prensa napoleónica

La imagen situada actualmente en el Museo de Historia de Madrid, nos muestra la rebeldía del pueblo español frente a los decretos de Bayona de 1808 y el reinado de José I Bonaparte. A pesar de ser abstemio, la creencia popular y las caricaturas heredadas de la prensa napoleónica inglesa produjeron grandes estragos en su gobierno. Pepe Botella. Fuente: Wikimedia Commons.

En una Europa convulsa a causa de guerras revolucionarias y cuatro coaliciones[1] que habrían tratado de derribar al contingente galo, la prensa resultó ser un elemento fundamental en los campos de batalla y en el día a día de los ciudadanos del imperio que se iba formando. La Confederación del Rin, el Reino de Italia, el Reino de Nápoles o la Confederación Suiza eran tan solo una pequeña muestra del gran espacio que conformaba el Primer Imperio francés desde 1804 a 1814. El emperador Napoleón Bonaparte (1769-1821) ejerció un control continuo sobre las noticias que habrían de llegar a todos sus súbditos, sea mediante sus mariscales o su intervención directa[2]. Al mariscal Suchet (1770-1826) se le encomendó la supervisión de las distintas gacetas de Sevilla, a Joaquín Murat (1767-1815), duque de Berg, las de Madrid[3].

El poder de la propaganda y la información era vital, se dice que para Bonaparte las gacetas y los diarios equivalían a un ejército de 3000 hombres[4]. Entre 1807 y 1808 periódicos europeos como Journal de L’ Empire[5] o La Gazeta de Lisboa hacían eco por toda Europa. Es por ello que algunos países establecían cordones sanitarios, como el realizado en España mediante la Real Resolución del 24 de febrero de 1791[6], durante la secretaría de Estado de Floridablanca, acontecida entre 1777 y 1792. Napoleón ya tenía una larga formación propagandística, lo que le facilitó sus tareas de censura y divulgación. En la campaña egipcia de 1798 publicó en árabe y en francés boletines, y arengas, para sus soldados y poblaciones locales, estrategia que ya había practicado en Italia. En suelo franco, desde 1799, el corso estableció Le Moniteur como diario predilecto del Estado francés. Este y otros tres[7] fueron los diarios encargados de transmitir su figura imperial desde 1804 y en adelante. Y por supuesto fueron sus imprentas sobre las que menos pesó el yugo de la censura.

El emperador de los franceses solía oponerse[8] a la publicación de ciertas temáticas como podrían ser: las pretensiones realistas[9], los suicidios, algunos asesinatos, el movimiento de tropas terrestres y marítimas, la derrota de sus ejércitos, etc.

La prensa en España

La prensa europea y española seguía un esquema internacional en su composición. En los diarios europeos encontrábamos un primer apartado  tratando los aspectos globales o acontecimientos pasados, tras esto una sección dedicada a determinados países y su política nacional. Concluían el semanal con un listado de negocios locales y actos públicos. Como curiosidad señalamos que, en el encabezado o en su parte final, se indicaba junto a la meteorología el método para acceder al diario, siendo mediante pago irregular o suscripción. Esta estructura era la que seguía la Gazeta de Valencia, la Gazeta de Sevilla, El Diario de Barcelona o el Diario de Madrid[10] fundado en 1758.

De Bayona a Cádiz: boletines, diarios y gacetas

Aunque la ley y las medidas tomadas por la Junta Suprema Central y su contrario, el gobierno de José Bonaparte (1768-1844) a través del Consejo de Castilla, no ejercieron todo el peso que debieron, es realmente interesante analizar las diferentes medidas que promulgaron a través de la Constitución de Cádiz de 1812[11] y el Estatuto de Bayona de 1808[12] sobre la libertad de imprenta y el ejercicio de la censura. El sometimiento a una legislación u otra, y el conflicto civil previo entre josefinos y fernandistas, podría definir a los ciudadanos como traidores o defensores de la patria[13].

El artículo 45 del Estatuto de Bayona  indicaba “Una junta de cinco senadores, nombrados por el mismo Senado, tendrá el encargo de velar sobre la libertad de la imprenta”. A posteriori en 1812 la constitución gaditana señalaba en su artículo 371 “Todos los españoles tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas sin necesidad de licencia, revisión ó aprobación alguna anterior á la publicación, bajo las restricciones y responsabilidad que establezcan las leyes”. Casi llegaba a parecer que un documento trataba de solventar las carencias del otro.

