vista cenital del edificio absidal. © GRACME Grupo de Investigación de Arqueología Mediterránea: Conexiones, Materialidades y Escritura

En las zonas excavadas hasta ahora en el marco de nuestro proyecto de investigación se han identificado ocupaciones que datan de momentos del Bronce Final y de la Primera Edad del Hierro, pero destaca especialmente el hábitat de época ibérica desarrollado en la plataforma central del yacimiento. Las primeras construcciones ibéricas que hasta el momento se han localizado datan de finales del siglo V o inicios del siglo IV a. C. con evidencias de ocupación de esta área hasta el siglo I a. C.

Se han identificado y excavado distintos espacios residenciales datados entre los siglos IV y II a. C., con hogares y áreas abiertas intercaladas entre ellos. Destaca la singularidad de las estructuras domésticas, que presentan patrones constructivos muy variados y muestran diferentes formas de organizar el espacio cotidiano y de habitar el paisaje. Entre los edificios excavados sobresalen una construcción absidal con un anexo rectangular y una vivienda monocelular alargada, junto a las cuales se documentaron diversas estructuras de combustión vinculadas tanto a actividades culinarias y de preparación de alimentos como, por otro lado, a procesos de producción metalúrgica (fig. 2).

Sobre esta fase se superpone una gran edificación de aparente carácter residencial, con muros de notable potencia, datada en el siglo II a.C. La última fase corresponde a una ocupación del siglo I a. C., caracterizada por espacios de cocina y áreas de consumo en zonas abiertas de carácter colectivo. En ella se han identificado vajilla y especialmente enseres de cocina que reflejan la introducción en estos momentos de nuevos equipos y modos de preparar los alimentos.

En otra zona del yacimiento se han documentado edificios de planta compleja, con habitaciones que en algunos casos presentan hogares domésticos centrales, así como evidencias materiales de prácticas de almacenamiento, preparación y consumo de alimentos, actividades de cuidado y producción en el ámbito doméstico (fig. 3). Estas construcciones, datadas entre los siglos IV y III a. C., se asocian a amplios espacios exteriores, así como también a la presencia de un horno de cocción de alimentos de más de dos metros de diámetro, que sugiere la existencia en este ámbito rural de una comunidad numerosa, cooperativa y socialmente diversa.

Gracias al apoyo de la Fundación Palarq (proyecto Comunidades rurales y espacios domésticos ibéricos en el entorno de Emporion, siglos IV–II a. C.), hemos incorporado un enfoque analítico que combina tres líneas complementarias para traducir huellas microscópicas en decisiones cotidianas: micromorfología de sedimentos, antracología y análisis de residuos orgánicos en cerámica. Estas huellas no son datos fríos: son el rastro material de cuerpos y afectos, de tiempos de trabajo y descanso, de lo común y lo doméstico.

La micromorfología, mediante láminas delgadas observadas al microscopio, permite reconocer superficies de uso, marcas de calor, cenizas y secuencias de uso–limpieza–abandono, y distinguir fuegos realizados in situ de aportes de brasas y cenizas. La antracología identifica las maderas quemadas a partir de los carbones y, con ello, las estrategias de selección de combustibles (leñas densas para cocciones largas, matorral para llamas rápidas), la regularidad del abastecimiento y la relación con el entorno forestal. El análisis de residuos orgánicos detecta grasas y otras moléculas absorbidas por las cerámicas, ayudando a diferenciar ingredientes (cárnicos, lácteos, aceites) y prácticas culinarias, apoyado cuando procede en análisis isotópicos.

Figura 3. Vista de uno de los edificios de planta compleja documentados en el yacimiento del Turó de Vilanera. En la estancia principal puede observarse un hogar central. © Proyecto Paisajes y vidas cotidianas en el entorno de Emporion

Fig. 3 Vista de uno de los edificios de planta compleja documentados en el yacimiento del Turó de Vilanera. En la estancia principal puede observarse un hogar central. © GRACME Grupo de Investigación de Arqueología Mediterránea: Conexiones, Materialidades y Escritura

La fortaleza del enfoque reside en aplicar estas técnicas a muestras tomadas en los mismos espacios: suelos, carbones y cerámicas que “conversan” entre sí. Así, lo que el suelo indica sobre usos y limpiezas se contrasta con los combustibles identificados y con los perfiles químicos de las vasijas. Esta integración permite afinar la lectura de los contextos, como cocina in situ frente a áreas de vertido y limpieza, y comparar las prácticas domésticas del Turó de Vilanera con las documentadas en Emporion, calibrando convergencias y divergencias entre ámbitos locales y de contacto. En última instancia, son las prácticas – cocinar, almacenar, festejar…- las que tejen comunidad y definen pertenencias más allá de lo “local” o lo “colonial”.

Estas metodologías no son un fin en sí mismo, sino una forma de devolver protagonismo a las personas que habitaron los márgenes de Emporion. La micromorfología traduce rutinas (pisar, calentar, limpiar) en ritmos de trabajo; la antracología convierte la elección de leñas en decisiones sobre gestión del paisaje y economía doméstica; los residuos lipídicos transforman moléculas en recetas, preferencias e itinerarios de ingredientes. En conjunto, responden a preguntas muy concretas, como qué se cocina, con qué y dónde, y permiten entender la alimentación como práctica social, portadora de identidades y estrategias de resiliencia. Así, la historia deja de centrarse en el puerto y vuelve a las personas: a cómo organizaron su vida diaria y transformaron el territorio desde lo cotidiano.

Gracias a estos análisis, actualmente en curso, que combinan ciencia, arqueología y perspectiva social, y a las excavaciones financiadas por el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, que cuentan con el apoyo del Museu d’Arqueologia de Catalunya-Empúries y el Ayuntamiento de l’Escala, estamos buscando recuperar la voz de quienes habitaron los márgenes de Emporion y comprender el poder transformador de las prácticas cotidianas en los paisajes y dinámicas del Mediterráneo antiguo.

Fundación Palarq

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