Como vimos en la entrada anterior Mujeres vikingas ¿mujeres guerreras? (si te la has perdido, puedes leerla pinchando aquí), todo apunta a que las mujeres vikingas no fueron mujeres guerreras; sin embargo, esto no significa que no fuesen una parte muy importante de la sociedad escandinava, y es que tenían el control de la esfera doméstica y en ellas recaía prácticamente toda la organización de la granja[1].

mujeres vikingas

Cadenas de cuentas y abalorios. Mujer de alto estatus. Clan Hávamál.

La húsfreyja, la mujer casada y esposa del húsbondi, era la dueña y señora de lo que los vikingos denominaban innan húss o innan stokks (pasada la viga del umbral) y que se diferenciaba del dominio del hombre, o marido, que era de las puertas para afuera. No obstante, esta separación de dominios se desdibujaba cuando, como era harto habitual, los hombres se marchaban largas temporadas de expedición de comercio o de saqueo; siendo entonces cuando las mujeres asumían el control total de las granjas y se quedaban a cargo de los esclavos, los niños, los ancianos y los enfermos.

Las tareas que desempeñaban en las granjas eran varias, y todas de vital importancia: organizaban las provisiones a corto y largo plazo, lo que les permitía sobrevivir a los largos y duros inviernos escandinavos; cocinaban para toda la comunidad; elaboraban los productos derivados de los lácteos, tan abundantes en las sociedades escandinavas y participaban en el aprovisionamiento de víveres con tareas la pesca y caza menor y la recolección de frutos secos, semillas y hierbas.

Mujeres vikingas

Reproducción idealizada de mujeres vikingas con su atuendo habitual. Azahara Herrero.

Dominio indiscutible de las mujeres era el telar, que se emplazaba en un lugar preeminente de la casa comunal: en él tejían las ropas de toda la familia, los tapices que decorarían el gran salón y lo mantendrían caliente en el invierno, y las velas de los barcos. Aquellas mujeres pudientes se ayudarían en todas estas tareas de esclavos, tan frecuentes en el mundo vikingo.

Mujeres vikingas, mujeres poderosas

Más allá de los aspectos materiales, potestad de las mujeres vikingas fueron otras ocupaciones menos tangibles, pero de igual valor. Las mujeres nórdicas perpetuaban las historias y leyendas de las familias y comunidades transmitiéndolas oralmente. De hecho, algunos investigadores sostienen la teoría de que ellas fueron, y no los hombres, las iniciadoras de la poesía escáldica, tan importante en el mundo vikingo, derivada de esa tradición oral que pasaba de generación en generación y que mantenían viva. Lamentablemente, la literatura solo nos ha legado el nombre de escaldos famosos, como Snorri Sturluson.

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Vara metálica vikinga considerada una posible varita mágica. British Museum.

Parece ser que los conocimientos médicos –rudimentarios por aquel entonces– fueron también dominio de las mujeres. Y enlazado con el mundo de la sanación, a veces tan ligado a la propia magia y lo sobrenatural, la literatura nos cuenta que las mujeres fueron las que practicaron la magia, la adivinación y la hechicería en el mundo vikingo. Incluso las fuentes, cuando nos hablan de este tipo de magia llamada seidr, nos dicen que cuando los hombres la practicaban se volvían afeminados y adoptaban roles femeninos.

La arqueología parece que ratifica estas teorías, ya que escritos como la saga Ljósvetinga nos hablan de hechiceras que portan armas, como hachas, para realizar sus rituales de adivinación. Además, no son pocas las tumbas femeninas en las que se han hallado hachas o, como en la de Hopperstad, Noruega, lo que parecen ser báculos. Y todavía más, en el British Museum podemos contemplar lo que se ha considerado como una ‘varita mágica’: una vara metálica curvada en su extremo hallada en 1894 en la tumba de una mujer fechada entre los siglos IX-X en Romsdal, Noruega.

