Guerras Napoleónicas comic La Bande Dessinée franco-belga

Figura 5

Pero la ilustración ha sido también empleada a partir de la segunda mitad del siglo XX –y lo es hoy en día de forma extensa y reconocida– en el campo de la docencia, museografía y divulgación histórica de calidad, siendo las series de revistas Desperta Ferro un ejemplo descollante en este sentido sobre el que no es necesario profundizar. Por ello, es interesante analizar, aunque sea de forma somera, la manera en la que durante los últimos sesenta años guionistas e ilustradores se han aproximado a diferentes períodos históricos, en este caso, el período comprendido entre la Revolución Francesa y la caída del Imperio (1789-1815). Sin duda, dicho análisis en el ámbito de la bande dessinée franco-belga no puede comprenderse sin analizar el trabajo realizado por Liliane (1927-2015) y Fred Funcken (1921-2013), que entre 1965 y 1982, publicaron su obra más importante, L’encyclopédie des uniformes et des armes de tous les temps, que, como su título indica, realizaba en diecisiete volúmenes un exhaustivo análisis uniformológico desde el Antiguo Egipto hasta la Segunda Guerra Mundial, considerándose que los dos volúmenes dedicados a la época napoleónica, y los dos dedicados al siglo XVIII (figura 1) constituyen el punto de partida de los estudios que condujeron, por ejemplo, a las series de Osprey. En 1988 completarían la serie con un último título: Les soldats de la Révolution. Los Funcken colaboraron también en la ordenación de las colecciones de Museo Real de Bruselas y realizaron estudios específicos para la revista Uniformes, en la que publicaron, por ejemplo, trabajos sobre la iconografía de Napoleón a caballo, o Blücher durante la campaña de 1815 (Figs. 2 y 3).

Pero Liliane y Fred Funcken trabajaron también, como guionistas e ilustradores, para la revista belga Tintín –fundada en 1946 por Raymond Leblanc (1915-2008) y Georges Remi, Hergé (1907-1983)–, para la que crearon diversas series de ambientación histórica como Lieutenat Burton (1962-1967) dedicada a las aventuras de un oficial de la caballería estadounidense (su análisis como precedente del personaje del teniente Blueberry creado en 1963 para la revista Pilote por el dibujante Jean Giraud, Gir (1938-2012) y el guionista Jean-Michel Charlier (1924-1989) es inevitable a la par que interesante, imponiéndose el romántico héroe perdedor sobre el personaje más canónico de los Funcken), y Harald le Viking (1956-1967), un referente en la ambientación del Medievo que ha tenido muchos continuadores y que, en su origen, estuvo a su vez influido por el éxito de algunas tiras estadounidenses. Además, ilustraron el proyecto didáctico L’Histoire du Monde del historiador formado en la Universidad de Lovaina Jean Schoonjans (1897-1976), publicado entre 1955 y 1962, considerado un referente –de inspiración cristiana– en la producción de materiales didácticos en Bélgica. Entre sus trabajos para Tintín se cuentan dieciocho historias cortas ambientadas en la época napoleónica editadas entre 1953 y 1966, una gran parte con guión de uno de sus principales colaboradores, Yves Duval (1934-2009), en las que, por regla general, se trazaban esbozos muy simples, basados en anécdotas conocidas, de personajes como Wellington, Bernadotte, Murat, Ney, Cathérine Hübscher Madame Sans-Gêne, o el sastre Leroy, además de episodios históricos como la batalla de Waterloo o el exilio en Santa Elena, en un formato reducido de entre dos y cuatro páginas, editadas en bicromía o tetracromía, muy alejadas de la precisión y el detalle que caracteriza la mayor parte de su obra.

