elefantes de guerra legiones romanas

Bronce romano de un elefante de guerra, Staatliche Antikensammlungen, Múnich. Se trata de un elefante de bosque norteafricano, el más común de entre los utilizados por los cartagineses, extinto hacia el 100 a. C. Fuente: Wikimedia Commons.

La distribución geográfica de los elefantes son las zonas templadas y suaves del sur y sureste de Asia, Asia Occidental y África, donde se encuentra el elefante de sabanas o matorral[2] y el de bosque[3], que fue empleado por cartagineses y egipcios, y era más pequeño que el asiático; y los asiáticos son el indio[4], el de Sri Lanka[5], el de Sumatra[6], de Borneo y Malasia.

En el intento de captura, transporte y doma de un elefante, se calculó que fallecían dos o tres. Los que se destinaron a la guerra fueron preferiblemente machos, debido a su tamaño, agresividad y grandes defensas.

Se les entrenó para sortear muros o pozos, pisotear, integrarse en formaciones de batalla, derribar caballos con la trompa y desmontar a su jinete, maniobrar conjuntamente con la caballería e infantería ligera, salvar cursos fluviales y derribar muros, casas, obstáculos defensivos…

La guerra con elefantes

El elefante fue el «arma acorazada» en la Antigüedad, aunque sus usos tácticos y polivalentes no admiten dicha comparación. Los asiáticos, por medio de cadenas que cruzaban su lomos, sostenían una torre[7] que transportaba tres arqueros y/o lanceros armados con sarisas[8]. Los púnicos, debido al tamaño pequeño de sus elefantes, iban montados a lomos. Sus defensas naturales se prolongaban con afiladas piezas de metal, y se los protegía con armaduras o ligeras corazas de cuero o lino, y con campanillas atadas para hacer ruido al avanzar.

La velocidad de su carga podía poner en fuga a las filas enemigas y, además, cada animal iba acompañado por cincuenta infantes ligeros. Se empleaban como pantalla delante de la línea central de infantería, que los cartaginenses usaban como potenciadora de la misma. Menos habitual era situarlos en los flancos con la caballería, por la vulnerabilidad de los caballos ante el olor de los paquidermos.

También aparecieron nuevas medidas para contrarrestarlos, como la de atacar al conductor, sembrar los campos de abrojos[9], asustarlos generando gran ruido, excavar zanjas de gran profundidad, construir empalizadas, hostigarlos con tropas ligeras y usar armas como el escorpión[10] y la balista[11].

Guerras Pírricas

Debido a la petición de ayuda de Tarento, Roma se enfrentó con Pirro[12]. En la batalla de Heraclea (280 a.C.), los romanos fueron vencidos debido al factor sorpresa, psicológico y el desconocimiento del combate contra los treinta elefantes del epirota, que fueran llamados bueyes lucanos[13]. Los caballos romanos, debido al fuerte olor de los paquidermos, huyeron descontrolados y presionaron enormemente sus propias líneas. En Ásculo (279 a.C.) participaron veinte, pero los romanos se proveyeron de proyectiles y armas especiales[14]. Mas todas estas armas no fueron efectivas y la infantería ligera griega, los animales y la guardia personal de Pirro decidieron la victoria. El signo de Pirro cambió en Benevento[15]( 274 a.C.). Esta vez, los diecisiete elefantes griegos fueron neutralizados, según el mito, por el uso de cerdos untados de brea y prendidos fuego que, con sus chillidos, los aterrorizaron: dos se perdieron y fueron capturados otros ocho. Fue el final del griego en Italia.

Los elefantes fueron clave para las victorias de Pirro contra los romanos: los situaba en reserva, atacando muy avanzada la batalla. Pero las legiones aprendieron a combatir contra ellos y, pese a no disponer de estos animales, en la última batalla los derrotaron.

Guerras Púnicas

Los cartagineses adoptaron el uso del elefante tras contactar con Pirro en Sicilia. En la Primera Guerra Púnica, en las cuatro batallas[16] en que fueron usados, en tres fueron rechazados por los romanos, y eso que llevaban treinta y cinco años sin combatirlos, pero en los llanos de Bagradas, donde los púnicos emplearon cien elefantes, los romanos fueron decisivamente derrotados.

En la Segunda Guerra Púnica, Aníbal atravesó los Pirineos con treinta y siete elefantes [17] y, en Trebia (218 a.C.), destrozó a la infantería ligera y derrotó a la caballería aliada. Los púnicos recibieron refuerzos durante el transcurso de la guerra, entre ellos cuarenta elefantes, que fueron empleados como elemento de ruptura de la línea enemiga cuando el combate de la infantería pesada ya estaba en marcha. El fin de la presencia púnica en Italia se produjo tras las batallas de Metauro (207 a.C.) y del Po (203 a.C.). Los romanos atacaron Hispania con Publio Cornelio Escipión y, tanto en Baecula (208 a.C.) como en Ilipa (206 a.C.), derrotaron a los elefantes púnicos. En Zama (202 a.C.), en territorio africano, se enfrentaron a ochenta elefantes libios faltos de entrenamiento, que no pudieron evitar que la contienda finalizara con victoria romana.

