En febrero de 1630, el soldado de fortuna español Diego Duque de Estrada llegó a Viena procedente de Transilvania. El embajador imperial en aquel principado, con quien había trabado amistad, lo presentó en audiencia pública al sacro emperador Fernando II (1578-1637). En compañía del Habsburgo, Duque de Estrada encontró a otro español, Baltasar de Marradas, al que describe en su autobiografía como “caballero nobilísimo valenciano, de los más valientes soldados que la nación española ha tenido en nuestras edades”. Marradas interpeló al aventurero y mantuvieron una conservación amistosa. Según Duque de Estrada, “gustó mucho el emperador de oírnos hablar en español y que nos conociésemos por fama”.

Baltasar de Marradas

Retrato de Baltasar de Marradas (ca. 1619-1629), grabado de Aegidius Sadeler (1570-1629), Rijksmuseum, Ámsterdam.

Marradas, cuando se produjo el encuentro, tenía ya setenta años y era conde del Sacro Imperio, señor de Fraumberg (actual Hluboká, en la República Checa), Vogitz (Vožice) y Budian (Vodňany), consejero de guerra del emperador, caballero de su Cámara, capitán de los archeros de su guardia, coronel y capitán general de la caballería imperial, mariscal de campo y gobernador de Bohemia. Por esas mismas fechas lo había conocido otro español, Juan de Palafox y Mendoza, entonces capellán y limosnero de la infanta María, hermana de Felipe IV y futura emperatriz. Palafox escribió acerca de Marradas en su Diálogo político de Alemania que era “hombre de valor, ejecutivo, ardiente, sagaz, más alemán que ellos mismos, hase salido con ser tenido por natural, y tiene muy buena hacienda y lugares en Bohemia; quiérenle bien, y aún los electores mismos”.

Baltasar de Marradas i Vich, nacido en 1560 en el seno de una importante familia de la nobleza valenciana, servía a los Habsburgo de Viena desde los 19 años. Educado en las letras, la danza, la música y la equitación, como correspondía a todo joven de su condición, aprendió el oficio de las armas en las galeras de la Orden de Malta, de la que fue caballero y comendador. Tras tomar parte en varias expediciones de corso, decidió cambiar de aires y entró en la corte del emperador Rodolfo II (1552-1612) de la mano de su tío, Guillem de Santcliment, veterano de Lepanto y embajador español en Alemania desde 1581 hasta su muerte en 1608. Su ascenso comenzó con la Guerra Larga (1593-1606), que enfrentó al Sacro Imperio y a los otomanos en Hungría y Transilvania. En el sitio de Alba Iulia fue herido de gravedad durante el reconocimiento de una batería. Por aquella acción fue recompensado con el mando de una compañía de caballos corazas y, al término del conflicto, ya era coronel y sargento mayor general.

Baltasar de Marradas tuvo una actuación destacada en la Guerra de Gradisca (1615-1618), que enfrentó al Sacro Imperio y la República de Venecia en las regiones de Friuli e Istria. Al mando de dos regimientos de coraceros, uno reclutado a instancias de Felipe III y otro por órdenes del emperador Matías (1557-1619), junto con un contingente de esclavones, expulsó a los venecianos de la mayor parte de Istria en solo diecisiete días y los derrotó en varios choques. Tras ello pasó al socorro de la fortaleza de Gradisca, sitiada por un nutrido ejército veneciano que contaba entre sus filas con cuatro mil mercenarios de las Provincias Unidas capitaneados por Juan Ernesto de Nassau-Siegen. La misma bala de cañón que mató al comandante imperial, Adam von Trautmannsdorf, hirió de gravedad a Marradas, que sin embargo se recuperó y tomó el mando de la defensa de la plaza. Sus disposiciones salvaguardaron la fortaleza hasta que Albrecht von Wallenstein llegó con refuerzos y obligó a los sitiadores a retirarse.

El estallido de la Guerra de los Treinta Años

La Defenestración de Praga (23 de mayo de 1618) y la consiguiente expansión de la revuelta de los nobles protestantes de Bohemia obligaron a Matías a llamar a sus mejores soldados a Viena. La ofensiva imperial contra Praga fracasó a causa de la derrota de Lomnice (8 de noviembre de 1618). Baltasar de Marradas tomó el mando de la retaguardia en la posterior retirada y llegó a defender un puente del hostigamiento de la vanguardia bohemia con apenas doscientos coraceros y la ayuda de Wallenstein. En esta acción, que detuvo tres días a los rebeldes, Marradas sufrió siete heridas y perdió tres caballos, según Duque de Estrada. Concluida la campaña, el valenciano adquirió un papel decisivo. Mientras la crisis escalaba con la expansión de la revuelta a Moravia y Lusacia, el emperador Matías falleció. Con el grueso de las fuerzas imperiales aisladas en Budweis y Krems, el nuevo gobernante, Fernando II, era vulnerable en Viena a las intrigas de los protestantes austriacos. Fue Marradas quien despachó a la ciudad al regimiento de Dampierre, que llegó justo a tiempo, el 5 de junio de 1619, y salvó al emperador. Como recompensa, Fernando le concedería los señoríos de Fraumberg y Budian.

