La publicación del libro Amazonas. Guerreras del mundo antiguo de Adrienne Mayor, que juega con el mito y la realidad histórica de estas féminas que estimularon la imaginación de los antiguos griegos y siguen presentes hoy día, y nunca mejor dicho que en vísperas del estreno de la nueva película de Wonder Woman. El de las amazonas es el ejemplo perfecto de creación de estereotipos de personajes femeninos del pasado a partir de patrones actuales, pero nos viene a la cabeza otro igualmente poderoso y muy extendido en la actualidad, el de las mujeres vikingas.

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La valkyria/escudera Hervör muere tras la batalla con los hunos, por Peter Nicolai Arbo (1831-1892).

Gracias a series como Vikings, de History Channel, hoy en día los vikingos son, probablemente, más populares que nunca. Y, gracias a personajes de la serie como Lagertha –la guerrera escudera que lucha con los hombres de igual a igual–, las mujeres vikingas son uno de los aspectos de esta sociedad que más interés suscitan. No podemos más que alegrarnos por la inclusión de las mujeres como objeto de estudio en la Historia, ya que es sin duda interesante –y necesario–, sin embargo, lo que vemos en la serie –y la imagen que muchos tienen de las vikingas como guerreras– no responde del todo a la realidad histórica que tanto las fuentes literarias como las arqueológicas nos cuentan a día de hoy.

¿Es todo ficción? No exactamente y, aunque en muchos casos es complicado diferenciar lo que es mito de lo que es realidad, es cierto que las mujeres escandinavas durante la Era Vikinga gozaron de unos privilegios, libertades, derechos y poder que no tuvieron otras mujeres de su época, como por ejemplo las mujeres cristianas. Escandinavia fue uno de los últimos bastiones del paganismo europeo, y tal vez ello hizo que las mujeres vikingas conservasen este estatus que, al convertirse al cristianismo, perdieron en su mayor parte. Por ejemplo, recientes estudios nos indican que muchas más mujeres de las que hasta ahora se creía viajaron con los hombres y participaron de forma activa en la colonización vikinga y en los procesos de migración, siendo una pieza clave en el poblamiento de estos lugares. ¿Luchando como los hombres? No hay evidencias que digan tal cosa.

Según Judith Jesch (Women in the Viking Age, 1991) las mujeres escandinavas ni siquiera podrían llamarse vikingas ya que el vocablo en nórdico antiguo del que deriva la palabra vikingo, vikingar, solo se aplicaría a aquellos hombres escandinavos que, entre los años 800 y 1100 d. C., se dedicaban a ir de expedición en sus barcos largos y estilizados. Las mujeres, por ende, no podrían haber sido «vikingas». De hecho, afinando aún más, ni siquiera todos los hombres escandinavos de este periodo habrían sido vikingos, ya que muchos no se dedicaron al comercio, a la guerra o al saqueo.

Mujeres vikingas, ¿mujeres guerreras?

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Freydís Eiríksdóttir luchando contra los skraelingar.

Es una pregunta con una respuesta realmente complicada ya que no está exenta de multiplicidad de matices. ¿Las mujeres vikingas sabían luchar? No nos debería caber la menor duda de que algunas sí. ¿Las mujeres vikingas luchaban? Algunas más que probablemente. ¿Las mujeres vikingas iban de expedición de saqueo? La hipótesis a día de hoy más plausible es que no. ¿Existieron las doncellas escuderas como Lagertha? A día de hoy son, también, un elemento más relacionado con la mitología y las leyendas que con la realidad.

Es en la literatura nórdica medieval donde podemos encontrar referencias a mujeres guerreras, llamadas skjaldmö. Sin embargo, las sagas nórdicas son relatos muy posteriores a la Era Vikinga (a partir del siglo XIII la mayoría de ellas), escritos por hombres, por cristianos y, sobre todo, con fines específicos. Luego, su veracidad histórica es más que cuestionable y no se puede tomar como cierto todo lo que aparece en las Sagas. Lagertha aparece en la obra Gesta Danorum del historiador danés Saxo Gramático y en alguna saga, como la de Ragnar Calzaspeludas. Nos cuentan que luchó contra un caudillo que se había apoderado de Noruega y había sometido a gran cantidad de mujeres. Escrita en el siglo XII, la Gesta Danorum recoge también que en la batalla de Brávellir –mediados del siglo VIII– más de 300 mujeres lucharon ataviadas como hombres para ayudar al bando danés frente al sueco. Freydís Eiríksdóttir, hija de Erik el Rojo, aparece en la Saga de Laxdœla y en la Saga de Erik el Rojo, como parte de una expedición que viajó a Vindland (Terranova, Canadá) y que tuvo que enfrentarse a los nativos de la zona, llamados skraelingar, cuando fueron atacados en el campamento que habían montado.

