general Prim Guerra de África

El general Prim en la Guerra de África (1865), óleo sobre lienzo de Francesc Sans i Cabot (1834-1881), Palacio de la Capitanía General, Barcelona. El viaje de Prim al Imperio otomano fue su última experiencia bélica antes de la Guerra de África (1859-1860).

Acompañaron al general Prim en su misión el coronel Federico Fernández San Román, del Estado Mayor, el coronel Carlos Detenre y el teniente coronel Agustín Pita del Corro, que actuaron como sus edecanes, y el marqués de Serravalle, su secretario. Todos ellos llegaron a Constantinopla en agosto a bordo de un vapor francés en el que viajaba también Mehmet Alí Pachá, el hijo menor del célebre valí homónimo de Egipto, que les presentó a un personaje que en breve se uniría a la comitiva, el capitán Godfrey Rhodes, de la Compañía británica de las Indias Orientales, con base en Madrás. El propio Prim invitó al inglés a acompañarlo en su periplo por Oriente, a lo que aquel joven oficial accedió encantado.

Las primeras jornadas de labor de la comisión española transcurrieron entre las comodidades de Constantinopla. El 18 de agosto Prim y los suyos visitaron los barracones de Scutari, en la orilla asiática del Bósforo, que un año después albergarían en el principal hospital de retaguardia británico durante la Guerra de Crimea. Los generales otomanos obsequiaron a los españoles con tabaco, café, mermelada y limonada. Seguidamente, inspeccionaron a un regimiento de cazadores a pie adiestrados y equipados al modo occidental. Más impresionante resultó la visita, el 22 de agosto, al buque insignia de la Armada otomana, el descomunal Mahmudiye, un buque de tres puentes con 126 cañones, construido en 1829 en el Arsenal Imperial del Cuerno de Oro. A pesar de lo impresionante de su aspecto, el reinado de los navíos de vela y madera estaba presto a llegar a su final. El 30 de noviembre, los proyectiles explosivos de la Marina rusa destruirían una escuadra otomana en Sinope (véase «La batalla de Sinope» en Desperta Ferro Historia Moderna n.º 37) con una facilidad pasmosa.

general Prim constantinopla

Vista panorámica de Constantinopla desde Uskudar (1854), óleo sobre lienzo de Carlo Bossoli (1815-1884), colección privada. En la capital del Imperio otomano, Prim y los demás miembros de la comisión española fueron recibidos en dos ocasiones por el sultán.

Rumbo al frente del Danubio

El 28 de agosto, la comisión española dejó Constantinopla rumbo a Shumen, en Bulgaria. Allí tenía su base el Ejército de Rumelia del general Omar Pachá. Viajaban con Prim y los miembros de la comisión varios oficiales españoles que habían conseguido licencia para desplazarse al Imperio otomano con libertad de movimientos: los comandantes de infantería Luis Escario y Miguel de Trillo y Figueroa, el capitán de ingenieros Ramon Méndez de Vigo, y Enrique de Trillo y Figueroa y Fernando Useleti de Ponte, tenientes de infantería. Acompañaban también al conde de Reus el inglés Rhodes; Giuseppe Govone, oficial piamontés que sería ministro de Guerra de Italia entre 1869 y 1870; un oficial turco, Sevet Efendi, como intérprete, y una escolta de doce lanceros otomanos. El secretario de Prim, Serravalle, embarcó de regreso con un abultado paquete de pliegos para el Gobierno español. La nutrida comitiva contaba con treinta y siete criados y cincuenta y un caballos para un viaje que no se prometía fácil.

La marcha se realizó en cuatro etapas: de Constantinopla a Adrianópolis, de allí a Filipópolis (Plovdiv), de allí al monasterio de Sokol, en el paso de Shipka, y finalmente hasta Shumen. Tras pasar por Çorlu, la comitiva se topó con una partida de cincuenta jinetes procedentes de Siria que marchaban también hacia Shumen. A pesar de su aspecto variopinto, uno de ellos impresionó a Prim y a los demás al hacer cabriolas y evoluciones complejas con su caballo. A ello correspondió el británico Rhodes, que asombró a los sirios con su moderno revólver Dean and Adams y su tambor de cinco balas. No fue un viaje sencillo. En aquella región, observa la memoria oficial del viaje, “en el verano todo se abrasa, y las jornadas son tan penosas como puedan serlo en las desiertas regiones del África, por la falta absoluta de sombra y de agua”. Además, los sirvientes del general, griegos, no se mostraron duchos en el montaje de las tiendas de campaña, lo que forzó a Prim y a sus oficiales a ocuparse del asunto.

