Vaso de los guerreros

Soldados micénicos,posiblemente mercenarios, marchando, pintados en una crátera de Micenas, la conocida como «Vaso de los guerreros», Edad del Bronce tardío, siglo XII a.C. Museo Arqueológico Nacional de Atenas, N.º 1246. Detalle. Fuente: Wikimedia Commons/Zde.

La Edad de Bronce tardía (el periodo comprendido entre 1600 y 1100 a. C.) en el Mediterráneo oriental fue una época de contactos sin precedentes. Reyes y reinas de ambas orillas del Egeo se embarcaron en misiones diplomáticas e intercambios de bienes de prestigio que comprendían tanto objetos de oro, plata, cobre y lingotes de estaño, como plantas y animales exóticos. En la actualidad, tenemos constancia de estos contactos gracias a los restos de cerámica encontrados en diversos países y también a evidencias epigráficas, como las listas que aparecieron en la base de las estatuas del templo de Amenofis III en Tebas. Dichas estatuas muestran la llamada «lista egea», en la que se pueden encontrar topónimos como Cnosos, Micenas y Citera.

Además, la tumba del cortesano Huya, en Tell el-Amarna (la ciudad construida por Akenatón), presenta una escena de un tributo extranjero, fechada en el duodécimo año del reinado de Akenatón, en el que se incluye a «las islas en el medio del mar» que, según algunos autores, podrían referirse a la Grecia continental o las islas del Egeo. A este hallazgo hay que sumar el de cuatro placas de mayólica egipcia, halladas en Micenas, que lucen en cartucho de Amenofis, lo que sugiere una visita oficial procedente de Egipto que transportó las placas a la ciudad.

Sin embargo, además de intercambios comerciales, se sabe que la Edad de Bronce también fue una época de transformaciones, en la que eran frecuentes los enfrentamientos de diferentes potencias entre las que, en el lado europeo del Egeo, destaca la Grecia micénica, cuyas tropas tenían fama por su experiencia militar.

Contra los señores de Hattusa

Se cree que los soldados micénicos empezaron a servir como mercenarios en Creta, anterior a la conquista, donde habrían adquirido la destreza necesaria para tomar la isla en torno a 1450 a. C. También se cree que apoyaron a la liga de Assuwa [1] en su lucha contra los hititas alrededor del 1400 a.C. Una prueba de esto sería la espada micénica de tipo B hallada en las ruinas cercanas a Bogăzköy [2] en 1991. Sobre el arma, en uno de los lados de la hoja, existe una inscripción en acadio que dice:

«Cuando Tudhaliya, el Gran Rey, destruyó el país de Assuwa, dedicó estas espadas al dios de la Tormenta, su señor».

El arma fue dedicada después de la victoria de Tudhaliya II y, a pesar de que pudo haber caído en manos hititas de diversas formas, la escasez de armamento de procedencia aquea en otras potencias mediterráneas de la Edad de Bronce hace creer que los micénicos no eran comerciantes de armas. Por lo tanto, es probable que la espada perteneciera a un guerrero micénico que luchó en la rebelión de Assuwa como soldado de fortuna.

En Hattussa han tenido lugar otros hallazgos que parecen apoyar la teoría de que soldados micénicos habrían combatido como mercenarios en los diversos conflictos que tuvieron lugar en la otra orilla del Egeo. Así, en Hattusa se ha hallado un fragmento de cuenco hitita en cuya superficie se encuentra inciso un grabado que muestra lo que, según parece, representa a un guerrero micénico armado con toda su panoplia de combate, entre la que destaca un casco con plumas y cuernos que recuerda a los pertrechos de los hombres pintados en el Vaso de los guerreros. Este cuenco está fechado en un contexto contemporáneo a la rebelión de Assuwa.

Otra prueba de mercenarios micénicos luchando en ultramar, y que también procede de Hattusa, es la Imputación de Madduwatta, un hitita renegado que gobernó Anatolia Occidental durante el siglo XV a.C. y fue atacado por Arrarissiya, quien es descrito como un hombre procedente de Ahhiya. Ahhiya es la forma más antigua y corta del nombre Ahhiyawa (por el que los hititas conocían a la Grecia Micénica), por lo tanto, es posible que se trate de una nueva indicación de la presencia de mercenarios micénicos al otro lado del mar Egeo.

