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Entrevista entre el ayatolá Alí Jamenei y Vladímir Putin. El antioccidentalismo del régimen teocrático de Irán ha llevado al país a ser uno de los pocos en prestar apoyo a Rusia en su invasión de Ucrania. Fuente: Wikimedia Commons.

En la actualidad, la República Islámica de Irán, motivada por ciertas presiones interiores y foráneas, ha dado algunos pasos, inputs significativos, dentro de su política exterior e interior; con lo que confirma su ya conocido antioccidentalismo radical y fanático, así como la defensa a ultranza de algunas de sus tradiciones, fundamentos de su teocracia.

Son dos las presiones a analizar: por un lado, su actitud ante la actual guerra ruso-ucraniana; y, por otro lado, aquella respecto al cuestionamiento y protesta social (principalmente de las mujeres iraníes) causada por la muerte de Mahsa Amini el 16 de septiembre pasado, tras ser detenida por la policía de la moral por llevar vestimenta “inapropiada”, además de la brutal represión posterior hacia las protestas derivadas de la situación.

No obstante, estas actitudes precisan del breve señalamiento de algunos antecedentes esenciales que, dentro de la complejidad histórica iraní, enmarcan o envuelven la actual situación. Esto, con el fin de comprenderlas mejor y poder determinar con claridad, tras un análisis, su alcance.

Antecedente histórico-político

Tras la revolución de 1979, con la cual finalizó la saga absolutista de los Pahlevi, Irán vive hasta hoy bajo el régimen teocrático chiita de los ayatolás, iniciado por Rubollah Jomeini. Régimen islámico aplicado con rigor, al ser prontamente sustentado por islamistas radicales; a pesar del intento fracasado de suavizar este, tras la muerte de Jomeini, por parte de algunos gobiernos posteriores.

Régimen en el cual en el islam, que rodea todas sus actividades de vida, se generó una mentalidad política y social antioccidental, la cual considera a Occidente (EE.UU., ONU y UE) culpable de su actual situación, tanto por el apoyo político, económico y militar dado en su momento al sah Reza Pahlevi, como por las diferencias surgidas y mantenidas posteriormente sobre el desarrollo del programa nuclear iraní; plasmadas en sanciones económicas que han depauperado al pueblo iraní, así como por sus constantes actitudes en contra del carácter islámico de su régimen. Un Occidente que, con EE.UU. a la cabeza, trabaja y sigue trabajando, con actitud de gendarme regional, en contra de los intereses geopolíticos iraníes con el fin de acabar, en defensa de sus intereses, con todos sus esfuerzos. Esto, para convertirse en líder influyente en Oriente Medio y en el Levante, en competencia preferente con Arabia Saudí y Turquía.

El ayatolá Alí Jamenei, a la sazón comandante en jefe de las fuerzas armadas iraníes, en la ceremonia de graduación de los cadetes de la Academia Imam Hussain, 23 de mayo de 2016. El enorme simbolismo de esta fotografía, que muestra la unión entre el poder político/religioso y el militar en Irán, esconde una curiosidad: Jamenei estrecha su mano izquierda, ya que perdió el uso de su brazo derecho tras un atentado durante la guerra Irán-Irak. Fuente: Wikimedia Commons.

Y no solo respecto a la vigente Guerra Fría en el continente africano, derivada de la guerra ruso-ucraniana, que ha despertado el interés iraní sobre Magreb y África Occidental, aprovechando el sentimiento antioccidental creciente. Interés basado en las oportunidades económicas y la creación de una base presencial. Como consecuencia, en el Magreb se está definiendo un nuevo eje norteafricano frente a Marruecos –próximo a los EE.UU. e Israel– constituido por Irán emparejado con Rusia, Argelia, Túnez y Mali; eje que, además, ha sido denunciado por los sunitas (de los que la mayoría musulmana-iraní es chiita) solidarios con Marruecos, por el apoyo prestado (junto a Hezbolá) al Frente Polisario.

Además, dichos intereses iraníes se han reforzado, tras la desaparición de las sanciones y su apertura tras el aislacionismo consecuente, a pesar de la visión negativa de aquellos países que lo contemplan como amenaza. Países tales como Israel, por su apoyo a Hamas y Hezbolá, Yemen a los hutíes. así como al Líbano, Arabia Saudí y Bahréin en cuando al soporte que ha dado a los chiíes. Igualmente, por su papel en la guerra de Siria y su acercamiento a Irak –país de mayoría sunita, corriente religiosa, enfrentada tradicionalmente a los chiitas, sin perder de vista la olvidada guerra de ocho años que mantuvieron desde 1989–. Dichos intereses suponen, de igual modo, una amenaza por sus lazos, para algunos analistas incoherentes, con Al-Qaeda de concepción sunita, derivados de las alianzas interesadas, establecidas en 1990, en contraposición a su lucha contra el Estado Islámico (de concepción chiita) en Siria e Irak.