En 1992 Liliane y Fred crearán la primera de sus dos obras maestras: La chute de l’aigle. La bataille de Waterloo (Fig. 4) un muy elaborado trabajo en el que vertieron los conocimientos adquiridos en todos sus años de investigación y que supone una crónica muy vivida de la jornada del 18 de junio de 1815, evidentemente desde la perspectiva francesa con sus inevitables dosis de heroización, explicada desde la introducción narrativa de dos personajes, un médico y su joven ayudante, que se ven inmersos en la batalla. Dos años más tarde, en 1994, también en la serie Mémoire d’Europe, de Éditions de la Porte, publicaron un segundo álbum, Le sultan du Feu (Fig.5) dedicado a la expedición francesa a Egipto (1798-1801), siendo en esta ocasión la excusa narrativa la experiencia de un joven dibujante, Benjamin de Villefranche, enrolado a la fuerza en Tolón en el grupo de los savants que acompañaron la expedición de Bonaparte tras ser acusado de espía por dibujar a las tropas, y que acabará integrándose en el escuadrón de dromedarios organizado por el general Kléber. Lamentablemente, los Funcken no prosiguieron la serie,[1]pero en sus argumentos se incluyen algunos elementos interesantes como son la elección como narradores de personajes cultos en ocasiones surgidos de la nobleza, un rasgo que se repetirá en otras series como si se quisiera centrar en los miembros supervivientes de las familias quebradas por la Revolución que abrazaron la política desarrollada durante el Consulado y el Imperio, uno de los componentes esenciales del mismo, obviamente siempre vinculado al ascendiente de la figura de Napoleón. Una segunda característica de su trabajo es el carácter blanco de la narración, obviando la presencia de la mujer en sus tramas pese al desarrollo de los movimientos feministas y los movimientos contestatarios que caracterizaron la principal etapa de su producción.

La relación de la revista Tintín con la epopeya napoleónica, cuenta con una interesante derivada. A principios de la década de 1950, el creador del personaje, Hergé, quiso comprar una casa de campo en la Valonia, al sur de Bruselas, siéndole ofrecida la granja de Le Caillou, sede del último cuartel general de Napoleón el 17 de junio de 1815. Declinó la oferta, pero la anécdota se conoció entre los guionistas y dibujantes belgas, y el propio Hergé no dudó en representar a su personaje como un general del período revolucionario en la batalla de Fleurus para su serie didáctica Voir et savoir. (Fig. 6). Uno de los más conocidos, el francés Jacques Martin (1921-2010), inició su colaboración con la revista Tintín en 1948, creador de dos personajes legendarios en el mundo de la línea clara, el patricio romano Alix (1948), y el periodista francés Lefranc (1952), pero muy interesado en el empleo del cómic como instrumento formativo para el conocimiento del mundo antiguo en su serie Los viajes de Alix (1966-2014), de la época medieval en Los viajes de Jhen (2005-2014) y de la aviación entre 1903 y el final de la Primera Guerra Mundial en Los viajes de Lefranc (2004-2007), se interesó en 2007 por la batalla publicando, junto a Pierre Legein, Waterloo. Les uniformes de l’armée française, un trabajo interesante cuyo dibujo voluntariamente infantilizado al gusto de la época, incluye errores, algunos de ellos detectables a simple vista en la cubierta de la edición de Casterman (Fig. 7). Martin continuará la serie con dos nuevos títulos, Le costume sous la révolution et l’empire (2008) con dibujos de Jean-Marie Pâques, con un resultado mucho mejor que el anterior por la precisión y detalle de las figuras, y Bonaparte. La Campagne d’Égypte (2008) con dibujos de Jerôme Mondoloni, especialmente brillante en la recreación de los escenarios cairotas. En 2010, dentro del aluvión de publicaciones desarrolladas para conmemorar el bicentenario del Imperio, Martín apadrinó, bajo el título Jacques Martin presente, una nueva serie de cuatro volúmenes con guión de Pascal Davoz y dibujos de Jean Torton, Napoléon Bonaparte, editada entre 2010 y 2015, en la que se recogen los episodios del ascenso del joven general revolucionario y la toma de Tolón (1); la expedición a Egipto (2); el golpe de estado de Brumario y la primera etapa del Imperio (3); y el agotamiento y caída del mismo (4). Como sucederá en otras series, es la etapa inicial del personaje, y en concreto el sueño oriental que significó la campaña de Egipto, las mejor tratadas, como si guionistas e ilustradores estuvieran embebidos del espíritu de Stendhal, del mismo modo que quienes traten la etapa de los Cien Días no podrán sustraerse al peso de las obras de Víctor Hugo.