Guerras romano-sirias y Macedónicas

En estas guerras los romanos incorporaron a su ejército elefantes de guerra, probablemente una decena de norteafricanos regalados por el rey númida Masinisa, que se usarían para cargar y romper las líneas enemigas.

En los anales de estas guerras están las batallas de Cinoscéfalos (197 a.C.), Termópilas (191 a.C.), Magnesia (190 a.C.) y Pidna (168 a.C.).

En la Guerra romano-siria (batallas de Termópilas y de Magnesia), los elefantes no fueron determinantes y solo los usó el bando perdedor, por influencia helenística. Los romanos habían aprendido a combatirlos con eficacia. Los inicios de la guerra fueron consecuencia de las guerras púnicas y, al finalizar, se inició la decadencia del imperio seléucida. Las macedónicas fueron consecuencia de la expansión y el auge de Roma, mientras que en las anteriores guerras esta luchó por su supervivencia.

Guerras Celtibéricas

Enmarcada en las guerras por la conquista romana de Hispania, en la primera batalla de Numancia (153 a.C.), el cónsul romano Quinto Fulvio Nobilior persiguió a unas fuerzas celtíberas hasta los muros de Numancia, debido al terror que les inspiraban unos elefantes númidas que llevaba como refuerzo. Debajo de los muros, uno de los elefantes fue herido con una gran piedra en la cabeza, enfureció y atropelló a cuantos encontró, haciendo lo mismo otros elefantes. Una salida de los arévacos mató a tres elefantes y derrotaron a los romanos.

Segunda Guerra Civil romana: la batalla de Tapsos

Julio César, antes de la batalla de Tapsos (46 a.C.), trajo elefantes procedentes del circo para quitarles a sus tropas el temor hacia estos animales y saber cómo combatirlos. Metelo Escipión, al mando de los pompeyanos, contó con treinta elefantes africanos, aportados por el rey númida Juba y distribuidos en las dos alas, delante de la caballería y la infantería. Los elefantes embistieron, pero fueron atacados por los arqueros y honderos de César. La muerte de algunos conductores hizo que se volvieran contra su propio ejército. Los que consiguieron pasar fueron bloqueados por los legionarios, armados de hachas para sajar las patas de los paquidermos. Por su valentía, serían recompensados con la concesión de un elefante como emblema de la legión. Tras la pérdida de los elefantes, Metelo empezó a perder terrero y, finalmente, fue derrotado.

Conclusiones

Los elefantes fueron un arma que dio opciones tácticas variadas, sirvieron casi en cualquier lugar del campo de batalla y apoyaron desde la caballería ligera a las falanges de piqueros. Su valor militar fue muy importante, tanto por su eficacia relativa (convirtiéndose en un elemento bélico que no estuvo al alcance de cualquier ejército), como cuando se enfrentaron a soldados que los desconocían (su mera presencia infundió terror entre las filas enemigas). Pero su efectividad se redujo enormemente cuando se enfrentaron a tropas que contaban con experiencia en oponérseles.

Su uso diferenció un ejército de las bandas guerreras. Se le considera el carro de combate de la Antigüedad y un arma psicológica, pero no fue el arma total y definitiva, aunque tuvo un carácter polivalente (transporte, reconocimiento, ingenieros…). Un entrenamiento deficiente o un hostigamiento eficaz producía que, dominados por el pánico, se volvieran contra sus propias filas, creando el caos y precipitando la derrota.

La adopción del elefante por el ejército helenístico se debió al amor por lo colosal y a que era un símbolo de realeza para sus súbditos orientales. Sin embargo, en la mayoría de la batallas y sitios que fueron usados no fueron determinantes para la victoria.

Otras cuestiones entran en el campo de la logística: una alimentación antieconómica, una crianza en un clima diferente al suyo, periodos de gestación de veintidós meses para concebir una sola cría, amaestramiento en vez de domesticación, escasez y dificultad de obtener conductores y entrenadores, problemas en su caza y transporte, y extinción de los elefantes africanos del norte del Atlas.

Roma significó la decadencia del elefante de guerra en Occidente, relegado a las arenas del circo y a los espectáculos de masas al carecer de valor táctico para las legiones.