Lo que podemos deducir de la literatura –en el caso de que esta reflejase una realidad histórica– es que, si bien hubo mujeres que lucharon, estas fueron una anomalía ya que se nos presentan como casos extraños y/o haciendo frente a situaciones excepcionales que requirieron de su intervención. Por otro lado, las valquirias son una de las figuras más importantes de la mitología nórdica y algunas teorías apuntan a que los escritores de las sagas que hemos mencionado, que no dejan de ser relatos épicos, pudieron introducir estos personajes en las narraciones, con el rol de escuderas guerreras, de igual modo que introdujeron elementos mágicos y hasta dragones.

¿Qué puede decir todo eso? Que aunque las mujeres escandinavas no participasen de forma activa o habitual en las incursiones y expediciones vikingas junto a los hombres, ello no quiere decir que no supiesen luchar y que, llegado el momento, no dudasen en hacerlo. Recordemos que las mujeres pasaban largos periodos solas en las granjas, acompañadas de niños, ancianos, enfermos y esclavos (que no tenían derecho a portar armas) y podían sufrir ataques tanto de pueblos extranjeros como de otros pueblos vikingos, ya que Escandinavia durante la Era Vikinga no era ni mucho menos un territorio unificado y las rivalidades entre clanes vikingos eran una constante.

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Placa decorativa de plata perteneciente a una fíbula, con representación de una figura de mujer armada con escudo y espada. Según la hipótesis más comúnmente aceptada, podría tratar de representar a una valquiria.

Por otro lado, prescindir de la mayoría de las mujeres jóvenes, en edad de casarse y reproducirse, para ir a la guerra habría resultado un suicidio social; tanto para la importante organización de la granja que veíamos anteriormente, como para la perpetuación de la propia familia. En esta línea, algunos historiadores sugieren como posibilidad que, de haber habido mujeres guerreras, lo habrían sido de forma excepcional y antes de casarse y formar una familia, lo que, teniendo en cuenta las tempranas edades en la que se producían los matrimonios, no deja demasiado margen.

En cuanto a la arqueología, el panorama no es mucho más esclarecedor, si bien es cierto que se han encontrado yacimientos con entierros femeninos que han desconcertado a los arqueólogos al contener armas y otros elementos generalmente atribuibles a los hombres (o a los roles masculinos). No obstante, han sido pocos y poco concluyentes. La mayoría de los entierros vikingos hallados hasta la fecha muestran roles de género marcados y diferenciados: los hombres, enterrados generalmente con armas y herramientas; las mujeres, con artículos relacionados con el hogar, la costura o la joyería.

El principal problema que presentan estas tumbas con atributos o elementos masculinos, como armas, escudos o caballos, es que es muy complicado saber a ciencia cierta qué significado poseen esos elementos en un contexto funerario, pues no necesariamente el hecho de contener una espada está indicando que se trate del entierro de una guerrera. Como hemos visto, algunas armas, como las hachas, podrían haber estado relacionadas con el mundo de la magia, un mundo femenino, o incluso con las labores habituales de la granja. Como hemos visto también, las mujeres viudas asumían los roles de sus difuntos esposos, y por eso podrían contener armas sus tumbas o balanzas de pesar plata, muy habituales entre los comerciantes. De igual modo, sabemos que los ajuares funerarios no siempre muestran la realidad de lo que fue la vida cotidiana del difunto. Por ello, el abanico de posibilidades es muy amplio.

En el futuro, los análisis osteológicos (huesos) o los análisis de estroncio (dentadura) tal vez nos puedan decir si los restos femeninos de las tumbas que nos desconciertan pertenecen a mujeres vikingas o, por el contario, a mujeres extranjeras, ya que algunas teorías sostienen que podría tratarse de mujeres foráneas en cuyas sociedades, como por ejemplo en las del este de Europa, las mujeres sí podrían haber formado parte de las élites guerreras de forma más habitual. Por ejemplo, el cronista bizantino Johannes Skylitzes cree haber encontrado evidencias de mujeres que participaron con los vikingos que integraban la Guardia Varega en una batalla librada contra los búlgaros en el año 971 d. C. Sin embargo, como sabemos, este cuerpo de élite no solo estuvo compuesto por vikingos y, además, pertenecía al emperador de Bizancio. Esperemos que, con el tiempo y la labor de los investigadores, nuestras preguntas cada vez tengan más respuestas.

Por Laia San José Beltrán, The Valkyrie’s Vigil

Bibliografía

BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005

JESCH, Judith. Women in the Viking Age. The Boydell Press, Woodbridge, 1991.

JOCHENS, Jenny. Women in Old Norse Society. Cornell University Press, New York, 1998.

PRICE, Neil (ed). The Viking World. Routledge Worlds, London, 2011.

GARDELA, Lezzek. Warrior-women in the Viking Age Scandinavia. A Preliminary Archaeological Study. Analecta Archaeologica Ressoviensia. 2013, núm. 8, pp. 273-340.