Baltasar de Marradas

Baltasar de Marradas a caballo en armadura, con banda de general y bastón de mando (1620), grabado de Eberhard Kiefer, Österreichische Nationalbibliothek, Viena.

En la campaña de 1619, a Marradas, como súbdito del rey de España y hombre de confianza del emperador, se lo nombró sargento general de batalla de las tropas que Felipe III envió al Imperio para ayudar a sofocar la rebelión. El valenciano comandó un cuerpo de tropas valonas y secundó al conde de Bucquoy en su ofensiva hacia Praga. En el asedio de Písek fue herido de levedad por una bala de mosquete. Poco después, el ejército tuvo que regresar a todo correr a Viena ante la proximidad de las fuerzas del conde de Thurn, líder de los rebeldes bohemios, y de su aliado, el príncipe transilvano Gabriel Bethlen. Marradas se encontró de nuevo al mando de la retaguardia y le cupo defender un puente sobre el Danubio en Fischamend, cerca de Viena, con ochocientos infantes valones. Lo hizo durante seis horas, “espada en mano, gritando «Coraje, soldados valones»”, según el cronista Louis de Haynin (1582-1640), distinguido oficial de aquella nación.

Baltasar de Marradas en Montaña Blanca

Frustrada la intentona protestante sobre Viena, los imperiales pasaron al contraataque y Marradas, al frente de la caballería del ejército, recuperó de manos bohemias un número considerable de plazas, entre ellas Jihlava, Rabensburg y Hohenau. Reforzado el ejército imperial con veteranos napolitanos y valones fogueados en Italia, a los que Marradas fue a recoger a Passau, y con las fuerzas de la Liga Católica, se desencadenó la ofensiva que condujo a la batalla de la Montaña Blanca. El 8 de noviembre de 1620, en aquella victoria decisiva para los imperiales, Marradas se puso al frente de su regimiento de coraceros en la izquierda de la segunda línea imperial y contribuyó al derrumbe de la resistencia de los rebeldes. Su lealtad se vio recompensada a principios de 1621, una vez pacificadas Bohemia, Moravia y Lusacia, con la dignidad de conde y el generalato de la caballería imperial, amén de las tierras antes mencionadas, requisadas por el emperador a nobles rebeldes.

Baltasar de Marradas

El despliegue de ambos ejércitos en la batalla de la Montaña Blanca según el Theatrum Europaeum (1662), grabado de Matthäus Merian (1593-1650), Bibliothek Uni Augsburg.

En 1623 y 1624, Baltasar de Marradas combatió en Hungría y Moravia contra Gabriel Bethlen, que pretendía apoderarse de la corona húngara pero que, fracasadas sus tentativas, decidió pactar con el emperador. A partir de 1625, Marradas sirvió a las órdenes del generalísimo imperial, Wallenstein. En 1626 fue nombrado mariscal de campo y en 1627 defendió Bohemia del ataque de las fuerzas de Cristián IV de Dinamarca y sus aliados locales. Pacificado el Imperio en apariencia con la Paz de Lübeck (1629), se pudo dedicar a embellecer sus propiedades y a fomentar por medio de las artes la práctica católica –en particular el culto a la Virgen de Montserrat– en toda Bohemia, de la que fue nombrado gobernador. También tuvo ocasión de participar en los festejos por la boda de la infanta María Ana de España y Fernando, rey de Hungría y futuro emperador Fernando III. Tres días después de los esponsales tuvo lugar un suntuoso desfile de carrozas, en el que, según Duque de Estrada: “El cuarto carro iba tirado de dos osos domésticos, en el cual, abriéndose una nube, se apareció el general conde don Baltasar de Marradas, sentado en su trípode, representando a Marte armado de fortísimas, costosas y resplandecientes armas”.

En 1632 el valenciano tuvo que hacer frente a la avalancha sueca y sajona que siguió a la batalla de Breitenfeld. Fue el momento más difícil de su carrera. Aunque tuvo que ceder Praga, se hizo fuerte en Budweis y “con ordinarias corredurías mata y prende una infinidad grande de sajones”, en términos del cronista Fadrique de Moles. Los golpes de mano mermaron a las fuerzas sajonas y le permitieron contraatacar y recuperar varias plazas. Wallenstein, empero, no quedó del todo satisfecho y lo destituyó. Tanto por su lealtad a Fernando II como por la actitud del generalísimo, Marradas fue partícipe del complot que acabó con el asesinato del otrora poderoso caudillo. En 1635, tras la paz de Praga, el emperador lo nombró de nuevo gobernador de Bohemia. El pícaro Estebanillo González, criado del cardenal infante Fernando y del general Octavio Piccolomini, se lo encontraría por entonces, alegre, en Praga: “hallelo en la mesa y, celebrando mi buena venida, me dio de comer y beber aun mucho más de lo que me bastaba”. El caballero valenciano que en 1618 salvó al emperador moriría un año después de este, en 1638, no sin dejar un valioso legado artístico. El suyo es el más exitoso de los casos de soldados de fortuna españoles que combatieron en Europa central en la Guerra de los Treinta Años.

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