Bibliografía

  Fuentes primarias:

  • Apiano.
  • Diodoro Sículo.
  • Eliano.
  • Estrabón.
  • Julio César.
  • Polibio.
  • Plutarco.
  • Tito Livio
  • Manuales y Diccionarios.
  • Diccionario de Batallas, (2001), Salvat Editores SA.
  • Grandes Batallas conflictos decisivos que han conformado la historia, Parragón Books ltd. 2009.

Libros:

  • ASIMOV, I. (2011). Historia de los egipcios. Alianza Editorial.
  • CANAL DE HISTORIA. (2011). Las grandes batallas de la historia. Editorial Plaza & Janés.
  • CAU, P. (2010). Batallas del Mundo. Editorial Tikal.
  • GOLDSWORTHY, A. (2002). Las Guerras Púnicas. Editorial Ariel.
  • GOLDSWORTHY, A. (2010). En el nombre de Roma. Editorial Ariel.
  • NEWARK, T. (2009). Historia de la Guerra. Editorial Blume.
  • PARKER, G. (2010). Historia de la Guerra. Editorial Akal.
  • SÁEZ, R. (2006). Cartago contra Roma. Soldados y batallas de las guerras púnicas. Editorial Almena.
  • WARRY, J. (1994), Alejandro 334-323 a.C. La conquista del Imperio persa. Ediciones del Prado.

Artículos:

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  • AMELA VALVERDE, L. (2013, nº 26) De nuevo sobre el denario de César con elefante (RRC 443/1). Minerva. Págs. 145-162.
  • ANTELA FERNÁNDEZ, B. (2011, nº 8). Los elefantes de guerra. Desperta Ferro. Pags. 42-45.
  • ARRE CABALLO! “Cartago y las guerras púnicas”. https://arrecaballo.es/edad-antigua/cartago-y-las-guerras-punicas/
  • ARRE CABALLO! “Guerras Pírricas”. https://arrecaballo.es/edad-antigua/guerras-pirricas/
  • ARRE CABALLO! “Guerras Macedónicas”. https://arrecaballo.es/edad-antigua/guerras-macedonicas/
  • ARRE CABALLO! “Guerras civiles romanas”. https://arrecaballo.es/edad-antigua/guerras-civiles-romanas/
  • CABEZAS GUZMÁN, G. (2013). Aproximación a la logística militar del ejército de Aníbal. Historiae. Págs. 91-119.
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Notas

[1] Las pírricas, las púnicas, las romano-siria y macedónicas, las celtíberas y la segunda guerra civil romana.

[2] Loxodonta africana. Disponible en: https://www.bioenciclopedia.com/elefante/

[3] Loxodonta cyclotis. Disponible en: https://www.bioenciclopedia.com/elefante/

[4] Elephas maximus indicus. Disponible en: https://www.bioenciclopedia.com/elefante/

[5] Elephas maximus maximus. Disponible en: https://www.bioenciclopedia.com/elefante/

[6] Elephas maximus sumatranus. Disponible en: https://www.bioenciclopedia.com/elefante/

[7] Rectangular o cuadrangular, llamada howdah. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Howdah

[8] La sarisa era una larga pica de 3 a 7 metros de longitud (aunque la media era de 6), usada como arma principal de la falange macedonia. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Sarisa

[9]  Arma simple formada por cuatro o más púas metálicas afiladas de unos pocos centímetros de largo, dispuestas en forma de tetraedro, de tal manera que, al dejarla caer al suelo, una de las púas siempre apunta hacia arriba, mientras las otras forman la base Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Abrojo_(arma)

[10] Máquina de guerra principalmente utilizada por las legiones romanas. Usaba la proyección, o tiro, para el ataque y defensa de plazas. Su nombre se debe a unas tenazas parecidas a las del escorpión, con que agarraba las piedras o dardos que tenía que proyectar. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Escorpi%C3%B3n_(arma)

[11] La balista romana era un arma de artillería pesada, utilizada sobre todo para lanzar contra objetivos situados a larga distancia. Por lo general lanzaba piedras, que podían alcanzar los 30 kilos de peso. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Balista

[12] Pirro de Epiro (318-272 a.C.) es considerado uno de los mejores generales de su época. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Pirro_de_Epiro

[13] Ya que sus ojos se asemejaban a los bueyes y la batalla se estaba produciendo en Lucania.

[14] Carros de bueyes equipados con largas picas, recipientes con fuego y despliegue de infantería ligera.

[15] Beneventum o Maleventum.

[16] Heraclea (261 a.C.), Adis (256 a.C.), Bagradas (255 a.C.) y Panormos (251 a.C.).

[17] Se cree que había ciento veinte elefantes de guerra en el ejército cartaginés.

 

Este artículo forma parte del II Concurso de Microensayo Histórico y Microrrelato Desperta Ferro en la categoría de microensayo. La documentación, veracidad y originalidad del artículo son responsabilidad única de su autor.

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