Mercenarios micénicos al servicio del faraón

Egipto tenía una larga tradición incorporando mercenarios extranjeros en su ejército: arqueros nubios, libios, cananeos, incluso sherden [3]. Es posible que la presencia más temprana de mercenarios micénicos en Egipto date del tiempo en el que el país trataba de librarse del dominio hicso (1730 a. C. – 1580 a. C.) y buscaba ayuda al otro lado del mar.

Se sabe que los faraones de la Dinastía XVIII temprana pagaban a sus mercenarios con oro (incluso sus oficiales eran honrados con regalos de este metal), por lo que la correspondencia en el tiempo entre los combates contra los invasores hicsos y la aparición de las primeras tumbas de fosas micénicas han sido vistas como una prueba de que los combatientes aqueos permanecieron al lado de los egipcios hasta el final de la guerra.

Su recompensa habría sido el oro con el que después regresaron a la Grecia continental y del que, según autores como Marinatos y M. Hirmer, procederían tanto las riquezas halladas en las tumbas micénicas, como el apelativo “la rica en oro” por el que aún se conocía a Micenas en tiempos de Homero.

El hallazgo de la prueba más conocida que parece demostrar la presencia de mercenarios micénicos en Egipto tuvo lugar en diciembre de 1936, cuando John Pedlebury, realizando excavaciones en Tell el-Amarna para la Sociedad de Exploración Egipcia, descubrió los restos de un papiro. Las imágenes pintadas, de una calidad artística comparable a las escenas de batalla del sarcófago de la tumba de Tutankamón, sugieren que el papiro data del final del periodo de Amarna. Las escenas mejor conservadas muestran a varios arqueros libios (identificados por su piel más pálida, largas capas, genitales expuestos y lumbares tatuados) atacando a egipcios. Uno de los soldados egipcios se encuentra postrado, cercado por enemigos que están a punto de cortar su cuello.

La segunda escena muestra a un grupo de guerreros corriendo en dos registros superpuestos tratando, posiblemente, de llegar hasta el egipcio caído. Todos estos soldados visten faldellines blancos de dos clases: uno plisado y otro más corto con una sobrefalda de cuero. Si bien algunos combatientes tienen la cabeza y el pecho desnudos, así como el bastón usual del soldado de infantería egipcio, otros llevan túnicas cortas y cascos. Dichos cascos están rotulados en rojo y coloreados en amarillo pálido, como si quisieran indicar que están confeccionados en un material diferente al metal, y en ellos pueden distinguirse demarcaciones verticales.

Escena de batalla sin mercenarios micénicos

Fragmento de papiro hallado en Tell el-Amarna, actualmente conservado en el Museo Británico, decorado con escenas de batalla. Muestra dos escenas: en la de la derecha se aprecia un egipcio caído vencido por un libio, mientras otros arqueros libios se apresuran a rematarlo. La del centro y derecha muestran a soldados de infantería egipcios, algunos con cascos y/o túnicas cortas de piel de buey. © The Trustees of the British Museum.

Los cascos del papiro de el-Amarna son compatibles con las descripciones de los cascos de colmillos de jabalí micénicos; así, las demarcaciones verticales pintadas sobre ellos se asemejan a las líneas de los cascos de colmillos de jabalí, que representan la división entre sus diversas secciones. Si bien algunos guerreros del papiro luchan con el pecho desnudo, otros visten unas túnicas de piel de buey moteada, pudiendo distinguirse dos clases de túnica: la primera, hasta la altura de la rodilla y la segunda, más corta, no aparece en otras representaciones de tropas egipcias y deja el abdomen desnudo.

