arqueobotánica costa desierto de Atacama ARVCODA

Figura 1. Imagen de la costa del desierto de Atacama, objeto de estudio del proyecto de arqueobotánica ARVCODA. © Débora Zurro

La Historia de la Humanidad ha sido narrada de distintas formas, utilizando diferentes medios y actores, construyendo así discursos que varían de acuerdo a cada comunidad y momento histórico. En la actualidad, el discurso científico es uno de los más relevantes y,  a pesar del valor de “neutralidad” que se le reconoce, este se encuentra condicionado por el contexto social de quienes lo proponen, validan y difunden. De hecho, si bien es cierto que los discursos científicos son resultado de los procesos de investigación y del conocimiento acumulado, algunos de ellos no están necesariamente actualizados y son difundidos socialmente arrastrando ideas que en ámbitos puramente académicos o bien ya no se utilizan o están en proceso de reevaluación. Ejemplos de lo anterior corresponden a las visiones androcentristas y eurocentristas en el ámbito de las Ciencias Humanas. En el primer enfoque, el motor de cambio se centra en el rol del hombre, en base a las características o labores tradicionalmente atribuidas a lo masculino. En este sentido, la caza de grandes presas, documentada en la etnografía como actividad predominantemente desarrollada por varones, ha tenido un rol fundamental en abordar el estudio de las sociedades del pasado. Una de las múltiples consecuencias que este tipo de razonamiento puede implicar, es la de asumir la preponderancia de ciertos segmentos de la población frente a otros en las trayectorias históricas de ciertos grupos humanos y, por ende, también de la Humanidad. De esta manera, se proyecta una idea de “progreso” global en la que algunos han participado de forma activa, mientras que otros lo han hecho tan solo pasivamente.

Por su parte, la perspectiva eurocentrista plantea una única forma de desarrollo y asume como normalidad lo propio a su contexto y a su trayectoria histórica. De este modo, aquellos territorios habitados por comunidades que hacen, piensan y sienten diferente, son desplazados al último escalafón dentro de relaciones jerárquicas que hasta el día de hoy consideran lo europeo como “centro civilizatorio”. Esto es particularmente evidente en el estudio de sociedades con otros modos de vida, como las comunidades cazadoras recolectoras. Durante años, estas poblaciones han sido estudiadas a través de una lente que ha elaborado modelos que simplifican sus formas de vida. Una lente que enfoca y amplifica la actividad de caza en detrimento de la recolección, a pesar de que esta última, lejos de ser una actividad genérica y de aparente menor retorno, implica un sinnúmero de prácticas, saberes y relaciones diversas entre las personas y el mundo natural que son fundamentales para la comprensión integral de la historia humana y también de la antropización del planeta.

La importancia de la arqueobotánica

En este escenario, las plantas apenas han tenido una participación anecdótica, siendo comúnmente concebidas como recursos secundarios junto a otros como la fauna menor, los recursos marinos, etc. Este rol secundario en la explicación arqueológica en gran parte se justifica en base a la ausencia de restos del consumo de plantas en los yacimientos de cazadores-recolectores, ya que generalmente los restos arqueobotánicos no suelen conservarse a lo largo del tiempo, mientras otros restos como parte de los faunísticos o los líticos no presentan este tipo de problemas.

Sin embargo, contamos afortunadamente con ejemplos de yacimientos de cazadores-recolectores con una buena preservación, que nos ofrecen una imagen real y no sesgada de lo que debieron ser esos campamentos. En todos ellos, la existencia de restos arqueobotánicos es masiva. Tal es el caso del yacimiento israelí de Ohalo II, donde las excepcionales condiciones de preservación permitieron identificar, en una cronología de 19 000 años BP, más de 60 000 restos botánicos en una superficie de 12m2 (Weiss et al. 2008).

Esto demuestra hasta qué punto en la investigación arqueológica, la ausencia de evidencia no siempre es evidencia de ausencia. Actualmente, el desarrollo técnico y metodológico de nuestra disciplina permite recuperar evidencias en principio no visibles a lo largo del trabajo de campo. La arqueobotánica ha jugado un papel sumamente relevante mediante la elaboración de métodos específicamente dirigidos a generar datos relativos a las plantas. El estudio de maderas carbonizadas (la antracología), el de semillas (carpología), pólenes (palinología) o los más recientes análisis de microrrestos como es el caso del análisis de células mineralizadas (fitolitos), el de almidones o el de diferentes tejidos vegetales (como parénquimas) carbonizados, contribuyen a producir datos sobre esos consumos.