 

Jacques Martin, junto a André Juillard (1948) y Jacques Denoël (1963) como dibujantes, es también el creador de la serie Arno, un músico veneciano reconvertido en agente secreto y espía que participará en las conspiraciones para impedir el tratado de Campo-Formio (Le pique rouge, 1985), la expedición a Egipto (L’oeil de Kéops, 1985 y Le puits nubien, 1987 con final en las ruinas de Stonehenge), el golpe de estado y la creación del consulado (18 de Brumaire, 1994) (fig. 8), y la venta de la Louisiana a Estados Unidos (L’Ogresse, 1995 y Chesapeake, 1997), pero la serie, carente de atractivo en las últimas entregas, fue cancelada. En la década de los ochenta se iniciarán también otras dos series ambientadas en las guerras de la Revolución y del Imperio. Michel Faure (1947) y Daniel Vaxelaire (1948) crearon Les fils de l’Aigle en 1985 (fig. 9) en la que, a partir del personaje de Poiret de Morvan, un joven aristócrata que, huérfano durante el Terror, se alista en el ejército de la República y participará en las principales batallas desde el sitio de Tolón (La dent du Loup), conspiraciones realistas (Les collets noirs), la expedición a Egipto (Les sables de Denderah y Capucine), la formación de la Grande Armée (Le camp de Boulogne), la campaña de 1805 (Ma bohème), Austerlitz (Sous le soleil d’Austerlitz y Vienne à feu et à coeur), y la creación del reino de Holanda (Destinées Bataves) a lo largo de nueve álbumes editados entre 1985 y 1994, en los que la peripecia napoleónica comienza siendo el eje de la narración para progresivamente pasar a constituir el marco de la acción. La segunda serie, Dampierre creada en 1988 por Yves Swolfs (1955), para la revista Magazine Vecu y editado por Glénat[2] hasta 2002, narra las aventuras de un palafrenero protegido por un maestro de armas y una dama de la nobleza durante el período de la Guerra de la Vendée (fig. 10), como marco a una serie de venganzas por las que desfilan los principales personajes de los ejércitos realistas a lo largo de diez volúmenes (L’aube noire, Le temps des victoires, Les émisaires, Le complot de Laval, Le captif, Les enfants de la terreur, Le trésor de la Guyornière, Point de pardon pour les fi d’garces¡ y L’or de la Corporation). En el guión es interesante la reconstrucción no sólo de las disensiones internas de los contra-revolucionarios, sino la presentación de la crueldad de la represión indiscriminada de las tropas republicanas contra la población civil, con episodios especialmente crueles como los ahogamientos de Nantes. La serie y el personaje de Dampierre tuvieron un fuerte impacto en la opinión pública francesa, hasta el extremo de publicarse un álbum, Croquis d’une épopée (2004) que recogía el trabajo de investigación realizado por Swolfs, y que el Museo de Vandée patrocinara un álbum divulgativo, Chronique des guerres de Vendée (2000) como material didáctico en el que el personaje explica las principales etapas y problemas de la guerra.

Tras el debut de la serie, el guionista Reynald Secher y el dibujante René Le Hozec intentaron desarrollar una paralela con un carácter marcadamente de divulgación histórica, de la que únicamente se editó el primer volumen, Vendée 1789/1801. Anjou/Bretagne/Poitou (1988), y tras la cancelación de la serie original, el guionista Thierry Jogourel y el dibujante Gérad Clamm intentaron revitalizar en 2009 la temática con una nueva serie, Vendée, de la que únicamente se editó el primer álbum: Le sang et la passion.

Continuará…

Notas

[1] Los dos volúmenes fueron publicados el año 2015 por la editorial Ponent Mon en una edición integral con el título Napoleón.

[2] La serie Dampierre fue publicada en España por Coeditum en 2015, recurriendo a la fórmula de tres álbumes integrales: La hora de las victorias; El cortejo maldito y La última venganza.

Francisco Gracia Alonso es catedrático de Prehistoria de la Universitat de Barcelona y director del GRAP (Grup de Recerques en Arqueologia Protohistòrica). Trabaja en temas de cultura ibérica, la guerra en el mundo antiguo y la Historiografía de la Arqueología, aunque es un apasionado confeso de la época napoleónica. Es autor de títulos como La guerra en la protohistoria (2003), Roma, Cartago, iberos y celtíberos. Las grandes guerras de la península Ibérica (2005), Furor Barbari! Celtas y romanos contra Roma (2009), Salvem l’art! La protecció del patrimoni cultural català durant la guerra civil (2011), El tesoro del Vita. La protección y el expolio del patrimonio histórico-arqueológico durante la Guerra Civil (2014), Cabezas cortadas y cadáveres ultrajados (2017) y más recientemente, La construcción de una identidad nacional. Arqueología, patrimonio y nacionalismo en Cataluña (1850-1939) (2020).

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