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Ferros en papel, una especie en peligro de extinción, de un libro para corregir en las oficinas de Desperta Ferro Ediciones. © Mónica Santos

“No hay papel. En teoría tenemos que recibir una remesa el lunes [18 de abril], pero no sabemos ni cuánto, ni de qué gramajes, ni a qué precio”. Se puede el lector de estas líneas imaginar con qué ánimos nos fuimos de Semana Santa los editores de Desperta Ferro, sabedores de que inmediatamente a la vuelta, el martes 19, debíamos empezar a imprimir las revistas que llegarán a kioscos y librerías este miércoles 4 de mayo. Afortunadamente, el lunes llegó una remesa de estucado brillo de 115 g, el papel que empleamos en nuestras revistas, pero un 15 % más caro, subida que vino a engrosar el 8 % que ya escaló en enero, a su vez sobre el 10 % que había crecido el último trimestre de 2021. Desde que empezamos a trabajar con nuestra imprenta habitual, hace ya una década, cada enero negociábamos un precio que se mantenía durante todo el año, y el suministro estaba fuera de cuestión. Ahora, el precio cambia de un mes a otro y no queda más remedio que pagar lo que te pidan las papeleras; eso, o quedarse sin papel. Susto o muerte. “En treinta años de profesión, nunca he visto nada igual”, nos comenta con desconcierto la directora general de nuestra imprenta. Y obviamente, no es la única, el resto de las imprentas con las que trabajamos se lamentan de lo mismo.

Para entender lo que está ocurriendo, hay que remontarse a 2020. La pandemia de la covid-19 tuvo un impacto desigual para los distintos sectores de nuestra economía, pero lo que es cierto es que transformó nuestros hábitos de consumo. En el caso concreto del mundo editorial, a pesar de los peores augurios iniciales y del transitorio cierre de las librerías, 2020 fue un año de auge de la lectura que dio un respiro a un sector en el que en los últimos años se notaban síntomas de agotamiento; y aunque 2021 fue un momento dulce, de consolidación y expansión, se empezaron a vislumbrar los primeros nubarrones en el horizonte.

Papel. Crónica de una crisis

La bonanza del sector se tradujo en un aumento exponencial de las publicaciones y, por tanto, de la demanda de papel. Una demanda que, sin embargo, se topó con una contracción de la oferta. El primer revés fue la quiebra de la cadena de aprovisionamientos y la crisis de los contenedores de China, uno de los principales productores de pasta de papel (además de lugar donde imprimen muchas editoriales de todo el mundo). Con los contenedores multiplicando su precio por cinco o por seis, importar un producto de tanto peso y volumen y tan escaso valor añadido dejaba de ser una opción.

Los ojos de los editores occidentales se pusieron en Finlandia, principal suministrador europeo de pasta de papel de calidad y fruto de una gestión sostenible de los bosques (y el papel que empleamos en Desperta Ferro). Pero la pandemia había supuesto el cierre temporal de las papeleras y un parón en la producción, por lo que no había stock suficiente capaz de saciar la sed de papel, y la reactivación acelerada del sector para hacer frente a la avalancha de pedidos ha terminado estallando en una huelga de los trabajadores de UPM Kymmene, la principal papelera del mundo, que desde el 1 de enero de 2022 ha mantenido en jaque al sector editorial –y provocado a la empresa unas pérdidas que se estiman en los 20 millones de euros semanales–, y que tras dieciséis semanas no se ha desconvocado hasta la reciente negociación de un nuevo convenio colectivo hace apenas unos días, este pasado 22 de abril.

UPM-Kymmene

Remesa de papel fabricado por UPM-Kymmene en el puerto de Rauma, Finlandia, dispuesto para embarcar con destino a Lübeck. © Riikka Pasanen/Wikimedia Commons

Si a todo esto le sumamos el alza del precio de los combustibles (dado su peso y volumen, el papel no es precisamente barato de mover), la espiral inflacionista y las consecuencias directas e indirectas de la guerra en Ucrania –por ejemplo para materiales como el aluminio, necesario para las planchas de impresión, del que Rusia es uno de los principales productores del mundo y actualmente alcanza precios récord–, nos encontramos ante la tormenta perfecta.