Si algo asombró en aquel periplo a los integrantes de la comisión fue la falta de cultivos, a pesar de lo cual no les faltó comida: pollo, vino tinto y melones fueron elementos básicos de la dieta del conde de Reus y su compaña. Tampoco faltó algún que otro placer: en Adrianópolis, los españoles gozaron de un baño turco acompañado de una pipa de tabaco y una taza de café. Luego, eso sí, siguió la marcha por el terreno accidentado de Rumelia. El alto en Filipópolis fue asimismo agradable, pero al poco de partir comenzaron las lluvias otoñales, que ralentizaron la marcha. Los caminos enfangados y el frío obligaron a la comisión a detenerse unos días en cuanto uno de sus integrantes cayó enfermo. Finalmente, el 22 de setiembre llegaba a Shumen Prim con su “pequeño ejército de brillantes edecanes”, en palabras del italiano Govone.

Omar Pachá, comandante del Ejército de Rumelia, envió una guardia de honor a recibir a la comisión. Los días siguiente, Prim pudo estudiar de cerca las mejores tropas otomanas y advirtió no solo la modernización de los cuerpos de caballería, artillería e ingenieros, sino también las excelentes aptitudes de la tropa. Su memoria del viaje reza:

La resistencia, sobriedad y valor son, quizá, las cualidades que más distinguen al soldado musulmán, pudiéndosele asimilar muy bien, bajo este punto de vista, al soldado español. Muchas veces en las marchas, campamentos y en los trabajos de obras de campaña, hemos admirado el contento con que soportaban las terribles y constantes fatigas a que su condición los sujetaba, ya en los áridos y despoblados campos, con un calor de 42º, ya en las heladas márgenes del Danubio, a 12º bajo cero.

El 8 de octubre la Sublime Puerta notificó a Omar Pachá la declaración de guerra a Rusia. Prim y su comitiva asistieron, el día siguiente, al acto oficial, en el que, además de leerse solemnemente una proclama del sultán, un ulema recitó versos del Corán ante 20 000 soldados otomanos en formación. Los múltiples oficiales europeos agregados al Estado Mayor de Omar Pachá se mantuvieron a una distancia prudente, “porque no estaba bien que los cristianos oyeran las palabras del Profeta que recomendaban el exterminio de los infieles”.

El 27 de octubre, el destacamento de Omar Pachá se puso en marcha hacia Tutrakan. Prim y los suyos llegaron el 30, y el comandante otomano un día después. El 1 de noviembre, elementos del ejército otomano cruzaron el Danubio en botes y ocuparon la isla de Ostrov. El teniente coronel Agustín Pita del Corro iba en la primera barca que tocó la isla y desembarcó con veinte cazadores turcos. A sugerencia de Prim, Omar Pachá erigió allí una batería de seis cañones que el día 4 se reveló vital. Después de que dos batallones de infantería y tres compañías de cazadores atravesasen el Danubio y ocupasen el lazareto de Oltenița, un destacamento ruso al mando del general Dannenberg lanzó un fuerte contraataque. Omar Pachá despachó refuerzos en barca, a los que se sumó el coronel Detenre para presenciar el combate en primera línea. La batería de la isla acribilló con fuego de metralla a las tropas rusas, que acabaron batiéndose en retirada. Omar Pachá sugirió a Prim, visto su olfato táctico, que abrazase el islam y se pasase a las filas turcas, donde le garantizaba el rango de ferik (general). El conde de Reus declinó la propuesta: “Gracias, señor, pero no cambio este uniforme por ninguno”.

general Prim Guerra de Crimea

La batalla de Oltenița (1853), grabado anónimo, Wikimedia Commons. A esta victoria otomana, el primer combate de gran envergadura de la Guerra de Crimea, contribuyó la comisión española encabezada por Prim.

El 12 de noviembre, el comandante turco dio la campaña por terminada y retiró el ejército a sus cuarteles de invierno. La comisión española lo acompañó a Shumen. Prim hizo buenas migas con Omar Pachá. Este general procedía de Croacia y había sido cadete en un regimiento austriaco, del que, acusado de desfalco, había desertado treinta años atrás para comenzar una carrera fulgurante en el Ejército otomano. El 24 de noviembre, la comisión partió hacia Varna, donde llegó el 27 y se hospedó en la residencia del cónsul británico. De allí se dirigió a Sofía y, posteriormente, a Constantinopla. En la capital del Imperio, Prim tuvo una audiencia con el sultán, Abdülmecit I, a quien agradeció su hospitalidad. A continuación, los españoles se embarcaron en el vapor Osiris el día de Navidad con destino a Marsella.