En el mundo micénico esta asociación de los cascos de colmillos de jabalí y la piel de buey recuerda a un detalle de uno de los frescos de la isla de Thera, donde ese estampado aparece en los escudos de torre de los soldados. También puede observarse en la crátera del Museo Británico, donde una figura, de pie entre dos caballos, viste una prenda moteada hasta la cintura. Las vestimentas que muestra el papiro tienen, además, una pintura verde, basada en el cobre, que se ha utilizado para marcar líneas alrededor de los ribetes de la túnica, el cuello y los brazos, lo que podría indicar que tenían refuerzos de metal.

Aunque las evidencias arqueológicas para una coraza de este tipo son problemáticas, ya que las partes confeccionadas en piel de buey son perecederas, los entierros de guerreros en Micenas pudieron haber incluido coseletes de cuero. En Kallithea, en la Tumba A, se descubrieron los restos de un combatiente equipado con una larga espada, lanza y partes de una coraza que incluía grebas de bronce y fragmentos de láminas de metal que han sido identificadas por Yalouris como refuerzos pertenecientes a una coraza de cuero.

En Lakithra, en una tumba, se descubrieron fragmentos de ribetes que también pudieron haber formado parte de un coselete de cuero. Ambos hallazgos, sumados a las evidencias del Lineal B, en el que se identificaron ideogramas que representan túnicas con refuerzos de metal, sugieren que los micénicos utilizaron esta clase de corazas.

Además, la arqueología ha hallado otras pruebas de la presencia de combatientes micénicos en Egipto, como el casco de colmillos de jabalí que fue encontrado al norte del delta del Nilo y la maqueta de un barco de tipo egeo (una galera de guerra micénica), descubierta en Gurob. Waxman ha señalado que la pintura roja y negra que presenta este modelo muestra paralelismos con la de los barcos aqueos que aparecen en la Ilíada, especialmente con la de las naves de Ítaca. Aunque Homero explica que todos los bajeles tienen el vientre negro para impermeabilizarlos, los barcos de Odiseo tienen también una banda roja en los laterales.

Se cree que lo más probable es que los mercenarios micénicos se pusieran a las órdenes del faraón de forma voluntaria y pudieran abandonar Egipto una vez terminado su periodo de servicio. Una prueba de esto sería la escama perteneciente a una coraza, similar a las vestidas por los aurigas de Oriente Próximo, sellada con el cartucho con el nombre de Ramsés II. Dicha escama fue encontrada en Salamina, en las ruinas de un palacio micénico, y pudo haber pertenecido a uno de estos soldados de fortuna retornados.

Los mercenarios micénicos y Homero

A pesar de que la Edad de Bronce tardía fue un periodo de una movilidad y conexión desconocida hasta entonces, al igual que sucedió con los héroes homéricos, los mercenarios retornados fueron tenidos en una alta estima y gozaron de un estatus especial dentro de sus comunidades. Además de armas, llevaron consigo los recuerdos de sus vivencias en ultramar; algunas de estas anécdotas serían plasmadas en frescos, como la pintura mural Capitán de los negros que puede verse en el palacio de Cnosos y, según Webster, podría basarse en los relatos de un mercenario que prestó servicio en Egipto al mando de una tropa de guerreros nubios.

Jorrit Kelder sugiere que estas historias, narradas por los mercenarios retornados, también pudieron haber jugado un papel muy importante en el nacimiento de la épica griega. En el caso de Odiseo pueden observarse paralelismos entre el faraón Amenhotep II, que es capaz de disparar flechas sobre un blanco de cobre con las riendas de su caballo atadas a la cintura, y la habilidad que el propio Odiseo demuestra al ser capaz de disparar una flecha a través de doce anillos.

Puede verse otra semejanza entre los ardides de Odiseo y los episodios históricos egipcios en las similitudes entre la toma de la ciudad de Yapu por el general egipcio Dyehuty, que escondió a doscientos soldados en grades cestas que después ofreció como tributo al gobernador de la urbe, y lo sucedido en Troya con el caballo de madera.

Según Kelder, el origen de estos paralelismos se encontraría en los campamentos del ejército egipcio durante la Edad de Bronce, donde los soldados micénicos habrían escuchado cantar estas historias a sus camaradas extranjeros y las habrían incorporado a sus propios cantos épicos de fama y gloria.