La situación del cartón, imprescindible para los libros de tapa dura, es aún peor si cabe, dado que se ha visto agravada por el crecimiento exponencial del comercio electrónico y, por tanto, de la necesidad de packaging, una competencia que desde el pasado año ha disparado los precios.

En resumen: a día de hoy, imprimir una revista nos cuesta de media la friolera de un 35 % más que en abril de 2021, un libro en rústica un 30 % más y un libro en cartoné, hasta un escalofriante 70 % más. Y la espiral alcista no tiene visos de detenerse.

Capeando el temporal

Ante esta crítica situación, y dados los magros márgenes con que nos movemos las editoriales (recordemos que la venta de libros a través de distribuidoras tiene un descuento del 55 %) ¿Cómo puede responder el sector editorial español a este desafío? Estas son las medidas que desde hace meses llevamos tomando en Desperta Ferro Ediciones.

En primer lugar, lo más apremiante es tratar de asegurar, en la medida de lo posible, el suministro de papel. Para ello, desde finales del pasado año estamos adelantando pagos de trabajos de impresión a varios meses vista para tratar de comprometer el suministro de papel. Habida cuenta que las distribuidoras pagan a 120 días de la fecha de puesta a la venta de cada título en cuestión, adelantar pagos de imprenta supone un considerable capital inmovilizado que no se va a compensar hasta ocho o diez meses después, pero todo esfuerzo es poco para sacar adelante proyectos tan sugerentes como Vrbs, Espada, hambre y cautiverio, Sangre en la frente y todos los demás que estamos presentando este semestre.

Sangre en la frente papel ferros

Pruebas de imprenta de Sangre en la frente. La Guerra Civil en color, cuya fecha de salida tuvo que verse retrasada al próximo miércoles 25 de mayo por problemas asociados a la disponibilidad de papel de la calidad y el gramaje previstos (y no íbamos a conformarnos con menos). © Mónica Santos

En segundo lugar, no poder publicar todos los títulos que nos gustaría. Y de los que publicamos, ajustar al máximo las tiradas y valorar mucho más detenidamente que antes las reimpresiones, dado el riesgo que estas pueden suponer. Esto se traduce en que una vez agotados, haya títulos que tarden mucho más en volver a estar disponibles. Consejo: si os interesa mucho algún título, no os lo penséis demasiado.

Y, por último, la opción que puede parecer inevitable: la subida de precios. En nuestro caso, somos muy conscientes de la difícil situación económica actual, que se está manifestando en una importante contracción del consumo. Mientras que a principios de año aplicamos una pequeña subida en las revistas de apenas un 7%, muy lejos del sobrecoste actual de la impresión, por el momento hemos evitado repercutir los cada vez más elevados costes de producción en el precio de nuestros libros, que se mantienen en los baremos habituales. La pregunta es ¿hasta cuándo podremos hacerlo? Las previsiones más optimistas hablan de una regularización del suministro y de una moderación de la escalada de precios durante el segundo semestre, pero no nos engañemos, el nuevo precio del papel ha venido para quedarse.

Habiendo nacido hace más de una década, en plena crisis económica y tras sobrevivir a la pandemia, a estas alturas no nos van a temblar las piernas por complicada que sea la coyuntura. Por suerte, Desperta Ferro Ediciones cuenta con un capital que no se puede pagar con dinero. De un lado, el grupo de profesionales que forman nuestro equipo, que contra viento y marea trabaja para que nuestras publicaciones os lleguen de manera puntual, con el mismo nivel de exigencia y la calidad de siempre. Y por otro, nuestros maravillosos lectores, que una vez más, como ya ocurrió en los momentos más duros de 2020, estáis ahí para ofrecernos vuestro inquebrantable apoyo; apoyo que queríamos corresponder con este ejercicio de transparencia para contaros, más allá del trabajo de edición, traducción, coordinación, ilustración, cartografía, maquetación, etc. que hay detrás de cada uno de nuestros títulos, cuál es la compleja realidad por la que está atravesando el sector editorial en este turbulento 2022.

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