El general Prim regresa al frente

El regreso a Francia no fue el fin de la comisión española. La declaración de guerra anglo-francesa, agregada a las turbulencias políticas en Madrid, motivó la vuelta al Imperio otomano de Prim, San Román, Detenre y Pita del Corro en abril de 1854. Lo hicieron en la escuadra francesa que trasladaba a Varna el cuerpo expedicionario del mariscal Saint-Arnaud. El 1 de mayo, hacían su nueva entrada en Constantinopla y, al poco, partían hacia el frente del Danubio. Se les unieron un viejo amigo, el capitán Godfrey Rhodes, el doctor Pelltan, francés y jefe de sanidad del Ejército de Rumelia, y un curioso aventurero polaco, Charles-Edmond Chojecki, oficial del Ejército egipcio –como estado autónomo dentro del Imperio otomano, Egipto envió tropas a los Balcanes–. La escolta, esta vez, estaba al mando del teniente coronel Rechad Efendi.

Omar Pachá guerra de crimea

El comandante en jefe del Ejército de Rumelia, Omar Pachá (1855), fotografía de Roger Fenton (1819-1869), National Gallery of Art, Washington D. C. Este oficial de origen croata era el mejor activo del Ejército otomano. Antes de su actuación destacada en la Guerra de Crimea, sofocó revueltas en Bosnia y el Kurdistán.

Omar Pachá dio un buen recibimiento en Shumen a Prim y compañía. Por entonces, vivía una situación crítica, ya que las numerosas fuerzas rusas del mariscal Paskevich, príncipe de Varsovia, sitiaban la estratégica Silistra. La situación cambió de improviso en junio, cuando Austria, recelosa del avance ruso en los Balcanes, envió un ultimátum al zar. Paskevich abandonó el sitio y los otomanos pasaron a la ofensiva. Chojecki relata en sus Souvenirs d’un dépaysé una conversación entre Prim, Omar Pachá y el segundo al mando de este, Musir Ismail Pachá. Los otomanos fumaban sendas pipas y revelaban a Prim los entresijos de la política imperial. El comandante del Ejército de Rumelia no ocultaba su desdén por los ministros del sultán y la pugna que unos libraban contra otros:

Una guerra incesante, feroz, una guerra en la que no corre la sangre, el cañón no atruena en absoluto y el soldado no se inmiscuye. Unos se estorban a otros, se acometen mediante intrigas meticulosas, emboscada en el harén, ardides diplomáticos y maniobras ministeriales.

El de Reus brindaba su parecer sobre la situación como más que un mero observador: “el plan se resume en dos palabras: en Avant! [adelante]”. Finalmente, Omar Pachá y sus tropas cruzaron el Danubio y chocaron con las fuerzas rusas en retirada en Giurgiu, al sur de Bucarest. Prim asistió a la batalla, que dejó cuatro mil muertos entre ambos bandos, al lado del comandante otomano. El día siguiente, el conde de Reus y San Román colaboraban en la fortificación de Giurgiu como asesores oficiosos más que como observadores. No pudieron, sin embargo, asistir a la entrada triunfal de Omar Pachá en Bucarest. La llegada de un telegrama que informaba sobre al caos revolucionario que había estallado en España –la llamada Vicalvarada– forzó el regreso, esta vez definitivo, de la comisión.

La despedida de los españoles corrió a cargo del sultán en persona. Abdülmecit I obsequió a Prim, San Román, Detenre y Pita del Corro con sables lujosamente ornamentados y les concedió las insignias y la gran cruz de caballero de la Orden de Medjidie. A Prim le regaló, asimismo, un magnífico caballo alazán que, por desgracia, tuvo que vender ante la imposibilidad de embarcarlo. El vuelco político en España permitiría al general convertirse en diputado de la provincia de Barcelona por el Partido Progresista, cosa que no le impidió concluir, con ayuda de Pita del Corro, la extensa Memoria sobre el viaje militar a oriente presentada al Gobierno de S. M. (Madrid, 1855), una valiosísima fuente sobre el Ejército otomano de la época y la campaña turca en el Danubio.

Fuentes

Chojecki, C. E. (1862): Souvenirs d’un dépaysé. Paris: Michel Lévy.

Prim, J. (1855): Memoria sobre el viaje militar a oriente presentada al Gobierno de S. M. Madrid: Imprenta del Tejado.

Rhodes, G. (1854): A personal narrative of a tour of military inspection in various parts of European Turkey. London: Longman, Brown, Green & Longmans.

Bibliografía

Pando Despierto, J. (1987): “Españoles en Oriente: Campañas del Danubio y Crimea”. Revista de Historia Militar, 62, pp. 93-148.

Lecturas adicionales

Martínez Antonio, F. J. (2014): El viaje a Oriente del general Prim. Madrid: Miraguano Ediciones.

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