Kaiserschlacht saliente de Flesquières

La niebla y el humo de las descargas de los cañones fueron dos de los factores fundamentales que contribuyeron a enmascarar el asalto de las tropas alemanas sobre el saliente de Flesquières en los primeros compases de Kaiserschlacht.

Curiosamente, la táctica establecida en caso de ataque germano por sir Douglas Haig, el comandante en jefe británico, era simple. El extremo del saliente de Flesquières debía ser considerado, y acondicionado para el combate, como zona avanzada, es decir, un sector donde retrasar al enemigo, y no otra cosa, antes de que las tropas propias se retiraran hacia la zona de combate, que cortaba el saliente por su base. El motivo era simple: había costado muchas vidas hacerse con él, y no se podían perder otras tantas para conservarlo. Si los alemanes atacaban, el sector sería abandonado. Y lo hicieron, aunque no directamente. “El primer gran objetivo táctico del grupo de ejércitos del príncipe heredero Ruperto será aislar a los británicos en el saliente de Cambrai [saliente de Flesquières] […]”, rezaba la orden de operaciones, firmada por el propio Von Hindemburg.

En cierto modo, parece que los jefes británicos se lo esperaban, pero no debió de dejar de ser un tanto anticlimático para el V Cuerpo de Ejército ver cómo el ataque, en su sector, se limitaba a un bombardeo –eso sí, con abundante gas mostaza–, y a unos cuantos raids destinados a mantener a los defensores en sus posiciones para que no pudieran desplazarse a ayudar a las unidades vecinas. Así lo indicaban, exactamente, las órdenes de la 53.ª División de Infantería de Reserva alemana –desplegada ante la cara norte del saliente–, que debía limitarse a hostigar al enemigo hasta que este se retirara, y luego desplazarse hacia Havrincourt. Al final de la jornada las tres divisiones que defendían la posición –17.ª Northern, 63.ª Royal Marines y 47.ª 1/2 London– habían sufrido “tan solo”, para los estándares de la Primera Guerra Mundial, unas 3000 bajas, en su mayoría por gas, pero tenían muchos hombres más que, aunque aptos, solo podían hablar en susurros y vomitaban constantemente.

Aquella noche, los mandos británicos hicieron una evaluación de lo que había sucedido en el sector. Como hemos indicado, el saliente de Flesquières estaba intacto pero tanto al norte como al sur los alemanes habían hundido el frente, y si su avance se sostenía al día siguiente la situación no iba a tardar en volverse peligrosa para los defensores, que cada vez iban a tener que ser más numerosos para defender sus flancos. Así, se ordenó que a partir de la 1.00 horas del día 22 los batallones abandonaran el extremo de la posición para retirarse a la línea intermedia, a unos 370 m. ¿Por qué no redesplegarse en la línea de batalla que se hallaba todavía más atrás? Lo cierto es que esta no había sido acondicionada convenientemente antes del inicio de la ofensiva, mientras que las posiciones elegidas disponían de las trincheras alemanas de la antigua línea Hindemburg, que habían sido reacondicionadas y eran una posición defensiva mucho más poderosa; y además, posiciones como la de Havrincourt-Hermies permitían bombardear el flanco de los alemanes que los habían rebasado por el norte. La operación concluyó en torno a las 6.00 horas, aunque los restos del gas que quedaban en las trincheras avanzadas iban a impedir su ocupación por los alemanes hasta las 18.00 del mismo día 22. En esta ocasión, la guerra química había jugado a favor de ambos bandos.

Kaiserschlacht saliente de Flesquières

Los británicos que se enfrentaron a la ofensiva alemana sobre el saliente de Flesquières iban equipados del mismo modo que estos soldados, fotografiados en Arrás en 1918.