Dejando a un lado los ardides de Odiseo, aunque no se trate de una fuente directa, la obra de Homero presenta varios pasajes relativos a visitas de héroes griegos de la Edad de Bronce a Egipto y otras áreas del Mediterráneo Oriental donde, en muchas ocasiones, lograron acumular riquezas. Así, en la Odisea, Menelao menciona en tres ocasiones diferentes que, durante su regreso a Esparta, pasó siete años en Egipto, Sidón, Chipre, Libia y Fenicia. El caso de Egipto es particularmente curioso, ya que fue allí donde Menelao obtuvo su fortuna, aunque no explica si la adquirió gracias al proceso de intercambio de regalos, usual entre las cortes de la Edad de Bronce, o luchando como guerrero mercenario.

La Cipria, una obra que forma parte del ciclo troyano, registra que Paris y Helena se detuvieron en Sidón después de partir de Esparta y abandonar la Grecia continental. Esto también es corroborado por Heródoto, que afirma que ambos personajes se habrían detenido y vivido en Egipto durante su viaje de regreso a Troya.

Además, la obra de Homero muestra que mercenarios de diversas naciones lucharon en el ejército troyano durante la guerra de Troya, lo que hace pensar que el movimiento de tropas y la contratación de combatientes extranjeros era algo usual durante la Edad de Bronce Tardía.

Tanto Homero como varios hallazgos arqueológicos muestran que los diversos reinos del Mediterráneo Oriental estaban estrechamente unidos y eran frecuentes los intercambios no solo de metales preciosos o plantas y animales exóticos, sino también de hombres que habrían decidido buscar fortuna como médicos, artesanos o mercenarios. En el caso de estos últimos, su presencia habría quedado reflejada al otro lado del Egeo en las representaciones de hombres protegidos por corazas de cuero de buey y tocados con imponentes cascos de colmillos de jabalí. En cuanto a la Grecia continental y las islas, las vivencias y el oro que los mercenarios micénicos llevaron consigo, no solo desempeñarían un importante papel como origen de las riquezas legendarias de Micenas, sino que también quedarían inmortalizadas por Homero.

Bibliografía

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  • Cline, E. H. (1995). “Tinker, Tailor, Soldier, Sailor: Minoans and Mycenaeans Abroad” en Aegaeum, vol. 12, p. 265-287.
  • Cline, E. H. (2015). 1177 a.C.: El año en que la civilización se derrumbó, Barcelona, Editorial Crítica.
  • D’ amatto y Salimbeti A. (2011). Bronze Age Greek Warrior 1600-1100 BC, Oxford, Osprey Publishing Limited.
  • Schofield, L. and Parkinson, R. B. (1994). “Of Helmets and Heretics: A Possible Egyptian Representation of Mycenaean Warriors on a Papyrus from El-Amarna” en The Annual of the British School at Athens, vol. 89, p. 157-170.
  • Schofield, Louise (2007) The Mycenaeans, Los Angeles, Getty Trust Publications.
  • Sears, M. (2019). Understanding Greek Warfare (Understanding The Ancient World), Oxon, Routledge.
  • Kelder, J. (2020). “Mercenaries, Travelling Tales and the Shaping of the Greek Age of Heroes”: https://www.youtube.com/watch?v=Q_1l6SnTlFA&list=LL&index=8&t=1451s
  • Kelder, J. (2020). “Ships, Olives, and Mercenaries: Contacts Between Egypt and the Greek World”: https://www.youtube.com/watch?v=orcPgiwI8yc

Notas

[1] Confederación de estados de Anatolia Occidental creada para oponerse al imperio hitita. Fue derrotada por el rey hitita Tudhaliya II ca. 1400 a.C.

[2] Aldea situada en la provincia turca de Çorum junto a la que se encuentran las ruinas de Hattussa, la capital del imperio hitita.

[3] Un antiguo pueblo que se dedicaba a la piratería y formaba parte de los llamados «pueblos del mar».

Este artículo es finalista del III Concurso de Microensayo Histórico Desperta Ferro. La documentación, veracidad y originalidad del artículo son responsabilidad única de su autor.

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