Como parte de los discursos sesgados que mencionamos anteriormente, se mantiene viva la idea de que solo algunos paisajes son clave para comprender el desarrollo de las comunidades humanas, mientras que los paisajes que se alejan del marco de referencia europeo –literal y figurativamente–, han sido sistemáticamente marginalizados, representando los desiertos casos extremos.

Hábitats extremos. El desierto de Atacama

Los desiertos se definen fundamentalmente como ecosistemas de clima árido, en donde las precipitaciones, en función de su cuantía, generan ambientes subáridos, semiáridos, áridos e hiperáridos. En todo caso, estas precipitaciones son siempre escasas, promoviendo que los seres vivos que habitan estos espacios estén extremadamente adaptados a la escasez de recursos hídricos. El caso de las zonas áridas cálidas es, además, especialmente interesante dados los numerosos procesos de desertificación vigentes en la actualidad y presentes incluso en la península ibérica.

costa chile Atacama

Figura 2. Vista de la costa del Pacífico, en la que puede apreciarse la neblina costera. © Débora Zurro

Más allá de las características geográficas y biológicas de los desiertos, existe también una dimensión cultural en torno a ellos, que sin duda afecta a nuestra percepción sobre los mismos. En el imaginario colectivo, los desiertos se caracterizan por su inhabitabilidad, con una idea de lo “inhóspito” o “infértil” que se asocia también a la ausencia de formas de vida pero también de personas. Sin embargo, los desiertos han sido permanentemente habitados por distintas poblaciones humanas. Los estudios son contundentes en afirmar que el inicio de la ocupación de estos espacios se remonta a miles de años atrás, con evidencias arqueológicas para el Sahara, la península arábiga, Namibia, el Kalahari, el desierto de Sonora o el desierto de Atacama. Es este último nuestro foco de estudio, siendo un caso paradigmático por tratarse del desierto más árido del mundo en el que desarrollaron su existencia sociedades cazadoras-recolectoras y agropastoriles a lo largo de milenios, hasta el día de hoy.

En el norte de Chile, en el desierto de Atacama hallamos una costa que recibe precipitaciones escasas a nulas, con escasas lluvias torrenciales usualmente asociadas al fenómeno de El Niño (Figura 1). A pesar de ello, la camanchaca (Figura 2), una neblina costera de la zona, genera una humedad relativa que permite la existencia de comunidades vegetales como líquenes, herbáceas anuales, cactáceas y algunos arbustos. Dicha variedad de vegetales ha sido permanentemente utilizada por las comunidades humanas hasta la actualidad, sea como alimento, combustible, materia prima o medicina.

El proyecto ARVCODAArqueología del Consumo de Recursos Vegetales en el Desierto de Atacama, surge de un proyecto intramural del CSIC, Arqueología, desiertos costeros y visibilización de recursos vegetales (190405). Ambos proyectos, coordinados desde la IMF-CSIC, se basan en una colaboración con el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile (actualmente con la participación de otras instituciones –University College London, Universitat Autònoma de Barcelona, LMU München y Universidad Católica del Norte– y buscan evaluar toda una serie de cuestiones metodológicas y de visibilización de una parte del registro arqueológico. El proyecto implementará una metodología para evaluar el uso de recursos vegetales en una escala temporal amplia, que incluye el Holoceno Temprano y Medio de la costa atacameña, períodos en los que se dieron las principales transformaciones paleoambientales y paleoceanográficas conocidas para los últimos 12 000 años en el área de estudio.