Esto no significa que la segunda jornada no fuera cruenta, pues en esta ocasión los británicos sí fueron objeto de ataques enemigos. Uno de ellos fue el desencadenado contra Hermies, extremo occidental de la posición defensiva que enlazaba este pueblo con Havrincourt, defendido por el 7.º Batallón del Lincolnshire Regiment (51.ª Brigada). En esta ocasión, incapaces de aplicar, o desconociendo, las tácticas de tropas de asalto (véase “Stosstruppen” en Desperta Ferro Contemporánea n.º 26), los alemanes avanzaron al descubierto mientras las ametralladoras británicas los castigaban con dureza y ralentizaban su ofensiva, que flaqueó al unirse al concierto la 79.ª Brigada de la Royal Field Artillery (“Real Artillería de Campaña”), que disparó sobre ellos, de enfilada, proyectiles de metralla. A las 13.00 los asaltantes se detuvieron mientras todavía se hallaban a unos 400 m de su objetivo, y a las 17.00 todo había acabado y los lincolnshires seguían siendo dueños de su posición; además sin haber sufrido muchas bajas pues la artillería enemiga había concentrado su fuego sobre el pueblo, que se hallaba a retaguardia. Un nuevo ataque, durante la noche, también fracasó, pero no puede decirse que la jornada careciera de éxito para los germanos, pues más hacia el oeste habían conseguido obligar a retirarse al 1/4.º de los Gordon Highlanders (154.ª Brigada de la 51.ª División, Highland), abriendo una brecha entre los defensores del saliente de Flesquières y el IV Cuerpo de Ejército, a su izquierda, que iba a tener que ser taponada con tropas de refresco.

Si bien el indicado pudo ser el más señalado, no fue el único ataque desencadenado por los alemanes contra el V Cuerpo de Ejército. Ese mismo día fue atacada la 63.ª División desde Marcoing y en el sector defendido por la 47.ª, el 1/18.º Batallón del London Regiment (141.ª Brigada) tuvo que defender sus trincheras al este de Beauchamp. La propia 17.ª División fue hostigada, con lanzallamas, en torno a Havrincourt, defendido por el 12.º Batallón del Manchester Regiment (52.ª Brigada). Dicha localidad iba a sufrir tres ataques a lo largo de la jornada, el último de los cuales se sostuvo hasta las 20.00 horas. Éxito pues, podría decirse, pero en realidad, como comentábamos al principio de este texto, los alemanes estaban jugando bien sus bazas y no atacaban sin sentido. Su único objetivo aquel día había sido mantener a los británicos en sus posiciones y evitar así la retirada del V Cuerpo de Ejército para poder cercarlo, y gracias a las victorias obtenidas contra otros cuerpos en ambos flancos (el IV al norte y el VII al sur), la posición defendida por nuestros protagonistas era un triángulo cuyos lados medían unos 1100 m, pero su base solo unos 700 m. Ni siquiera la orden de retirada a la línea de batalla, que recorría, más o menos, la base de este triángulo, serviría para que esta fuerza dejara de hallarse en un expuesto saliente.

Kaiserschlacht saliente de Flesquières

En 1918 las trincheras habían evolucionado junto con las técnicas de ataque, hasta el punto que trincheras que hubieran sido un lujo en 1914 eran calificadas como deficientes.

Sin embargo, los combatientes de las tres divisiones se iban a quedar poco tiempo en esta nueva posición pues, durante la misma noche del 22 al 23 llegaron más órdenes de retirada. Primero del flanco derecho y luego de todo el cuerpo de ejército, la última de ellas empezó a implementarse a las 7.20 horas del día 23, mientras la situación era tan relajada que se ordenó a los ingenieros que no destrozaran por completo las trincheras, pues esperaban volver a ocuparlas en breve. Sin embargo, la realidad iba a ser muy distinta pues a partir de este momento el V Cuerpo de Ejército tuvo que efectuar un retroceso tras otro, en dirección noroeste, perseguido sin descanso por los alemanes, que consiguieron así abrir una brecha entre el Tercer Ejército y el Quinto, y aunque al final los aliados iban a conseguir sobreponerse al enemigo, antes iban a hallarse al borde de la derrota (véase “Operación Michael” y “La confianza no fue suficiente, operaciones de abril a julio” en Desperta Ferro Contemporánea n.º 26).

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