guerras mesenias

Fragmento del vaso Chigi, Museo Nazionale Etrusco, Villa Giullia. Podemos apreciar una escena de combate entre falanges del siglo VII a.C., contemporánea de las guerras mesenias, de cuya panoplia destacan sus escudos redondos o aspis.

Para entender qué motivó ese desarrollo singular y diferenciado del resto de poleis griegas, debemos analizar el proceso de formación del Estado y la definición de su sistema político, que se produjo entre los siglos VIII y VI[1]. Y en concreto unos acontecimientos que marcaron definitivamente el desarrollo de ese proceso: las guerras mesenias (ver Las guerras mesenias en Antigua y Medieval n.º 14: Esparta).

La aproximación a las guerras mesenias es ciertamente compleja, tanto por la escasez de fuentes como por la abierta parcialidad de las pocas con las que contamos. De entre ellas, solo el poeta espartano Tirteo es contemporáneo al conflicto, aunque sus versos nos han llegado de forma fragmentaria, se conservan algunos poemas muy interesantes e ilustrativos. El resto de autores que aluden al conflicto son muy posteriores y además se ven claramente contaminados por las reconstrucciones idealizadas posteriores. En todo caso, hay que destacar a Pausanias, que nos transmite un relato completo de las guerras, influido en su caso por la visión mesenia desarrollada tras la independencia del territorio en el 371. Por todo ello, es necesario contar siempre con la arqueología, que en este caso nos ayuda a ajustar cronologías y a dar mayor historicidad al relato mitificado de las fuentes.

La historiografía moderna también ha debatido largamente sobre las guerras mesenias. Aunque no nos detendremos demasiado en estos debates, cabe mencionar que en la concepción general de las mismas hay dos visiones. Por un lado, la tradicional, y actualmente mayoritaria, que afirma que existieron dos guerras mesenias, tal como describe Pausanias, que se produjeron entre finales del siglo VIII y la segunda mitad del VII. Por otro, la conocida como “hipótesis Riano” que defiende la existencia de una única guerra, tras la cual sí que habría algunos conflictos y rebeliones. Aun teniendo claro la existencia de cierto debate, en la narración de este ensayo seguiremos la visión tradicional.

Como ya se ha mencionado, el estallido del conflicto se produce a finales del siglo VIII. A lo largo del mismo, Esparta vivió su proceso de synoikismos[2] con la unión de sus cinco aldeas tradiciones (Pitana, Cinosura, Mesoa, Limnas y Amiclas) a mediados de siglo. A partir de ese momento, empezó su expansión territorial por la región de Laconia durante toda la segunda mitad del s. VIII, un proceso que se puede conocer a través del relato de Pausanias comparado con los datos arqueológicos que nos muestran la fundación de una serie de asentamientos por parte de Esparta a lo largo del territorio. De esta manera, a finales de siglo ya se puede hablar claramente de la existencia de un Estado organizado, que hasta este momento sigue un proceso no muy diferente al del resto de poleis griegas.

Por su parte, Mesenia vivió un proceso de aumento demográfico entre los siglos X y VIII, con evidencias de concentración de población en zonas como el valle de Pamiso o las faldas del monte Ítome. La historiografía moderna ha debatido sobre si Mesenia se encontraba a las puertas de comenzar su proceso de synoikismos, que habría desembocado en la formación de una polis. A pesar de los debates sobre si esto se habría dado o no, lo cierto es que no hay evidencias de que hubiese empezado a darse en el territorio un proceso de synoikismos en el momento en que estalló la primera de las guerras mesenias.

Se asume por la mayor parte de la historiografía actual que el primer conflicto estalló en el 736 y se extendió hasta el 716. Con la guerra mesenia, Esparta emprendía su primera empresa a gran escala como Estado, preparando una expedición militar fuera de los límites del territorio laconio, atravesando el monte Taigeto y entrando en la región de Mesenia. La principal motivación que tenía el estado espartano para afrontar semejante esfuerzo no era otra que su conflictividad social interna. Al igual que en otras poleis, la falta de tierras, fuese por escasez o por concentración de su propiedad, se estaba convirtiendo en un serio problema. Si bien en la mayor parte de Grecia esto se afrontó mediante el proceso de colonización, Esparta, debido a su fuerte carácter continental y a su experiencia militar fruto de la conquista de Laconia, decidió solventar esa carencia a través de la conquista de la fértil región de Mesenia.

Una vez que Esparta atravesó el Taigeto, estableció su base de operaciones en Anfea, desde donde dirigió el proceso de conquista. Ante esto, las diferentes comunidades mesenias se habrían reunido y organizado la resistencia. Reconstruir la labor de las mismas es realmente complicado, pues nuestra fuente más prolífica, Pausanias, nos habla como si ya existiesen instituciones y magistraturas comunes a todos los mesenios, algo que ya se ha desechado como una reconstrucción idealizada. Lo más probable es que la actitud de las diferentes comunidades fuese diversa, resistiéndose unas a la conquista, pactando otras con Esparta o simplemente manteniéndose al margen del conflicto.

La guerra se habría desarrollado, principalmente, a través de un proceso de ocupación y saqueo espartano frente a una defensa mesenia basada en el hostigamiento durante la mayor parte del conflicto. A excepción de la fase final, en la que se menciona la resistencia mesenia en el monte Ítome frente a los numerosos intentos espartanos de asaltar el lugar, algo que finalmente conseguirían, obteniendo así la rendición. Tras la derrota, las élites mesenias se trasladaron a otras poleis, mientras que el resto de la población volvió a ocupar el territorio. Se mencionan solamente tres condiciones impuestas a las comunidades derrotadas: 1) la exigencia de no rebelarse, 2) la entrega de la mitad de sus cosechas y 3) la asistencia a los funerales de los reyes.