Así, ARVCODA aborda dos de los principales elementos marginalizados en el discurso en torno a las sociedades cazadoras recolectoras: el uso de las plantas en este tipo de sociedades y su consumo en zonas desérticas. El proyecto se centra particularmente en el uso de combustible, ya que los hogares suelen resultar evidentes a lo largo del trabajo de campo y se analizan sistemáticamente en arqueología. Además, dada la buena conservación de los restos arqueobotánicos carbonizados, partir de este tipo de evidencias facilita enormemente la investigación. El uso combinado de diferentes técnicas permitirá no solo generar nuevos datos sino también matizar o robustecer informaciones ya disponibles, de manera que se puedan realizar aportaciones significativas sobre los modos de vida y la gestión del medio de las poblaciones de la costa del desierto de Atacama previo al contacto europeo. Todo ello nos permitirá sumar los presentes análisis a los estudios realizados con anterioridad por los colegas chilenos (Ugalde et al. 2020), posibilitando una perspectiva regional.

Algas y cactus

ARVCODA plantea, además de identificar cuáles fueron esos recursos usados como combustible y, si es posible, reconocer y sugerir el uso de recursos alternativos. Nos referimos de forma específica al posible uso de algas y de cactus, ampliamente disponibles en el área de estudio (Figura 3). En determinados contextos ambientales, como es el caso de desiertos o de determinadas áreas costeras, su aprovechamiento parece lógico y esperable pues forman parte integral del paisaje conocido y habitado por las sociedades del pasado. Sin embargo, a pesar de que la documentación etnográfica permite sostener que tanto algas como cactus han sido frecuentemente utilizados para diversos fines por sociedades no industrializadas, su uso ha sido escasamente explorado en arqueología.

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Figura 3. Comunidades de cactus sobre la costa del desierto de Atacama. © Débora Zurro

El caso de Monte Verde, en el sur de Chile y con una cronología en torno a 14 000 años BP, resulta interesante por la identificación de restos de algas (Dillehay et al. 2008). En el norte de Chile, el uso de algas ha recibido escasa atención arqueológica, posiblemente debido a su difícil reconocimiento a nivel macroscópico. No es de extrañar que su identificación haya sido posible en sitios con buena conservación en el área septentrional de la costa de Atacama (e.g.; Ramirez y Quevedo 2000; Núñez et al. 1974). Una de las menciones más frecuentes sobre el uso de algas, y su uso específico como combustible, corresponde a los estratos de ceniza compactada (Figuras 4 y 5) presentes en estructuras arquitectónicas-funerarias distribuidas desde el río Loa hasta Chañaral, durante los ca. 5700-4000 años antes del presente  (e.g., Ballester y Gallardo 2011; Núñez et al. 1974; Núñez y Santoro, 2011; Salazar et al., 2015). Si bien el uso potencial como combustible de este conspicuo recurso intermareal por parte de las poblaciones costeras del desierto de Atacama ha comenzado a formar parte de algunas reflexiones arqueológicas y experimentales actuales (véase Hernández 2020), continúa siendo una hipótesis a contrastar mediante líneas de evidencia directa.

Para complementar las aproximaciones arqueológicas, técnicas actuales de modelización y simulación nos permiten estudiar el consumo de combustibles desde el punto de vista de las necesidades de comunidades de agentes que se desplazan sobre un territorio virtual. Esto nos da acceso a una aproximación distinta al estudio de los comportamientos del pasado, en que las necesidades de una comunidad se puede parametrizar y, juntamente con información de la productividad del entorno y datos arqueológicos, permiten una visión más amplia del problema a estudiar. En nuestro caso, es posible aproximarnos al  volumen de algas que se depositan en la costa, la densidad de habitantes o la disponibilidad de otras materias combustibles, generando así una herramienta alternativa para evaluar el uso de algas como combustible.

Las cactáceas, por otra parte, han estado presentes históricamente en el discurso arqueológico de la costa del Norte Grande de Chile, pues conforman materias primas de relevancia tecnológica para la pesca. La extracción y tratamiento de las espinas de cactus, permitió a las comunidades elaborar distintos útiles, tales como anzuelos y también barbas de retención para arpones (Llagostera 1989, Núñez y Santoro 2011). Vale señalar también las menciones arqueológicas como materiales constructivos, existiendo registro del uso de sus troncos como postes o elementos estructurales en rasgos arquitectónicos-funerarios (véase Llagostera 1989; Núñez et al. 1974, Núñez y Santoro 2011).