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Reconstrucción artística de la tumba A505 de Trekroner-Grydehøj, Dinamarca. © Leszek Gardeła y Mirosław Kuźma

Según los relatos de cronistas árabes, las mujeres vikingas tenían gran libertad sexual y, aunque un matrimonio no dejaba de ser un contrato socioeconómico, tenían mucho que decir sobre con quién iban a casarse. Tanto, que si el matrimonio no era lo esperado, podían solicitar el divorcio en cualquier momento; bastaba pedirlo ante algunos testigos y exponer los motivos, que podían ir desde los malos tratos, la mala gestión de la granja y los bienes en común, el comportamiento afeminado del marido o la insatisfacción sexual. Por lo general, al divorciarse las mujeres recuperaban el monto que habían aportado como dote al contrato matrimonial y, en caso de que el divorcio hubiese sido culpa del marido –como los malos tratos–, podían quedarse también parte o el total de los bienes comunes.

Si enviudaban, la totalidad de las propiedades pasaba a ser dominio absoluto de la viuda quien, a partir de ese momento, manejaba como un hombre propiedades y negocios, especialmente los relacionados con el comercio. Así pues, las mujeres viudas –estigmatizadas en algunas sociedades– o divorciadas –inexistentes en otras– eran miembros muy respetables de la sociedad por las riquezas que podían llegar a acumular y no era en absoluto extraño que se casasen no una, sino dos, tres y las veces que hiciesen falta.

Algunas, de hecho, amasaron riquezas y poder que ha llegado hasta nuestros días: una muestra de ello son los entierros hallados en el barco funerario de Oseberg, en Vestfold, Noruega; donde fueron enterradas dos mujeres, una joven y otra anciana, que en un principio se consideraron ama y esclava. Esa teoría hoy en día está muy discutida, pero lo que nos interesa aquí es destacar el impresionante ajuar funerario y la fastuosa sepultura que recibieron ambas mujeres, solo alcance de los más pudientes.

Mujeres vikingas

Excavación del barco de Oseberg a principios del siglo XIX. Viking Ship Museum, Oslo, Noruega.

Y no solo mostraron su estatus en la muerte; en vida, en su día a día, las mujeres vikingas ostentaron su riqueza y poder a través de diversos objetos de uso cotidiano; desde los materiales y colores de sus ropas, pasando por el manojo de llaves que colgaban de su cinturón o sus broches del pecho –las llaves de los arcones o baúles de la casa, donde se guardaban aquellas cosas importantes– o, como nos cuenta en sus relatos Ibn Fadlan[2], las cadenas de abalorios que colgaban entre sus broches. En algunas tumbas se han desenterrado piedras preciosas y semipreciosas que habrían llegado desde lugares tan lejanos como, Oriente Medio (desde la Rus de Kiev, el embrión de la futura Rusia, los vikingos –o, en este caso, mejor los varegos– llegaron navegando el Volga a lugares tan lejanos como Bagdad o Constantinopla), siendo objetos de auténtico lujo.

Por Laia San José Beltrán, The Valkyrie’s Vigil

Bibliografía

BOYER, Régis. La vida cotidiana de los vikingos (800-1050). José J. de Olañeta, ed, Palma de Mallorca, 2005

JESCH, Judith. Women in the Viking Age. The Boydell Press, Woodbridge, 1991.

JOCHENS, Jenny. Women in Old Norse Society. Cornell University Press, New York, 1998.

PRICE, Neil (ed). The Viking World. Routledge Worlds, London, 2011.

GARDELA, Lezzek. Warrior-women in the Viking Age Scandinavia. A Preliminary Archaeological Study. Analecta Archaeologica Ressoviensia. 2013, núm. 8, pp. 273-340.

[1] Unidad de hábitat habitual de los vikingos. Una granja era, normalmente, un conjunto de edificios multifunción presididos por una Casa Comunal o Gran Salón que compartían todos los miembros de la comunidad.

[2] Cronista árabe que, a principios del siglo X, fue secuestrado por Varegos (vikingos del Este) y convivió con ellos, legándonos gran cantidad de escritos descriptivos de su vida y sus costumbres.