A pesar de su victoria, Esparta no consiguió acabar con sus conflictos sociales. Hasta tal punto que se ve en la necesidad de emprender la fundación de una colonia, Taras, donde envía a un grupo de población que las fuentes mencionan como especialmente conflictivo. El hecho de que estos problemas internos continuasen en Esparta ha llevado a reflexionar sobre el alcance real de la conquista de Mesenia en esa primera guerra. Ni pudo dominarse todo el territorio ni seguramente se ocupó la propiedad de la tierra, al menos a gran escala, pues lo cierto es que no hubo repartos de tierras que pudiesen solventar la inestabilidad interna.

Esa frágil situación llevó a que, durante la segunda mitad del siglo VII, las comunidades mesenias intentasen librarse del dominio espartano, rebelándose con el apoyo de argivos y arcadios, enemigos de Esparta tras haber tenido enfrentamientos pasados por cuestiones fronterizas. Lo más probable es que la mayor parte del conflicto transcurriese de forma similar a la primera de las guerras mesenias, con Esparta ocupando territorio y los mesenios hostigando a sus tropas. Aunque podemos encontrar una diferencia importante, pues ahora el ejército espartano había adoptado la formación en falange y la panoplia hoplítica. Esto le fue muy útil en los choques en campo abierto, dentro de los cuales tendríamos que destacar la batalla de la Gran Fosa, una de las narradas por las fuentes a la que más historicidad le podemos atribuir, en la que los espartanos infringieron una severa derrota a los mesenios.

En todo caso, el hostigamiento mesenio durante los aproximadamente 17 años que duró el conflicto recrudeció seriamente las tensiones dentro de Esparta, algo que se ve en los versos de Tirteo, en los que se exhorta a los espartanos a respetar los valores cívicos y a luchar sin descanso hasta derrotar a los mesenios. Finalmente Esparta consiguió vencer y asentar, esta vez sí, su poder en Mesenia, reduciendo a la población a la esclavitud colectiva (hilotismo), repartiéndola por el territorio y dividiendo la tierra en lotes, que serían asignados a los ciudadanos espartanos. Terminaba así el periodo de fuertes tensiones sociales.

Aunque el sistema político e institucional espartano se suele atribuir al mítico legislador Licurgo, lo cierto es que ese entramado se fue construyendo progresivamente a lo largo de un amplio periodo, aproximadamente desde el siglo VIII al VI, influido de forma muy notable por su proceso de expansión territorial y, especialmente, por la conquista de Mesenia. La élite espartana fue transformándose y transformando la polis como fruto de los enormes conflictos sociales que vivió y siendo consciente de que la hilotización de los mesenios iba a ser un peligro constante, peligro que asumieron para poder perpetuar un sistema de explotación que les era especialmente beneficioso. Nació así una sociedad y un Estado preparados para mantener ese sistema de explotación, creando para ello un poderoso ejército hoplítico tan eficaz reprimiendo en el interior como capaz de defender y hacer valer los intereses de Esparta en el exterior (ver Esparta, una sociedad para la guerra en Antigua y Medieval n.º 14: Esparta).

Bibliografía

Fuentes

  • Descripción de Grecia III-IV. Madrid: Gredos, 1994 (Traducción y notas: María de la Cruz Herrero Ingelo).
  • Elegíacos griegos. Madrid: Gredos, 2012 (Traducción y notas: Emilio Suárez de la Torre).

Monografías y artículos

  • CAVANAGH, William G., GALLOU, Chrysanthi & GEORGIADIS, Mercourios (eds.). Sparta and Laconia. From Prehistory to Pre-modern. London: British School at Athens Studies, 2009.
  • DOMÍNGUEZ MONEDERO, Adolfo J. La polis y la expansión colonial griega. Siglos VIII-VI. Madrid: Síntesis, 2001.
  • FORNIS, César. La historia, el cosmos y la leyenda de los antiguos espartanos. Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2016.
  • FORNIS, César. “Entre la épica y la historia: la conquista espartana de Mesenia”, Revista universitaria de Historia militar 6, 11, 2017, 157-171.
  • LURAGHI, Nino. The ancient messenians. Constructions of ethnicity and memory. New York: Cambridge University Press, 2008.
  • NAFISSI, Massimo. “Esparta” en Fornis, César (ed.) Mito y arqueología en el nacimiento de las ciudades legendarias de la Antigüedad. Sevilla: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2012.
  • PLÁCIDO SUÁREZ, Domingo. “Las protociudades de Mesenia”, Studia Historica. Historia Antigua 20, 2002, 65-73.
  • RODRIGUEZ ALCOCER, María del Mar. “Los cultos a Ártemis Limnatis y Ártemis Cariatis en las guerras mesenias de época arcaica”, Arys 11, 2013, 125-144.

Notas

[1] Todas las fechas de este ensayo aluden a cronologías antes de nuestra Era.

[2] Proceso por el cual una serie de poblaciones dispersas se unen para formar una ciudad.

Este artículo forma parte del I Concurso de Microensayo Histórico Desperta Ferro. La documentación, veracidad y originalidad del artículo son responsabilidad única de su autor.

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