Encontrábamos aquí dos modelos de libertad de imprenta. La “Pepa”, llamada así por el día de San José[14], no precisaba de una junta o aprobación previa en las distintas publicaciones, al contrario que el Estatuto de Bayona. Esto era así porque el código francés que se había establecido era un documento transicional[15], pendiente de una continua evolución a largo plazo hasta que se asentaran finalmente las instituciones josefinas, hecho que el gobierno de José Bonaparte esperaba que se diera en 1813. Lo más curioso es que a pesar de su limitada actuación, el código de 1808 nos muestra un posible predecesor al habeas corpus[16] actual en su artículo 46:

«Los autores, impresores y libreros, que crean tener motivo para quejarse de que se les haya impedido la impresión o la venta de una obra, podrán recurrir directamente, y por medio de petición, a la Junta Senatoria de Libertad de la Imprenta».

Fernando VII en busca de la aprobación imperial

En el “Diario de Madrid” del 22 de marzo de 1808[17] al 10 de abril del mismo año, desde Valençay, quedó reflejada la sumisión de los Borbones ante los Bonaparte. Destacamos la tirada del día 22 de marzo de 1808, donde observamos una proclama del monarca español dirigida a su pueblo. Indicaba la sumisión y el apoyo que se debía ofrecer a las tropas de ocupación. En el 31 de marzo de 1808 y 9 de abril del mismo diario, somos testigos de los reales decretos que mandaban entregar productos de primera necesidad y mantas en los ayuntamientos. Todas estas medidas en su conjunto, y la posterior marcha la familia real del Palacio de Oriente[18], provocaron el terrible 2 de mayo de 1808. En este aspecto es interesante el reflejo del 2 y 3 de mayo en la prensa. El 4 del mismo mes el medio madrileño publicaba las medidas tomadas por el gobierno militar de Murat del día 2, todas ellas por cierto apoyadas por el pretendiente exiliado.

«ORDEN DEL DÍA.

Soldados: la población de Madrid se ha sublevado, y ha llegado hasta el asesinato. Sé que los buenos españoles han gemido de estos desórdenes; estoy muy lejos de mezclarlos con aquellos miserables que no desean mas que el crimen y el pillage. Pero la sangre francesa ha sido derramada i clama por la venganza: en su consequencia, mando lo siguiente:

[…] ART. VII. Los autores, vendedores y distribuidores de libelos impresos ó manuscritos, provocando á la sedición, serán considerados como unos agentes de la Inglaterra, y arcabuceados.

Dado en nuestro Quartel general de Madrid á 2 de Mayo de 1808.

Por mandado de S. A. I. y R.

El Gefe del Estado mayor Belliard[19]

El 2 de mayo significó un retroceso[20] en la libertad de imprenta peninsular, la pena de muerte y las ejecuciones rondaban en la cabeza de los españoles, y cómo es lógico, los avances que pretendían traer los imperiales fueron obviados e ignorados en todos sus aspectos.

«Las cartas de Valladolid referían que allí había habido tumulto, (…).Las de Aragón no decían sino que no podían comunicar noticias porque se había prohibido por el general, bajo pena de la vida».[21]

Actualmente seguimos planteándonos cómo hubiera llegado a ser el Madrid del rey José. La purga hacia la población josefina, los “afrancesados”, tuvo un carácter criminal. Artesanos, policías urbanos, nobles y mayordomos tuvieron que abandonar el suelo español y marchar a Francia, los que decidieron quedarse por decisión propia o por no haber tenido la oportunidad de escapar, no recibieron un destino mejor pues muchos terminaron ejecutados o encerrados.  Desde los rótulos, tinta y sangre su memoria permanece viva hoy.

Notas

[1] Desde 1792 Austria, Prusia y  Reino Unido fomentaron distintas coaliciones, enfrentándose  a la Convención (1792-1795), al Directorio (1795-1799), al Consulado (1799-1802) y al Imperio (1804-1814). Previamente a 1808 se habría dado cuatro coaliciones en las siguientes fechas: 1792-1797, 1798-1801, 1803-1806 y 1806-1807. Fremont-Barnes (ed), 2006, pp. 23-39.