El papel de Irán en la guerra ruso-ucraniana

Como consecuencia, no extraña el antioccidentalismo endémico iraní (presente tanto en su sistema educativo, como en su propaganda interior), ni tampoco su acercamiento a Rusia, en el contexto actual de la guerra ruso-ucraniana (primer punto a analizar). Esto, considerando que, bajo la visión iraní, esta guerra es una guerra contra Occidente (EE.UU., ONU y UE), razón por la que tal acercamiento no ha tenido protesta social. De igual forma, tampoco extraña el claro rechazo occidental respecto al apoyo iraní a Rusia, el cual se aprecia en la venta de sus drones modelo Shahed-136 a los rusos; la cual, en principio, fue negada por ambas partes. Lo anterior, a pesar de las pruebas aportadas por la UE, la ONU, la OTAN y EE.UU., sobre el suministro y entrenamiento iraní a militares rusos en Crimea.

A propósito de los drones iraníes, sin considerar el apoyo occidental en cuanto a armamento a Ucrania, se afirma que su empleo es ilegal, dado que tales armas están sujetas a embargo por el Consejo de Seguridad de la ONU, además puesto que se están empleando contra objetivos civiles (lo que constituye un crimen de guerra) e infraestructuras energéticas por toda Ucrania; así como medio de defensa ante las recientes conquistas territoriales ucranianas y como táctica de agresión contra los ucranianos, de cara al próximo invierno, ya que supone la falta de calefacción. En suma, este apoyo materializa fehacientemente la implicación de Teherán en el conflicto, bajo la consideración de aliado del Kremlin.

Irán Ucrania Shahed-136 drone kamikaze suicida

Restos de un drone «kamikaze» identificado por las autoridades ucranianas como un Shahed-136 iraní, derribado cerca de la población de Kupiansk, en la región de Járkov, el 13 de september de 2022. Fuente: Wikimedia Commons.

La acusación inicial a tres generales iraníes responsables del desarrollo de aeronaves no tripuladas (VANT), junto con la empresa Shahed Aviation por la venta-suministro ilegal a Rusia de sus drones kamikazes, Shahed-136, estando sujetos a prohibición por parte del Consejo de Seguridad de la ONU desde 2015 (en este caso hasta 2023); ha dado pie al establecimiento de sanciones (la no entrada en la UE y la congelación de los activos que pudieran tener), a las que se sumará seguidamente EE.UU., además de las previsibles a Irán, en este caso también por parte de la UE y la ONU. Asimismo, ha generado la urgente necesidad de reforzar el apoyo a Ucrania con nuevas entregas de sistemas de defensa aérea.

Sanciones que, si se les llegan a añadir otras más y si se materializa el envío de misiles tierra-tierra, dificultarán las relaciones con EE.UU. para el restablecimiento del acuerdo nuclear de 2015 (desmontado por Donald Trump) y exacerbarán con seguridad la posición combativa antioccidental iraní, la cual parece confirmar su intención de hacerse con un arma nuclear (asunto no discutido por Rusia) para consolidar su régimen, tanto internamente como en el contexto regional. Sin olvidar que estimularán las revueltas internas, provocando con ello una nueva “primavera árabe”, ante la continuación de las dificultades económicas sufridas por el pueblo iraní.

El caso de Mahsa Amini y las protestas contra el régimen

En cuanto a las presiones internas surgidas, la respectiva a la muerte de Mahsa Amini (segundo punto a analizar) y la referente a la detención de la escaladora Elnaz Rekabi por competir sin velo en el Campeonato Asiático de Escalada, con las que se dirime la imposición del uso del hiyab; se debe tener en cuenta que Irán, como país islámico, aplica al respecto el código jurídico de la Sharía, el cual señala el uso obligatorio del mismo en los espacios públicos por parte de las mujeres y niñas, bajo la pena de multa o cárcel.