Figuras 4 y 5. Estructura de combustión al interior de Estructura-2 del sitio Zapatero (izq.), y excavación de rasgo de combustión. Proyecto FONDECYT 1151203. © Ximena Power

ARVCODA desarrollará metodologías dirigidas a reconocer criterios diagnósticos que nos permitan contrastar o ahondar de forma específica en el uso de cactus o bien de algas. Más allá de la presencia de restos macro, identificables en base a rasgos anatómicos al microscopio, existen otros indicadores en torno a los cuales es posible desarrollar metodologías de identificación específicas ligadas, por ejemplo, a la presencia de oxalatos de calcio, presentes en cactus. Para el Holoceno Temprano se incluirá el sitio de San Ramón 15, contexto de explotación minera ubicado en la cordillera de la Costa y con uso sistemático de combustible y el Alero 224A, un campamento residencial. Para el caso del Holoceno Medio se trabajará Zapatero y Hornos de Cal, ambos conchales residenciales generados a lo largo de milenios de ocupación semipermanente.

Los resultados que deriven de esta investigación entregarán nuevas herramientas para la comprensión de las comunidades cazadoras recolectoras de la región, así como el cuestionamiento de los enfoques asumidos de forma acrítica. Así, gracias a este tipo de estudios la visión historiográfica de nuestro pasado se vuelve más rica y completa, ayudando a superar sesgos establecidos por décadas de investigación en solo algunos aspectos de la vida de comunidades históricas. Una visión más general e inclusiva nos da las herramientas para entender mejor la naturaleza humana, y cómo hemos llegado a estructurar las sociedades presentes a través de la paleta de posibilidades que nos dan los elementos disponibles en nuestro entorno.

Referencias

  • Ballester, B., & Gallardo, F. (2011). Prehistoric and historic networks on the Atacama Desert coast (northern Chile). Antiquity, 85(329), 875–889. https://doi.org/10.1017/S0003598X0006837X
  • Dillehay, T. D., Ramírez, C., Pino, M., Collins, M. B., Rossen, J., & Pino-Navarro, J. D. (2008). Monte Verde: seaweed, food, medicine, and the peopling of South America. Science, 320(5877), 784-786.
  • Hernández, V. (2020). Algas, fuego y cenizas. Una aproximación experimental a la preparación de estratos de ceniza en contextos ca. 6000-4500 cal. AP de la costa arreica. Memoria para optar al Título de Arqueóloga. Universidad de Tarapacá, Chile.
  • Llagostera, A. (1989). Caza y pesca marítima (9000 a 1000 a.C.). En Prehistoria. Desde sus Orígenes hasta los Albores de la Conquista (Hidalgo, J., Schiappacasse, V., Niemeyer, H., Aldunate, C.  & Solimano, I., pp. 57-79). Editorial Andrés Bello, Santiago.
  • Núñez, L., Zlatar, V., & Núñez, P. (1974). Caleta Huelén-42: Una aldea temprana en el norte de Chile: nota preliminar(Imprenta Universitaria). Universidad de Panamá.
  • Núñez, L., & Santoro, C. M. (2011). El tránsito arcaico-formativo en la circumpuna y valles occidentales del centro sur andino: hacia los cambios» neolíticos». Chungará (Arica), 43(ESPECIAL), 487-530.
  • Ramírez, M. & Quevedo, S. (2000). Hallazgo de Lessonia nigrescens (Phaeophyceae) en enterratorio del cementerio Tiahuanaco Atacameño Pisagua (Colección Max Uhle). Boletín del Museo Nacional de Historia Natural 49: 99-108.
  • Salazar, D., Figueroa, V., Andrade, P., Salinas, H., Olguín, L., Power, X., Rebolledo, S., Parra, S., Orellana, H., & Urrea, J. (2015). Cronología y organización económica de las poblaciones arcaicas de la costa de Taltal. Estudios Atacameños, 50, 07–46. http://dx.doi.org/10.4067/S0718-10432015000100002
  • Ugalde, P.C., McRostie, V., Gayo, E.M. et al. 13,000 years of sociocultural plant use in the Atacama Desert of northern Chile. Veget Hist Archaeobot (2020). https://doi.org/10.1007/s00334-020-00783-1
  • Weiss, E., Kislev, M. E., Simchoni, O., Nadel, D., & Tschauner, H. (2008). Plant-food preparation area on an Upper Paleolithic brush hut floor at Ohalo II, Israel. Journal of Archaeological Science, 35(8), 2400-2414.

 

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