[2] Es destacable el uso de las divisiones policiales en suelo francés a cargo de Joseph Fouché (1759-1820), ministro de la policía, quien hacía llegar a Bonaparte informes semanales. Además de todo ello, se podría señalar un excelente servicio de espionaje que informaba directamente al emperador, propietarios de boletines y gacetas como Pablo de Husson no eran conscientes del control al que se encontraban sometidos.  Pizarroso, A. (2007). “Prensa y propaganda bélica 1808-1814”. Cuadernos dieciochistas, (8), pp. 203-222.

[3] Ibídem.

[4] Ibídem

[5] Fundado en 1789, sería también conocido por el nombre de Journal des débats. En 1804 Napoleón dispone el cambio de nombre, permaneció así hasta el gobierno de Luís XVIII (1755-1824). Disponible en: https://gallica.bnf.fr/accueil/es/content/accueil-es?mode=desktop

[6] José Moñino y Redondo (1728-1808), conde de Floridablanca, trató de evitar posibles influencias externas. Ejerció una fuerte censura  en la prensa peninsular además de prohibir varias enciclopedias y volúmenes ilustrados a consecuencia de la Revolución Francesa. Véase en Real Academia de la Historia: http://dbe.rah.es/biografias/9722/jose-monino-y-redondo

[7] Le Journal del Paris, Le Journal de l’Empire y La Gazette de France. Pizarroso, A. (2007). “Prensa y propaganda bélica 1808-1814”. Cuadernos dieciochistas, (8), pp.  203-222.

[8]  Checa, A. (2013). “La prensa napoleónica en España (1808-1814). Una perspectiva”. El Argonauta español, (10), pp. 1-25.

[9] En referencia a la población y amotinados favorables a la Casa de Borbón como pretendientes al trono.

[10] Según los historiadores Alejandro Pizarroso (2007) y Gérard Dufour (2004): su gran competidor resultó ser La Gaceta de Madrid. Uno de los temas tratados en menor medida es la subsistencia de estos diarios y gacetas. Para poder mantener sus publicaciones y cubrir sus gastos Antonio Checa (2013) ha calculado que debían alcanzar por lo menos 150 suscriptores.

Checa, A. (2013). “La prensa napoleónica en España (1808-1814)”. Una perspectiva. El Argonauta español, (10), pp. 1- 25.

[11] Véase en: http://www.congreso.es/constitucion/ficheros/historicas/cons_1812.pdf

[12] Véase en: https://www2.uned.es/dpto-derecho-politico/c08.pdf

[13]Fernández, R. (2006). “Notas sobre propaganda bonapartista: proclamas y Gazeta de Santander (1809)”. El Argonauta español, (3), pp. 1-10.

[14] 19 de marzo. El rey José, al igual que la Pepa, recibió una multitud de apodos como: Pepe Botella, Pepe Pepino, José Pepino, etc. Véase en: http://ceres.mcu.es/pages/ResultSearch?txtSimpleSearch=Caricatura%20de%20Jos%E9%20Bonaparte&simpleSearch=0&hipertextSearch=1&search=simpleSelection&MuseumsSearch=MHM%7C&MuseumsRolSearch=25&listaMuseos=%5BMuseo%20de%20Historia%20de%20Madrid%5D

[15] En el artículo 145 indica “Dos años después de haberse ejecutado enteramente esta Constitución, se establecerá la libertad de imprenta. Para organizarla se publicará una ley hecha en Cortes”.

 [16] Patricia, 2011, pp 4-10.

[17] (1807). (1808). Diario de Madrid. España: Madrid. Disponible en Memoria de Madrid: http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=4603&pagina=9&tipodoc=docs_hijos&dia_inicio=&mes_inicio=&anio_inicio=&dia_final=&mes_final=&anio_final=

[18] «Salieron, en efecto, los guardias de Corps bien temprano, y a las diez tomó el coche en Palacio la infanta doña María Luisa, ex reina de Etruria, con sus dos hijos, y el infante donFrancisco, su hermano, y se marcharon. […]El infante don Antonio bajó a despedir en la escalera a los demás infantes, y los que se hallaban a la sazón, por casualidad, junto a Palacio se remolinan y empiezan a gritar que los franceses se llevaban al infante don Antonio, y cargan sobre un edecán francés que a uña de caballo salvó su vida». (Pérez, 2008, p. 94.)