Así, las protestas surgidas hasta ahora (continuidad de otras anteriores desde 2018), que son reflejo del enfrentamiento entre un régimen teocrático y las aspiraciones del pueblo iraní, son tomadas por Teherán como un movimiento en contra de sus tradiciones. Motivo por el que no pueden ceder, pues ello supondría un ejemplo claro de la pérdida de autoridad del régimen, así como un mal ejemplo para el resto de países islámicos ante los que se presenta como defensor de las agresiones al islam en cualquier parte del mundo.

Razón por la cual les preocupa la solidaridad al respecto, por parte de la comunidad internacional occidental que, en aras de su lucha contra la discriminación y violencia a la mujer, quieren trasladar la misma; lo que se hizo inicialmente; aprovechando la apertura sufrida en su momento, gracias al fin de las sanciones económicas aplicadas contra su programa nuclear.

En este sentido, dicha traslación occidental, que las autoridades iraníes conciben como una acción subversiva al percibirla como el camino hacia el laicismo, significa una acción más en contra de los valores islámicos iraníes. Ya no solo de la mano de las acusaciones foráneas efectuadas a lo largo del tiempo sobre las violaciones de los derechos humanos ejercidas bajo el régimen de los ayatolás: ausencia manifiesta de libertad de culto, de expresión, de información, intelectual, de vestimenta (tanto en mujeres como en hombres), sino también respecto a su aplicación irregular y desmedida de detenciones con castigos corporales y torturas, así como de la pena capital.

Movimiento ciudadano en solidaridad con las protestas desarrolladas en Irán como reacción de la muerte de Mahsa Amini, Ámsterdam, 1 de octubre de 2022. Fuente: PersianDutchNetwork/Wikimedia Commons.

Las protestas ciudadanas, que ante los ojos occidentales que quieren castigar con una nueva aplicación de sanciones al régimen iraní y al jefe de la policía de la moral, Mohamed Rostami, solo manifiestan la debilidad del Gobierno iraní, ya que solo responde con violencia a la vez que apunta la división política y social a la que se enfrenta, cada vez más, el régimen de los ayatolás ante el creciente malestar social provocado por la aplicación y desaplicación de las sanciones foráneas ya que, en ambos casos, se ha mantenido constante la falta de libertades (donde se incluye ahora el asunto del velo sobre el que se ha apuntado), la corrupción de las élites y un alto nivel de desempleo, aumentando así la brecha entre ricos y pobres, entre las élites (entre ellas las políticas defensoras de su poder), así como entre el resto de la sociedad iraní.

Además, esta división política se inscribe dentro de una sociedad iraní ya cansada de la constante presión de su régimen político-religioso, lo que es observable entre aquellos dirigentes que, como promulga el islamista moderado Hassan Rohani, desean los acuerdos nucleares poniendo fin a las sanciones para poder efectuar reformas de calado aperturista en lo político y en lo social (nunca en lo religioso); así como otros más radicales, seguidores del Ayatolá Alí Jameini, que no dejan de acusar a EE.UU., Israel y Arabia Saudí, junto a otros países occidentales, como instigadores principales de todos los problemas iraníes, pasados y actuales. Problemas que, asfixiando su economía, no les permiten desarrollarse como pueblo a pesar de sus riquezas naturales.

Notas finales

En suma, el primer punto analizado no es más que la significación más actual del juicio que, constantemente, se hace al radical y permanente antioccidentalismo iraní bajo el régimen de los ayatolas, con la consideración de que el mismo es peligroso para Occidente ante su posible alineación con otros antioccidentales, tal y como se ha demostrado ahora con su decidido apoyo a Rusia. De igual forma, el segundo punto sobrevenido no es más que el oportuno aprovechamiento occidental de una situación, en aras de criticar al régimen iraní, para así poder apoyar a la oposición en un momento especial (apoyo bélico iraní a Rusia), explotando así la sensibilidad habitual de Occidente ante la violencia y falta de libertad que, en general, sufren constantemente las mujeres musulmanas, en este caso las iraníes representadas por Mahsa Amini, a quien ya consideran una mártir.

Finalmente, el apoyo a Rusia en su conflicto con Ucrania es para Irán más que un apoyo militar puesto que además de que le puede servir en su lucha por alcanzar un ansiado liderazgo regional, acude también a la defensa a ultranza de sus tradiciones, la que le ha de servir también de frente al liderazgo apuntado, sin considerar las violaciones de los derechos humanos, habidas en su mantenimiento, como procedimiento para no perder su prestigio como país islámico defensor de todos aquellos, también islámicos, que sientan que son agredidos por los enemigos del islam.

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