[19] El general Agustín Daniel Belliard (1769-1832) originario del norte de  La Rochelle, fue el lugarteniente de Murat en su estado mayor y ocupó desde abril de 1808 el cargo de gobernador militar sobre la ciudad de Madrid. Fremont-Barnes (Ed.), 2006, pp. 595-596.

[20] Arco, 1916, p. 212.

[21] Pérez, 2008, p. 106.

Bibliografía

Fuentes primarias:

  • Pérez, R. (2008). Madrid en 1808, Relato de un actor. Madrid: Biblioteca Histórica.
  • Rújula, P. (2012). Memorias del Mariscal Suchet, sobre sus campañas en España 1808-1814. Zaragoza: Instituto Fernando el Católico (C.S.I.C.).

– (1807). (1808). Diario de Madrid. España: Madrid. Disponible en Memoria de Madrid: http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=4603&pagina=9&tipodoc=docs_hijos&dia_inicio=&mes_inicio=&anio_inicio=&dia_final=&mes_final=&anio_final=

– (1808). 28 de Junio. Gazeta de Lisboa. Portugal: Lisboa. Disponible en HathiTrust’s digital library:https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=njp.32101080468729;view=1up;seq=625

– (1808). 30 de Junio. Gazeta de Lisboa. Portugal: Lisboa. Disponible en HathiTrust’s digital library:https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=njp.32101080468729;view=1up;seq=625

– (1808). 5 de Febrero. Gazeta de Lisboa. Portugal: Lisboa. Disponible en HathiTrust’s digital library:https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=njp.32101080468729;view=1up;seq=625

– (1815). Moniteur Universel. París: Madamme Veuve Agasse Imprimeur-Libraire. Disponible en: https://archive.org/details/lemoniteuruniver18151819pari/page/n3

– (1807).  25 de Octubre. Journal de L’ Empire.  Francia: Paris Disponible en: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb32797692j/date

– (1807).  30 de Octubre. Journal de L’ Empire. Francia: Paris Disponible en: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb32797692j/date

– (1807).  6 de Noviembre. Journal de L’ Empire. Francia: Paris Disponible en: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb32797692j/date

– (1807).  24 de Noviembre. Journal de L’ Empire. Francia: Paris Disponible en: https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/cb32797692j/date

Libros y enciclopedias temáticas:

  • Arco, L. (1916). La prensa periódica en España durante la Guerra de la Independencia, 1808-1814. Castellón: Tipografía Joaquín Barberá.
  • Barbastro, L. (1993). Los afrancesados: primera emigración política del siglo XIX español (1813-1820). Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil Albert.
  • Fremont-Barnes, G. (Ed.). (2006). The encyclopedia of the French Revolutionary and Napoleonic Wars, A Political, Social, and Military History. Santa Barbara: ABC-CLIO.
  • Ibarra y Rodríguez, E. (1941). Historia del mundo en la Edad Moderna, Napoleón. Barcelona: Editorial Ramón Sopena, S.A.
  • López, J. (2007). Los famosos traidores. Los afrancesados durante la crisis del Antiguo Régimen (1808-1833). Madrid: Biblioteca Nueva.

Artículos y revistas:

  • Bar, A. (2013). “La Constitución de 1812: Revolución y tradición”, Revista Española de la Función Consultiva, Monográfico Bicentenario de la Constitución de 1812, (19), 41-82.
  • Checa, A. (2013). “La prensa napoleónica en España (1808 -1814). Una perspectiva”. El Argonauta español, (10), pp. 1- 25.
  • Dufour, G. (2004). “Les autorités françaises et la Gazeta de Madrid à l’aube de la Guerre d’Indépendance”. El Argonauta español, (1), pp. 1-7.
  • Fernández, R. (2006). “Notas sobre propaganda bonapartista: proclamas y Gazeta de Santander (1809)”. El Argonauta español, (3), pp. 1- 10.
  • Moreno, A. (2012). “La Gaceta afrancesada de Sevilla”. El Argonauta español, (9), pp. 1- 20.
  • Pizarroso, A. (2007). “Prensa y propaganda bélica 1808-1814”. Cuadernos dieciochistas, (8), pp. 203-222.
  • Piquerez, A. (2009). “El rey intruso y la Gazeta de Madrid: la construcción de un mito, 1808-1810” El Argonauta español, (6), pp. 1-22.

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